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viernes, 29 de enero de 2016

Perseguido Por El Peligro

En mi desventura, escapé de la sartén para caer en el fuego (lo de terminar en el fuego por poco no fue literal)...
Me perseguía el franquismo. Por esos días aún no había una resistencia organizada, por eso opté por abandonar mi tierra, España.  Viajé escondido en la parte de atrás de un camión. De esa forma llegué al puerto de Málaga. Recorrí el puerto buscando un barco que me llevara. Gracias a un compatriota que se hacía llamar Paco, conseguí un lugar entre la tripulación de un viejo velero francés. Cuando el barco partió eché una última mirada a mi España ¡Adiós! Allí quedaba todo mi pasado. Enseguida me ordenaron hacer una multitud de tareas. Los marineros franceses nunca me hablaban a no ser para ordenarme algo y apurarme con su, ¡alé, alé!, que pronto llegó a fastidiarme. Con mi coterráneo el asunto era diferente; a veces hablábamos largo y tendido sobre nuestra tierra, sobre su comida, su gente, y tratábamos de adivinar qué iba a pasar con ella, cómo iba a sobrevivir al franquismo. 
Pasaron los días y el barco seguía surcando el vastísimo mar. 

Cruzamos cielos azules, grises, rosáceos, y navegamos en mares tormentosos bajando y subiendo olas descomunales y erizadas de lluvia.  Uno de los tripulantes, un tal Pierre, siempre me miraba fieramente. Sus compañeros, en conversaciones que tenían a mis espaldas pero que alcanzaba a escuchar y entender a medias, le decían que no podía derrotarme en una pelea, animándolo indirectamente a que me enfrentara. 

—Francisco, ten cuidado con el tío este… —me dijo un día Paco—, que es de armas tomar y bastante traicionero también. 
—Pues gracias por la advertencia, pero aquí cómo hago para evitarlo… Voy a estar pendiente, y si se me viene ya veré cómo me las arreglo. Pero te aseguro que no se la voy a hacer fácil —le dije a Paco. 

Y un día se animó. Pateó el balde que yo estaba utilizando para limpiar la cubierta y soltó un montón de insultos en francés. Los otros estaban prontos para ver la pelea; el capitán no se encontraba en la cubierta principal. De haber estado no sé si hubiera detenido la contienda porque también me despreciaba sin razón. Creí que el francés iba a usar sus puños, pero dando un paso hacia atrás sacó un puñal de la cintura. Entonces eché mano a la navaja albaceteña que siempre cargaba en el bolsillo, y comenzó el duelo. Mis sentidos se aguzaron. Lo vi tirar la primer puñalada y me hice a un lado, respondiendo inmediatamente con una mía, pero el tipo era hábil y la esquivó. Después de varios lances y esquives, la albaceteña se hundió en el pecho de mi rival, que al instante emitió un quejido y cayó hacia atrás, muerto ya el desgraciado. 

Los otros marineros quedaron callados y quietos un momento, para después abalanzarse sobre mí con furia; pero cuando ya me creía perdido, el sonido de un disparo detuvo a todos.  El capitán había aparecido en escena cargando un fusil. Tras poner orden hizo que me amarran al mástil principal. Me había salvado sólo por el momento. Me iban a dejar allí hasta que decidieran mi castigo, que de seguro era la muerte. 

Amarrado al mástil, vi el día decrecer hasta que el sol se apagó al hundirse en el mar “Mi último atardecer”, pensé. Pero cuando la noche había ennegrecido todo, una silueta furtiva se acercó a mí. Era Paco. Me desató y, susurrando, me dijo que huyera en uno de los botes, que no podía quedarme allí. Me aseguró que el capitán le tenía aprecio porque navegaba con él hacía muchos años, y aunque lo iban a castigar por haberme liberado, su vida no peligraba, en cambio la mía no tenía futuro si me quedaba allí.  Bajé al agua el bote que Paco me había preparado y empecé a remar. Pronto estuve en medio de la nada. Mar y cielo eran la misma oscuridad. Subí los remos y traté de dormir. Derivé en el mar tres días. Mi coterráneo había dejado en el bote unas garrafas con agua y algo de comida, una lona , un puñal, y me dejó también una pistola (Aún la conservo y atesoro como el regalo de quien me ayudó tanto).  Una mañana me despertó el griterío de unas aves.

