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domingo, 28 de febrero de 2016

El Anticuario

Lo primero que hicimos al bajar del auto fue mirar la fachada de la mansión. El señor Hamilton, mi mentor, levantó la vista hacia los ventanales y yo hice lo mismo. El frente de la mansión era una extraña mezcla entre la opulencia y la decadencia. El señor Hamilton me había enseñado a observar todo. La mansión tenía una cornisa gótica donde resaltaban unas cabezas deformes de animales. Las ventanas eran pequeñas, con cortinas que incluso desde lejos se veían muy gruesas... y de pronto una de esas cortinas se movió como si alguien que nos observaba se hubiera ocultado rápidamente para no ser descubierto...
Cuando miré a mi mentor él miraba fijamente hacia la misma ventana, también lo había visto.

-¿Será que hay alguien en la casa? -le pregunté.
-No lo creo, debe ser por otra cosa -me contestó con su característico aplomo. 

Él era inglés. Anticuario de profesión y coleccionista de obras de arte, era realmente un experto en objetos antiguos. Tenía su propia tienda de antigüedades. Era un hombre orgulloso de tener cincuenta años porque no los representaba. Siempre caminaba muy derecho, con pasos ágiles, y no le importaba tener un peinado y un bigote que le daban una apariencia “retro”, y completaba esa imagen el bastón que llevaba a todos lados. Siempre estaba muy calmado y parecía tener una respuesta a todo. Yo trabajaba en su tienda de antigüedades y trataba de aprender cuanto me enseñaba. También era mi instructor de esgrima y bastón, unas disciplinas que el señor Hamilton dominaba de una forma asombrosa. Según él practicaba solo para estar en forma, pero yo sospechaba que bajo aquel aplomo y frialdad había un espíritu aventurero.

Esa vez nos contrataron para evaluar todo lo valioso que hubiera en una mansión. La dueña había muerto y la familia quería repartirse los bienes. Hamilton gozaba de una reputación tan buena que le dejaron toda la mansión a su disposición para que evaluara concienzudamente los objetos que se encontraban en ella. Cuando trabajábamos fuera su esposa quedaba encargada de la tienda. Era una mujer vigorosa, tan fría como él y apenas menos hábil con la espada. Como no tenian hijos estaban depositando en mí sus conocimientos.

Él llevaba todas las llaves del lugar. Entramos. La sensación que me invadió apenas pisé la sala no me gustó nada, me sentía un invasor. Mi mentor miró todo en derredor y dejó escapar un leve ¡Oh! Al ver un magnífico reloj de péndulo que llenaba la enorme habitación con su tic-tac. El anticuario se volvió hacia mí para que empezara a tomar notas. Tenía que anotar todas las características de las cosas y sus precios. Enseguida el señor Hamilton me empezó a dar un montón de datos sobre el reloj. Pasamos a otros objetos. La riqueza que había en aquella casa era increíble. Cada tanto él me pedía la libreta y después de ojearla me la devolvía sin decir nada; eso significaba que no había omitido nada y que no tenía ningún error. Como tenía que concentrarme mucho para anotar la andanada de datos que me daba llegué a olvidar la sensación horrible que me agobió en un primer momento.

En la cocina, cuando abrimos un armario silbé asombrado de la exquisita platería que se guardaba allí: cuchillos, tenedores, cucharas, teteras, bandejas, todo de plata reluciente. Escribí hoja tras hoja en mi libreta y se seguían sumando riquezas. Empezamos a revisar las habitaciones. Así llegamos a una espeluznante. La habitación estaba llena de muñecas de todos los tamaños. Las habían ordenado sentadas en estantes, algunas de las más grandes tenían las piernas colgando como si fueran niñas reales.

-Interesante colección de muñecas antiguas -opinó el señor Hamilton.  
-¿Y valen algo? Son bien feas.
-Bueno, todos tenemos gustos diferentes, pero sí, son horribles. Jamás tendría una de estas en mi tienda, además muchas veces están... Son feas pero pueden ser muy valiosas. Vamos a revisarlas. 

No le gustaban pero sabía mucho de esos horribles juguetes. El trabajo de evaluarlas consistía en revisar etiquetas de fabricante o las firmas de los artesanos que las hicieron. Como eran muchas tuve que ayudarlo. Buscándole la etiqueta a una muñeca grande grité súbitamente. No fue una sensación, fue algo muy claro: la muñeca me había tomado un brazo y su pequeña y asquerosa mano había apretado con fuerza mi carne. Me aparté de un salto.

-¿Qué pasó? -me preguntó el señor Hamilton.
-Esa muñeca me arañó el brazo.

Enseguida me di cuenta de lo absurdo que sonaba aquello, pero era cierto. Supuse que mi mentor me iba a mirar con reproche o con un gesto muy severo, pero para mi sorpresa él había clavado la vista en la muñeca y la miraba como a algo peligroso. En ese momento yo le estaba dando la espalda a la puerta y la escuché abrirse detrás de mí. Todo pasó muy rápido. Vi que el señor Hamilton veía sobre mi hombro: había algo detrás de mí. Casi al mismo instante él tomó su bastón con las dos manos, giró la empuñadura de este y luego tiró de ella para desenvainar una espada fina y reluciente. Acto seguido me indicó con la mirada que me agachara, y apenas lo hice su espada describió un círculo en el aire. Al volverme hacia lo que mi mentor había atacado, detrás de mí había una mujer sin cabeza que empezó a manotear desesperadamente el aire. Tenía puesto un vestido blanco y nunca olvidaré el terror que me produjo verla dar unos pasos erráticos mientras movía los brazos antes de caer y enseguida empezar a desbaratarse. En ese momento vi su cabeza sobre el suelo. La cabeza y el cuerpo se desintegraron en segundos hasta quedar reducidos a un polvo blancuzco. Cuando me volví hacia Hamilton él limpiaba su espada con un pañuelo como si nada hubiera pasado. Sin apartar los ojos de lo que hacía me dijo:

