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sábado, 30 de abril de 2016

El Cementerio

Estela y Damián caminaban por un camino rural que estaba cerca de su nuevo hogar. Paseaban por la zona por primera vez y estaban muy emocionados, ignorantes de la mala situación en la que se hallaban. Por el camino se cruzaron con un viejo que era seguido por un par de vacas. Damián lo saludo y aprovechó para comentarle:

—Buenas tardes, señor.
—Buenas tardes —le contestó el viejo, examinándolos con la vista sin mucho disimulo.
—Me imagino que usted es de la zona —supuso Damián—. Nosotros también somos de aquí ahora, compramos la casa que está ahí atrás.
Los ojos del viejo estaban muy hundidos en sus arrugas pero al escuchar aquello aparecieron más grandes.
—¿La cabaña nueva que está allí? —le preguntó el viejo para confirmar.
—Sí, esa.
—En mal lugar se metieron. ¿Saben lo que fue antes toda esa zona? —les preguntó ahora haciendo un gesto con el brazo que abarcaba todo el campo.
—¿Una plantación? —aventuró dudosa Estela.
—Sí, pero una plantación de gente: era un cementerio...

—¿Así bromean por aquí? ¿Acaso le parece que esto es gracioso? —lo interrogó severamente Damián. 
—Solo dije la verdad. Pregúntenle a cualquiera en el pueblo. Tal vez no debí decirlo así, pero es cierto.
—Damián, ven, vamos. Solo es un viejo —intervino Estela y lo tomó de la mano.

El viejo se sintió aliviado porque Damián había cambiado de un momento a otro y por su físico parecía un tipo peligroso. Estela se aferró a su brazo sin decirle más nada porque sabía que él estaba intentando calmarse. Él, joven aún para la vida, era un veterano del ejército y había tenido mucha acción durante su carrera. Esa acción y la preparación que había tenido para ella le habían dejado secuelas, por eso ante la menor agresión podía reaccionar violentamente. Principalmente por eso se habían mudado a una zona que supuestamente era tranquila. Los dos desandaron el camino sin hablar. Ya en su terreno Estela lo miró para ver si estaba tranquilo, y al comprobar que sí le preguntó:

—¿Crees ahora que el viejo estaba diciendo la verdad?
—No sé. Tú entra que yo voy a dar una vuelta por aquí. Ya vuelvo.

Damián ya había notado que el campo de ellos era un poco diferente, tenía bastante pasto pero principalmente era solo una variedad, mientras en los alrededores se entreveraban varios tipos de malezas. Pero eso bien podía ser porque antes era una zona sembrada. Regresó a su nuevo hogar y le dijo a Estela que probablemente el viejo solo había dicho una tontería. De todas formas ninguno durmió muy tranquilo esa noche. Al otro día fueron al pueblo a comprar algunas cosas. El pueblo se encontraba muy cerca de la cabaña, estaba en un valle; el terreno de ellos se hallaba en una zona alta desde donde podía verse la aglomeración de viviendas allá abajo.

Estela no olvidaba lo del día anterior y por eso le preguntó a un comerciante. ¡Era cierto! Estaban viviendo en un viejo cementerio. La pareja se había separado al hacer las compras. Cuando se reunieron ella le iba a decir la terrible noticia pero apenas comenzó él asintió con la cabeza porque ya lo sabía, también había preguntado. Volvieron al hogar mirado todo con otros ojos, un cementerio... Los dos se dejaron caer en un sofá, aplastados por esa noticia. Él respiró hondo unas veces y finalmente dijo:

—Nos estafaron. Sabes bien que yo no soy supersticioso ni nada de eso pero no puedo tener una familia en un lugar así. Ojalá no supiéramos nada.
—Pero sabemos, y yo tampoco quiero vivir aquí. ¿Qué hacemos?
—Contratar a un buen abogado, porque si voy yo solo le voy a partir la cara al que nos la vendió y solo voy a empeorar todo.
—Sí, vos no vayas solo. No quiero que te metas en líos —le aseguró ella tomándole la mano. 
—Por eso no voy a ir ahora —le aseguró Damián—. Confío que cualquier abogado va a hacer que por lo menos nos devuelvan gran parte del dinero, porque esto de ninguna forma pueden venderlo al precio de un terreno cualquiera. Por mientras vamos a tener que quedarnos aquí unos días. Estela... no, nada, vamos a hacer eso.
—¿Qué, qué ibas a decir? Vamos, te conozco. Algo te preocupó.
—No es nada. Te iba a preguntar si la persona que te confirmó lo que fue esto se notó muy sorprendida o algo preocupada cuando le mencionaste que vivíamos aquí.
—Sí, bastante. Como yo también me sorprendí en el momento no lo noté, pero ahora que lo mencionas, sí. Debe ser solo porque son supersticiosos, ¿no?
—Sí, seguramente es eso nomás.

Esa tarde salieron a dar otro paseo. El cielo ese día se había presentado muy nublado y a medida que avanzaba se iba poniendo peor. En el paseo vieron a varias bandadas de pájaros alejarse de la zona volando en formación. Se acercaba una tormenta y era grande. Cuando regresaron a la vivienda el cielo ya era amenazante y en el horizonte aparecían esporádicamente algunos relámpagos. Al hacerse noche empezó a llover torrencialmente. Los truenos venían en seguidilla y hacían temblar la tierra como si fueran cañonazos, y cada pocos minutos estallaba un rayo que sonaba como si una montaña se hubiera partido en dos de un golpe. En las ciudades las tormentas nunca se sienten en toda su intensidad, por eso Estela estaba algo asustada y se tapaba las orejas después de ver la luz blanca de un rayo. Él se reía de eso, había soportado muchas tormentas en la intemperie solamente bajo una capa impermeable. Estaban sentados en el sofá esperando a que por lo menos amainara un poco para acostarse porque era una tormenta peligrosa. En el campo los relámpagos iluminaban innumerables corrientes de agua que pasaban entre los pastos intentando surcar la tierra que, ya saturada empezó a ablandarse en todas partes. De repente cayó un rayo tan cerca que hasta Damián se tapó las orejas con las manos. 

—¡Ese cayó en el terreno! —dijo él en voz alta.
—¿Cayó aquí, en la casa? Para mí que cayó aquí —dijo muy asustada Estela—. Mira como me quedó el corazón, siente.
—Sí, tranquila, no fue en la casa. Y prepárate por si viene algún otro que caiga tan cerca como este.

Y el otro no se hizo esperar. Tembló horriblemente la vivienda entera y el ruido fue ensordecedor. No les afectó el oído porque ya lo esperaban con las palmas en las orejas. Dos rayos no eran algo raro en una tormenta así, pero tres en el mismo terreno ya era extraño, y se presentó un cuarto. Estela ya tenía los nervios destrozados y su esposo estaba muy serio y preocupado. Después del último hubo una media hora más de lluvia intensa hasta que finalmente todo empezó a mermar y volvió la calma. Eso era el colmo, ¿además de ser un viejo cementerio aquel lugar atraía rayos? Y lo peor ya se movía hacia ellos. 

Ya dispuestos a acostarse, los dos sintieron la necesidad de mirar hacia afuera primero porque había pasado algo extraordinario. Al mirar por la ventana ella gritó súbitamente y él le tapó la boca con la mano, la levantó en un mismo movimiento y con un giro la quitó de la ventana, después espió hacia afuera asomándose apenas. Varias figuras muy delgadas y de andar lastimoso se movían torpemente hacia la casa. Damián reaccionó inmediatamente, hizo que ella se agachara y él se movió rápidamente hacia la llave de luz para apagarla. Eso no disuadió a los invasores, ya estaban muy cerca. Como era hombre preparado cada uno tenía una linterna. Buscó a su esposa, que temblaba agachada contra la pared, y agazapados y juntos fueron hasta la pieza donde él había guardado sus cosas, que principalmente eran armas. Estela sabía disparar porque él le había enseñado. Al pensar que su esposo también estaba en peligro tomó las armas que él le dio y escuchó su plan:

—Parece increíble pero esas cosas son zombis, no pueden ser otra cosa —le susurró Damián—. ¿Recuerdas todo lo que te he enseñado? Ahora es cuando el miedo no sirve de nada, este es el momento de combatir. Apunta a la cabeza, eso tiene que funcionar. No creo que nos de para llegar hasta la camioneta, ya estamos rodeados. Las puertas son fuertes, solo vamos a trancarlas con sillas, me preocupa la ventana de la sala, pero mientras no escuchemos el vidrio romperse vamos a ocuparnos del resto. No dejes de vigilar hacia todos lados, apuntas hacia donde mires. Vamos a la cocina.
—Está bien, vamos.

