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domingo, 14 de febrero de 2016

Malas Intenciones

Nos conocíamos desde hacía algunas semanas pero uno ignoraba lo que realmente era el otro y cuáles eran sus intenciones...

Amanda era una nuez dura de quebrar pero yo estaba decidido. Sin que ella lo supiera yo le llamaba “la monjita”, por lo arisca y porque era muy católica. Con el objetivo de amansarla la acompañé gustoso a varios viajes. Amanda integraba un grupo de jóvenes de la iglesia y estos solían hacer paseos e iban a encuentros con otros grupos. Yo también lo integraba pero mis intenciones no eran buenas. De todas formas los viajes eran divertidos, se hacían campamentos donde había juegos, fogatas, se cantaba. Todos los viajes fueron muy buenos excepto el último, ese fue de terror. 

Consistía en pasar varios días en una casa de retiro espiritual. Pensaba no ir hasta que vi a la monja que lo organizaba. Me sorprendió lo hermosa que era. Hacía pocos años que se había consagrado, era de carácter alegre y de mirada muy vivaz. Enseguida la sometí a un escaneo intenso que a pesar del hábito fue bastante efectivo. Me descubrió cuando lo hacía pero no pareció disgustarse, solo sonrió levemente y después miró hacia otro lado como diciendo, adelante, observa. Esa es la impresión que me dio, aunque pude equivocarme. Como fuera, dije que iba a participar también. Cuando ya estaba embarcado en el viaje Amanda me confesó algo. Íbamos en un ómnibus; ella estaba sentada a mi lado pero lo más apartada que podía como era su costumbre.

—Quería que vinieras a este retiro para que te encamines —me dijo mirándome fijo—. Sé que no eres creyente, no intentes negarlo, está bien, te acepto así; pero te aseguro que después de este retiro vas a creer.
—No sé por qué lo dices. Yo sí creo —intenté mentirle.
—Cuanto más mientas es mejor, más rápido vas a creer.
—¿Cómo es eso? No entiendo, en serio.
—Ya vas a ver.

Me sorprendió y después me dejó desconcertado. ¡Me había descubierto! “¿Qué piensa hacer esta fanática?”, pensé. Me arrepentí de haber aceptado y de seguir insistiendo con ella. Al llegar al lugar mi inquietud aumentó. Era una edificación enorme, gris, baja, sus pequeñas ventanas eran de vidrio escarchado, un lugar tétrico. Nos recibió una pareja de viejos muy serios. Los dos tenían la cara llenas de verrugas, hablaban en voz baja, como muy solemnes, y también caminaban así. Adentro el local era peor. Enseguida pensé que se parecía a un hospital viejo. No fue poco mi desagrado cuando me enteré de que estaba en lo cierto: el lugar había funcionado como hospital durante varias décadas. Lo único agradable allí era la sonrisa de la monja y los instantes cuando me miraba a los ojos. Amanda ahora me inquietaba bastante, y como si lo supiera y disfrutara de esa situación se mantenía a mi lado y me sonreía todo el tiempo. 

Las habitaciones no podían ser más lúgubres. Tiré mi bolso sobre la cama con fastidio y experimentando a la vez un profundo desagrado. “En qué porquería me metí”, pensé “Teniendo varias opciones vengo a liarme con esta loca”, me reproché “¿Y qué pensará hacer? Solo yo venir aquí. No entiendo cómo terminé cayendo en esto”. Los pasillos eran sencillamente aterradores. Antes de que acomodara mis cosas en el cuarto me habían indicado dónde se encontraba el salón donde íbamos a comer, pero tras desembocar un par de veces en un lugar vacío ya me estaba asustando. Finalmente encontré el lugar. El resto del día se resume a rezos, lecturas en silencio (yo solo fingía leer), la merienda y la cena. No mucho después de esta llegó la hora de ir a dormir. 

Amanda me deseó buenas noches sonriendo de una forma extraña. Estaba por entrar a mi habitación cuando cruzó por allí la monja y esta vez me miró largamente a los ojos. ¿Lo estaba malinterpretando o allí había algo? Ya no importaba, lo único que quería era que aquello terminara de una vez.
Me acosté. La noche estaba muy calurosa y en la habitación no había ni un ventilador. No quise apagar la luz porque el lugar me intimidaba. Desperté no sé a qué hora de la noche y estaba inmerso en una oscuridad que me alarmó. Supuse que los viejos que cuidaban el lugar bajaban alguna llave que dejaba sin corriente a los cuartos. En el pasillo había algo de luz, la veía colarse por debajo de la puerta. Me pareció que en las tinieblas de aquel cuarto se movían cosas informes que blanqueaban por instantes. Después me di cuenta de que era un efecto producido por mis ojos.  Cerré los ojos deseando que amaneciera de una vez. De repente había luz de nuevo. Amanda estaba a mi lado, inclinada sobre la cama. En la mano derecha tenía un cuchillo y en la izquierda lo que pretendía cortar, una parte de mí. Su boca ahora llegaba hasta las orejas y tenía los ojos saltones. Empezó a cortar frenéticamente con un movimiento de sierra. Desperté sobresaltado en la oscuridad. Me di cuenta de que solo fue una pesadilla pero igual verifiqué que todo estaba en su lugar. Respiré aliviado. Estaba completamente empapado en sudor. Me moví por las tinieblas hasta la canilla del baño; no había agua. El corredor me resultaba aterrador pero después de lo que acababa de soñar pensé que ya nada podía ser peor. La cocina se encontraba bastante cerca de mi habitación. Los viejos habían dicho que iban a dejar una jarra de jugo de limón en la heladera.  

