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sábado, 2 de abril de 2016

El Bote Nuevo

El bote estaba viejo y en bastante mal estado pero fue lo único que Lucas pudo comprar. Siempre había querido tener uno suyo pero hasta el momento solo había trabajado en botes ajenos. Podía ahorrar dinero tan lentamente que si esperaba hasta tener lo suficiente como para adquirir uno mejor eso sería dentro de varios años, y para qué esperar tanto. Mas como era un hombre de mucho sentido común y conocía bien los peligros del mar antes de usarlo lo arregló lo mejor que pudo...
No era el más rápido, ni mucho menos el más bonito, ni el casco inspiraba mucha confianza, pero flotaba y lo llevaba a destino. Por precaución nunca se alejaba mucho de la costa, navegaba solo lo suficiente como para pescar. Así se ganaba la vida. Un día atrapaba un pez vela, otro un mero, algún tarpón, también ponía trampas para langostas. No ganaba mucho pero no podía estar más feliz viviendo así. Partía antes del amanecer. En el alba la oscuridad era surcada por otros botes que también partían a pescar. Con reflectores indicando su posición los naves parecían simples luciérnagas que trataban de evitarse. A medida que se adentraban en el mar las luces se iban separando hasta desaparecer en la superficie que empezaba a reflejar el día.

El era el capitán y el marinero. Sin horarios, sin una cuota que llenar, solo él y aquella inmensidad, algunas gaviotas ruidosas y a veces la compañía de un grupo de delfines que lo seguían un tramo como dándole la bienvenida, o tal vez deseándole suerte. Pero el mar no siempre es agradable, y varias veces tuvo que exigir al viejo motor para escapar de una tormenta. Él era feliz con aquella existencia precaria, pero en esas condiciones basta con tener un poco de mala suerte para encontrarse en apuros. Durante tres jornadas seguidas volvió a puerto sin pesca, y en otras dos pescó pero solo lo suficiente como para pagar el combustible. Como no podía seguir mucho más así al sexto día de su mala suerte decidió ir más lejos. Por varias millas escuchó atentamente el ruido del motor. Si se quedaba varado y tenían que remolcarlo el costo lo iba a dejar con serios problemas económicos, y los que ya tenía no eran pocos. Cuando comenzaba a creer que iba a llegar bien al destino que se había fijado el motor empezó a echar humo y a hacer un ruido extraño, y se detuvo de pronto. La cara ya bastante arrugada de Lucas empalideció en ese momento. Y casi en ese mismo instante miró hacia un costado y vio a unas nubes muy bajas que parecían deslizarse sobre la superficie, era un banco de niebla.

Tenía que intentar reparar el motor y cuanto antes. Decidió que llamar al remolque sería su última opción. Bajó al pequeño cuarto del motor y se puso manos a la obra. Cuanto más lo revisaba peor se presentaba la situación. Como era un hombre de mucha voluntad igual siguió insistiendo. Tanto se concentró que olvidó por completo la hora y el banco de niebla. Al acordarse subió a la cubierta para descubrir que todo el mar había desaparecido ante sus ojos. La niebla era la más espesa que vio en su vida. Navegando se siente la vastedad del océano, pero ahora él se sentía encerrado. La niebla envolvía todo y los únicos indicios de que todavía permanecía en el agua eran el vaivén de la nave y el golpeteo constante contra el casco. Al intentar pedir auxilio por el radio, dio un puñetazo de rabia en el timón de la caseta. El equipo estaba roto. 
Antes de salir siempre se aseguraba de que funcionara pero como era viejo no había ninguna garantía. Respiró hondo para calmarse. Él día había llegado a su fin y la niebla se espesó todavía más con las sombras. Pensó que mientras se mantuviera a flote podía esperar allí muchos días, y no creía que pasara tanto tiempo hasta que alguien lo viera. La mala suerte seguía jugando con él, porque no mucho después de eso notó que el bote se estaba inclinando hacia estribor. Se estaba inundando. Intentó sacar el agua con la bomba pero se dio cuenta de que era inútil. 

Se colocó el traje de supervivencia, agarró un bolso que llevaba para esas ocasiones, se unió al bote salvavidas con una cuerda y abandonó la nave. A esa hora ya estaba de noche. Remó para alejarse del naufragio y escuchó detrás de él a su independencia hundiéndose entre borbotones en la oscuridad.  No remó mucho más, no veía absolutamente nada. Tenía una brújula y sabía hacia dónde dirigirse pero irse remando no era una opción, estaba muy lejos. Unas millas más acá o más allá le daba lo mismo. Solo unos pocos milímetros de plástico y goma lo separaban de aquellas profundidades completamente oscuras donde él bien sabía que merodeaban tiburones. A esa sensación de vulnerabilidad se sumaba el encierro de la niebla. De todas formas Lucas pensó que aún no estaba perdido. En el bolso tenía muchas cosas útiles y con sus conocimientos podría sobrevivir bien hasta que alguien lo viera. La noche se le hizo muy larga, dormía de a ratos. En un momento de débil vigilia le pareció que algo avanzaba hacia él rompiendo la niebla. Dudó si sería algo real, mas a último momento remó vigorosamente y se apartó justo a tiempo. Era el casco de un bote. Alcanzó a chocarlo pero muy de costado.

