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martes, 9 de febrero de 2016

Una Historia De Pescador

Al atardecer, en una playa arenosa unos pescadores se reunieron en torno a una fogata que ardía con fuerza.
Anselmo, un pescador veterano, tomó un trago de caña empinando la botella y arrugó la cara como si le hubiera desagradado, mas después se echó otro trago. Tras arrugar de nuevo su cara llena de surcos labrados por el sol, miró a cada uno de los presentes y comenzó su historia...
 -Un día salí a pescar, como siempre, aquí en el Río de La Plata, en mi bote a remos. En cuanto a la pesca el día estuvo flojo como pantalón de payaso. El mar se encontraba planchado, sereno, y no picaba nada. En el cielo no había ni una nube. Abajo y arriba todo era azul. El bote se mecía apenas. ¡Que aburrimiento me invadió de golpe! Fue casi como un desgano, no, más bien, fue un desgano. Entonces subí los remos y me acosté para tomar una siesta corta para más tarde regresar a tierra. 

Los otros pescadores lo escuchaban expectantes. El sol se hundió en el mar. Unas gaviotas que revoloteaban por el lugar se alejaron volando rumbo al puerto. Las llamas de la fogata bailoteaban de un lado para el otro. La botella de caña pasaba de mano en mano.

"No se cuantas horas estuve durmiendo -continuó Anselmo-, supongo que muchas. Me desperté en medio de la noche. El cielo estaba encapotado y oscuro, no titilaba ni una estrella, nada que me ayudara a guiarme. Entonces me di cuenta de que estaba perdido.   Pásenme la botella que se me seca la garganta -dijo Anselmo estirando el brazo hacia otro pescador, luego de otro trago y una nueva morisqueta continuó-. El mar había cambiado totalmente, estaba embravecido, y al poco rato era el peor que vi en mi vida. Mi bote saltaba por encima de las olas. Algunas medían más de diez metros de altura.
-¡¿Más de diez metros de altura?! -exclamó de pronto uno de los pescadores.
-Eso fue lo que dije. ¿Usted está trabajando de loro, que repite lo que digo?
-Continúe su historia don Anselmo -lo animó otro, haciendo un gesto de reproche al que interrumpió.
-Bueno, sigo. Estuve toda la noche subiendo y bajando olas, cada ola parecía una montaña, no sé cómo mi bote aguantó, será porque lo construí con corchos de botellas de vino.   
-¿Dónde consiguió tantos corchos, Anselmo? -preguntó otro de los presentes.
-Me hacen otra pregunta boba como esta y no cuento más mi historia -amenazó Anselmo, y continuó- .Cuando amaneció no tenía ni idea de dónde estaba. Remé hasta que vi una costa. La costa era crispada, así la veía yo a la distancia, también divisé a una mujer que tenía el brazo hacia arriba; se estaría despidiendo de alguien supuse. Seguí remando y, a medida que me acercaba, la mujer se iba  haciendo más y más grande, como si creciera, y seguía con el brazo para arriba, y empecé a notar que tenía algo en esa mano.

Anselmo hizo una pausa. Luego comenzó a formarse una sonrisa en su rostro.

-Resultó que la mujer era la Estatua De La Libertad; lo crispado más allá de la costa eran los edificios vistos desde la distancia. Había llegado hasta los Estados Unidos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Jaja que bueno,maestro,pense que iba ser de susto,me engañaste jeje pero esta interesante..hay gente sobre todo asi como pescadores o troperos que exageran mucho sus historias ..saludos amigo. .Willy

Jorge Leal dijo...

Entre los pescadores es típico ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

Ongie Saudino dijo...

Jaja, ese Anselmo, parece que si exageró un "poquito". Olas de diez metros y llegar a USA. Vaya que si que sabe contar historias, aunque es bastante amargado cuando lo interrumpen, aunque debe ser normal entre pescadores. Ya con una ola tener seis metros ya es peligrosa, imaginate una de 10... No se porque cuando dijo lo del barco de corcho, me lo imaginé navegando encima de un corcho grande, jaja, subiendo y bajando en el mar...Muy buena historia master, bastante interesante. Espero la próxima historia. ¡Saludos desde Venezuela!

Anónimo dijo...

Saludos, Jorge. Que suerte ha tenido el pobre me imagino lo desorientado y tal vez asustado que estuvo para luego descubrir que se trataba de la estatua y los edificios.

Jorge Leal dijo...

A este cuento intenté ponerle algo de humor. En la historia los que lo escuchan saben que no es verdad. Hay narradores de nacimiento que cuentan historias así solo para entretener. Además era pescador ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

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