¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

viernes, 8 de abril de 2016

El Meditador Y Su Vecino

Ya estaba de noche y había salido la luna cuando Gonzalo seguía sentado bajo la negra sombra de un árbol frondoso. La silueta del hombre tenía la espalda recta, la cabeza algo inclinada hacia adelante y las piernas cruzadas una sobre la otra y sus palmas descansaban sobre los muslos: estaba meditando profundamente. A su espalda y hacia los lados se elevaba una arboleda que los rayos lunares atravesaban en varias partes, y alrededor de esos huecos de luz se unían las sombras de todas las ramas que estaban inmóviles allá arriba. Frente al meditador, no mucho más allá de sus pies el terreno descendía formando un barranco pedregoso de unos quince metros de altura que terminaba en una base, una especie de terraza natural de unos tres metros de ancho. Luego el terreno descendía de nuevo pero de forma más gradual y esa parte estaba cubierta de árboles; de allí surgieron algunos ruidos...

El hombre seguía meditando bajo la sombra. El paisaje que la luna contemplaba también estaba inmóvil. La quietud había descendido sobre todas las cosas y la naturaleza lo aceptaba sin agitar ni una rama. Podría decirse también que el entorno estaba imitando a Gonzalo, que con la consciencia expandida y la mente acallada se mantenía así desde el final de la tarde. Solo una cosa no estaba en armonía con el meditador y la naturaleza, y era algo grande que miraba hacia todos lados procurando su alimento.

Gonzalo no siempre había sido así, por el contrario, antes su mente estaba siempre ocupada y preocupada por cosas que ahora veía como banales. Empresario exitoso, trabajaba desde temprano de la mañana hasta la noche, pero su trabajo era solamente mental porque no hacía actividad física alguna. Comía siempre apurado, con un periódico en la mano, protestando por esta o aquella noticia. Tomaba mucho café, abusaba de las comidas dulces, y sobre todo siempre andaba preocupado. Se preocupaba por ganar más, aunque ya tenía mucho dinero, y principalmente era solo por el afán de tener más porque no lo disfrutaba casi, no tenía tiempo. Vivía rodeado de lujos pero su mente siempre estaba en otro lado preocupada en esto y en aquello. Un día, estando en su oficina, cuando fue a servirse café no pudo levantar la jarra con la mano izquierda, y enseguida sintió una presión en el pecho. Tuvo dos infartos y no murió por muy poco. Para suerte suya su doctor resultó ser uno muy directo. Le dijo que la cuestión era simple: o cambiaba completamente su estilo de vida o iba a durar pocos años más, o meses. Eso lo asustó y lo hizo pensar. Se dio cuenta de que era un esclavo del dinero y que eso lo estaba matando.

Dio un vuelco a su vida, se retiró del mundo de los negocios. Compró una cabaña cerca de un bosque y no muy lejos de un pequeño y apacible pueblo. Allí empezó a caminar, a pasear por senderos, a sentir la naturaleza, la deliciosa simplicidad de la vida tranquila, amaneceres con cantos de pájaros, noches silenciosas, y en el pueblo conoció gente muy buena. En su nueva vida empezó a leer mucho sobre filosofía, sobre la mente, y después comenzó a estudiar técnicas de meditación. Meditar no es tan fácil como lo venden algunos y lleva mucho tiempo y práctica, pero lo que a él le sobraba ahora era tiempo y vivía en un entorno muy favorable para esas prácticas. Con el tiempo alcanzó a meditar profundamente. Ese día se sentía tan bien que comenzó su práctica por la tarde y la continuó aunque ya se había hecho noche. 

Su consciencia estaba expandida y no se sentía separado de las cosas que lo rodeaban, se sentía unido a ellas; pero percibió que algo en el entorno tenía una energía diferente. Abrió los ojos y notó movimiento allá abajo. Todavía estaba meditando pero casi salió de ese estado al ver lo que era. En la base de allá abajo, en la terraza natural, un ser enorme, grotesco, de cabeza desproporcionadamente grande hurgaba entre las rocas de la base de la barranca: era un troll. El troll se llevaba una piedra a la boca cuando pareció notar algo y movió su cabeza hacia varios puntos. Gracias a la claridad mental que tenía en ese momento Gonzalo comprendió sin pensarlo que tenía que permanecer completamente sereno para que el troll no lo notara. Aquel ser no era del todo de este mundo y podía percibir la energía humana; pero si Gonzalo mantenía aquel estado de “unión con todas las cosas” su energía mental no lo delataría. Supo también que normalmente aquel ser no representaría un peligro para él ni para nadie, pero en esa situación si lo sorprendía podía reaccionar agresivamente.

Después de mirar hacia todos lados el troll quedó como desconfiado. Se metió la piedra en la boca pero la masticó vigilando su entorno. Después volvió a buscar entre las rocas y eso pareció distraerlo. Ahora elegía una roca y la comía mientras buscaba otras inclinado hacia la barranca. Finalmente pareció agotar las que le gustaban y se marchó arboleda abajo. Gonzalo no se movió ni perturbó su estado mental hasta un buen rato después de que dejó de escuchar el pesado andar de aquel come rocas. Regresó a su cabaña sintiéndose increíblemente bien por la prolongada meditación. Desde ese día procuró no estar hasta tan tarde en el bosque para no importunar a su vecino de extraño gusto gastronómico.  

3 comentarios:

  1. De verdad amigo, en la actualidad el día a día de millones de personas transcurre así. Con ese ritmo agitado, comiendo chatarra y ni si quiera la disfrutan porque van apurados. Cirriendo de aqui hacia allá, estresados a mas no poder. Lo peor es que tienen dinero y bienes, pero quieren mas. Por eso es bueno tener un dia de relajamiento mental. Hay gente que no disfruta el presente sin saber si habrá un mañana, por eso hay que aprovechar todo lo que se pueda de un dia. Pobre Gonzalo, casi no la cuenta, pero al menos ya salio de esa vida tan agitada, incluso conoció a un auténtico troll. Su unión con la naturaleza fue tan fuerte, que el troll no lo percibió al principio y lo tomó como uno mas del bosque. Al menos elbtroll de esta historia no escapó para siempre de su hábitat, como ocurrió en uno de tus relatos anteriores, donde el troll se descubrió observado y desapapreció. Un interesante cuento master. Espero que Gonzalo siga por ese camino y que muchas personas dejen esa vida tan atareada. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venenzuela!

    ResponderEliminar
  2. Sí, dinero necesitamos todos, a no ser que vivamos como Tarzán ¡Jaja! pero hay gente que es esclava del dinero y ni lo disfrutan bien.
    Este cuento fue bastante tranquilo, todos salieron bien. Tuvieron suerte los personajes ¡Jeje! Gracias, Ongie. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Saludos, Jorge. Vaya suerte...

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?