¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

viernes, 1 de enero de 2016

En Un Nuevo Planeta

¡Hola! Esta historia es la continuación del cuento "Fuera De La Tierra". Para leer la primer parte pincha http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2015/11/fuera-de-la-tierra.html Gracias.


      Álvaro calculó que hacía poco más de dos días que viajaban por el espacio en la nave de los extraterrestres. Especulaba eso cuando todos sintieron algo muy extraño...
Fue algo parecido a lo que se siente en un elevador si no se está acostumbrado pero multiplicado varias veces. Sus compañeros prisioneros no se explicaban qué había pasado; él se imaginó que acababan de cruzar por alguna especie de portal o agujero negro. Lo que experimentaron fue un cambio repentino de gravedad que sintieron como una sensación horrible. Aquel efecto pasó rápidamente. Álvaro sabía que a dónde fueran tenía que ser a muchos años luz, y que para no pasar cientos de años viajando aquella raza extraterrestre tenía que haber desarrollado alguna forma no lineal de viajar. Aquellos seres inmundos habían logrado algo que para los humanos todavía era ficción. Un portal era el medio mas probable y cuando sintió aquello no le quedaron dudas.

Por eso le dijo a los otros que ya estaban por llegar. Cuando un tipo le iba a preguntar por qué creía eso, la puerta se abrió y varios Sapos que estaban armados les ordenaron que caminaran. Él también había deducido que la nave debía ser inmensa. Caminaron un buen rato por una serie de corredores extraños cuyas paredes oscuras manaban humedad. Los corredores se parecían a las galerías de una mina pero obviamente aquel era un ambiente controlado. Estaba claro que aquellos extraterrestres disfrutaban de la humedad. Antes de que lo capturaran, desde hacía unas semanas Álvaro había notado que en el cielo se formaban tormentas extrañas. Los Sapos estaban adaptando el clima a su gusto. Por todo eso sospechó ahora que los iban a dejar en un planeta muy seco. Si estaban reubicando a los humanos allí era porque aquel planeta no les servía o en todo caso les servía menos que la Tierra. Eso eran malas noticias. Él sabía que sin agua no se sobrevive mucho.

Los Sapos los amenazaban con las armas para que siguieran avanzando. Por el camino se cruzaron con muchos integrantes de esa especie y todos volteaban hacia ellos mostrando aquella sonrisa descomunal y asquerosa. No necesitaban pasearlos así, la nave tenía todo un sistema de elevadores y salas enteras que se movían de lado por toda la estructura; los llevaban de esa forma para que todos vieran como desterraban a los últimos humanos. La humillación llegó a su fin. Alcanzaron un salón que era parte de otra nave y apenas entraron esta se desprendió de la principal. El descenso fue brusco, tuvieron que sentarse en el suelo. Después notaron que la trayectoria de la nave se estabilizó. Tras un rato de vuelo la nave se posó en lo que sería su nuevo lugar. Se abrió una puerta enorme y se presentó ante ellos un paisaje rojizo y estéril que parecía un desierto rocoso. Los Sapos los obligaron a salir y cuando sus prisioneros estuvieron fuera se echaron a reír con sus voces graves y reverberantes. Cerraron la puerta y la nave se elevó dejándolos solos. Ver a sus captores alejarse fue un alivio para todos pero a la vez comprendieron que los abandonaban para que murieran allí.

Álvaro era el más consciente de eso. Habían cumplido con su obligación de no exterminarlos a todos pero no les daban medios para sobrevivir. Dejarlos en un mundo desconocido sin herramientas, materiales ni conocimientos sobre el lugar era casi lo mismo que matarlos; cumplían con la ley pero igual se salían con la suya. 

Apenas los Sapos se perdieron de vista todos miraron en derredor. Hacía calor y el aire era delgado y muy seco. Enseguida todos notaron cierta dificultad para respirar. También se sintieron pesados y era porque ese planeta era un poco mas grande que la Tierra. Álvaro supo inmediatamente que aquello enseguida iba a ser un problema. No era lo mismo que cuando se tiene sobrepeso o cuando se carga algo. Ahora sus órganos también pesaban mas. Calculó que con el tiempo se acostumbrarían porque la diferencia se notaba que era poca; pero por mientras tendrían muchos problemas. Paola, la que lo ayudó a entender la situación cuando los Sapos lo llevaron a su nave, se paró muy cerca de él y lo miraba como buscando una respuesta. Un tipo alto y de pelo enmarañado que se llamaba Spencer, después de girar de nuevo hacia todos lados comentó:

—Parece que los desgraciados nos dejaron en Marte.
—Si fuera así no estaríamos respirando —le aclaró Álvaro—. Además no nos sentiríamos tan pesados. Este planeta es algo más grande que la Tierra, aunque me animo a afirmar que muchas de sus características son casi iguales. Ya he experimentado un aire así en zonas altas, y la presión atmosférica no puede ser muy distinta. Seguramente le exigieron esas condiciones a los Sapos.
—¿Y por qué el suelo es rojizo? —preguntó Paola. 
—Sin dudas por la presencia de óxido de hierro. 
— ¿Y ahora qué hacemos? —preguntó una mujer que se notaba muy angustiada.
—Sobrevivir —le contestó Álvaro—. Tengo una propuesta. Hacia todos lados el horizonte se ve muy bajo, por lo que deduzco que estamos sobre una meseta. Propongo que bajemos de aquí porque de noche probablemente esta parte se va a poner muy fría. Como en este momento tenemos que elegir cualquier rumbo, lo mejor es caminar dándole la espalda al sol, digo, a esa estrella, el sol debe estar muy lejos de aquí. ¿Qué les parece? ¿A alguien se le ocurre otra cosa?

Se cruzaron muchas miradas, nadie tenía otra idea. Comenzaron a caminar hacia dónde Álvaro propuso. Él se retrasó un poco para observar a todos. De alguna forma todos ellos habían sobrevivido a la guerra con los extraterrestres y eso seguramente los había forjado mentalmente; pero aquel planeta iba a ser su mayor desafío. Marchaban pesadamente, con los brazos colgando de los hombros medios caídos. Álvaro les dijo varias veces que trataran de caminar lo mas erguidos que pudieran para que después no les doliera la columna. Sus cuerpos estaban sintiendo el aumento de gravedad. La estrella que iluminaba aquella desolación todavía estaba muy alta. Los días eran más largos allí.

Tal como Álvaro había intuido, estaban en una meseta y llegaron al borde de esta. Acercarse al borde producía vértigo. Era una caída casi vertical de mas de mil metros. Hacia la derecha el precipicio seguía casi con el mismo ángulo pero a la izquierda se veía más accesible, fueron hacia ahí. Alcanzaron una parte donde el descenso era posible pero peligroso. Mas adelante no se veía nada mejor. María, una de las diez mujeres, dio un paso lento hacia el borde y retrocedió agarrándose la cabeza:

—¡Ni loca bajo por ahí! —Exclamó. 
—Como no sabemos cuándo vamos a encontrar recursos —le dijo Álvaro—, hay que hacer lo mas difícil mientras tengamos energías. Si de noche nos congelamos aquí mañana vamos a estar muy mal, eso si sobrevivimos al frío. Mañana vamos a estar deshidratados, sin energía... Hay que hacerlo ahora. Miren allá abajo, hay una buena plataforma a mitad de camino. Si la luz del día no da para llegar hasta abajo nos quedamos ahí hasta que amanezca.
—Pero no podemos bajar por ahí, la roca se ve que es dura y es muy inclinado —objetó María al echar otro corto vistazo hacia abajo. 
—Es muy inclinado para bajar caminando, por eso hay que hacerlo sentado, con los pies hacia adelante, es el método mas seguro. Toquen la roca del suelo. ¿Notan lo áspera que es? Su superficie debe ser porosa, eso hace que uno no se resbale. Les voy a mostrar. Fíjense en la separación de mis manos.

Y comenzó a descender. Paola fue la primera en seguirlo. Parecía una locura pero era mas fácil de lo que parecía. Mas de todas formas la posibilidad de que alguno resbalara era alta, y si eso pasaba iba a arrastrar con él al que estuviera abajo. Teniendo eso en cuenta nuestro experto empezó a bajar de forma oblicua, hacia un lado, y al verlo los otros también empezaron a descender así para seguirlo. Ahora si alguien caía no iba a arrastrar a los otros. Al alcanzar una saliente en la roca sugirió que descansaran allí. La saliente era larga pero tenía menos de medio metro de ancho.

 Parados allí algunos empezaron a entrar en pánico. Un tipo llamado Jared quedó paralizado en la cornisa. Solo podían seguir el descenso por la parte derecha de esta, y como Jared había sido de los últimos en llegar solo cuatro podían avanzar y los otros estaban atrapados porque el ancho no daba para que cruzaran por allí si el tipo no avanzaba; podrían cruzar si este los ayudaba pero quién iba a confiar en alguien que había entrado en pánico. El tipo quedó con los ojos cerrados y la espalda pegada a la roca y no razonaba con sus compañeros de destierro. Álvaro intervino gritándole al asustado sujeto:

—¡Arrójate al vacío! ¡Hazlo!
—¡No quiero morir! —gritó entonces el Jared.
—¡Entonces muévete! ¡Si te quedas parado ahí es seguro que vas a morir, pero si desciendes con nosotros tienes muchas chances de vivir! ¿¡Cuál prefieres, la muerte segura ahí o lo otro!? Y si no te mueves nos vas a matar a todos nosotros. ¿Quieres hacerle el trabajo a los Sapos? ¿No? ¡Entonces muévete! ¡Si vamos a morir que sea intentando vivir!

