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viernes, 19 de febrero de 2016

Tren Hacia el Terror

Una media luna menguante resaltaba los rieles de la gran curva que estaba por tomar un tren de carga.  En ambos lados de la vía crecían sendos matorrales, y en el de la parte externa de la curva se hallaba escondido Pablo...
El tren disminuyó considerablemente la velocidad al entrar en la curva y Pablo se aprovechó de eso. Ya había evaluado que los vagones vacíos debían ser los del medio. Para su suerte (creyó él), la puerta corrediza de uno de los vagones no solamente se hallaba sin trancar, también estaba abierta un tramo lo suficientemente ancho como para que él entrara. Corrió al lado del tren y saltó para aferrarse del borde de la puerta. La práctica le facilitó la tarea; viajaba de polizón desde hacía muchos años. Adentro del vagón estaba muy oscuro:

—¿¡Hay alguien por aquí!? ¡Soy otro viajero como ustedes! —preguntó y avisó Pablo por si había otros polizontes. No le contestaron. 

Entre aquella gente normalmente había cierto respeto pero no era algo garantizado. El tren aceleró su marcha atravesando un paisaje de arbustos y pastizales ensombrecidos. Pablo usó la luz de su encendedor para inspeccionar el lugar. El extremo donde se encontraba no tenía nada, solo había algo de aserrín en el suelo y se sentía un fuerte olor a madera. Pasó a revisar la otra parte. Una ráfaga de viento que entró silbando por la puerta hizo que la llama del encendedor se inclinara sobre su dedo. Pablo sacudió la mano maldiciendo. La llama surgió de nuevo después de varios chispazos.   Dejó de caminar cuando la luz empezó a mostrarle que no estaba solo. Como otra ráfaga repentina volvió a dejarlo a oscuras, revivió aquel esbozo de persona en su mente y lo impresionó más que la imagen real. Volvieron los chispazos y después la llama. Era lo que temía; frente a él había un hombre muerto. Estaba sentado, recostado en un lado del vagón. La cabeza había caído un poco hacia atrás y hacia un lado. Estaba mal vestido, tenía barba desprolija y pelo largo, y entonando con eso unas cejas muy pobladas. Sus ojos estaban bien abiertos y la muerte ya los había cubierto con una capa grisácea. 

Seguramente la huesuda mano de la muerte lo había sorprendido mientras descansaba. Pablo se iba a lamentar por su mala suerte cuando vio el bolso del difunto. Pensó entonces que su fortuna tal vez no era tan mala. Por qué no tomarlas si aquel infeliz ya no iba a precisar sus cosas. Cuando tomó el bolso y tiró de él, se alarmó al encontrar cierta resistencia; pero al darse cuenta de que solo era el peso del brazo del muerto sonrió nerviosamente. Lo llevó hasta el otro extremo, y aprovechando la poca claridad que entraba por el espacio abierto de la puerta corrediza examinó su botín. Los primeros bultos que le interesaron fueron dos latas de comida. Él llevaba tres latas en su bolso pero nunca estaban de más. Encontró también una manta bastante decente, dos encendedores, una navaja multiusos, una radio pequeña, y la bebida espirituosa del muerto. Se relamió los labios mientras la abría. Antes de tomar un trago soltó una pequeña carcajada. Para él ya era buena suerte que aquel infeliz se hubiera muerto allí. Entre trago y trago revisó todos los recovecos del bolso. Ya no tenía nada interesante. Lo arrojó hacia un lado con disgusto.

Poco después el tren pasó por la desolada estación de un pueblo. En ese momento, por un instante, la luz de un foco penetró por la puerta y recorrió el vagón, y al iluminar al muerto a Pablo le pareció ver que este tenía la cabeza bien levantada y miraba hacia él con sus ojos grisáceos de muerte. Enseguida dejaron la estación atrás y el largo tren volvió a internarse en zonas sombrías. El corazón de Pablo se había acelerado de pronto. Se echó otro trago para armarse de valor y comprobar que había visto mal, que aquella luz lo había engañado. Temblaba tanto como la llama que sostenía. Se acercó al muerto. Seguía con la cabeza ladeada, tal como lo viera en un primer momento. Verificar que seguía igual le resultó aterrador, pero al darle la espalda sintió verdadero terror. Entre el traqueteo del tren le pareció escuchar que el muerto se ponía de pie y caminaba rápidamente hacia él. Volteó bruscamente y la llama esta vez iluminó una cara barbuda que ya casi estaba sobre él. Al ruido de la máquina se sumó un grito que se apagó de pronto.

Ya estaba de día cuando el tren llegó a destino. Cuando revisaron aquel vagón encontraron a un vagabundo que estaba muerto boca arriba sobre el piso; y en el otro extremo había otro muerto que estaba sentado e increíblemente su cabeza se mantenía bien derecha.

6 comentarios:

  1. Pobre Pablo, ser polizon puede ser malo en muchos sentidos. A Pablo le hubiese resultado mejor que lo descubrieran y lo echaran, a quedarse con el muerto. Pero no se pudo hacer nada, seguramente barbudo le iba a reclamar por haberle quitado sus cosas, pero Pablo no le dio tiempo para que se quejara. ¿Por que habrá muerto el otro vagabundo?. Aunque parece que, o no estaba muerto del todo, o era un espíritu tan fuerte como para regresar por medio del cuerpo. Un zombie no es posible, ya que hubiese escapado y contaminado a mas gente. Tuvo mala suerte el pobre Pablo. Muy buena y misteriosa historia, con un un desarrollo que me mantuvo intrigado sobre que sucedería después y un gran desenlace!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  2. ¡Jajaja! Ongie, siempre espero tus comentarios para ver qué especulas ¡Jaja! Claro que no era un zombie, era... algo misterioso ¡Jaja! Pero la explicación puede ser simple, tal vez fue la bebida... ¡Jeje! Muchas gracias. saludos!!

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  3. Muy buena pero: seria la bebida la causa? yo necesitaria mas que unos tragos para ver un muerto vivo jeje..como muchas veces hay un halo de misterio hay en tus cuentos,eso los hace mas interesantes amigo..saludos..Willy

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  4. Era una bebida alterada con magia negra y... No, ¡jaja! En algunos cuentos hay cosas que no tienen que aclararse para que cada uno se imagine lo que quiera, o simplemente que quede sin resolver. Pero como a veces preguntan y a mí me gusta bromear... ¡Jeje!
    Gracias, Willy. Saludos!!

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  5. Hola, Jorge. Estuvo buenisima; parece que a Pablo la combinación de alcohol con el miedo, la imaginación y tal vez un poco de cargo de conciencia por tomar las cosas del difunto le jugaron una trampa pues como ya sabemos la mente es poderosa.

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  6. Hola. Gracias por comentar. Todo lo que los lectores se imaginen es correcto, es la parte que dejo para que cada uno rellene. ¡Salu2!

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