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domingo, 7 de febrero de 2016

Desde El Cuento

Carlos había escuchado que si se habla mucho sobre un ser sobrenatural, en determinadas circunstancias se lo puede “llamar” a ese ser sin quererlo, pero lo que él estaba haciendo era leer un cuento. ¿Sería posible que un ser mitológico estuviera ahora frente a él?...
A Carlos le gustaba leer, sobre todo cuentos cortos. Se concentraba tanto en la lectura al imaginarse todo con tanta claridad que por momentos hasta olvidaba dónde se encontraba. En esos días estaba devorando un libro de cuentos sobre el mar.  Como tenía varios hermanos y en su casa rara vez había silencio, frecuentemente buscaba la soledad de las arboledas cercanas o iba hasta la orilla del río y allí leía sin distracciones. Se encontraba ahora bajo unos sauces, en la orilla del río. En la fronda de la rivera cantaban pájaros y chillaban rabiosamente las cigarras, pero él no escuchaba eso porque en su mente andaba navegando por mares embravecidos y tempestuosos plagados de seres míticos. Carlos estaba sentado sobre un tronco. Los sauces a su alrededor se mecían plácidamente e iba y venía ese olor que siempre hay en los ríos. 

Estaba leyendo una historia de sirenas, y de pronto un chapoteo lo hizo volver a la orilla del río y levantar la cabeza para buscar con la vista el origen del ruido. Enseguida descubrió la fuente del chapoteo, era una muchacha preciosa nadando a unos metros de él. ¿Cómo había llegado hasta allí sin que lo notara? Él sabía que se sumergía tanto en la lectura que se desconectaba de su entorno, pero no entendía cómo había llegado hasta allí sin distraerlo antes. Inevitablemente pensó que veía a una sirena que había surgido de pronto llamada por su imaginación, pero, ¡eso era absurdo! Supuso que no la había escuchado antes porque aquella lectura tan interesante lo había abstraído más de lo que era normal en él. Tenía que ser eso. La muchacha flotaba en el mismo lugar agitando los brazos lateralmente y una cabellera negra y larguísima se desparramaba en el agua y ondulaba mientras ella no dejaba de sonreír. Carlos estaba tan sorprendido que no sabía qué decir. Ella fue la primera en saludar:

—¡Hola!
—Hola.  
—¿Eres de la zona? —preguntó ella. 
—Sí, de aquí cerca —respondió Carlos señalando con su mano sobre el hombro. 
—Yo estoy visitando a unos parientes. Que hermoso río. ¿No te vas a bañar? El agua está muy buena. 
—Voy a entrar ahora. 

Carlos dejó el libro sobre el tronco y se quitó la camisa. Ahora la idea de la sirena era solo algo absurdo que se le ocurrió por culpa de su gran imaginación. “Sirenas, que tontería. Aquí estamos en un río, no en el mar, y, solo son un mito”, pensó Carlos, aunque cuando se iba metiendo al agua recordó unos cuentos donde las ubicaban en ríos, y aquella invitación a nadar sonaba como las trampas que las sirenas le tendían a los incautos que cautivaban con su aparente belleza. Pero no iba a perder aquella oportunidad por una suposición fantasiosa. Se metió al agua. Esa parte era profunda y desde el principio no daba pie, no tocaba el fondo. No le gustaba nadar en lugares así, pero si ella lo hacía por qué no él. Cuando se le iba acercando la muchacha empezó a nadar hacia el medio y él la siguió. En medio del cauce ella volteó hacia el muchacho, dejó escapar una risa corta y se sumergió. Carlos quedó flotando en el lugar y miró hacia todos lados esperando que de un momento a otro ella emergiera. La muchacha no aparecía por ningún lado. Entonces la idea de la sirena vino a él con más fuerza. Ya sintiendo algo de miedo empezó a nadar hacia la orilla. En ese momento dos manos muy fuertes, frías y de tacto viscoso lo sujetaron firmemente de los pies para hundirlo luego hacia la oscuridad del fondo, hacia su muerte.  

7 comentarios:

  1. Asi mismo como siempre imaginaba en mi infancia jeje que las sirenas te sumergian y devoraban..buen cuento,me gustan las de sirenas..Willy

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  2. Pobre Carlos, todo por no confiar en tus instintos. Por un momento creí que Carlos no estaba en lo correcto, ya que generalmente, a los más escepticos y a los que no piensan en nada anormal son los que siempre se ven envueltos en situaciones trágicas. Pero como Carlos pensó de inmediato en la posibilidad de que la chica fuera una sirena, pensé que se asustaría y que al final, la muchacha sería humana de verdad y que Carlis exageraba...pero fue todo lo contrario. Vaya master, con tus historias haces que la gente agarre miedo hasta de leer, jaja!. Aunque sea solo ficción. Muy buena historia, otra con esos pocos finales no felices, siempre debe haber variedad. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  3. Cuando la "mente racional" puede mas que el instinto, en mis historias el personaje está liquidado ¡Jaja! a Carlos le vino mal leer pero porque era en libros, por eso es mejor leer blogs ¡Jeje!
    Gracias, Ongie. Saludos!

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  4. Cuidado con las sirenas, Willy, que igual te aparece una en la piscina ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

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  5. Jajaja dale maestro..Willy

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  6. Saludos, Jorge. Pobre Carlos no confió en sus instintos y si en la lógica, más le costo la vida. En ocasiones hay situaciones que no tienen lógica simplemente suceden; en ocasiones también hay un algo que algunos llaman sexto sentido otros instinto que sin ningún aparente nos da la alerta, en mi caso yo confío mucho en eso.

    Stephanie

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  7. A veces se pueden intuir cosas, mas no sé si será instinto, tal vez es otra cosa. Gracias, Stephanie. ¡Saludos!

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