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domingo, 17 de enero de 2016

Santiago y La Casa Embrujada (segunda parte)

¡Hola! Para los nuevos en el blog, esta historia es, como resulta obvio, la continuación de "Santiago Y La casa Embrujada", pero para entender esa primero hay que leer "Juego De Payasos" y todas sus partes. Y para entender más el universo de esa historia tendrían que leer también: "Desierto Infernal" y "Cazador De Fantasmas". Gracias.


Después de la limpieza en el gimnasio Santiago volvió a repasar con gusto los libros que le diera Ambrosio.  Empezó a usar en todo momento un amuleto protector colgado al cuello y con una cadena de plata bendecida se hizo dos pulseras. También se aprovisionó de agua bendita en la iglesia de su zona. Si su destino era ser un exorcista era mejor estar preparado en todo momento; pero a pesar de eso no pudo evitar sorprenderse al saber cuál iba a ser su próximo trabajo...
Una tarde Luis llegó al apartamento visiblemente emocionado. Llamó a Santiago y a su madre y los hizo sentarse en la sala, después sacó unos papeles del portafolio y les preguntó:

—¿Saben qué es esto?
—Los títulos de una casa —adivinó Angélica.
—Que aguafiestas eres. ¡Sí son los títulos de una casa!
—¡Que bien! —festejó ahora Angélica brincando del sofá para abrazar a su esposo.
—Y no es una casa cualquiera, es una inmensa, es casi una mansión.
—¿Cómo que una inmensa? —preguntó ella apartándose un poco de él—. Lo que teníamos ahorrado no daba para gran cosa. Supongo que no te endeudaste, ¿o sí?
—Claro que no, hasta me sobró un poco. Para el tamaño de la edificación está casi regalada.
Ahora Angélica quedó mas seria y apoyó el dorso de sus manos en la cintura.
—Algún problema grave debe tener entonces. Hablamos de comprar algo que entrara dentro de nuestro presupuesto pero que a la vez estuviera en buenas condiciones.
—Está en buenas condiciones, no sale barata por eso. La abarata la superstición de la gente. Cuando te diga esto te vas a reír: dicen que es una casa embrujada ¡Jajaja!
—¿¡Una casa embrujada!? —intervino entonces Santiago, levantándose de golpe. 

Angélica lucía ahora algo pasmada por aquella noticia y Santiago llegó a palidecer un poco porque en ese momento presintió y sintió varias cosas. Ese era su próximo trabajo.

—Vamos, no me digan que eso les preocupa, son tonterías de la gente. Francamente, no esperaba esto de ustedes.
—Bueno, cómo quieres que reaccione, una casa embrujada. Bien, supongo que serán tonterías de la gente como dices —opinó Angélica cambiando su semblante.
—¿Cómo que tonterías de la gente? Dices eso como si no creyeras en nada —protestó Santiago—. ¿No crees en el bien y el mal?
—Sí, pero esto es otra cosa —repuso Luis.
—Si crees en el bien también tienes que aceptar que hay cosas malas. Ignorarlas es peligroso porque aunque no creas en ellas, ahí están igual.
—Parece que estoy escuchando un sermón del padre Ambrosio.
—Será porque él me enseñó muchas cosas. Papá, en serio, ¿pensaste qué pasaría si realmente está embrujada?
—Si fuera así no los arriesgaría a ustedes, claro, si comprobamos que está embrujada, mas eso no va a pasar porque no lo está. Pero vamos, hasta decirlo suena ridículo. No tiene caso que sigamos discutiendo esto si ni siquiera la vieron. Vamos ahora, ya tengo la llave.
—Papá, no es algo tan simple. Los espíritus a veces solo quieren expulsarte del hogar y se manifiestan enseguida, pero también hay algunos muy astutos que no se muestran tan fácilmente y que te mantienen en el lugar mientras se alimentan de tu energía, y hay peores. Esos no se manifiestan ante todos, dejan que te instales y te van “trabajando” de a poco y...
—¡Basta! Deja de especular tanto. Primero vamos al lugar, ¿está bien? Vamos.