Jared respiró hondo varias veces, abrió los ojos y empezó a moverse. Volvieron al descender sentados, avanzando lentamente por la pared inclinada. 
Poco a poco, desde la altura donde se encontraban avanzó una sombra hacia el paisaje que tenían adelante. En algunas partes pudieron bajar de pie por algunas cornisas inclinadas. La luz ya había disminuido bastante cuando todavía les faltaba un buen trecho para llegar a la base grande. Ese último trecho fue mas peligroso por la escasez de luz pero todos lograron alcanzar la base. Allí Jared le agradeció a Álvaro: este le restó importancia al asunto y recorrió el lugar pensando en algo. Debido a la actividad física no habían notado el ya notable descenso de la temperatura, al bajar el ritmo cardíaco lo sintieron. Todos entendieron que más arriba debía ser mucho peor. Su salvador pensaba en cómo mejorar la situación de todos. En el lugar había muchas rocas sueltas.

—Oigan, propongo que hagamos un pequeño muro de este lado. Da seguridad y corta un poco el frío. Hay que hacerlo rápido. Rocas grandes en la base, busquen las mas aplanadas, como esa. Muy bien, ahí, formando como un semicírculo en esta parte.

Entre todos construyeron el muro bastante rápido. No había tiempo para otra cosa, tampoco tenían mas materiales. Se acostaron todos apretujados, era la mejor forma para retener el calor corporal. El frío se intensificó con la oscuridad. Después de un par de horas de noche el cielo se fue aclarando y en el horizonte empezó a asomar una “luna” bastante mas grande que la nuestra. Cuando ese satélite alcanzó una altura considerable la claridad mostró todo casi como si estuviera de día. Estaba claro pero algunas sombras podrían engañar a la vista, y con aquel frío los sobrevivientes estarían algo torpes y eso sería fatal, por eso de todas formas tenían que esperar el día. Álvaro se encontraba en el borde de aquella montonera humana temblorosa. Se levantó y contempló el paisaje. Era algo espectacular. Allá abajo, hasta donde alcanzaba la vista, se había formado una densa niebla y desde la altura aquello parecía un paisaje cubierto por una capa de algodón que medio resplandecía ante la luna. Era como si un cielo nublado hubiera descendido hasta el suelo. Aquella niebla se veía sumamente compacta, hasta parecía sólida. Allá cada tanto, a la distancia, alguna zona elevada y puntiaguda sobrepasaba aquella atmósfera fantasmal que se empeñaba en cubrirlo todo. Observando asombrado el paisaje fantástico comprendió que aquello era bueno y malo a la vez. La niebla es una forma de precipitación y si se las ingeniaban podían obtener agua de ella; por otra parte, si en ese planeta había depredadores esos seguramente usaban la niebla a su favor. Pronto lo iban a averiguar.
Tercera parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2016/01/formas-extranas.html 

6 comentarios:

  1. Hola, Jorge... Yes lo estaba esperando pero me ha dejado con mas intriga ya espero la próxima parte con ansias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola. Gracias. Te espero por aquí entonces. ¡Saludos!

      Eliminar
  2. Espléndida continuacion amigo!. Ahora, gracias a la experiencia de Alvaro en situaciones de supervivencia, se han podido mantener a flote. Vaya, así que los sapos querían desterrarlos para quedarse ellos con el planeta. Habrá depredadores en ese planeta?. Bueno, si esos bichos son comestibles, aparte del agua que extraeran de la tierra tendran carne, jaja!. Espero que tenga continuacion. Muy interesante historia master, espero que este nuevo año sea el mejor!. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Ongie. Hay continuación, aunque probablemente publique otros antes, pero sigue sí.
      También espero que este año sea mejor, veremos. ¡Saludos!

      Eliminar
  3. Super emocionada con este blog.... no lo habia descubierto... tengo lectura para rato gracias maestro !!!

    ResponderEliminar
  4. Hola Belén. Gracias. Tienes muchos cuentos y de todo tipo. Me alegra que entres a este también. ¡Saludos!

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?