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martes, 16 de febrero de 2016

Payasos Zombies

El cuartel de bomberos donde trabajaba Ramón recibió una llamada. Engancharon el transporte de la lancha porque la llamada era sobre un ahogado. Atravesaron la ciudad con las sirenas encendidas pero sin mucha prisa porque ya no esperaban hallarlo vivo...
No tuvieron que buscar mucho el lugar porque un montón de curiosos lo señalaba. Se detuvieron frente al río y un policía se acercó para informarles:

—El tipo caminó hasta que el agua lo tapó más o menos por allí, y después una gente que estaba pescando lo vio salir a flote por allá, ya seguramente muerto por cómo flotaba.
—¿Fue un suicidio? —preguntó Ramón.
—Todo indica que sí. Y oigan la mejor parte: estaba vestido y pintado como un payaso, ¿pueden creerlo? Y los testigos dicen que entró al agua recitando en voz alta algo en un idioma que no distinguieron.
—¡Vaya loco! —exclamó Matías, uno de los bomberos.
—Tienen que verle el lado positivo; con esas ropas de colores tan vivos va ser más fácil encontrarlo. Si ven algo rojo que se parece a una boya de pesca, es su nariz ¡Jajaja! Lo difícil va a ser subirlo a la lancha porque dicen que era un payaso enorme. Supongo que cuanto más grande más divertido ¡Jajaja! —bromeó el policía.
—Si cree que va a ser tan fácil puede acompañarnos ¡Jeje! —le dijo Ramón.
—Podría pero mi especialidad no son los payasos locos ahogados ¡Jajaja! Suerte. 

Los bomberos se rieron sin muchas ganas. Ramón observó el río. Estaba algo crecido y había mucha corriente. Seguramente el cuerpo ya estaba muy lejos de allí. Y para empeorar las cosas al día le quedaban apenas escasas dos horas o menos. Mientras sus compañeros bajaban la lancha ante la atenta mirada de los curiosos que la policía mantenía a distancia, Ramón hizo algunos cálculos mentales. Él conocía aquel río como la palma de su mano y lo había navegado en diferentes condiciones. Los integrantes de otro cuartel se presentaron también. Dos lanchas se adentraron en el río, una rumbo a una costa y la otra en la opuesta. En la de Ramón subió Matías y un compañero que se llamaba Bruno. Iban atentos a las orillas y a cualquier objeto que flotara. Las lanchas navegaban dejando un surco en el agua turbia. Varias veces creyeron ver algo pero solo era basura flotando. Todos querían encontrarlo cuanto antes porque cuanto más tiempo la gente permanece en el agua lucen peor, y donde pase más de un día es un trabajo asqueroso.

Se comunicaban por radio con los de la otra lancha. Al atardecer sus colegas renunciaron a la búsqueda porque había surgido una emergencia. Ramón quiso seguir porque estaba seguro de que  se encontraban en la orilla correcta, lo sabía por las curvas del río. De a poco se hizo noche y tuvieron que encender los focos de luz y marchar más lento. En la rivera se alzaba un monte y en algunas partes había fronda medio sumergida. La noche llegó muy oscura porque estaba nublado. Además de los focos usaban también sus linternas de mano. Con la oscuridad llegaron los ruidos, cosas que chapoteaban en las orillas con fronda o cosas que se alejaban monte adentro repentinamente, también empezaron a ver ojos que brillaban aquí y allá. Cuando unos relámpagos mostraron un cielo tormentoso Ramón decidió que era el momento de abandonar la búsqueda por ese día. Estaban girando el bote cuando lo vieron. El policía no había exagerado, era un tipo enorme. Estaba flotando boca abajo. Lo arrimaron a la lancha y haciendo un gran esfuerzo lo subieron entre los tres. Al rodarlo hacia el medio de la lancha le vieron la cara. Lucía horrible.

