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miércoles, 6 de enero de 2016

Formas Extrañas

¡Hola! Esta es la tercer parte de este cuento: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2015/11/fuera-de-la-tierra.html


Amanecieron en aquella plataforma rocosa. La espesa niebla de allá abajo empezó a disiparse con la luz del día. Mientras los otros tiritaban o trataban de calentarse las manos con su aliento Álvaro observó atentamente la retirada de la niebla...
En parte se disipaba pero mayormente se alejaba hacia el otro extremo del paisaje, por lo que era muy probable que mas adelante el clima fuera más húmedo. Dejando esas especulaciones a un lado se volvió hacia sus iguales y les recomendó que era mejor moverse un poco antes de seguir bajando. Todos habían pasado una noche muy mala, con frío, cansados y con pocas esperanzas de sobrevivir en un lugar completamente desconocido. Él único que casi disfrutaba de aquello era Álvaro. De estar solo su emoción no sería poca, ¡un nuevo planeta! Para alguien que disfrutaba conociendo nuevos paisajes y aceptando sus desafíos aquel era el máximo reto; mas como no estaba solo y también pensaba en ellos su emoción estaba contenida. Entraron en calor levantando los pies y agitando los brazos, y con los primeros rayos tibios de aquella estrella volvieron a descender. Por suerte para todos ese último tramo fue menos inclinado. Cuanto más se acercaban al terreno horizontal más se les revelaba un paisaje extraño digno de una historia de ficción.

Las formas que más resaltaban se parecían a un árbol pero sin hojas ni ramas, solo tenían un tronco grueso, gris y perfectamente cilíndrico como de un metro de ancho por tres o cuatro de alto en los ejemplares mas grandes, y encima de esa base estaba lo más raro, una superficie circular cóncava bastante profunda de un diámetro de varios metros. Aquellas cosas parecían copas gigantes. También había algunas pequeñas que parecían fuentes para pájaros. Álvaro enseguida entendió el fin de aquellas formas, era una adaptación para recolectar agua de la niebla; todas las diminutas gotas que captara la superficie cóncava se deslizaba después hacia el centro. Entre esas formas se encontraban otras que eran bajas, redondeadas y sin un tronco aparente, eran muy parecidas a una roca pero se diferenciaban de estas porque eran blancas. Y entreveradas entre esas cosas, aquí y allá se elevaban unos cuerpos rectilíneos de pocos centímetros de diámetro pero que alcanzaban mas de diez metros de altura. Ante el primer vistazo esto último era parecido a una caña de bambú de la Tierra, mas tenía notables diferencias.

Los cambios de temperatura en aquel planeta eran bruscos. Cuando alcanzaron el terreno horizontal aquella estrella tan parecida al sol ya los estaba agobiando. Algunos se encaminaron hacia la sombra de las “copas gigantes” pero Álvaro los detuvo diciéndoles:

—¡Esperen! No sabemos si esas cosas son vegetales o animales, podrían ser cualquier cosa. Creo que son plantas pero hay que estar seguros.

Tras esa advertencia todos desparramaron nuevas miradas sobre aquel paisaje que ni la ciencia ficción había imaginado. Álvaro se aproximó con cautela a una bien grande, tomó unas rocas del suelo y se las arrojó. No reaccionaba, era un vegetal. Les hizo una seña para que se ubicaran bajo la sombra mientras él siguió examinando aquella cosa. Aquel extraño árbol no desprendía ningún olor que resaltara. El tronco estaba recubierto por algo que parecía ser un tipo de corteza impermeable y resistente. Tenía que elegir una buena piedra para cortar un trozo y ver las propiedades de aquella corteza. Rocas era lo que no faltaba en el lugar y algunas eran claramente de origen volcánico, lo que no le resultó nada extraño porque el lugar era en muchos aspectos parecido a la Tierra. Tomó unas rocas de color rojo y superficie lisa. Le pareció que era cuarzo de un grano intermedio, buen material para fabricar objetos filosos. Empezó a golpear piedra contra piedra y así obtuvo varias lascas mas filosas que una navaja. Paola se acercó a ofrecerle ayuda. Él le agradeció y miró hacia los otros. Tenía que hacer que trabajaran aunque estuvieran cansados. Le dijo a Paola que tomara las lascas afiladas y él tomó unas rocas grandes, fue hasta la sombra donde estaba el resto del grupo y arrojó las piedras en el suelo, luego les dijo:

—De estas piedras pueden obtener pedazos muy afilados, y un filo es una herramienta fundamental cuando no se tiene más nada. Sé que están cansados, pero cuánto más tiempo pase va a ser peor. Solo golpeenlas en este ángulo para que se desprendan lascas. ¿Ven? Así. Voy a seguir explorando.
—¿Y qué vamos a hacer con esto? ¿Vamos a cortar un bistec? —preguntó con sarcasmo un tipo que se llamaba Anselmo.
Álvaro lo observó seriamente y le dijo:
—No te pido que me sigas, haz lo que quieras. Seguramente tienes otro plan en mente, ¿no?

