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viernes, 12 de febrero de 2016

Miedo A Los Muñecos

Era una pequeña fiesta como cualquier otra hasta que a los anfitriones se les ocurrió jugarle una inocente broma a uno de sus invitados...
Era el cumpleaños de Lorenzo, un amigo. Él y Mabel, su esposa, eran por demás bromistas y por eso me gustaba ir a sus fiestas porque eran muy divertidas. Eramos un grupo poco numeroso. Estábamos en la casa de Lorenzo, una hermosa propiedad situada en el campo. En el terreno tenían muchos árboles frutales y una huerta espléndida. Ya había pasado varias horas de la noche pero la celebración seguía tan entretenida como al principio. 

A pedido de los dueños del hogar cada uno se servía a sí mismo, y yo los conocía de toda la vida (los tres nos habíamos criado en la misma zona). Cuando fui a la cocina por una cerveza, con la misma idea me acompañó uno de los invitados, Norberto, un tipo muy nervioso pero muy buena gente. Detrás de nosotros aparecieron Lorenzo Lorena. Noté que se miraron y hubo un pequeño guiño. Cuando yo le tendía una botella a Norberto, Mabel se acercó a él para decirle:

—¿Viste los cambios que hicimos en el fondo? Me olvidé de mostrártelos de día, pero ahora hay luna llena y los focos iluminan bastante, así que igual lo vas a notar.
—A ver qué hicieron. Saben que me encanta su huerta —dijo Norberto, y casi pegando la cara contra el vidrio de la ventana de la puerta espió hacia afuera—. No notó ningún cambio... ¡Allí hay un tipo!
—No es una persona —le aclaró Mabel, a punto de reírse —, es un espantapájaros ¡Jajaja!
—¡Ah! ¡No bromeen así! —exclamó Norberto, pero después empezó a sonreír al caer en la cuenta de que querían bromear con él —. Que sensación bien fea me dio ahora. Ustedes parecen unos niños ¡Jajaja! Me alegra que los divierta mi trauma hacia los muñecos.

Todos los que lo conocíamos estábamos enterados de su fobia. Los muñecos, cualquier representación de un ser humano le causaban pavor. A él no le importaba admitir ese problema y a veces hasta hacía chistes sobre eso, aún así todavía no lo superaba. Yo no opinaba que ese miedo fuera del todo irracional porque las historias sobre muñecos embrujados abundan y algunas no son cuentos.

—Solo fue una pequeña broma, ya nos conoces —dijo entonces el cumpleañero apoyando su mano en el hombro de Norberto. 
—Sí, si, estuvo buena. Esta fobia es una estupidez y tengo que tratar de superarla. Pero díganme una cosa, ¿cómo hicieron para que mueva los brazos?
—Lo que pasa es que no es un espantapájaros corriente, es un maniquí articulado que vestimos con un traje viejo. Le modifiqué las articulaciones de los brazos para que queden bien flojas y se muevan con el viento —le explicó Lorenzo—. Los loros no nos daban tregua, estaban estragando mucha fruta, y como nunca pondríamos venenos ni trampas, se nos ocurrió esto, una solución clásica. Lo traje del local de la antigua tienda de mi tía.
  
Hasta el momento yo solo había sonreído contemplando aquella escena. Sentí curiosidad por el espantapájaros y miré por la ventana. Demoré un poco en descubrirlo porque había muchos árboles. Se hallaba bien erguido en el comienzo de la huerta, le habían puesto un sombrero grande que le mantenía la cara bajo una sombra muy oscura. Había escuchado la explicación de mi amigo pero igual me impresionó cuando lo vi mover los brazos; se le movían levemente hacia atrás y hacia adelante. Me volví hacia los bromistas negando con la cabeza.

—Ustedes no han madurado nada —le dije a la pareja—. Que bien tratan a sus invitados ¡Jaja!
—Gracias, gracias —dijo Lorenzo haciendo una reverencia, después los cuatro nos reímos.

Supongo que Norberto quiso aprovechar el momento para combatir su miedo, y por eso se asomó de nuevo para ver al espantapájaros. Enseguida dio un paso hacia atrás, pálido como un papel. Luego nos miró, tartamudeó un poco y finalmente nos dijo:

—Esa cosa levantó el brazo hacia mí, me señaló.

Como su terror era evidente, me moví rápidamente hasta la abertura para ver al maniquí. Estaba completamente inmóvil. Lorenzo se arrimó también para verlo. Después volteó hacia Norberto y le aseguró:

—Seguro fue tu imaginación. Ahora ni se está moviendo, ven fíjate tú mismo.
—No, estoy muy asustado. Esa cosa realmente levantó su brazo para señalarme.
—Ni siquiera se está moviendo un poco. La mente te jugó una mala pasada —trató de convencerlo Lorenzo —. Sabes que, vamos para la sala. Disculpa nuestra broma, no supusimos que te fuera a impresionar tanto así. Disculpa. Vamos.
—Sí, yo también te pido perdón —le expresó Mabel visiblemente arrepentida. 