Y se desplazaron raudamente hacia la cocina. Trancaron esa puerta y pasaron a otra parte de la casa. Todavía no habían hecho todo lo que planeaban cuando escucharon la ventana romperse. Al llegar a la sala varios zombis se estaban despedazando en los vidrios que aún quedaban pero no dejaban de dar manotazos e intentar meterse. Damián fue el primero en disparar y su esposa lo imitó. Los iluminaban con las linternas. Los zombis estaban renegridos y chorreaban carne descompuesta y barro. Por sus pulmones colapsados por la podredumbre apenas emitían unos gemidos roncos, siseantes y a la vez gorgoteantes , pero como eran muchos aquellos sonidos horribles igual invadían toda la vivienda. Los que fueron quedando quietos y doblados sobre el marco de la ventana entorpecían a los otros pero a manotazos los de atrás conseguían quitarlos o los empujaban hacia adentro. Los brazos delgados y oscuros de los muertos vivientes parecían las patas de unas arañas enormes y repulsivas que intentaban entrar por la ventana todas a la vez. Algunos ni ojos tenían pero igual sabían que sus presas estaban allí. 

La pareja liquidó a un montón pero otros seguían llegando. Para ahorrar balas Damián tomó un trofeo pesado que tenían en una repisa y ,empuñándolo como un garrote con la mano izquierda desenvainó un cuchillo con la derecha tomándolo con el filo hacia abajo y se enfrentó a los que pretendían entrar. Con el trofeo apartaba y desviaba aquellos brazos repugnantes y el cuchillo terminaba el trabajo. Estela seguía tirándoles desde más lejos. Luchando a brazo partido él pensó que si los superaban no iba dejar que ella sufriera, la iba a liberar de un disparo, después iba aluchar hasta el fin. 

Eso no fue necesario porque afuera empezaron a sonar detonaciones, muchas aquí y allá, y no mucho después ya no quedó ni un zombi en movimiento. Sus salvadores eran una multitud de personas del pueblo. Aislados entre sí siguieron sonando algunos tiros que eran para asegurarse. En ese momento los dos no estuvieron seguros de si estaban a salvo o igual aquel era su fin porque se dieron cuenta de que aquella gente ya debía estar organizada y que sabían algo sobre el asunto. Como no podían hacer mucho porque era demasiada gente simplemente salieron afuera y uno de los pobladores se acercó a decirles:

—Sabemos que ustedes no tienen la culpa de nada, solo cayeron aquí para su desgracia; pero como ahora nos deben la vida les vamos a pedir que nunca hablen de esto con nadie, solo váyanse ahora mismo. Dentro de dos o tres días vuelvan por sus cosas. Lo sentimos por el dinero que perdieron pero vean el lado positivo, están vivos y sanos.
—Por supuesto que nos vamos de aquí —le aseguró Damián—. Y nadie más va a volver porque vamos a quedarnos con el terreno, solo quedará abandonado.
—Eso es lo correcto. Les deseo más suerte con su próxima vivienda.

La multitud armada los había rodeado en ese momento. Cuando ellos arrancaron el vehículo les dieron paso. Apenas se alejaron notaron que no había llovido tanto en otras partes. Los dos permanecieron callados hasta que estuvieron muy lejos de aquel lugar. Ya en la ciudad ella le preguntó:

—¿Qué crees que ha pasado ahí, qué habrá hecho esa gente?
—Nada bueno —le contestó Damián con la vista atenta al camino y las dos manos en el volante—. Creo que nos dejaron ir porque nuestra desaparición no les convenía. De lo que estoy seguro es de que esa tormenta no fue natural y que aquellos muertos no tienen tanto tiempo enterrados allí. No importa qué hicieron. Estamos vivos y sanos y eso es lo principal, en eso tiene razón aquel tipo. Y ahora sabemos que los zombis no son un cuento. Tenemos que prepararnos por si algún día los del pueblo no pueden contener aquello que de alguna forma crearon.     