La vivienda estaba en el cinturón de la ciudad y la casa más cercana a ella se encontraba como a una cuadra. Luis no había exagerado sobre lo grande que era y se veía en buenas condiciones. Santiago la odió apenas la vio. Enseguida supo que sí estaba embrujada, y por lo fuerte que sentía aquello supo que no se trataba de un fantasma cualquiera. Toda la estructura emanaba una energía muy mala. Al fantasma del gimnasio logró sentirlo recién al entrar a la parte nueva; si ahora sentía aquello desde tan lejos eso significaba que la energía era muchas veces mayor. Se trataba de varios entes o de uno solo pero muy poderoso. Entonces Santiago se ubicó delante de su padre cortándole el paso y le rogó:

—Papá, sí tiene algo muy malo, lo sé. Por favor, trata de que te devuelvan el dinero o lo que sea, cualquier cosa menos vivir ahí. Por favor...
—Me sorprendes, en serio no esperaba todo esto de ti, un muchacho tan inteligente. Mira, pasé mucho trabajo para comprar esto. Solo cuando trabajes y mantengas a tu propia familia lo vas a entender. No voy a renunciar a esto así como así. Déjame pasar.

Él no quería poner ni un pie allí pero lo hizo por sus padres. Pasaron a una habitación bastante amplia que hasta se encontraba amueblada. Su madre enseguida fue a fijarse en los muebles. Quedó encantada con lo finos que eran. El muchacho miró en derredor. El caso era muy malo. Lo que moraba allí no pretendía espantarlos, debía tener otros planes. No había un olor desagradable ni nada lucía extraño pero todo el lugar estaba completamente impregnado de una energía terrible. Recorrieron todas las habitaciones. A donde fueran era lo mismo, una buena apariencia pero llena de energía maligna. A angélica le gustaron los muebles pero no estaba del todo convencida, se notaba en su cara cuando miraba en derredor; pero como Luis ya había tomado una decisión no quiso llevarle la contra.  Luis quiso convencer ahora a su hijo, y haciendo un gesto con la mano que mostraba una una habitación le dijo:

—¿Y? ¿Qué opinas ahora? No me digas que este cuarto no está genial. Va a ser el tuyo.
—Papá, esta casa está embrujada hasta los cimientos.
—Y sigues con eso. Si no les hubiera contado eso seguramente no hallarías nada raro.
—Me hubiera dado cuenta igual.
—¿Cómo? ¿Acaso eres experto en lo paranormal o algo así? Lo único que has hecho es leer algún libro de los que te dio el cura. Sí, ya vimos de qué son, por los que están escritos en nuestro idioma se calcula que los otros son de lo mismo, pero como no sabes leerlos esos son solo bultos; y si hubiera sabido que se te iban a subir a la cabeza los hubiera tirado a la basura a todos. Y no quiero discutir más sobre esto. ¿Está claro? No te oigo.
—¡Dije que sí! 
—Bien. Bueno, vámonos. Mañana mismo nos mudamos.

De regreso al apartamento Santiago iba mirando por la ventanilla y pensando. Aquel lugar escuchaba todo. Como él quería que no vivieran allí y lo había comentado seguramente sería el primero en ser atacado. Se mudaron al otro día. Mientras todavía era de día el muchacho estudió su habitación. Había un ropero enorme pero él no puso su ropa en él, las dejó en los bolsos y a cada uno le pegó una hoja de un manuscrito protector. No le gustó nada aquel ropero. Revisó todo su interior, se encontraba vacío pero de noche eso podría cambiar, por eso le trabó las puertas con cadenas de plata. La cama era grande y alta, por nada del mundo iba a dormir sobre ella. Revisó si había algo abajo, no vio nada pero supuso que algo iba a aparecer por allí, por eso regó un poco de agua bendita en el lugar. También quiso proteger un poco el cuarto de sus padres pero Luis no lo dejó. Eso fue muy duro para él. Sabía que estaban en aprietos pero no dejaban que los ayudara. 