—¡Ey! ¡Auxilio! ¡Oigan! ¡Auxilio! —gritó Lucas. 

Nadie le respondió. La nave tenía sus luces apagadas. Como se deslizaba ahora rozando la goma sobre la que él flotaba pudo tocar el casco con solo estirar el brazo. Así su mano chocó contra una escalerilla. Se agarró de esta y pensó un momento. Era raro que no tuvieran ni una luz encendida, más con aquella niebla pavorosa ocultando todo, y más raro era que no lo hubieran escuchado por muy dormidos que estuvieran, además la nave no parecía estar anclada porque seguía siendo arrastrada por la corriente. Muy raro todo. Escuchó por un buen rato. Ahora ya no quería gritar. En el bolso llevaba un cuchillo de buceo, se lo metió en el bolsillo. Ató su pequeño bote salvavidas a la escalerilla y después subió. La linterna le mostró que era una embarcación nueva. Entró con mucha cautela a la casilla. No esperaba que las luces encendieran pero lo hicieron, toda la consola funcionaba. Todavía tenía que revisar si había alguien abajo. Nadie. Revisó con mucho cuidado cada recoveco de la nave pero no halló nada. Y aunque estaba muy bien equipada no había indicio alguno de sus ocupantes. Estaba en un barco fantasma. 

Usando los reflectores trató de ver algo en el agua y gritó bastante por si alguien flotaba en la zona. No vio ni escuchó nada. Podía irse en aquel momento pero decidió esperar y durante el resto de la noche buscó en vano con los reflectores iluminando solo niebla. Por la mañana partió rumbo al puerto. Era la mejor nave que había dirigido. Estaba muy bien equipada y con cosas costosas. Apenas tocó tierra se dirigió a las autoridades. Desde allí el misterio solo se profundizó más. Se hizo una búsqueda intensa, las autoridades se comunicaron con otros puertos, con otros países, nadie sabía nada y no pudieron encontrar ninguna pista que indicara quiénes eran los dueños. Por esa situación Lucas se quedó con él. El mar le quitó uno viejo y maltrecho y le dio uno nuevo y lujoso. Lucas tenía sentimientos encontrados pero no pudo despreciarlo. Y al misterio de la desaparición de los dueños se sumó el de la niebla, porque después supo que en la zona donde naufragó no detectaron ni un banco esa noche.  

7 comentarios:

Belén Duran dijo...

Me encanto... aunque soy de esas almas desafortunadas que ya no creen en ese tipo de hermosos favores de la vida....

Jorge Leal dijo...

Que se hiciera de un bote de esa forma es la parte de ficción del cuento. La suerte normalmente solo te quita ¡Jaja! Muchas gracias. Saludos!!

Ongie Saudino dijo...

Pero que suerte tuvo Lucas, uno de los grandes misterios de la vida, el mar es bastante raro. No se si has escuchado sobre el triangulo de las Bermudas, donde han desaparecido grandes cantidades de embarcaciones y aviones. O, simplemente aparecen los barcos vacios y jamas se vuelve a saber de la tripulacion. Aunque lo de Lucas fue algo bastente increíble, la mala suerte de su viejo bote fue compensada por la aparicion de ese buen barco. Habrá sido una sirena enamorada?. Jaja, lo siento master, todavia no olvido el cuento Atrapado. Pero este si que es un misterio, pero al menos obtuvo lo que quería. Una muy buena y mágica historia!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Te impresionó la sirena enamorada ¡Jaja! En este no hubo ningún tipo de sirenas, fue algo más. A la historia la hice pensando en el triángulo de las bermudas pero le busqué una vuelta ¡Jeje! Lo de los botes que supuestamente aparecen sin dueños lo tomé de ahí. Muchas gracias, Ongie. Te espero por aquí.

Anónimo dijo...

Por lo menos a Lucas al final la suerte le toco...

Maria Cruz Montiel dijo...

Hoy si te viste muy optimista Jorge,pero me gusto al final un buen sabor de boca

Jorge Leal dijo...

Sí, este personaje tuvo suerte, pero no te acostumbres mucho a esto ¡Jeje! Lo que pasa es que muchos finales felices terminarían dejando un poco soso al blog. Muchas gracias. ¡Saludos!

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