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jueves, 31 de marzo de 2016

Duendes

Alberto miró al techo y escuchó atentamente. Estaba sentado en su sillón favorito, aquel sillón que un día atrás cargara él mismo desde el camión de la mudanza. Mirando hacia arriba siguió el recorrido del ruido que hacían unas pisadas que corrían por el techo. Creyó que eran ratas. Se levantó maldiciendo y fue hasta la cocina donde había dejado enfriando una tarta. Puso un dedo en el costado de la tarta, todavía estaba muy caliente como para guardarla en la heladera. Maldijo de nuevo y agarrándola con un paño la llevó hasta la sala. Hacía unos años había tenido varias malas experiencias con las ratas. No podía facilitarles ninguna comida. Se acordó de las cosas del armario y fue a asegurarse de que los estantes estuvieran bien cerrados. “Ahora que tengo mi propia casa, otra vez a lidiar con las ratas, ¡que porquería!”, pensó. Alberto no sabía que en realidad se trataba de algo peor: duendes...

Más tarde, ya acostado, se revolvía en la cama sin que le viniera ni un poco de sueño. Aquel era su hogar, el que consiguió con mucho ahorro, horas extras, trabajos por su cuenta, montones de cálculos, una búsqueda constante de precios más baratos, y ahora que por fin estaba en él no se sentía cómodo. Intuyó que aquello le pasaba porque en el fondo todavía no se acostumbraba a la idea de que al fin era propietario. Como no podía dormir se puso a planear la pequeña celebración que iba a hacer allí junto a sus amigos. 

Acostado boca arriba en la penumbra escuchó los escasos ruidos que se atrevían a irrumpir el silencio en aquella zona alejada de la ciudad. Recordó a Viviana. Hermana de un amigo, durante muchos años casi no le había prestado atención, pero desde hacía un tiempo había notado lo linda que estaba y pensaba en ella muy seguido, y al recordar un montón de cosas le pareció que ella se había enamorado de él desde la primera vez que se vieron, cuando ella apenas si era una adolescente. Ahora todo estaba tan claro, se sintió bastante tonto por no darse cuenta antes. Incluso una vez su amigo, el hermano de Viviana, le había comentado como bromeando que algún día tal vez serían cuñados. Cuando él, extrañado por ese comentario, le pidió explicaciones el amigo se fue por las ramas y no quiso comentar más nada. Ahora le resultaba obvio que Viviana, al ser descubierta por su hermano, lo había hecho jurar que no revelara lo que ella sentía; igual el hermano no pudo evitar hacer aquel comentario.

Alberto se alegró de aquello. Ella era muy reservada, incluso tal vez algo rara, pero era la mujer más bondadosa, inteligente y pura que conocía. Solo una cosa en ella era un poco oscura; aparentemente tenía una marcada inclinación hacia el mundo sobrenatural, una especie de fascinación innata que alimentaba estudiando cuánto podía sobre el tema. Eso no le gustaba, pero por otro lado, esa inclinación que la hacía un poco rara la había hecho poco sociable y estaba seguro de que nunca había tenido novio, mucho menos una aventura, o tal vez era por lo que secretamente sentía por él, pero por lo que fuera, eso la hacía más deseable y hablaba de que era alguien extraordinario, porque candidatos igual no debían faltarle. Ya con casa propia no estaba demás pensar en sentar cabeza. Ella había confirmado que iba a la celebración, era una buena oportunidad para hablarle. Se imaginaba un futuro junto a Viviana cuando se durmió. 

De pronto caminaba contra la pared de una casa de proporciones gigantescas. Avanzando bajo un mueble se dio cuenta de que todo allí era normal, parecía gigante porque él era muy pequeño. Al seguir avanzando reconoció la cocina; aquel era su hogar. Se movió rápidamente hasta la puerta del cuarto donde él dormía y la atravesó. Corrió derecho a la cama, que parecía enorme, y saltó a ella casi como volando. Allí estaba él, durmiendo boca arriba. Cuando pasaba por el pecho experimentó un gran cambio, ahora estaba en el “cuerpo grande”, en el suyo, y en ese momento sintió que algo le caminaba por el pecho. Se enderezó súbitamente al tiempo que con el brazo se libraba de aquello que iba hacia su cara. Su antebrazo hizo contacto con algo y seguidamente escuchó un golpe mudo contra la pared. El manotazo desesperado lo había librado de aquella cosa. Miró hacia donde cayó el bulto y vio muy fugazmente como una diminuta figura humanoide se alejaba a toda prisa para dar un salto y desaparecer tras la puerta al atravesarla como si esta solo fuera una ilusión. 