Conocía varios rituales para limpiar casas mas para efectuarlos tenía que estar ubicado cerca del centro de esta o ir recorriendo habitación por habitación. Mientras sus padres estuvieran allí no podía recitar los textos porque estos seguramente lo iban a interrumpir y tendría que explicar muchas cosas, y seguramente no le iban a creer. Supuso que siendo ese el caso lo primero que harían sería deshacerse de todo lo que Ambrosio le había dado. Debía esperar el momento adecuado y eso era cuando ellos no estuvieran. Al llegar la noche la casa hizo su primer jugada. Santiago había tendido unas frazadas en el suelo y sobre ellas estaba acomodando sus cosas cuando sus padres irrumpieron en aquel cuarto. Enseguida lo miraron severamente y hasta con cierto aire de repugnancia.

—¿Cómo pudiste decir esas cosas? —le preguntó Luis.
—¿Qué cosas, cuándo? —lo interrogó a su vez el muchacho.
—¡Sabes bien cuándo! ¡Te paraste frente a la puerta de nuestro cuarto a decir eso!
—Papá, hace como una hora que estoy aquí y...
—¡No mientas! ¡Recién fuiste a decirnos eso! Apenas puedo creerlo. Nunca nos diste un problema y ahora nos sales con esto. Nunca te creí capaz de decir algo así. Te desconozco.
—Pero papá, yo no dije nada, ¿me vieron acaso?
—Por favor, no finjas, era tu voz.
—No era yo. Ya te dije que esta casa está...
—¡Cállate! No sigas con eso. ¿Y por qué no estás en la cama, y por qué tienes esas linternas y faroles ahí? 
—Papá, preguntas pero no quieres una respuesta.
—Sí, mejor no me contestes. No te imaginas lo decepcionados que estamos. 

Al salir de cuarto su madre lo miró con algo de lástima. El quedó pensando que la jugada de el ente o los entes de la casa fue muy inteligente. Lo habían aislado de sus padres, después seguirían con ellos. Tenía que actuar cuanto antes e iba a empezar por aquella habitación. No había apagado las luces de su cuarto pero igual encendió dos faroles a pilas, y sentado sobre las frazadas empezó a recitar un conjuro. Como esperaba, las luces del cuarto se apagaron pero este no quedó oscuro gracias a los faroles. Un instante después algo que apareció bajo la cama lanzó un gemido y salió de allí andando sobre sus manos y pies, y de esa forma escaló la pared como lo hacen las lagartijas, después se hundió en una especie de hoyo que surgió de pronto en el techo. El agua bendita regada bajo la cama había cumplido su propósito. Mientras seguía recitando el conjuro Santiago miró de reojo hacia el ropero. La puerta se estaba moviendo lentamente hacia afuera. No pudo abrirse porque estaba trancada con la cadena de plata bendecida. Entonces una mano muy pálida que tenía la piel toda descamada y hecha jirones salió del espacio que logró abrir e intentó sacar la cadena; mas al tocarla desde el ropero brotaron una serie de chillidos y la mano se apartó inmediatamente. Eso no pudo salir del ropero pero otra aparición se presentó sobre él. Era una anciana de aspecto terrible, estaba sentada sobre el ropero y lo miraba desde allí. 

Santiago siguió recitando el conjuro y no miró directamente a la horrible aparición, solo apuntó la pistola de agua sobre su hombro y le disparó unos chorros. Eso hizo que la aparición se esfumara. Enseguida vio de reojo que algo había aparecido sobre la cama. Eran varias apariciones de personas que estaban paradas sobre la cama, sin ropa,  y jugaban frenéticamente con cuchillos haciéndose terribles tajos en el cuerpo. Entre aquellas paredes habían ocurrido actos muy malos. Aquella no era una casa embrujada cualquiera, aquello no era un accidente; los dueños la impregnaron de energías malsanas durante décadas. Pero a pesar de esas terribles distracciones Santiago terminó el conjuro e inmediatamente notó que la energía del cuarto cambió de pronto. Se acostó allí mismo y estuvo recordando algunas lecciones de Ambrosio hasta que se durmió.