Salí al corredor. Comparado con la oscuridad asfixiante de la pieza aquello ahora no lucía tan mal. Había dado unos pocos pasos cuando se apagaron todas las luces. Enseguida supe que no estaba solo. Levanté un brazo hasta la altura de mi pecho y lo estiré hacia donde estaba la pared, y al hacer eso mi mano chocó contra algo peludo que estaba parado a mi lado. De tanto terror que sentí no pude ni gritar. Al apartarme bruscamente caí hacia atrás, y unos pasos que sonaron como las patas de un caballo avanzaron hacia mí. Sentí que aquella cosa me observó por un instante, después los pasos resonantes se alejaron y las luces volvieron a encenderse.  No había nadie más en el corredor.

Regresé a la pieza caminando con dificultad por el temblor que me dominaba de pies a cabeza. Pasé el resto de la noche acoquinado en un rincón, cabeceando hacia adelante y hacia atrás como un idiota. Por la mañana tuve que controlarme porque la situación lo requería. Se escucharon varios gritos anunciando una noticia terrible: La monja simpática amaneció muerta. Llamaron a la policía. Amanda parecía tan consternada y sorprendida como los otros, pero cuando por un momento nos quedamos solos, se volvió hacia mí y me dijo sonriendo:

—¿Por qué te asustaste anoche, creí que me querías tocar?

Se me heló la sangre y sentí un profundo escalofrío. Después creí que las cosas podían empeorar porque al interrogarme la policía se iba a dar cuenta de que algo me había pasado, y no podía decirles la verdad. Nunca llegó mi turno de declarar. Dijeron que estaba claro que había muerto de causas naturales. Cuando el policía decía eso, Amanda, que estaba detrás de él, sin decir palabras, solo articulando claramente las palabras al mover su boca me dijo: “De nada”, como aclarando que me salvaba por obra de ella.

Nunca más la volví a ver después de ese día, desapareció del grupo y de la zona. Ahora ya no queda ningún integrante de ese grupo, todos murieron en diferentes circunstancias. Creo que yo me salvé gracias a mis malas intenciones, y a que el Diablo quería tener otro creyente. 

10 comentarios:

  1. Guau que purete esta el cuento,maldita hora que lo lei en el trabajo con este aguacero y frente al monte donde cubro hoy jaja me gusto amigo,muy bueno..Willy

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  2. Muy bueno, siempre un giro interesante al final. Te felicito

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  3. Hola, Jorge. Muy bueno, me tuvo en tensión constante.
    Stephanie

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  4. Muchas gracias Stephanie y David. Los espero por aquí. Saludos!!

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  5. Se salvó por andar de buitre, rondando a Amanda y buscando ligar, aunque consiguió parte de lo que quería...tocarla. Jaja!, no lo hizo en su mejor momento, estaba transformada en algo monstruoso. Asi que al final no era tan católica como parecía, no era un pan, tal vez si era un pan, pero de que estaba relleno?. No se porque siento que este comentario no tiene sentido, debe ser porque es tarde de la noche. Pero, ahora hay que estar pendiente con quien se quiere ligar y tener "malas intenciones", porque se te puede revertir la situacion, y con peores intenciones, como la de creer en algo malo. Una muy aterradora historia master, hay que saber bastante de una persona para ligársela, no vaya a ser un monstruo. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  6. El comentario está bien, Ongie, muy atinado como siempre. Pero no creo que tengas que preocuparte porque una mujer sea un demonio, las probabilidades son muy bajas ¡Jaja! Si llevas protección dale nomás ¡Jajaja!
    Muchas gracias. Saludos!!

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  7. Muy buena maestro,,me hiso acordar de varios retiros que fui menos mal no tuve esa experiencia jaja pero si tuve temor de los pasillos a la madrugada si que da pavor ja..Dario

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  8. Nunca estuve en un retiro pero sí conozco un local que se usa para eso; ese es el escenario de un montón de mis cuentos. Gracias por comentar, Darío. Saludos!!

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  9. Que bueno que nunca he aceptado ir a un retiro de ésos. Muy bueno Jorge.saludos y como me enyesaron el pie tendré mucho tiempo para leer

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    1. Yo nunca fui porque nunca me invitaron ¡Jeje! Saludos!!

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