—¡Diablos! —exclamó Bruno—. ¿Cómo es que ya está tan feo? ¿Era un viejo?
—Para mí lo más extraño es que todavía tenga la cara pintada —opinó Matías. 
—No es un maquillaje común —dijo Ramón arrimando su linterna a aquel rostro arrugado y espantoso—. ¿Ven cómo le quemó la piel? Se puso esto para que no se le saliera en el agua, quería permanecer así. Seguro que también se pegó la peluca. Que tétrico. 
—De terror más bien —afirmó Bruno—. Ya no lo enfoques más. Es un gigante aterrador.
—Tengo que hacerlo. Hay que verificar sus signos. Matías, hazlo. 
—¿Yo?, ¿por qué yo? Está muerto y punto.
—Eres el más nuevo y tienes que acostumbrarte a cosas así. Solo hace unas horas que se perdió, es el procedimiento. Hazlo. 

Matías dudó hasta que finalmente extendió su mano hasta el cuello del gigantón. Estaba a punto de tocarlo cuando el payaso se sacudió y los tres lanzaron un grito. Ramón le buscó una explicación:

—Es un movimiento espasmódico de los músculos —y le revisó el pulso él mismo—. Está muerto. Vayámonos de aquí que la tormenta ya está sobre nosotros.

Los relámpagos pronto los alcanzaron y ahora se desparramaban sobre ellos, y empezó a llover copiosamente. Como iban rápido el ruido de la lancha no era poco, ni el de la lluvia, pero incluso así el grito de Matías se escuchó fuerte y claro: 

—¡Ahhh! ¡Me está agarrando una pierna! ¡Ayúdenme! 

Ramón apenas creía lo que veía. La mano del payaso aferraba la pierna de Matías por encima del tobillo y en un instante la aplastó como si se tratara de una esponja. Matías cayó hacia atrás gritando de dolor. Bruno, que era el que venía timoneando la lancha, quedó paralizado por el terror y solo iluminaba aquella escena aterradora. Ramón pateó la cabeza del payaso y este se irguió rápidamente hasta quedar sentado y lanzó un gruñido al voltear hacia él. Soltó la pierna del joven y se terminó de levantar. Como si la tormenta fuera aliada de aquel monstruo, unos relámpagos iluminaron su cara mientras este mostraba una sonrisa fiera y espeluznante. Ramón actuó bien, quitó a Bruno del timón  e hizo una maniobra brusca mientras se agachaba para no perder el equilibrio y al tiempo sujetaba de la ropa a Bruno. Este movimiento de la lancha hizo que el payaso cayera fuera de ella. Se alejaron de allí dejando un enorme surco detrás. 

Así alcanzaron la playa desde donde comenzó la búsqueda. Rápidamente llevaron a Matías a un hospital. Ramón tuvo que decirle a la policía que el payaso estaba vivo y que era muy agresivo y sobre todo fuerte, y que seguramente era debido a alguna substancia. Él no creía eso, sabía que estaba muerto. Dedujo que había revivido con magia negra o por algún pacto con el Diablo. Era algo increíble pero los hechos lo demostraban. No le quedaron dudas de que pronto sabrían de él. Como se sentía responsable por su compañero se quedó en el hospital para acompañarlo. Por la madrugada golpearon la puerta de la habitación. Era el mismo policía bromista de la tarde:

—Encontramos al tipo —le dijo—. Ahora sí está muerto, parece que se ahogó. Lo encontramos en una playa.
—¿A dónde lo llevaron? —preguntó Ramón alarmado.
—Lo trajeron aquí, está en la morgue. Pero... ¿Qué son esos gritos? ¡Ahí está pasando algo!
—¡Espera! Voy contigo. No dejes que te atrape, es muy fuerte.