15 comentarios:

  1. Saludos, Jorge. Echaba de menos tus cuentos, espero que te vaya bien en todos los sentidos. Muy bueno aunque me dejo curiosa, lo mejor es de zombies y sabes que me encantan los cuentos de esta categoría. Gracias por compartir tu talento con nosotros.
    Stephanie

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    1. Stephanie y los finales abiertos... tus grandes enemigos ¡Jaja! Un día de estos te voy a dedicar una segunda parte, en serio. Gracias. Saludos!!

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  2. Largo tiempo sin Internet!, aprovecho esta entrada para decirte, excelente! Spasiva (gracias ) por escribir tan bien jorge!

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    1. Tanto tiempo, Raúl. En marzo publiqué varios cuentos, y este mes retomo la actividad aquí. Muchas gracias, che (expresión uruguaya sin traducción ¡Jaja!) Saludos!!

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    2. Todos tus cuentos, relatos, escritos, son excelentes! Realmente admiro tu talento. Un abrazo a tu Uruguay bello desde La Bella Moscu. Mis respetos y mejores deseos

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  3. Me encantó, para mi que tenías abandonado este blog. Aunque tus entradas en el de cuentos cortos de ficción no me hace subestimar tu trabajo, eres un excelente escritor. Bendita la hora en que decidí no poner atención a clase de computo y buscar en internet un blog de terror.
    Saludos de colombia ❤
    Att: Gaby y medio salón de clases.

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    1. Hola. Muchas gracias Gaby. En abril me dediqué, entre otras cosas, o publicar principalmente en el de cuentos cortos, pero durante este mes voy a dedicarme también a este.
      Mientras aprendan cómo entrar a un blog con eso da ¡Jaja! ¡Saludos para todos!

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  4. Estela y Damian si que tuvieron suerte, ya que esas personas pudieron haberlos eliminado y evitar correr riesgos de que se extendiera su secreto, pero no les convenia. Es muy extraño, al parecer, ocurrio algo parecido a tu otra historia del espantapajaros, que utilizaron algun tipo de magia negra o algo similar y ahora pagan las consecuencias. Aunque al principio crei que el rayo era lo que habia revivido a los muertos y no la gente del pueblo. Fue bastante inesperado, menos mal que intervinieron, pero igual, Damian y Estela estan preparados para todo, asi que no deben preocuparse mucho si la proxima vez son otros quienes atacan. La peparacion de Damian tambien debe ser buena, aunque su caracter deja mucho que desear. Jaja!, es un gruñon, muy diferente de lo que demuestra ser Estela. Espléndida historia de zombies master, te quedo muy buena. A veces las personas crean las armas para su destruccion. ¡Espero la proxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Si las cosas le salieran bien a los que usan magia negra y cosas así yo no tendría cuentos ¡Jaja! siempre algo tiene que salir mal, como en la ciencia ficción. Gracias. Saludos!!

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  5. Buen relato, aunque un mal negocio para los protagonistas por dar el dinero por perdido. Un par de negocios más así y se pueden dar por arruinados jeje.

    Saludos.

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    1. ¡Jajaja! Y no hay un seguro contra zombis. Igual el dinero no les iba a servir de mucho porque se les viene una apocalipsis zombie ¡Jeje! Saludos, Visitante.

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  6. ¡Genial! Buena historia, pensé que el terreno estaba maldito por culpa de alguien a quien los del pueblo no mencionaban, no imaginé que ellos fueran los responsables de la cosecha de zombis :D . Saludos. Nati

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    1. Gracias, Nati. En algunos cuentos trato de que no sean muy obvios, y a veces me sale ¡Jaja! Saludos!!

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  7. Una historia muy apasionante la verdad y terrorifica. Con un final muy bueno.
    Felicitaciones otro muy buen relato.
    Slds.

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