¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

domingo, 14 de febrero de 2016

De Fantasmas

                                           El Pasajero
Todo comenzó cuando un ómnibus se descompuso justo frente a mi casa. Era un vehículo viejo de esos inmensos, largos y altos a pesar de ser solo de un piso. Unos mecánicos estuvieron trabajando en él casi toda la tarde pero al llegar la noche se fueron y aquel gigantón seguía allí. Me preocupó un poco que se fueran dejando al vehículo sin que nadie lo cuidara...
Es una zona tranquila pero nunca se sabe. Supuse que lo dejaron tranquilamente porque vieron que en las casas de mis vecinos había perros y estos andaban sueltos. Esa noche los perros estaban muy activos y se la pasaron ladrando. Al parecer no se acostumbraban a la presencia de aquel enorme ómnibus porque era hacia él que ladraban. Gracias a ese concierto ya pasaban de las doce y yo no podía dormir.

En mi desvelo se me ocurrió que podía ser que sí anduviera alguien porque los ladridos se mezclaban ahora con algunos gruñidos. Fui hasta la ventana de la sala para espiar. Abrí un poco la persiana con los dedos y miré hacia afuera. Pensé que si había alguien era detrás del ómnibus, porque en la vereda no había nadie. Grande fue mi susto al notar que a la vez que yo espiaba, me espiaban a mí. En una de las ventanillas del vehículo había una cortina descorrida parcialmente, y por allí se asomaba un rostro terriblemente pálido que me estaba mirando. Me aparté inmediatamente y me llevé la mano al pecho. El corazón me latía irregularmente. Al instante supe que se trataba de un fantasma. No lo sabía solo por la apariencia de aquella cara, era principalmente por la sensación que me había transmitido.

Volví a acostarme aunque sin esperanzas de dormir. Al rato, golpearon frenéticamente la puerta. No consideré que pudiera ser el fantasma, no lo creí capaz de salir del ómnibus. Atisbé por la mirilla, no había nadie. Todavía creía que había sido alguien de carne y hueso. Abrí la puerta y salí a la vereda, ambos lados de la calle estaban desiertos. Por lo rápido que respondí, a alguien solo le daría tiempo de ocultarse detrás de aquel mastodonte, calculé. Al levantar la vista hasta las ventanillas, aquella cara fantasmal me estaba mirando de nuevo. Entré corriendo a mi casa. Me había asustado de nuevo pero igual tuve que espiar por mi ventana. Ahora parecía que estaba hablando, vi que articulaba su boca. La piel se me erizaba y un escalofrío me subió por la espalda. Volví a acostarme y ya no me levanté cuando golpearon de nuevo. 
Temprano por la mañana volvieron los mecánicos, y pasado el mediodía lo hicieron arrancar y se lo llevaron. Respiré aliviado. Después sentí algo de lástima por el fantasma porque al parecer quería decirme algo.
                                         - - - - - - - - - - - - -                                                    
                                             En La Nieve
Denis señaló hacia una masa de nubes que empezaba a asomar rápidamente en un costado de la montaña nevada. 

—¡Es una tormenta de nieve y viento! —le comunicó Denis en voz alta a Jeff, su compañero de escalada. 
—¿Crees que nos va a golpear? —preguntó entonces Jeff.
—Sin ninguna duda. Tenemos que descender. 

Estaban escalando una montaña toda blanca de nieve. El viento helado no se hizo esperar y empujaba una nieve que caía de lado. Ahora la montaña entera gemía y aullaba desde sus aristas y todo se estaba tornando blanco, el cielo y la tierra allá abajo. Denis y Jeff levantaron la vista hacia la cima que no iban a alcanzar y, vieron a la vez que alguien situado bastante más arriba que ellos sacudía los brazos cruzándolos delante de la cabeza y volviéndolos a abrir. Sin dudas quería que lo socorrieran. Tenía un abrigo rojo pero por instantes se desvanecía en el blanco reinante por culpa de la tormenta. 

—¡Necesita ayuda, tenemos que ir! —gritó Denis.
—¡Vamos! —lo apoyó su compañero. 

Esa parte era más inclinada. Los pies se hundían en la nieve aún no compactada, y existía el peligro de resbalar y luego rodar hacia la muerte. Ya no se veía la cima, todo se confundía en el mismo blanco. Parecía que la tormenta intentaba derribar la montaña. Cuando levantaban la vista veían al hombre de rojo por un instante mas enseguida desaparecía en la blancura rugiente. Denis tiró del abrigo de su compañero para llamar su atención, y le gritó desde muy cerca: 

—¡Ya teníamos que haberlo alcanzado! 
—¡Es lo que estaba por decirte! ¡Y no veo huellas por ningún lado…! 
—¡Tienes razón, no me di cuenta de eso!