Se despertó alarmado de madrugada. Los faroles apenas iluminaban porque se estaban quedando sin baterías, y en derredor a él se había congregado un buen número de fantasmas que intentaban golpearlo y morderlo pero no podían arrimarse lo suficiente por los amuletos que lo protegían. Se había dormido con las pistolas de agua en las manos, y al ver a todas aquellas figuras grotescas lanzándole manotazos empezó a disparar agua bendita hacia todos lados y así los ahuyentó, retrocedieron hasta la oscuridad para desaparecer allí. La energía del cuarto de nuevo era mala. La casa era tan poderosa que la limpieza solo había durado unas horas. Aquello era demasiado para él. Deseó que su maestro estuviera allí para ayudarlo. “Padre Ambrosio, yo solo no puedo con esto, necesito ayuda”, pensó Santiago. Se mantuvo despierto hasta el amanecer y se levantó apenas el sol entró por la ventana. 

Sus padres también se levantaron temprano. Él notó que estaban un poco raros, apenas dijeron algunas palabras durante el desayuno y no se miraban a los ojos. Algo había pasado, la casa los estaba separando y seguramente ya se alimentaba de sus energías. Ese día era sábado. Después del desayuno Santiago recordó de pronto que Francisco, su entrenador de boxeo, lo había invitado a él y a otros alumnos a una salida a pescar. No quería abandonar a sus padres pero entendía que por el momento no podía hacer nada por ellos, y al pensar en esa salida sintió que debía ir de todos modos, además quería contarle a alguien lo que pasaba y Francisco era el único que sabía que él era exorcista, además de ser un amigo. Fue en bicicleta porque ahora el gimnasio le quedaba bastante lejos. La enorme figura de Francisco estaba frente a su local, al lado de su camioneta.

—Bueno, parece que después de todo no tengo que ir solo. Hola Santiago —lo saludó Francisco. 
—¡Hola! ¿No vino más nadie? —preguntó el muchacho al bajarse de la bicicleta.
—No, pero se entiende, un sábado... Oye, no tienes buena cara, ¿qué pasó?
—Estoy en graves problemas. Papá compró una casa embrujada, una muy mala, y no puedo con ella. Nos mudamos ayer. No sé qué hacer.
—¡Pah! Eso sí que es un problema. ¿En qué te puedo ayudar? Podemos hacer algo como lo que hicimos aquí. Con las cadenas que me diste además de estas pulseras fabriqué dos piñas americanas. Cuando quieras tú lo haces aparecer y les damos duro a ese fantasma.
—No es un fantasma, son un montón, y son demasiados para nosotros.
—Entonces hay que pensar en algo más.
—Sí, pero no se me ocurre nada. 
—¿Y qué vas a hacer ahora?
—Vamos a pescar. Tengo ganas de estar en la naturaleza, tal vez ahí se me ocurra algo.
—Bien. Deja tu bici adentro. Toma la llave.

Después los dos subieron en la camioneta y partieron rumbo al monte. Santiago iba callado, pensando, y Francisco no decía nada porque no sabía cómo ayudarlo, lo único que sabía era que no lo iba a dejar solo con aquel problema. El lugar quedaba bastante cerca. Dejaron el vehículo en el costado de un puente y siguieron a pie costeando el monte. Luego de un buen trecho tomaron un sendero que se abría camino entre los árboles. Cuando el sendero desembocó en un pequeño puerto natural vieron que ya estaba ocupado. Se miraron entre ellos y se fueron acercando con prudencia. En la orilla del arroyo había un hombre sentado en una postura de meditación. Santiago detuvo a Francisco tomándolo del brazo y le hizo una seña para que bajara su oído hasta su nivel para susurrarle algo:

—Hay un fantasma al lado de ese hombre, pero no es una energía mala.

Le dijo eso susurrando muy bajo pero el que meditaba alcanzó a escucharlo, y después de abrir los ojos y voltear hacia ellos les dijo:

—Este fantasma es mi amigo, se llama Esteban; yo me llamo Guillermo. Santiago, Francisco, acérquense a que les explique todo. A mi amigo aquí le llegó un mensaje. Dicen que necesitan a un cazafantasmas. Pueden contar conmigo.