El sujeto se levantó lentamente, caminó hasta Álvaro y después de mirarlo a los ojos un instante se inclinó para tomar una piedra, se sentó de nuevo y comenzó a golpearla. “El típico fanfarrón”, pensó Álvaro “Habla y se pavonea pero al final no actúa. Tengo que ver qué otros recursos hay por aquí”. Primero probó el filo de sus cuchillos primitivos en la corteza del árbol copa. Después de cortar una sección se podía desprender grandes trozos con facilidad. “¡Excelente!”, pensó. Aquel material podía servirles como aislación para construir cosas. Debajo de esa corteza había algo no menos bueno, unas fibras delgadas bastante resistentes que se amontonaban formando una capa de varios milímetros por toda la superficie del tronco. Con esas podrían fabricar cuerdas y tal vez hasta ropa. Su imaginación volaba pensando en las posibles aplicaciones. Tenía que ver qué otras cosas le ofrecía el lugar. Fue rumbo a una de las formaciones redondeadas y blancas. Como no reaccionó a sus pedradas la examinó más de cerca. Paola caminaba detrás de él, casi pegada a su espalda. Aquella cosa tenía una superficie muy porosa. Acercó una mano a la cosa y a milímetros de esta percibió algo que lo hizo sonreír. Paola estaba expectante. Le preguntó:

—¿Es otro tipo de planta?
—Es probable, pero me inclino a creer que no. Me resulta muy parecido a algunos tipos de coral. Creo que es una colonia de microorganismos lo que forma esto. Arrima tu mano hasta aquí y siente una cosa. ¿Lo sientes? 
—¿Está respirando?
—Más bien, emanando algún gas. Yo apostaría que es oxígeno. Si es así estamos respirando en gran parte gracias a estas cosas. Hablando de eso, me resulta increíble que el aire aquí sea tan parecido al de la Tierra, porque aunque estas cosas produzcan oxígeno, el porcentaje de este y de otros gases podría ser muy diferentes y eso sería un problema para nosotros. Se me ocurre que tal vez los Sapos se vieron obligados a modificar un poco este mundo para que fuera apto para los humanos. Sería bastante lógico que le hayan exigido eso porque sin algunas condiciones dejarnos aquí sería lo mismo lanzarnos al espacio. Lástima para nosotros que esos otros extraterrestres no fueron mas estrictos con los Sapos. Si por lo menos nos hubieran dado algunas herramientas... Pero no importa, las vamos a fabricar.  Veamos esas otras cosas largas que parecen bambú. Camina con cuidado, mejor ve detrás de mí.
—¿Habrá agua por aquí? Tengo una sed terrible, se me reseca la boca.
—Agua te aseguro que hay, solo hay que hallar el modo de extraerla y esperar que sea bebestible.

Él también sentía mucha sed pero no era la primera vez en su vida que se encontraba en esa situación. Había estado en lugares mas secos. Aquel paisaje parecía no tener agua pero si fuera así aquellas plantas no serían tan grandes. La noche allí era larga y la niebla muy espesa, y plantas tan especializadas como las “copas gigantes” seguramente hasta retenían agua en algún lado como lo hacen los cactus, pero que fuera potable era otro asunto. Después de cerciorarse que eran plantas examinaron a las delgadas y largas. Eran de madera dura. Álvaro le hizo un corte a una y olió el tajo con precaución, después pasó un dedo por la humedad que emanaba y humedeció con eso una parte de la piel de su brazo y esperó unos minutos. No hubo ninguna reacción, era seguro manipular esa madera. Al derribar una descubrió que eran como un tubo de paredes gruesas, y hacia la punta eran mas blandas y notó que era así porque estaban formadas por una especie de hoja arrollada. La hoja se arrollaba de forma elíptica y al desenvolverse formaba como un embudo que capturaba niebla por las noches. Al extender una hoja vieron que era de considerables dimensiones, y que por lo tanto debía captar bastante agua. Era razonable suponer que esta se encontraba en la raíz porque los tallos eran bastante secos.

Paola tenía mucha voluntad y quiso ayudarlo a escarbar; él tuvo que insistir muchas veces para que ella lo dejara hacer el trabajo solo. No quería que ella se deshidratara mas de lo que estaba. No fue fácil escarbar en aquella tierra tan dura utilizando solo una roca aplanada y sus manos. Pero el esfuerzo valió la pena y encontró algo a unos cuarenta centímetros de profundidad. Era una única raíz blanquecina que tenía forma de rábano pero con las dimensiones de un balón de fútbol. Cuando logró sacarla de la tierra la agitó, no escuchó ruido a agua, esta se encontraba entre la pulpa de la raíz. Ahora solo tenían que averiguar si servía para comer. Volvieron junto a los otros.

