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viernes, 4 de marzo de 2016

En La Hondonada

Al sentir que había abusado de la confianza de aquella gente, me preocupé porque todos andaban armados y se volvieron hacia mí a la misma vez...
 
Estaba visitando por primera vez el establecimiento rural de mi cuñado. Llegué temprano por la mañana. Al mediodía comimos un asado en el patio. Los perros del lugar andaban entre nosotros meneando la cola mansamente. Como allí no los usaban para trabajar estaban gordos y se desperezaban a cada rato, cuando no se encontraban durmiendo bajo las sombras de los árboles. Eran cinco perros grandes, cruzas, ninguno era de raza, creo, no les presté demasiada atención porque mi cuñado era conversador y yo no me quedo atrás. Mi hermana, que ya conocía bien el lugar, me mostró los corrales y de tarde recorrimos los campos a caballo. Todo era muy agradable pero hacia el anochecer ya estaba algo aburrido, y había ido para quedarme todo el fin de semana. Tenía que aguantarme allí, no iba a portarme como un niño que se quiere ir a la mitad de un espectáculo. Mi hermana, notándome algo aburrido, me dijo que para entretenerme podía ir a hablar con los peones, que al anochecer se reunían en un galpón a charlar de lo lindo mientras comían algo. Enseguida enfilé hacia allí. Ya me habían visto durante el día y sabían quién era. Era un grupo de siete tipos, formaban un círculo en torno a un pequeño fogón que ardía sobre una base de piedra. Pedí permiso, me invitaron a sentarme y arrimé un rolo de tronco, aunque quedé por fuera del círculo. Siguieron conversando.

Me alegró haber llegado en aquel momento porque estaban contando cuentos de terror. Había leído de esas reuniones pero creía que ya eran parte del folclore, pero allí estaban. Siguieron con sus cuentos pero se mostraron un poco recelosos por mi presencia, mas a medida que los relatos se hicieron más interesantes parecieron olvidarme. A mí me daba mucha gracia toda aquella serie de creencias y supuestos casos verídicos. Siempre era algo que le pasó al conocido de un conocido. Además aquellos relatos carecían de lógica. Cada cuento me tentaba más que el otro, hasta que finalmente se me escapó una risa. Por suerte, en ese momento el relato iba por una parte con un poco de humor, y seguramente lo tomaron como una simple exageración mía, y al narrador hasta pareció gustarle lo mucho que me había divertido. La segunda carcajada que no pude contener hizo que todos se volvieran hacia mí; se dieron cuenta. El que había tomado la palabra en ese momento me miró medio sonriendo pero fieramente y dijo:

—Parece que el hombre no cree. ¿Te parece divertido esto? 
—Disculpen, no quise faltarles el respeto.
—No si eso no nos ofende. El bobo aquí es usted por no creer.

Y todos se rieron. Ahora el ofendido era yo. Pero como eran varios y seguramente mucho más fuertes que yo, y además andaban con cuchillos, quise desquitarme pero de una forma intelectual, traerlos hacia mi terreno y ganarles allí.

—Si dicen que esas cosas son ciertas —dije para interrumpir sus risas—, ¿por qué siempre pasan por ahí lejos, por qué siempre es en otro lugar?
—No siempre pasa lejos —me replicó uno de ellos—. En la hondonada que hay ahí atrás, sí, esa que hay ahí, hay una cosa, un tipo de ánima que se le aparece a todo el que cruza esa parte de noche.
—¿Hablan de esa depresión que hay como a trecientos metros de aquí? La vi hoy por la tarde y no me pareció un lugar muy tétrico, ni diferente a otras partes de estos campos.
—¿Y por qué no va ahora y lo comprueba? —me desafió el primer peón, el que interrumpí con mi risa.

Creí que esa era una buena oportunidad de vengarme de esos palurdos. Ya iban a ver...

—Voy, por qué no. De todas formas pensaba dar un paseo nocturno antes de cenar. Cuando venía hacia aquí vi que la luna llena venía asomando por allá. Me gusta caminar por el campo cuando hay luna llena.
—Vaya entonces. 

Me levanté, y como supuse, los otros también para ver si realmente me animaba. Salí del galpón, señalé con el dedo el lugar, para que el tipo lo confirmara, y me aparté de ellos sonriendo. La luna ya se había alejado bastante del horizonte y estaba bañando todo el campo con su claridad. El aire de la noche estaba muy agradable. Iba a dar un pequeño paseo y dejar en evidencia lo palurdos y miedosos que eran. Ya me había alejado un buen trecho cuando se me ocurrió que podían intentar asustarme con alguna jugarreta, por eso miré hacia atrás. Con la claridad de la luna y lo limpio del campo en aquella parte no iban a poder seguirme ni intentar rodearme sin que yo los notara. Al alejarme más sentí algo de angustia. Algunos ruidos que llegaban de lejos, algún mugido esporádico o el grito de un ave nocturna, solo servía para hacer más profundo el silencio que lo seguía y aplastaba toda aquella vasta región. 