“¿¡Qué fue eso!?”, pensó Alberto. Había tenido sueños raros como todo el mundo, pero aquello era el colmo, además cuando vio a aquella cosa no estaba durmiendo. Se mantuvo vigilante, con la luz encendida hasta el amanecer. Con la luz del sol entrando por las ventanas revisó minuciosamente todas las habitaciones sintiendo el corazón en la boca. No encontró nada que indicara que no estaba solo; pero se dio cuenta de que eso no significaba que realmente fuera así, porque él había visto como aquella cosa atravesaba la puerta. Después de la inspección se sentó a pensar. Era increíble pero no podía ser otra cosa: se trataba de duendes. “Vi todo desde la perspectiva del duende”, razonaba “Seguramente eso no fue un accidente, si vi eso fue porque el duende lo quiso, ¿pero para qué?”. Se dio cuenta de pronto. Aquello solo sirvió para asustarlo, ese era el propósito, querían asustarlo y era para que se fuera de allí.

Esa revelación no le gustó nada. Qué podía hacer él para defenderse de unos seres sobrenaturales que solamente conocía por cuentos. No le pareció que la ficción fuera una fuente de información confiable. Se golpeó la frente al recordarlo. “Viviana, ella debe saber sobre el tema y seguramente me va a entender”. Casi se alegró de tener duendes. Después de almorzar tomó una siesta para no andar con sueño después porque había dormido muy poco. Se levantó por la tarde a preparar algunas cosas, también salió a hacer compras. Los invitados empezaron a llegar al anochecer. Eran todos amigos y conocidos de años. Lo felicitaban por la casa, miraban todo sin disimulo y le decían que había hecho un muy buen negocio. “Sí, pero la compré con duendes incluidos”, pensaba Alberto. Por fin apareció Viviana, llegó junto a su hermano. Tenía el pelo negro y muy lacio, los ojos marrones y la piel color canela. Lo saludó algo tímidamente, como siempre lo hacía. Se acomodaron en la sala, donde él había puesto sobre una mesa un montón de bocadillos, el plato principal estaba en el horno. 

-El que quiera una bebida que vaya y se la sirva de la heladera -les dijo Alberto-, porque yo no voy a andar para aquí y para allá. Y a lo último todos se quedan a limpiar. No, es broma ¡Jajaja!

El grupo entero se rió con la ocurrencia. Él cada tanto volvía sus ojos hacia Viviana; ella parecía algo distraída porque observó todo repetidas veces. La pequeña fiesta transcurría normalmente hasta que una de sus invitadas apareció desde la cocina con una bebida en la mano y un gato pequeño en la otra.

-Encontré a tu mascota, Alberto, es precioso, ¿cómo se llama?
-¿Dónde lo encontraste? Ese gato no es mío -le dijo enseguida Alberto.
-No bromees. Estaba en la cocina y es muy manso. Es tuyo.
-En serio, nunca lo había visto. ¿La puerta está abierta?

Fue a revisar, todo estaba cerrado. Volvía a la sala cuando escuchó un grito. La mujer que había agarrado al gato se tomaba un brazo y al quitar la mano pudo verse que tenía cuatro arañazos bien profundos. 

-¿Te arañó? Te dije que no era mío. ¿Pero cómo pudo lastimarte tanto? ¿a dónde se fue?Bueno, voy por el botiquín. Que se haga presión con un pañuelo, ya vuelvo -y Alberto salió apresuradamente hacia el baño.

Al regresar con el botiquín vio que Viviana miraba bajo un sillón.

-¿Se escondió ahí? -le preguntó.
-Lo vi meterse acá pero ya no está -le contestó ella.

Él pensó con horror que aquello debía ser un duende. Viviana observó la expresión de terror de Alberto sin que él lo notara. Él dijo que ya lo iba a buscar después y ella fue a sentarse. La lesionada se marchó porque le dolía mucho.

-Disculpa que te arruine la fiesta así -se disculpó ella-. No debí agarrarlo, pero es que parecía tan manso, y como era pequeño no resistí la tentación de levantarlo. ¡Ay! Como arde. Te dejo. Que pases bien. Disfruta de tu casa.
-Discúlpame tú, esto te pasó en mi hogar. ¿Estás bien? Muchas gracias por venir. Adiós.

El asunto del gato entretuvo a la reunión un buen rato, y era inevitable mirar hacia el piso o los rincones cada tanto. Parecía un incidente sin mucha importancia pero igual ensombreció la reunión y empezaron a irse bastante temprano. Cuando el hermano de Viviana se levantó para despedirse Alberto sintió cierta desesperación porque quería hablar con ella esa misma noche y no había tenido la oportunidad. Para su sorpresa, ella no se movió del asiento, y volviéndose hacia su hermano le dijo:

-Yo voy después. Tengo que hablarle de una cosa. Me voy en un taxi.
-No, te llevo yo -se ofreció Alberto.
-Momento, momento -dijo muy serio su amigo-. Como el hermano mayor que soy no puedo permitir esto. Si quieren hablar háganlo ahora, delante de mí. ¡Jajaja! Solo estoy bromeando con ustedes. Eso sí, pórtense bien ¡Jajaja! Nos vemos, cuñado ¡Jeje!
-Sí, ya vete de una vez, pesado ¡Jaja! Nos vemos. Ve por la sombra.