Cerca del cuarto había un matafuegos y un hacha de emergencia. Se hizo del hacha y salieron corriendo hacia los gritos. Otros policías ya habían llegado al lugar y estaban disparando contra el payaso. Tras una lucha a brazo partido el payaso al fin quedó muerto del todo. Ramón, agitado por el esfuerzo de la lucha, dejó que el hacha se le cayera de las manos, se recostó a la pared y se fue deslizando hacia abajo hasta quedar sentado. Nunca el rescate de un cuerpo le había dado tanto trabajo. En ese momento el lugar estaba lleno de policías que no daban crédito a lo que habían visto. Uno de ellos recibió una llamada. Con los ojos muy grandes les dijo a los  otros que al parecer aquel tipo era parte de una secta satánica que tenía un montón de integrantes, y todos se habían suicidado ese día en iguales condiciones. Ramón se levantó, tomó el hacha y acompañó a los policías. La ciudad estaba siendo invadida por payasos zombies. 

11 comentarios:

Yenny Ricardo dijo...

Le temo a los payasos, y ahora zombies peor que terrorrrrrr....

Brayan Javier Duran Hernandez dijo...

Hola jorge, saludos desde colombia. Exelente cuento y sabes siempre me da un poco de miedo las historias de payasos, pues por lo que ya sabes todo ese maquillaje y combinado con rostros desfigurados y aparte satanicos. Que miedo. Gracias por tus escritos.

Ongie Saudino dijo...

Parece que Ramon y el resto tendrán mucho trabajo, estos zombies estan bastante desarrollados y mejorados. Tienen una gran fuerza y al parecer, no se interesan en comer cerebros, sólo en causar destruccion. Definitivamente no son zombies "normales", jaja!. Pero si ya con ser zombies dejan de ser normales, pero si son otro tipo de zombies, no son de los que caminan lentamente y se encuentran casi desechos. Aunque, me pregunto si estos payasos tendrán conciencia despues de su transformacion, y lo mas importante,¿porque payasos?. Pero es mejor así, mas terrorífico y siniestro, que el personaje que se encarga de elaborar chistes y hacer reir a la gente sea el peor, bastante cruel y devastador zombie. Esta historia te quedó genial master!. Si Ramon y los suyos tuvieron que batallar bastante contra uno, ¿que será contra toda una secta bastante numerosa?. De nuevo fantástica historia amigo!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Ongie, Eligieron disfrazarse de payasos porque mucha gente les tiene miedo por leer este blog ¡Jajaja! Yo a los payasos los culpo hasta del mal tiempo ¡Jeje! Gracias. Saludos!!

Anónimo dijo...

Estos tipos de payasos ya son payasanicos mitad payaso mitad satanico jaja estubo bueno Jorge..Dario

Anónimo dijo...

Hola, Jorge... Excelente, ya te lo he dicho antes los zombies son mi género predilecto y desde que te leo lo mas que me gusta de tus historias es cuando haces funciones o sea payaso y zombie, payaso y vampiro y un vasto etcétera...

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias. Sí, hay todo tipo de payasos en el blog, menos de los buenos ¡Jaja! Algún día voy a escribir sobre uno bueno, de hecho, ahora se me está ocurriendo algo ¡Jeje! Sería un buen experimento.
Saludos!!

Adolfo c dijo...

Jajaja a ver si uno de estos dias no escuchamos en las noticias que en Tacuarembo lincharon a algunos payasos, sería por culpa de tus cuentos Jorge Leal, saludos desde Mexico!!!

Anónimo dijo...

Que bueno Jorge a mi tambien siempre me gusto el genero zombi..buen relato amigo,de chico la pelicula It no me dejo dormir un tiempo y siempre que leo tus cuentos de payaso recuerdo eso jeje..Willy

Jorge Leal dijo...

Nunca va a pasar eso, Adolfo: en mis pagos nadie me lee ¡Jaja! Será porque somos muy pocos por aquí, no sé, hasta ahora me resulta increíble que los de mi país me lean tan poco, mas bien, nada ¡Jaja!
Muchas gracias. ¡Saludos para tu México, el lugar de casi todos mis lectores!

La película "It" está buena, aunque yo le hubiera puesto otro final, uno abierto que los dejara con las ganas ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

Maria Cruz Montiel dijo...

Ahora entiendo porqué mi hijo de pequeño le tenía terror a los payasos. Ahora yo también les tengo miedo

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