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sábado, 16 de abril de 2016

El Hombre En La Montaña

Jonathan pensó que la mejor forma de asomarse al precipicio era estando acostado. Le tenía terror a la altura. Se arrastró boca abajo por la roca hasta que pudo mirar el fondo del abismo. Lo invadió un vértigo espantoso. Allá abajo, contra la pared de la montaña había había una zona rocosa y más allá de esta verdeaban las copas de los pinos que se amontonaban allá abajo. Jonathan se acostó boca arriba tratando de entender aquello. No tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí...

Sabía que el pequeño hotel donde se estaba quedando no estaba muy lejos porque él había visto aquella montaña desde la ventana de su habitación. Pero el misterio era cómo había alcanzado aquella altura. No recordaba nada, solo que se había acostado y que después despertó al amanecer en aquella cima.

Y había otro misterio: estaba sin camisa, tenía el pantalón todo roto y estaba descalzo. Al despertar en aquella situación se revisó el cuerpo pero no tenía heridas evidentes y tampoco le dolía nada. Se encontraba en una saliente de la roca que hacia los costados y hacia el frente caía de forma vertical. Imposible bajar por allí. Encima de él había otra saliente y resaltaba otra encima de esta, lo que había más allá de esa no alcanzaba a verlo. Pensó que si las escalaba tal vez podría encontrar un lugar seguro por dónde bajar. Pero como le tenía tanto miedo a las alturas primero intentó alertar a alguien para que lo rescataran. Sus primeros gritos pidiendo auxilio le dieron bastante esperanzas porque sonaban en toda la montaña y el eco los repetía desde varios puntos. Mas como tenía la garganta seca después de un rato entreveraba sus gritos con alguna tos, y finalmente ya no pudo gritar. Volvió a asomarse en el borde. Abajo no había ni un movimiento, ni un curioso mirando hacia arriba. Y para empeorar todo vio que a lo lejos se estaba formando una tormenta de muy mal aspecto.

Él había escuchado que en la altura las tormentas son muy peligrosas por los rayos. Tenía que subir y ver si había otro camino. La primer saliente era como un escalón gigante y la segunda empezaba enseguida de este. Al alcanzar la primera las piernas le temblaron como nunca. Recostado de cara a la pared rocosa buscó valentía en su interior y empezó a trepar la segunda. En un punto de su ascenso sintió que las chances de caer eran más que las de no hacerlo. Abajo estaba el lugar donde despertó pero era angosto, y su caída era muy precipitada iba a rodar hasta hasta caer en el abismo. Pero consiguió subirlo y después de otro temerario ascenso llegó a la cima de la montaña. Era una cima aplanada. Empezó a recorrer el borde. Lo único más parecido a un camino que encontró era un sendero empinado y angosto que parecía bajar hasta la base. Jonathan pensó que su situación apestaba. Otro vistazo a la tormenta que se revolvía allá lejos lo hizo decidirse. La forma más segura que se le ocurrió para bajar era sentado. Temblaba al empezar el descenso pero un momento después se calmó. El miedo era su instinto de supervivencia diciéndole “No hagas eso”, pero ya en el sendero lo mejor para él era calmarse y así lo hizo su mente.
Bajando aquel empinado sendero, apenas una cicatriz en la roca, Jonathan creyó reconocer algunos tramos y supo que había subido por allí. Eso era sumamente extraño. ¿Cómo había podido subir por aquel lugar de noche y sin ser un escalador? No podía creer que había hecho aquello dormido, sonámbulo. Arrastrándose temerariamente cuesta abajo notó unas marcas en la roca que llamaron su atención. Parecían cuatro arañazos. Cuando pasó sus dedos cada uno coincidía perfectamente con las profundas marcas de la roca. Como su descenso fue tan lento le llevó buena parte del día. Finalmente sus pies alcanzaron el anhelado suelo. Miró hacia arriba y se alegró enormemente. Había sobrevivido. 

Atravesó la zona de rocas y se internó en el bosque. Allí encontró un arroyuelo cristalino y bebió ávidamente de él. Al enderezarse satisfecho y secándose la boca con la mano, vio de pronto que algo resaltaba entre la vegetación. Al ir hacia eso distinguió que eran dos carpas. Repentinamente recordó que por la noche había pasado por allí y le llegaron a la mente unas imágenes de gente espantada que huía a los gritos. Que no hubiera nadie en el lugar confirmó aquellos recuerdos. Revisó una de las carpas, había un bolso con ropa de hombre. Tomó una camiseta, un pantalón y nos botines. Se deshizo de su pantalón maltrecho en el arroyuelo. Cada vez recordaba más cosas y estaba comprendiendo qué debía hacer. Ya casi alcanzaba el hotel cuando escuchó una voz en el bosque y distinguió una figura pasando entre los árboles. Era un policía que estaba hablando por un radio. Jonathan se movió con más ruido a propósito para que el otro lo notara y surgió de la espesura caminando tranquilamente con las manos en los bolsillos.

—¡Alto ahí! —le ordenó el policía.
—¿Qué pasa, oficial?
—¿Usted está acampando por aquí?
—No, me estoy quedando en el hotel que hay ahí. Salí a dar un paseo. 
—Ah, ya veo. ¿Dígame, vio algo raro por aquí? 
—¿Algo raro? No... bueno, vi a un lobo, pero tengo entendido que no son raros por esta zona, ¿no? Y que no son peligrosos para la gente.
—¿Era un lobo común, andaba en cuatro patas?
—¿Qué? 
—Nada, disculpe la molestia. Gracias.
—De nada, oficial.

Y los dos se separaron. Jonathan alcanzó a escuchar que el oficial decía por la radio que solo se trataba de un lobo común, que estaban perdiendo el tiempo por una tontería de turistas. Siguió tranquilamente hacia el hotel. Después se marchó lo más rápido que pudo pero sin levantar sospechas. Al final todo salió bien y por lo menos esa vez no había matado a nadie. 

3 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Vaya, sinceramente no entendí el final. Jonathan es un hombre lobo, de eso no hay duda. Pero lo que me intriga es su manera de actuar, al parecer, le ha pasado otras veces, pero no se acostumbra. No es como otros hombres lobo que pueden llegar a controlar su transformacion, mas por la forma de comportarse de Jonathan, parece que tiene un objetivo, o simplemente es nomada y se mueve mucho para que la gente no sospeche de el. Será que quiere controlarse?. O lo hará con toda su malicia?. Ya que al final parecia tranquilo e incluao satisfecho de su situacion. Una espléndida e intrigante historia master!. Cual será el verdadero propósito de Jonathan?. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Jonathan simplemente quiere sobrevivir, un instinto primario. Después de una noche de transformación se despierta confundido (y esta vez ayudó a su confusión que despertara en una montaña) y no recuerda lo que hizo pero después se le va aclarando la mente. Lo que hizo frente al policía fue actuar para despistar a la policía. No quiere que lo capturen. En otras historias puede que el personaje no aguante la culpa, o que le guste eso, pero en esta historia solo quiere sobrevivir con esa maldición. Gracias, Ongie. Saludos!!

Anónimo dijo...

Me gusto bastante aunque Jonathan es un hombre lobo rarito porque es extraño que a pesar que conoce su situación no toma ninguna precaución más sin embargo tampoco parece disfrutarlo y mucho menos controlarlo.

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