Y se dijeron varias bromas más hasta que se fue. Viviana se veía bastante avergonzada por el comentario del hermano y no se atrevía a mirarlo a los ojos. Él trató de arreglar la situación siendo valiente y dejando al descubierto sus sentimientos:

-Se pasa aquel. Como si una muchacha tan linda como vos fuera a fijarse en mí. Ya quisiera yo que fuera así. 
-¿Por qué no me fijaría en vos? -dijo ella levantando la cabeza y mirándolo profundamente.
-No sé, ¿lo harías entonces?
-Claro que sí.
-Si fuera así me pondría muy contento.

Y los dos se quedaron mirando a los ojos, adivinándose  lo que sentían sin necesitar decirse una palabra. Tan conectados se sintieron que de pronto recordaron algo al mismo tiempo. Ella le dijo:

-Alberto, en tu casa hay duendes y no son amigables, pero tú lo sabes, ¿no?
-Sí, tuve un encuentro con uno anoche. ¿Pero tú cómo lo sabes?
-Sé bastante sobre el tema y además lo presentí desde que entré. Siempre fui muy  “sensible” a algunas energías y por eso tengo una inclinación hacia lo sobrenatural. Y el incidente con ese supuesto gato no me dejó dudas.
-Vaya, las cosas que tiene el destino... Y, ¿podrías ayudarme?
-Por supuesto -afirmó Viviana, y desparramando otra mirada desconfiada agregó-. Lo primero que tienes que hacer es irte de aquí. Sería solo por esta noche. Ahora que se mostraron no es seguro para ti dormir aquí. Tengo un libro con un viejo conjuro que la Iglesia usaba antes para expulsar a seres así, pero tiene que ser de día, cuando están más débiles.
-Bien, pudo irme a un motel. Hago un bolso y me voy.
-Te ayudo.
-Bueno, así no quedas sola ni un momento.

Después se marcharon juntos. Él la llevó a su casa y luego se marchó a un motel. Regresaron al otro día, temprano por la tarde. Viviana llevó un libro. Se situaron en el medio del la sala y ella empezó a recitar el conjuro. Inmediatamente comenzaron a chillar unas voces agudas y ásperas y la casa se llenó de rezongos y susurrantes que llegaban desde las paredes. Viviana siguió recitando el conjuro. Alberto se había ubicado detrás de ella, custodiándola, y tenía las manos sobre los hombros de la joven exorcista. Los duendes chillaron y refunfuñaron un rato más hasta que al fin callaron y la casa quedó libre de su presencia. Unos años después, los únicos seres pequeños que correteaban por aquel lugar eran los hijos de Alberto y Viviana. 

6 comentarios:

  1. Una muy bonita historia master, con un excelente final. Esos duendes no tuvieron nada que hacer conta la union de Alberto y Viviana, se podria casi decir que ellos fueron los que lograron que esos dos se juntaran. Siempre hay gustos para todo, Viviana amaba lo sobrenatural, pero a Alberto y a mucha gente le parecia rara, aunque eso no impidió su relacion. Vaya con esos duendes, generalmente protegen algo, en este caso, el nuevo hogar de Alberto. Esas criaturas míticas siempre causan problemas, por su caracter juguetón, travieso y hasta agresivo. Mira que convertirse en gato y arruinarle la fiesta al pobre Alberto. Pero me alegro que se hayan librado de esa amenaza y ademas hayan conseguido aclarar sus sentimientos. Una pregunta: ¿este cuentos es uno de duendes y romántico a la vez?. Ya que hay otra categoria de cuentos romanticos. Jaja, eso lo sabrás. Una espléndida historia amigo!. Muy buena!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  2. Es un cuento de duendes con algo de romántico. Lo puse en la categoría de cuentos de duendes pero en la descripción de búsqueda aclaro que tiene algo de romance, poco pero algo tiene. Y sí, sé que hay cuentos románticos aquí ¡Jeje! Más adelante voy a crear un blog de novelas cortas románticas. Son un excelente ejercicio para mejorar como escritor (para llegar a ser uno) y me gusta. Pero no historias empalagosas y clichés sino unas mezcladas con acción, ciencia ficción, aventuras, y por qué no, algo de terror, un género con el cual también me animo ¡Jeje! Muchas gracias, Ongie. ¡Saludos!

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  3. Jajaaajjaja todas tenemos o tuvimos un amor platonico encarado en el amigo del hermano.... viejos recuerdos llegaron hoy a mi m3nte gracias a ti ...

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  4. Hola Belén. Sí, es algo muy común. Que uno se aproveche de eso o no depende de qué tan amigo seas del hermano ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

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  5. Saludos, Jorge. Como todos tus cuentos muy bueno; tuvimos romance, terror y un final feliz. Gracias...


    Stephanie

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  6. Un poco de todo, como la vida misma. Me gusta hacer historias así. Gracia muchacha.

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