 Unas gaviotas planeaban en el cielo. Me senté y miré en derredor. Enseguida divisé una costa. Más allá de ella se elevaba una zona verde. Remé hacia aquel lugar como si remara hacia mi salvación (No sabía que mi vida seguía en peligro). Cuando pisé la arena grité de alegría. Frente a mí, después de una franja de palmeras, se extendía una selva tupida y sombría. El primer alimento que divisé fueron unos cocos. Bastante trabajo me dio abrirlos, pero el agua que tenían valía la pena.  Hacía calor. Por la tarde me mantuve bajo la sombra de la selva, luego, antes de que cayera la noche, arrastré el bote tierra adentro para dormir sobre él. Avanzada la noche, llegó hasta mí el sonido lejano de unos tambores. La isla en la que me encontraba no estaba deshabitada. Había salido la luna y el mar estaba lleno de reflejos. Siguiendo el sonido caminé por la playa hasta que vi un resplandor que se filtraba entre la selva. Avancé entre los árboles hasta que pude ver la escena que se desarrollaba en torno a una gran hoguera. 

Un grupo de aborígenes danzaba de forma extravagante siguiendo el ritmo de unos tambores primitivos. Tenían la cara pintada y adornos de plumas y pieles en la cabeza, y aquel maquillaje les daba una apariencia demoníaca. Pero no fue eso lo que me asustó. Me horroricé al ver lo que se asaba en el fuego: ¡Eran cuerpos humanos! Estaba compartiendo la isla con caníbales.

Me alejé de allí sin perder tiempo. Al parecer mi retirada no fue tan silenciosa como creí, porque cuando estaba metiendo el bote en el agua, una multitud de indígenas salió de las sombras y arrojaron hacia mí una lluvia de lanzas. Por suerte la distancia era aún bastante amplia y ninguna de las lanzas me acertó. Respondí con unos disparos y eso los asustó, se refugiaron en la selva y así pude abandonar aquella isla de caníbales, salvándome por poco de las llamas. Después derivé una semana completa hasta que me rescató un buque italiano. Estuve unos meses en el mar y finalmente llegué a América del sur, para luego establecerme en Uruguay. 

10 comentarios:

  1. muy bueno tu cuento, pobre francisco se salva de una y le llega otro problema... en fin ya leí todos tus cuentos del otro blog, cuentos de terror cortos. te pregunto falta mucha para que subas la siguiente parte de francisco y la casa embrujada, que seria la tercera parte.

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    1. Hola. Gracias.
      Pues lamentablemente tengo que decirte que no voy a subir mas partes de "Santiago y La Casa embrujada". Le tomé mucho cariño a la historia y no quiero publicarla en internet. Saludos.

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  2. Ese Francisco si que tuvo dificultades!. Huir de su patria, peleas en el mar, caníbales, abandonado en el mar. Pero al fin, se pudo salvar y se estableció en tu país. Pero habrá sido hace mucho tiempo, no se porque se me pasó por la cabeza que esto pudo haber sido verdad, o haya sido la historia de un antepasado tuyo o de alguien a quien conocías, cuyas raíces no son de Uruguay, pero llegaron allí. Suena raro cierto?. Pero seguramente la escribiste y yo me estoy haciendo extrañas ideas, ya que todos tus cuentos son tuyos y de imaginación. Excelente historia master, veo que usaste recursos de la edad media talvez?. Ya que, recuerdo en historia universal el islam, el facismo, el luteranismo, el feudalismo y los relacioné. Aunque puede que me esté equivocando. Una gfan aventura, pero sobrevivió!. Muy buena y entretenida!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. ¡Jaja! Que imaginación tienes Ongie, eso te hace un excelente lector porque facilitas mi trabajo ¡Jaja! Mis antepasados son casi todos de Brasil, y antes de Portugal. La época de Franco fue hace una pocas décadas. No sé si todavía había caníbales por ahí; solo es un cuento corto, casi nunca investigo, trabajo con lo que sé, o mas bien, lo que creo saber ¡Jajaja! Muchas gracias. ¡Saludos!

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  3. Mmm temo que este no es el Francisco boxeador pero podria ser un pariente,de todas formas buenisimo y el duelo de filos le dio un toque especial para mi gusto jeje..saludos..Willy

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    1. Es otro Francisco. A este cuento lo escribí mucho antes que a "Desierto Infernal". Solo es un nombre que he usado bastante porque es muy común. Gracias. Saludos!

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  4. Hola,Jorge. Muy bueno tu cuento. Tremenda aventura la que le toco a Francisco, al menos sobrevivió y además puede contar la odisea vivida pero hay que tener una muy mala suerte para vivir tantas tragedias juntas. Me pregunto si Paco tenia razón o se equivocaba y se sacrifico para salvar a Francisco.

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    1. Hola. Paco acertó, no le pasó nada, no te preocupes por él ¡Jaja! Muchas gracias. Saludos!!

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  5. Es la primera ves que leo tus cuentos de ficción y están buenas Felicidades Maestro fuerza y exitos..Dario

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    1. Gracias, Darío. Aquí tienes montones de cuentos para entretenerte. ¡Saludos!

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