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jueves, 28 de abril de 2016

El Pastor

¡Hola! Este cuento tiene un final abierto. Solo es el nacimiento de un personaje. Aviso por si no soportan finales así ¡Jaja! Gracias.


Las ovejas avanzaban en rebaño por la ladera de un cerro y Enrique no las perdía de vista. Su largo bastón lo ayudaba a desplazarse por aquel terreno difícil. Más abajo se desparramaba una pradera verde atravesada aquí y allá por arroyuelos que pasaban al lado de algunas arboledas. El sol estaba bastante fuerte y el pastor sudaba siguiendo al rebaño. Algunos corderos pequeños daban brincos de contentos y enrique se entretenía viéndolos corretearse entre ellos. No descuidaba a sus ovejas pero a veces se quedaba mirando hacia arriba porque unos curvos andaban volando en círculos...
No muy lejos debía haber algún animal muerto, tal vez una cabra que descuidó un pastor no tan atento como él. Enrique tenía veinte años y era de constitución fuerte. Por familia solo había tenido a su abuelo. El anciano se había ido de este mundo muy tranquilo porque le había enseñado cuánto sabía a su nieto, ya fueran cuestiones de trabajo, cría de animales, construcción, vivir de la naturaleza, o técnicas para defenderse a mano limpia, con bastón o cuchillo; además confiaba en la inteligencia del muchacho. Desde hacía varios años Enrique se dedicaba a cuidar ovejas, y pasaba días enteros caminando por las praderas y las faldas de los cerros.

Cuando el sol se hizo intolerable dirigió el rebaño a una arboleda y allí se sentó a almorzar. Él siempre estaba atento, aún así alguien lo sorprendió mientras se encontraba sentado bajo un árbol pelando un queso. El sobresalto hizo que casi se cortara un dedo con el cuchillo. Se puso de pie bruscamente y con el cuchillo en una mano y el queso en la otra quedó frente al intruso. Era un viejo medio jorobado que parecía estar disfrutando del susto que le había dado porque sonreía abiertamente. Después el viejo señaló una oveja con un dedo largo y arrugado, amarillento, y con una voz quejumbrosa le dijo:

—Buen día. ¿Me darías esa oveja?
—Buen día, señor. No es mía, ninguna lo es, yo solo las cuido —le aclaró Enrique aún algo sorprendido, y sobre todo, desconfiado.
—No importa. Dame una y después dices que la perdiste —le propuso el viejo con evidente malicia en la cara.
—No haría eso por nadie y mucho menos por un desconocido que solo se aparece así. Si quiere le doy un trozo de esto, y también tengo pan y algo de...
—¡Guárdate tu pan duro, pastor, y tu queso rancio! ¡Jajaja! ¡Ya verás, muchacho, ya verás...! No sabes con quién te has metido —se alejó amenazando el viejo.

Enrique comprendió que el extraño había hecho aquello con mala intención. Hacerle una petición semejante fue solo una excusa para enojarse y amenazarlo. Había observado una conducta así pero en gente poderosa, algunos señores dueños de castillos, aunque el de él era bastante bueno. Lo que no comprendió fue qué poder podía tener aquel anciano como para andar con aquellos aires, si lucía más harapiento que él. Se le ocurrió que debía ser solamente un viejo, pero por las dudas cambió el rebaño a otra arboleda y recién allí comió lo que llevaba, y a cada rato vigilaba su entorno, ahora más atento todavía. Tampoco comprendía cómo aquel petulante lo había sorprendido de esa forma. En el lugar donde estaba ahora había muchas formaciones de rocas entre los árboles. No era el sitio ideal pero desde aquellas sombras podía vigilar la pradera que lo separaba de la otra arboleda.

No mucho después se levantó para seguir con el pastoreo. Todavía no salía de la arboleda cuando una sombra enorme pasó sobre él y los animales, y seguidamente sintió un ruido muy fuerte y un viento terrible que venía de arriba lo hizo agacharse. Los árboles se sacudieron hacia todos lados y el entorno se volvió una confusión entre aquel ruido rítmico y muy fuerte. Lo producía algo muy grande mas el muchacho igual se imaginó a una cosa aleteando sobre la arboleda. Al mirar hacia arriba confirmó lo que su mente había imaginado. Un dragón enorme y oscuro aleteaba suspendido en el aire mientras miraba hacia abajo con su largo cuello moviendo la cabeza como si buscara algo. Las pobres ovejas no sabían hacia dónde correr y solo se juntaron lanzando gritos. Enseguida fueron el blanco de una llamarada que vino de arriba y se expandió por casi toda la arboleda. El pastor apenas tuvo tiempo de ocultarse tras una roca antes de que las llamas llegaran hasta allí.
A pesar de aquella protección igual se creyó muerto porque no podía escapar al descampado sin que el dragón lo viera, y si no lo hacía iba a arder con todo el lugar. Pero en aquel instante tan dramático vio que en la base de la roca donde se resguardaba había una abertura. Se metió en ella arrastrándose con la intención de esconderse y descubrió que era más profunda de lo que parecía. 