Había conocido aquella depresión del terreno algo curiosa durante el día, pero ahora lucía muy diferente. Era redonda y debía medir, juzgué, unos setenta u ochenta metros de diámetro. Por su forma y la inclinación de los bordes me imaginé que aquello había sido una pequeña laguna que se había secado hacía tiempo. Ahora, de noche, flotaba por toda la hondonada una bruma espesa. Me impresionó bastante. ¿Por qué allí había bruma y en el resto del campo no? Después me di cuenta que debía ser por la humedad del lugar. Me encontraba bastante lejos, pero por si los otros todavía me veían empecé a bajar la leve ladera del lugar. El fondo estaba a pocos metros pero la diferencia de temperatura era notable; hacía mucho más frío. Por la misma humedad,  razoné. Avancé lentamente envuelto en aquella bruma. De repente, un ruido, algo venía hacia mí, escuché como un jadeo. Casi me quedé sin aliento, y el corazón, como intentando no detenerse por el susto, me empezó a brincar en el pecho. De entre la bruma apareció un cuerpo ancho caminando en cuatro patas. Por un instante sentí que me desvanecía pero fue muy breve porque enseguida me di cuenta de que era un perro. Por como se me acercó, meneando la cola, me resultó obvio que se trataba de uno de los del lugar. Reí nerviosamente y le toqué la cabeza (un poco para comprobar que era real). 

Respiré aliviado mas eso duró poco. El perro de pronto levantó las orejas y quedó firme, atento a no sé qué, a algo que estaba adelante, oculto en la bruma. Mientras retrocedía lo llamé para que me acompañara. En can pareció dudar, me miró a mí, luego hacia aquel punto, y finalmente me siguió. Dejó de prestarle atención a aquello y eso me tranquilizó. La cuesta de la antigua orilla era leve pero no podía subirla retrocediendo. Tenía miedo que al darle la espalda algo me siguiera (había olvidado completamente que no creía en nada), pero con aquel grandote detrás de mí eso no podía pasar. De todas formas empecé a subir con el oído muy atento a lo que había atrás. Sentí como una electricidad en el cuerpo cuando escuché que el jadeo del perro comenzaba a elevarse como si este se estuviera irguiendo sobre sus dos patas traseras mientras seguía andando. Aquella respiración algo agitada se elevó por encima de mi cabeza, y los pasos que sonaban atrás ahora eran como los de una persona. En ese momento de supremo terror, intuí que no debía voltear porque podría enloquecer. Seguí con aquella cosa pisándome los talones hasta que salí de la depresión y dejé de escuchar los pasos.

 Llegué hasta donde me esperaban los peones sin voltear en ningún momento. De alguna manera logré mantener la compostura y cuando me preguntaron si había visto algo les dije que no. Quedaron mirándose entre ellos, asombrados y seguramente sintiéndose algo tontos. Al dirigirme hacia la casa grande pasé por los perros: estaban atados y dormían plácidamente. 

12 comentarios:

  1. Hola, Jorge. Una de dos o lo invadió el pánico o experimentó un encuentro con alguna bestia tal vez un hombre lobo aunque es extraño que no lo atacará...

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    1. Hola. El cuento es eso nomás; si comento algunas cosas le saco el misterio ¡Jeje! Gracias. Saludos!!

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    2. Podras pasarme un mail de contacto Jorge? es por un proyecto.. Daniel de Arg.

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    3. Me comunico sí, pero quedaría mas fácil que vos me pases tu correo. Solo yo lo vería, no lo publicaría. Aunque tengo un correo para asuntos así no quiero mostrarlo acá. Saludos.

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  2. Si que fue una experiencia aterradora la del protagonista..aunque fue valiente y se aguanto..no me digas que fue un oso hormiguero que no creere jaja..Willy

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    1. No, a quién puede asustar un oso hormiguero ¡Jajaja! gracias, Willy.

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  3. Le salió el tiro por la culata. Por eso no esbueno andar jugando con las costumbres y creencias de la gente. A veces la lógica delser humano no tiene sentido, por mas que intento convencerse de que allí no habia nada, si que resultó asustado. Pero no terminò mal frente a los peones, porque de ser así, seguramente habría pasado la peor vergüenza de su vida, su orgullo se habría ido al caño, jaja!. Asi, se nos muestra que no todas las historias fantasticas no son solo eso. Una excelente y atemorizante historia. Espero la proxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Gracias. Esta no arrancó con fuerza pero al final creo que me quedó bien ¡Jeje! ¡Saludos!

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  4. Que miedo!! Algunos entes son tan peculiares que para causar miedo hacen cosas que uno no espera, pero como siempre he dicho... para cuidarte a lo paranormal haz como que no lo ves, si corres o gritas, sabrá que lo viste y entonces si... ten miedo jajajajaja! Un día te contaré un episodio loco, porque sé que me entiendes ;) Saludos Jorge, excelente cuento.

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    1. Vaya, ni loco iría a algunos lugares con vos ¡Jajaja! Eres un imán para las cosas raras ¡Jaja! Cuenta que me encanta. Gracias, Karina. Saludos!!

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  5. Ay Jorge siempre me dejas pensando y especulando sobre lo que puede ser,pero al final me resigno y sigo leyendo .saludos

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    1. Bueno, ya tendrían que saber que en los cuentos narrados en primera persona en la mayoría de los casos no se puede explicar todo. Gracias por los comentarios. Saludos!!

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