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sábado, 6 de febrero de 2016

El Ajo Sobre Todo

Parecía, me decía mi olfato, que aquellos dos ya habían comido algo muy condimentado por la mañana. Como si eso fuera poco, aquella pareja de veteranos (un matrimonio seguramente) sacaron de pronto de un recipiente grande unos emparedados que hicieron con milanesas a la napolitana, y estaban cargadas de ajo...
Íbamos en un pequeño compartimiento de tren. Intenté abrir la ventana pero por supuesto, la desgraciada estaba atascada; nunca tuve mucha suerte.  No me molestaba el ajo en algunas comidas, pero soportar su olor varias horas… La pareja se había aprovisionado de un buen número de milanesas al pan y me ofrecieron una con un gesto muy sincero. ¡Bah! Ya las estaba olfateando, por qué no comer una. Les agradecí y le hinqué el diente . Supuse que así el olor me afectaría menos; si se combate fuego con fuego… Y resultó, además estaba deliciosamente condimentada y la carne era muy tierna, y hasta el pan estaba delicioso.

El tren paró en una estación. Cuando emprendió su marcha, la puerta corrediza de nuestro compartimento se abrió y nos saludó una muchacha excepcionalmente hermosa. La pobre hizo un gran esfuerzo al sonreír pero era obvio que el olor a ajo le había golpeado la nariz. La vi mirar de rojo al guarda que cargaba su equipaje, con la mirada le pedía: “Quiero ir a otro compartimento, por favor”, pero aquel era el único donde había espacio. Atravesó la atmósfera de ajo y se sentó frente a mí. Sí que era bella, me impresionó profundamente la perfección de su rostro y la limpieza de su mirada. Pensé que aquello no podía ser solo belleza física, también debía serlo de espíritu. Me pareció que intentaba con todas sus fuerzas disimular el desagrado que le producía la atmósfera del el compartimento. Una persona antipática no lo disimularía, ni una que se creyera superior por su belleza. Normalmente se respeta a alguien que se considera un igual. Ella vestía ropa muy fina, de obvia calidad; por otro lado las nuestras no lo eran, especialmente la mía porque demostraba a las claras que era un obrero, sin embargo nos respetaba lo suficiente como para creer que si notábamos su incomodidad eso podría avergonzarnos. Eso indicaba claramente que no se sentía superior en ningún aspecto. Tenía que ser un alma muy buena, educada y respetuosa. 

Sentí que el cuerpo se me hacía más liviano y cuando la miraba a los ojos sentía que nos conectaba una energía. Aquello era amor a primera vista. 
Ella miraba por la ventanilla, tal vez deseando el aire puro de afuera. Intenté abrir la ventana de nuevo, era inútil. Ella me agradeció el esfuerzo con una sonrisa, después volvió a mirar hacia afuera. Me imaginé que se sintió algo apenada por dejar atisbar el desagrado que le producía el maldito olor a ajo. Quise comenzar una conversación pero no lo hice al darme cuenta que mi aliento debía ser terrible. ¿Le estaría dando una primer impresión mala? Seguramente sí. Aunque si hubiera sido ella la que acababa de tragarse una milanesa muy condimentada no me importaría, ¿o sí? Aquella belleza con aliento a ajo… habría que ver. ¿Estaría perdiendo al amor de mi vida por una tontería? ¿Habría alguna diferencia si la atmósfera fuera otra? Nunca lo sabré. Se bajó sin que pudiera hablarle. 

Por eso desde entonces no como nada que tenga mucho ajo, porque el amor a veces es algo sutil, tímido, y el olor a ajos no lo es. 

9 comentarios:

  1. Saludos, Jorge. ¡Jajaja! Me encanto como cerraste:
    "Por eso desde entonces no como nada que tenga mucho ajo, porque el amor a veces es algo sutil, tímido, y el olor a ajos no lo es." ¡Jajaja!

    Stephanie

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    1. ¡Jaja! Pues ya ves; aquí no solo te entretienes, también aprendes cosas ¡Jaja! Gracias, Stephanie. ¡Saludos!

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  2. Jaja!!. Pobre tipo, bueno, quien es adivino para saber que pasaría una belleza en el peor momento?. Pero la vida es así, aunque no quiso comportarse maleducado y aceptó la comida, aunque eso trae consecuencias. Generalmente, no aceptan cuando me convidan de algo de comer, por no ocasionar molestias. Solo hay que rechazar cordialmente, jaja, uno nunca sabe si el amor puede llegar con el mal aliento. Pero tampoco hay que menospreciar todo el tiempo. Buen relato master, me pone a pensar. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Muchas gracias, Ongie. Pienso que sí es algo que da para pensar aunque el cuento tenga tono de humor. Este pequeño relato se me ocurrió al recordar esta frase de Horacio "Si comes ajos, que tu amante también lo haga..." ¡Jaja! Saludos!!

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  3. Oh noooo y yo que soy amante de ajos y justo estoy sin novia! pero no cambiaria el sandwich de milanesa por nada jeje aca lo llamamos asi,interesante lo de milanesa al pan,vamos aprendiendo maestro. .amigo cada cuento,estubo bueno y yo que pense que habria actuado Cupido pero el ajo fue mas fuerte jaja..se ve el lado romantico de tus cuentos pero sin perder la esencia..saludos..Willy

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    1. Es que el ajo no solo espanta vampiros ¡Jaja! Muchas gracias, Willy. saludos!!

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  4. Comer ajo es bueno para la salud,,pero para el amor por lo visto que no es Jaja muy buena Maestro. Dario

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  5. Hola Darío. Nada sirve para todo ¡Jaja! Muchas gracias por comentar. Saludos!

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