Santiago y Francisco enseguida sintieron que podían confiar en él.

32 comentarios:

Brayan Javier Duran Hernandez dijo...

Hola jorge. Me encanto que juntaste a tantos personajes y espero con emocion los siguientes cuentos. Muchos exitos.

Jorge Leal dijo...

Muchísimas gracias, Brayan. Sí, me gusta juntar personajes de diferentes historias. Esta no es donde he juntado a mas personajes pero es algo ¡Jeje! ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Saludos, Jorge. Ha valido la pena esperar, pinta genial este cuento; ya espero la próxima parte... Me encanta tener a Guillermo en esta historia ya que él es un personaje muy interesante y sería muy bueno saber sobre lo que ha sido de él y los demás. Yo pensé que Esteban había alcanzado la paz y veo que estaba equivicada, parecía una despedida definitiva cuando desapareció después de disculparse.

Stephanie

QUIMERAsan dijo...

Muy buen cuento, me encanto que juntaras a los personajes de tus cuentos ahora solo puedo esperar a que publiques la siguiente parte ahora la espero con ansias :D

Anónimo dijo...

Me encantan tus cuentos, gracias por volver a publicar en este blog, ya estaba esperando con ansias que escribieras, porque ya había comenzado a leer de nuevo todos y aun que me encantan y me vuelvo a asustar como la primera vez, me encanta leer tus nuevas creaciones =). atte.Bar

Raúl dijo...

Me dejo sin palabras!!!!, excelente ya quiero leer la continuación.

Saludos desde México

Ongie Saudino dijo...

Guao!. Me gustó mucho esta parte!. Genial, valió la pena la espera. Como siempre master, esta parte te quedó estupenda!. Ahora Santiago tiene buenos aliados!. Francisco y Guillermo, con la ayuda de Esteban. Esta prueba estará bastante díficil, pero confío en que esos tres la superarán. El padre Ambrosio también podría aportar algo al igual que Esteban?. Por si Santiago necesita apoyo extra. Guillermo es simplemente impresionante, ¿Será que llegó allí de casualidad o los siguió porque ya le habían avisado?. Bueno, esos tres tienen mucho que hacer y lo harán!. Excelente, esperaré con ansias la continuación, que espero que sea pronto. Esta parte me dejó con ganas de más!. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Anónimo dijo...

Que tal maestro? estaba con dengue hoy recien entre otra vez a leerte me revento la enfermedad pero no me entrego..que buena historia ademas muy prometedora,uno de mis idolos Francisco,un grande y Santiago muy valiente para su edad pero seguro con los cuentos transcurran mas años y experiencia para el jeje quien sabe tu mente es un misterio amigo..saludos..Willy

Yenny Ricardo dijo...

Que ansiedad no puedo esperar a leer la siguiente parte.... Esta buenisima.
Lo mejor que la acabo de leer y son casi las 12 pm uuuy jijijjijiji.

Jorge Leal dijo...

Entonces si te digo que no voy a subir otra parte te vas a enojar ¡Jaja! Mejor no te lo digo entonces. Gracias. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Esos mosquitos me van a dejar sin lectores; a una mexicana la agarró también. Pero tú seguramente tienes alguna técnica mental para recuperarte ¡Jaja!
Saludos. Que te mejores, fuerza!!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias Ongie. Sabes, a mí también me gustó, me encanta esta historia, y ese es el problema. Todas las veces que publiqué algo que realmente me gustaba me terminé arrepintiendo. Por eso no voy a subir mas partes de esta. Pero sí voy a publicar otros cuentos cortos. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias. No voy a subir la continuación. Sé que hasta esta parte no se resuelve nada pero por lo menos se juntaron todos los personajes, aunque Guillermo apareció solo en las últimas líneas. Pero no te preocupes por los personajes, esos van a seguir teniendo aventuras, voy a seguir escribiendo sobre ellos. En ese mundo literario tienen para muchos años. En el blog voy a continuar publicando cuentos cortos, como los de antes. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Bar. Saludos.