-Era una vampira. No me esperaba esto. Sospeché que la casa estaba embrujada pero normalmente eso no es un gran inconveniente. Algunos ricos no toleran dejar de existir y buscan atajos hacia la inmortalidad. Que cosa tan triste y poco decorosa, realmente lamentable. En nuestro trabajo a veces se presentan situaciones así. Y bien, ahora que sabes eso, ¿quieres seguir en el negocio o no? Si sigues prometo prepararte bien, como ya lo estoy haciendo.
-Sigo -le dije, tratando de mostrarme tan frío como él-. Pero quiero un bastón como ese.
-Por supuesto, cuando mejores tu técnica. Ahora terminemos nuestro trabajo aquí. Arranca las páginas donde anotaste el precio de estas muñecas. Diremos que no valen nada para que las destruyan. Por como nos están mirando, obviamente todas están embrujadas. No te les acerques. Sal primero y yo te sigo.

Y seguimos evaluando las cosas. Antes de irnos limpiamos los restos de la vampira.    

12 comentarios:

  1. Este me encantó, de todas las cosas los muñecos siempre me han parecido los más aterradores, pero el elemento sorpresa del vampiro me dejó asombrado, e imaginar el porte y la distinción de un inglés con bastón no dejó de sacar una sonrisa, adoro tus historias

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    1. Muchas gracias, Daniel. Muñecos y vampiros nunca había combinado. Si funciona voy a tener que hacer mas mezclas ¡Jaja!Saludos.

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  2. Maestro por fa que alguna vez Hamilton y su discipulo tengan otra aventura! jeje personajes como el sr.Hamilton me gustan ya lo sabes porque. .buenisimo amigo,diez puntos.Willy

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    1. ¡Jaja! Ya me imaginaba que ibas a pedir eso. En realidad Hamilton es un cliché. Lo hice porque bueno, tengo que escribir mucho, pero no me interesa seguir esta historia. Pero se vienen otras. No te vayas muy lejos ¡Jaja! Saludos.

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  3. Hola, Jorge. Estuvo excelente, logro tenerme en intriga esperando el fantasma de la ventana pero estaba equivocada ya que se trataba de una vampiresa. Hace algunos años yo coleccionaba muñecas de porcelana tenia cerca de 500 y todos los que las veían les tenían miedo me preguntaban como podía dormir tranquila; yo sinceramente agradezco ya no tenerlas pues después de leerte no se si las vería de la misma forma...

    Stephanie

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    1. Hola. Entre quinientas muñecas alguna embrujada tenía que haber. ¿No había alguna que amanecía en posiciones que no recordabas haberla dejado? Podría ser que siempre amaneciera con la cabeza vuelta hacia ti ¡Jaja! Muchas gracias, Stephanie. Saludos!!

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  4. Buenísimo maestro! Larga vida a tu blog!! Prost!

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    1. ¿¡Maestro Poe, eres tú!? Que grata visita del mas allá ¡Jajaja! Muchas gracias por comentar. Saludos!!

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  5. Vaya historia, el señor Hamilton parece saber y haber visto cosas mas allá devsu oficio. Su tecnica y su forma fria de actuar me hace pensar que lleva mucho tiempo eliminando monstruos. Sinceramente me sorprendí, al principio creí que se trataba solamente de muñecos embrujados y que lo que quería atacar al muchacho también era una muñeca a gran escala. Pero despues reveló que era una vampira, vaya, fantastico. Veo que efectivamente, coincidiendo con Willy, que esta historia deberia tener continuacion, pero no la harás. Bueno, me acuerdo de otra historia tuya de un boxeador espadachin que tiene que matar a su novia y a la familia de esta porque son vampiros, y de esa no hay continuacion. Es mejor asi, a veces es bueno dejar la historias así, jaja, asi el lector usa mas su imaginacion para crear sus propias aventuras sobre los personajes. ¡Una excelente combinación de juguetes y vampiros master!,. Puede haber de todo y romper el protocolo con algo diferente!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. No todos los cuentos tienen que tener continuación. Algunos pueden parecer solo el principio de algo pero es por las características del cuento corto, casi microcuento como estos. De estas historias sí podrían salir algunas mas largas, y de hecho, las continúo para mí ¡Jaja! (culpa de los copypastadores, no mía), pero este no es el caso. La historia que comentas tiene años ya. Ese personaje no era cazador de vampiros, solo era un tipo muy fuerte que se encontró en esa situación con vampiros y actuó. No creo que los lectores se imaginen la continuación, no es tan fácil ¡Jaja! Si tú puedes tendrías que escribir, pero ideas propias, no continuaciones ¡Jaja! Muchas gracias, Ongie. Saludos!!

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  6. Yo tambien recuerdo del boxeador espadachin y que su mayordomo creo que lo esperaba en su carruaje intuyendo lo que pasaria..jeje..Willy

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    1. Lo esperaba porque sino tenía que irse a pie, y en la época que ambienté ese cuento no había celulares ¡Jajaja! Saludos, Willy.

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