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domingo, 17 de abril de 2016

El Restaurante

Unas simples palabras hicieron que la mente de Gustavo sufriera una tormenta de sensaciones desagradables y eso lo hizo caer como un muñeco de trapo...
 
Aún joven pero ya divorciado, Gustavo estaba pasando ahora por una etapa bastante dulce, estaba disfrutando de su soltería. Había subsanado uno de los inconvenientes de quedarse solo al encontrar un pequeño restaurante donde podía comer bien y barato. El ambiente del restaurante no podía ser más sencillo pero daba la impresión de que todo estaba muy limpio. Lo atendían sus propios dueños; el hombre cocinaba y la mujer atendía los pedidos. Los platos eran sencillos, recetas hogareñas, y las porciones eran abundantes. A Gustavo le gustaban principalmente los estofados de carne, las albóndigas con fideos, las milanesas y las chuletas de cerdo con arroz.

Y había otra cosa que le gustaba del lugar. La mujer, que era joven y bastante linda, era muy simpática y sonriente. Tuteándolo siempre le hacía sugerencias, intercambiaban algunas palabras sobre el clima, sobre algún tema de moda, cosas triviales pero que hacían más agradable la estancia. Gustavo reconocía que el trato entre los dos había evolucionado al hacerse él cliente regular, y eso era algo comprensible que no significaba otra cosa; pero a veces él sentía que había algo más, algunas miradas muy profundas, el volverse y sonreírle sobre el hombro, pequeños detalles. Él no pensaba complicarse la vida con una mujer cuyo marido era un gigantón que aparecía siempre tras la puerta de la cocina con un cuchillo o una hacheta en la mano, solo disfrutaba de esa idea y la consideraba cuando mucho un posible quizás. Pero igual esa era otra razón para ir al lugar.

Y lo barato de sus platos favoritos era otra razón poderosa porque su bolsillo se lo agradecía. Pero todo eso estuvo en peligro un mediodía. Como no había otros clientes ella se había detenido a conversar con él un poco más de lo habitual. Estaban en eso cuando Gustavo de pronto se dio cuenta de que lo observaban; el cocinero estaba ocupando casi todo el marco de la puerta que daba a la cocina, y como siempre, tenía un cuchillo enorme en la mano. Ella también se dio cuenta y se alejó sin decir más. El enorme cocinero la llamó con un gesto brusco de su cabeza y ella fue hasta él, cerraron la puerta. Gustavo estuvo a punto de huir pero se contuvo. Después llegaron otros clientes y la mujer salió a atenderlos como si nada. Pasado eso él tuvo serias dudas sobre si volvía al lugar. Decidió volver una vez más y le pareció que la cosa no había pasado a mayores. Siguió comiendo allí todos los días. 

Un día, degustaba en el restaurante un corte de cerdo asado cuando la policía irrumpió en él. Algunos quedaron vigilando a los clientes mientras le decían que permanecieran calmados y salieran ordenadamente, otros entraron atropelladamente a la cocina y a los gritos redujeron al grandulón con sus armas. La mujer también se encontraba en la cocina en ese momento. Los oficiales salieron de allí con los dos esposados y rodeados de agentes. Gustavo estaba en la vereda cuando escuchó que uno de los policías le comentaba a otro:

—Por fin agarramos a estos malditos asesinos caníbales. 

Al instante Gustavo recordó lo particular que era aquella carne de cerdo y todos los platos con carne. Sintió un mareo repentino y cayó desmayado.    

9 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Pero que desagradable sensacion debio haber sentido el pobre Gustavo!. Una carne barata y deliciosa resultó ser humana y sin contar que estaba sintiendo atraccion por una caníbal. Vaya, y de la que se salvó Gustavo, ya que el tambien pudo haber formado parte del menú de ese lugar si ese gigantón se hubiese ensañado con el. Probablemente la mujer tambien le hablaba porque estaba atiernando la carne, jaja!. Pero de verdad, debe ser horrible saber que tus platillos favoritos, económicamente accesibles, deliciosos y servidos en un buen ambiente sean carne humana. Bueno, se han visto casos, esto demuestra que cualquier carne, debidamente preparada, puede consumirse sin notarse la diferencia jaja!. Ya estoy sonando como un caníbal. Una muy buena y sorprendente historia master, te quedó de lo mejor!. Quien sabe en cuantos lugares del mundo podrían estar haciendo esto. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Sí, Gustavo bien pudo pasar de ser cliente a ser mercancía ¡Jaja!
Dicen que no es muy diferente a la del cerdo, después de todo solo somos animales. Gracias Ongie. Saludos!!

sharoll dijo...

😮 deberías escribir mas sobre esto..te quedo de pelicula..así paso en Nicaragua de donde soy originaria.solo que en.vez de personas eran carne asada de perro...menudo asco la gente que le dio su probadita .

Jorge Leal dijo...

¿De perros? Eso sí que no tolero, prefiero que sea de gente ¡Jaja! No, carne he comido de muchas especies pero tengo un límite ¡Jaja! Y la verdad, no es un tema sobre el cual me interese escribir mas. Gracias por tu comentario. Saludos.

Belén Duran dijo...

Wow.... y si los hay.... hay hasta libros de como cocinar y preparar carne humana... le llaman cerdo blanco

Jorge Leal dijo...

¿Y para qué compraste ese libro, Belén? ¡Jajaja! Gracias. Saludos!!

Anónimo dijo...

Gustavo fue todo un suertudo porque fácilmente pudo formar parte del menú...

Maria Cruz Montiel dijo...

Pues por algo le daban tan barata y tan abundante la comida, creo que por algún tiempo no voy a ir a comer a ningún restaurante y mucho menos carne

Jorge Leal dijo...

A los vegetarianos este cuento no les hizo ningún efecto ¡Jaja! Solo a los carnívoros. Gracias, Maria. Un abrazo.

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