Al buscar con la vista, el otro estaba ahora mucho más arriba. Los estaba engañando, y no había forma de que alguien subiera tan rápido. Los dos comprendieron que estaban viendo a una aparición y no a un hombre. Sabían que muchos escaladores sucumbieron allí y era lógico suponer que no todos eran gente buena.  Al hacerlos subir los estaba conduciendo hacia su fin. Pero nuestros montañistas no eran principiantes. Ya no podían bajar por la tormenta pero podían hacer otra cosa. Se pusieron a cavar un refugio en la ladera y así escaparon del  viento cruel. Cuando pasó la tormenta descendieron. Durante todo el trayecto restante sintieron que los observaban desde arriba.  
                                       - - - - - - - - - - - -
                                            La Señora
Orlando caminaba tranquilamente por la madrugada, paseando por la ciudad. Al descubrir un bar entró a tomar unas copas.  El lugar era agradable (para lo que son los bares), y como ya era muy tarde no faltaba el borracho dormido sobre una mesa, que de todas es preferible al borracho “pesado” que se arrima a balbucear cosas que nunca vivió. Cuando Orlando notó que el cantinero quería cerrar se levantó para irse, pero en ese momento el cantinero le pidió un favor: 

—Oiga, ¿podría llevar a José a su casa? Si no es mucha molestia… Es solo para acompañarlo por si el veterano se cae. Vive a una cuadra y media de aquí, cuando mucho. Casi siempre lo llevo yo pero hoy tengo que quedarme sacando cuentas. Es un buen tipo, no es complicado ni nada, se lo aseguro. 
—Sí, yo lo llevo, no pasa nada —aceptó Orlando. 

El cantinero despertó a José, que en un primer momento se mostró confundido, como todo el que es despertado de pronto, pero enseguida reaccionó y se levantó tambaleando. 

—Yo lo acompaño, don —le dijo Orlando—. El hombre aquí me dijo que su casa está hacia allá y es justo hacia donde voy. 
—Vaya con él, yo le pedí que lo acompañara hasta su casa porque yo no puedo —le explicó el cantinero. 
—Yo estoy bien —dijo José arrastrando las palabras-, puedo irme solito nomás. 

Y el viejo hizo un gesto como de militar al despedirse. Pero Orlando pensó rápido: 

—Don, yo igual voy por esos rumbos, y quién sabe si no es usted el que me termina llevando, porque me siento mareado de más. 
—Ah, bueno, si es así pues, vamos —aceptó al fin el viejo. 

El hogar de José realmente estaba cerca. Orlando lo ayudó a abrir la puerta, y tomándolo de un brazo lo llevó hasta un sofá. José quedó dormido apenas se recostó. Cuando Orlando fue a marcharse, al girar vio a una señora mayor que lo miraba seriamente. 

—Hola —la saludó Orlando, al reponerse de la sorpresa, porque no la había escuchado entrar a la sala—. Yo vine a acompañar a Juan, el cantinero me lo pidió…

La señora no hizo ni un gesto, solo dio media vuelta y se alejó por un corredor. Orlando supuso que la señora actuó así porque ya debía estar fastidiada de las borracheras de su marido. Unos días después volvió al bar. Allí estaba nuevamente José, y al reconocerlo le invitó un trago. En la mesa había otro hombre, y José retomó algo que le estaba contando, y al escuchar aquello Orlando se impresionó profundamente. José dijo:

—… No es solo una sensación, es algo más fuerte. Te aseguro que, aunque mi esposa murió hace ya tres años y ahora vivo solo, cuando estoy en casa todo el tiempo siento su presencia. 

4 comentarios:

  1. Saludos, Jorge... ¿Qué seria lo que le quería decir ese fantasma? ¡Vaya suerte la de Jeff y Dennis lograron percatarse! En definitiva si fuese Orlando le diría a José lo de su esposa.

    Stephanie

    ResponderEliminar
  2. Hola Stephanie. Sobre el último cuento, no sé si yo se lo diría. Muchas gracias. Saludos!

    ResponderEliminar
  3. Asi que el fantasma no pudo decirle nada, podrían ser muchas cosas, algo sobre su futuro, que tuviera cuidado, alguna cosa sobre el omnibus o qje simplemente estaba atrapado dentro de dicho vehículo, pero no lo sabremos, a menos que nos lo digas master. Vaya, Denis y Jeff se salvaron de milagro, a veces las buenas intenciones de la gente pueden llevarlos a muchos problemas, como aquel que ahuda a alguien y después este actúa en su. contra. Pero lo importante fue que se salvaron. Nuestros seres queridos siempre estarán allí para nosotros, para cuidarnos,... Pienso que, seguramente, si hubiese sido un ladron ese fantasma de la señora esposa de Juan habria atacado a Orlando. Si hubiese sido un ladron, hubiesse actuado en su contra. Parece que solo aparecio por la presencia de un desconocido en su hogar; ya que es de saber que estaría acostumbrada al cantinero, pero no a Orlando y se mostró por desconfianza, eso pienso yo. O simplemente, como dice el propio Orlando, solamente, incluso despues de muerta, sigue esperando a su esposo con mala cara a causa de la borrachera de este, jaja!. Muy buenas historias fantasmagóricas master, me gustaron mucho, es necesario llamar a alguno de tus personajes para eliminarlos, espero me entiendas. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

    ResponderEliminar
  4. Dejemos como un misterio lo que quería decir el fantasma. Me encanta como razonas los cuentos, en serio. Con mis personajes hago una lotería para ser mas justo ¡Jaja! Muchas gracias. Saludos!!

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?