Jorge Leal dijo...

Gracias por comentar. Saludos.

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! Te faltó leer varios capítulos entonces, porque después de eso la historia sigue. La que no va a seguir aquí es esta, prefiero no publicar mas partes. Voy a seguir con cuentos mas cortos. Pero como le decía a otro buen lector, no te preocupes por los personajes porque voy a seguir escribiendo sobre ellos. Muchas gracias, Stephanie. ¡Saludos!

Andrea Gabrielli dijo...

Hola Jorge, he leido desdebel primero hasta el ultimo de tus cuentos, son muy buenos. Se nota el progreso en la narrativa, para ser uruguayo, me dejaste pasmada. Tu estilo solo lo habia leido con Stephen King, la verdad que te felicito. Ojala este pais pudiera reconocer un gran escritor. Saludos desde Canelones.

Jorge Leal dijo...

Hola. Cuando leí "para ser uruguayo" casi le di a "Eliminar" porque pensé que era un troll ¡Jajaja! Dicho por una compatriota no está mal. Muchas gracias.
De Uruguay debes ser la única que me lee ¡Jaja! Hace un tiempo tuve un blog que llamé "Cuentos gauchos". Eran pensados para los gurises de la escuela. No entraba nadie de aquí. No importa. Como bloguero, este mercado no me importa porque es muy chico, y como artista creador, me da lo mismo si nadie me lee.
Muchas gracias, gurisa. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Yo los leí todos pero tendré que releer porque recuerdo que cazó vampiros y demás en la isla pero no recuerdo que se volviera a mencionar a Esteban...

Anónimo dijo...

Que tal Jorge soy nuevo por acá me llamo Dario,Willy me havia recomendado leer tus cuentos y la verdad que estan muy buenas y esta da la casa embrujada si que esta mas que buena saludos desde Paraguay.

Andrea Gabrielli dijo...

Si lo tenes en actividad decime, porque cuentos del campo son muy buenos, a pesar de que vivo en Canelones, soy de la campaña de Salto. Espero el proxime relato, saludos!!

Jorge Leal dijo...

Hola. Bienvenido al blog, Darío. Muchas gracias por leerme y comentar. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Lo cerré hace un montón de tiempo. Pero ahora tengo otro que incluye algunos de esos cuentos. Se llama "Cuentos Cortos De ficción". También hay cuentos sobre un lote de categorías, hasta románticos. El enlace está ahí en la parte derecha. ¡Saludos compatriota!

Daniel Almendra dijo...

Como me alegro de ver de vuelta a estos personajes, me pregunto que habrán hecho Guillermo y Esteban antes de encontrarlos, la última vez tenían un par de problemas con una organización y no se volvió a saber de ellos ¿No?

Jorge Leal dijo...

Tuvieron otra aventura pero no la publiqué acá; tampoco voy a seguir publicando esta. Gracias por comentar. Saludos.

Raul dijo...

Hola Jorge..........que lastima que por este blog no subiras la segunda parte, pero donde puedo lo puedo leer o adquirir?.

Saludos desde México

Jorge Leal dijo...

Hola. Esta es la segunda parte. A las otras no las voy a subir a ningún lado. Gracias. Saludos!!

Reyko Alastair dijo...

Jorge!!! hermano me alegra leerte de nuevo por internet, hacian falta tus cuentos, la verdad ninguna de las paginas que busco para leer se compara a tus cuentos, gracias por compartir tus historias con tus fans, me considero uno de los mas aserrimos, muchos saludos desde colombia!!!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Reyko. Sí, aquí estamos de nuevo desde hace un tiempo, es porque todo vuelve ¡Jaja! Saludos desde mi Uruguay para tu Colombia.

Anónimo dijo...

Extraordinario unir estos tres personajes Jorge, yo te sigo desde México, tus cuentos son los mejores. Conny

Maria Cruz Montiel dijo...

Realmente muy ,muy buena historia, te felicito Jorge

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, María. Saludos!!

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