Aquella grieta en la roca iba hacia abajo pero en un ángulo bastante leve. Se arrastró hasta que llegó al fondo, una caverna pequeña, y al mirar hacia arriba en la claridad cruzaban llamaradas que abrasaban todo. Fuera de su salvador refugio seguía el horrible aletear del gigantesco dragón. Cuando el lugar entero era una hoguera aquellas alas enormes se elevaron y después se alejó. Unas horas más tarde, con el sol ya cerca de esconderse tras un bosque lejano, de aquel lugar quemado surgió una figura. Ni un tronco se mantenía en pie y algunos todavía ardían. El fuego fue intenso pero no había consumido completamente a las ovejas, todavía tenían carne utilizable. El pastor cortó un buen trozo y se alejó comiendo. Pensó que una comida extra no estaba de más porque no sabía qué castigo le iban a imponer. El dueño del rebaño era bueno pero en esa época a los pobres no les dejaban pasar así nomás una falta. Ya daba por seguro que nadie le iba a creer la historia del dragón. Cuentos sobre esos monstruos voladores abundaban y casi todos creían en ellos y en un montón de cosas más, pero cuando él les contara lo que le pasó seguro se iban a mostrar escépticos. 

No legó al caserío donde vivía porque de lejos vio que estaba ardiendo en llamas junto al castillo que se erguía más allá en una cima. El dragón estaba atacando la región. Al llegar la noche la claridad del incendio recortó la figura de enrique en una loma. Como pobre que era no era instruido pero había nacido con el don de razonar, usar el poder de su mente para comprender las cosas. Aquel monstruo alado no podía ser una animal como otros, no era algo natural, por lo tanto debía pertenecer al mundo de la magia. Era un ser creado o invocado por un hechicero, un brujo, y ese hechicero tenía que ser el viejo que lo amenazó. 

Cuando la noche enfrió buscó refugio en un matorral. Por la noche soñó con fuego y con la carcajada del viejo. Por la mañana partió rumbo a un poblado que conocía. Ahora lo único que tenía en el mundo era lo que vestía y lo que llevaba en el zurrón (bolso), eso no lo afectó porque de todas formas no tenía mucho y estaba viviendo solo. Lo único que tenía ahora era su deseo de venganza. Por el camino se cruzó con un grupo grande de caballeros y campesinos que parecían marchar a la guerra. Un caballero metido en su armadura y montando un corcel se acercó a preguntarle con tono autoritario al tiempo que lo señalaba con su espada:

—¿Tú has visto al dragón? ¡Contesta!
—Sí. Arrasó con el rebaño que cuidaba y quemó el castillo y la aldea de allá atrás —le contestó Enrique tranquilamente. 
—Entonces debes unirte a nosotros. Vamos a dar caza a ese dragón. 
—Suerte con eso. Yo tengo mi propia misión pero el fin va a ser el mismo.
—¿De qué hablas, simple? ¿Acaso enloqueciste de miedo?
—Deja al muchacho en paz, solo es un pastor —intervino otro caballero que pasó sobre su caballo. 

El primero hizo un gesto de desprecio y envainó su espada para acto seguido apurar a su caballo. Cuando se alejaron de él Enrique volteó hacia el grupo:

—No voy a cazar a la mascota, voy por su dueño. 


5 comentarios:

  1. ¡Jajaja! Claro, cualquier día de estos. Gracias. ¡Saludos!

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  2. Hello, Jorge. Como ya sabes no soy fan de los finales abiertos pero con este te la comiste, fue épico... No voy a cazar la mascota voy por su dueño.


    Stephanie

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  3. Hola. No sé si es algo bueno lo que dices pero voy a asumir que sí ¡Jaja! Muchas gracias. Saludos!!

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  4. Buenisimo.... pero que feo viej3cillo tan aprovechado...

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