Y los tres se fueron a la sala. Yo quedé allí, con la vista fija en el espantapájaros. Seguía sin moverse. Lorenzo regresó y mirando hacia afuera me preguntó:

—¿Por qué lo sigues mirando? No me digas que lo viste moverse también.
—No, y eso es justamente lo raro —le contesté—. Mira los árboles, hay un viento bastante fuerte, sin embargo esa cosa no se ha movido ni un poco después de lo que supuestamente vio Norberto. 
—¡Tienes razón! Es como si se hubiera quedado quieto para que no creyéramos que se movió.
—Es lo que estaba pensando. Dime una cosa, ¿en qué parte del local estaba?
—Lo hallamos dentro de una pequeña pieza.
—¿Estaba cerrada con llave?
—Con llave y con candado —me contestó girando su rostro hacia mí. Nunca lo había visto tan serio.
—Por algo sería —le dije—. Los otros seguro que van a estar hasta el amanecer. ¿Quieres un consejo? Apenas puedas llévate esa cosa a donde la sacaste y cierra bien. Yo te acompaño si quieres.
—Eso haré. Gracias. 

Antes de volver a la sala le eché un último vistazo. Por el movimiento del sombrero vi que estaba girando la cabeza hacia mí. Me aparté del vidrio caminando hacia atrás. 
Como otras veces el festejo duró hasta el amanecer. Me quedé para ayudar a mi amigo, pero cuando fuimos a buscarlo no había ni rastro de aquel maniquí embrujado.  

15 comentarios:

  1. Será que le temes a los muñecos entonces ¡Jaja! O a los espantapájaros, y este era las dos cosas. Muchas gracias. Saludos!!

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  2. Muy buen relato Jorge, me pregunto... ¿Cuál será la historia de ese maniquí? Saludos!

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  3. De niño odiaba los espantapajaros,al menos los que ponen en el campo en mi pais son horribles..me imagino uno asi como el cuento en el campo de mi abuela jaja..buen cuento amigo,por lo visto la fobia del pobre empeorara..saludos..Willy

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  4. Hola Gabriel. Mientras te contesto se me está ocurriendo una bastante buena; y ya había pensado otra historia con este maniquí-espantapájaros. Lástima que escribí esta en primera persona, pero igual puedo usarlo en otro cuento. Esta historia me está sugiriendo mucho, pero si la continúo, aquí solo subiría unas pocas partes y lo otro sería para mí, y los lectores no quieren eso ¡Jaja! Veré qué hago. Muchas gracias por comentar. ¡Saludos!

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  5. Willy, ese espantapájaros te asustaba porque no era para los pájaros, era para tí, para que no le estragaras la plantación a patadas ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

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  6. Jajaja bueeeeno bueno me salio muy viva mi abuela tocayo jaja nos leemos. .

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  7. Otra de muñecos, me gustó mucho esta historia y me asustó también. Vaya, espero que ese maniquí no cause estragos ni problemas en su escapada. Si hay algo bajo llave y candado y es un muñeco, es mejor no tomarlo. Sabes esta historia te quedó genial, los bromistas ahora serán víctimas de su propia broma, espero que el espantapajaros no sepa de la fobia de Norberto, porque de ser así, estaría en problemas,¿verdad?. Jaja, solamente espero que lo atrapen pronto, y..... Vas a realizar una historia de varias partes partiendo de esta?. Que buena noticia master, espero que esto se lleve a cabo. Excelente cuento amigo, muy aterrador!. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  8. El miedo es como un imán para las cosas malas, y nuestro espantapájaros lo señaló. No augurio un buen futuro para Norberto ¡Jeje!
    Me gustó para seguir escribiéndola pero... no la publicaría toda aquí. El asunto es bien simple: es menos probable que los parásitos que suelen andar por aquí intenten tomar una historia que está incompleta. No quiero seguir perdiendo tiempo con esa gente. Pero sé que estaría siendo injusto con los lectores buenos. Mejor no la sigo publicando entonces; escribiéndola sí porque me tiene bastante emocionado. Pero no te enojes porque todos estos días voy a subir cuentos cortos. Muchas gracias, Ongie. Saludos!!

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  9. Saludos, Jorge. ¡Feliz Día de San Valentin! Te confieso que nunca había considerado tenerle miedo a un muñeco pero en una situación como esta en definitiva estaría aterrada...

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  10. ¡Muchas gracias! Igualmente.
    Cualquiera se asustaría. Por suerte los muñecos no suelen cobrar vida ¡Jaja! Saludos. Que pases bien.

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  11. Este espanta pájaros no es común este se mueve jaja ,,da terror al menos si ves de noche sin que nadie te avisara nada..muy bueno Jorge..Dario

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  12. Gracias, Darío. Willy le teme a los espantapájaros ¡Jajaja! Saludos!

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  13. Wow ha sido de los mejores cuentos que he leído. imaginarme la escena genera mucha ansiedad

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    1. Muchas gracias, Kelly. Yo tengo que imaginar incluso lo que no escribo, pero a mí no me da anciedad, claro ¡Jeje! ¡Saludos!

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