—¿Qué es esa cosa? —lo interrogó uno enseguida.
—Es una raíz de esas cosas largas. Hay que cortar varias porque los tallos sirven como bastón y también como armas si lo necesitamos. Hasta no averiguar si estas raíces sirven no hay que sacar otras. Conserven la parte blanda de arriba, son hojas que nos van a resultar muy útiles, tengo una idea de cómo usarlas. Cuando todos tengan un bastón hay que partir hacia allá.
—¿Y por qué hacia allá y no hacia otro lado? —preguntó Anselmo. 
—Porque hacia ahí está la montaña y ya sabemos lo que hay, y hacia los lados el paisaje debe ser muy similar a este, además, la niebla se retiró hacia allá.
—Bien, solo preguntaba. Cortemos unos bastones entonces.

Mientras los otros salían con paso lento a hacer lo suyo Álvaro y Paola comprobaron si aquella cosa era comestible. La piel era sumamente dura, eso era bueno, porque si algo tiene veneno no necesita protegerlo. La pulpa de adentro resultó ser bastante similar en apariencia a la de algunas frutas, medio blanca y jugosa. Al ver aquello se relamieron los labios instintivamente. Desprendía un olor dulzón, agradable. Al mojarse un poco la piel del brazo tampoco hubo una reacción mala. Probarlo era lo más difícil. Era sumamente arriesgado extrapolar sus conocimientos sobre plantas terrestres a aquellas desconocidas. Tenía que confiar también en su instinto. Y había otra cosa. Si los extraterrestres consintieron que los dejaran allí era porque existían plantas y animales que los humanos podían comer, era una exigencia mínima. Respiró hondo y tocó un trozo de aquella pulpa jugosa con su lengua. Tenía un sabor muy agradable. Comió un trozo pequeño y esperó. El resto de los sobrevivientes regresaron con sus bastones y le preguntaron si aquello se podía comer. Les dijo que era muy probable que sí pero aún tenía que esperar, más convenía que desenterraran otros.

El día ya estaba muy avanzado y él se hallaba bien. Aquellas raíces eran una buena fuente de agua y alimento. Por precaución les recomendó a todos que solo tomaran el jugo y que escupieran la pulpa. Igual quedaron sedientos pero aquello les repuso bastante las energías. Avanzaron alejándose de la montaña. Resultaba evidente que la presencia de vida iba aumentando rumbo a aquella dirección. Aparecieron nuevas plantas, estas con un aspecto mas familiar porque eran como pastos, aunque eran grises como casi todo lo que crecía allí. Álvaro se percató también de otra cosa: rastros dejados por animales grandes.
Continúa aquí: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2016/02/depredadores-entre-la-niebla.html

4 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Una pregunta,¿quienes son los otros extraterrestres?. Guao, quisiera saber,¿como se te ocurrió todo eso?. Debes ser un explorador bastante preparado. Debo anotar lo de colocar un poco del líquido de las plantas desconocidas en una parte de mi brazo cuando esté en el bosque, para ver si no hay alergia y asegurarme de que puedo utilizarlas. Estupenda continuación amigo, la experiencia de Alvaro resulta escencial en cualquier parte....hasta en otros planetas. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Los otros extraterrestres son una especie de federación. Yo me imagino algo así como la ONU. Organismos así no impiden invasiones pero tratan de poner algunas reglas (que no siempre son respetadas). Si en el universo existieran muchos planetas con vida inteligente y con tecnología, después de muchas guerras y conflictos no sería raro que se terminara formando alguna alianza. La regla de no exterminar completamente a ninguna especie le serviría a todos. A mí me parece bastante lógico. Creí que había dado suficientes pistas sobre eso en la primer parte pero parece que me equivoqué ¡Jaja! Un pequeño error.
El pequeño truco con las plantas es algo bastante conocido, aunque yo no lo uso, solo voy a lo seguro con árboles que conozco. Si es para ensartar algo para asarlo siempre utilizo ramas de sauce.
La primer parte de este cuento es la modificación, o el enriquecimiento podría decirse de uno corto que escribí hace ya varios años. Toda la historia que tengo pensada daría para una novela, pero no creo que la suba toda aquí. Últimamente las novelas me están haciendo perder tiempo valioso que tendría que dedicarlo a los cuentos cortos ¡Jaja!
Gracias, Ongie. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Saludos, Jorge... Esta historia sin duda me encanta a pesar que nunca había leído sobre el tema sólo en tus cuentos, siempre me deja intrigada...

Jorge Leal dijo...

Hola. Muchas gracias. Ese es el objetivo ¡Jaja! ¡Saludos!

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