¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

miércoles, 13 de abril de 2016

El Valiente

Joaquín empinó la última copa y la mantuvo así hasta que las gotas dejaron de resbalar por el cristal. Eructó satisfecho y se levantó trabajosamente para después ponerse a tantear sus bolsillos.  Le pagó al dueño del local con unos billetes todos arrugados y varias monedas y después se marchó silbando. La noche le dio una bofetada de aire frío apenas salió a la calle y tuvo que poner las manos en el abrigo...
El pequeño pueblo estaba completamente dormido y hasta los perros más ladradores estaban metidos en sus casas. Allí nadie dejaba las luces encendidas y no había alumbrado público, pero a pesar de eso la noche estaba clara porque había luna llena. Joaquín quiso anunciar su retirada del pueblo cantando pero como no se acordaba de ninguna canción siguió improvisando con su silbido. Dejó las viviendas atrás y siguió por un camino de tierra desolado. 

El juerguista enterró más las manos en los bolsillos después de prenderse hasta el último botón del abrigo aunque este lo ahorcaba un poco. La claridad de la luna estaba helada. Deseó llegar cuanto antes a su hogar pero todavía le faltaba mucho. Miró casi con cariño los pastos de los costados. Si fuera verano se acostaría allí mismo como tantas veces pero con aquel frío eso no era posible. En los costados del camino solo había campo y algunas arboledas aisladas que eran un refugio para el ganado. Una de esas arboledas estaba contra el camino y cuando Joaquín llegó hasta allí, de una parte en donde las sombras huían de la mirada de la luna sonaron unas pisadas. El hombre volteó hacia el ruido y se detuvo sorprendido al ver una cabeza de grandes ojos brillosos saliendo de esas sombras. Por un instante le pareció que era algo de patas muy separadas y delgadas que tenía un torso corto y ancho. Después su mente le dio sentido a aquella figura grotesca y se dio cuenta de que estaba viendo de frente a una vaca. Quiso echarse a reír pero interrumpió su risa enseguida porque no le gustó el eco que esta produjo. 

Más adelante en el camino se sintió ofendido. ¡Él asustarse de una vaca! ¡El que era tan valiente! Tuvo toda la intención de volver y arrojarle una piedra pero ya había avanzado mucho. Nadie lo había visto ni se iba a enterar de aquello pero él igual sintió que su valentía había sido puesta en duda. Como para remediar eso, cuando se vio frente a un sendero que nadie frecuentaba siguió por él para demostrar que no le tenía miedo a nada. El sendero ciertamente le ahorraba mucho camino pero nunca había cortado por él porque todos los viejos afirmaban que estaba embrujado.

Su comienzo y su fin comenzaban con subidas y el resto se encontraba en una zona baja, por eso, a menos que uno se internara un poco en él no se podía ver qué había en su recorrido, y como a nadie le interesaba caminar ni un metro por allí el lugar era un misterio. Joaquín, que se creía valiente estando sano o ebrio, había rehusado los desafíos de ir hasta allí porque le parecía una tontería, para él todo lo que decían eran cuentos, ficción de viejos aburridos y mentirosos. Ahora él mismo se había desafiado.

Casi se arrepintió al subir la cuesta porque era bastante empinada. Ya en la cima miró lo que había allá abajo. No vio mucho porque todo el lugar estaba cubierto por una bruma que la luna hacía resplandecer por todo aquel bajo. Dudó un poco, miró hacia atrás, pero finalmente su orgullo pudo más y bajó por el sendero. La atmósfera del lugar era inquietante porque las cosas solo se distinguían a medias en la niebla; algunas ramas de árboles que parecían brazos muy delgados estirados hacia el camino, unos bultos sospechosos, rocas tal vez, y unos tocones de troncos retorcidos que por instantes les veía una forma concreta y aterradora, la de un hombre sentado en el suelo, o uno parado con los brazos y las piernas juntas y sin cabeza. 

Joaquín empezó a temblar y no era por el frío. El lugar le resultó pavoroso y para salvarse hasta se acordó de algunos rezos. Arrepentido de haberse metido por allí, le prometió a todos los santos que recordó que si lo ayudaban a salir de allí ileso y cuerdo iba a ser una mejor persona. Igual le parecía que en cualquier momento algo horrible le iba a saltar desde atrás y prenderse en su espalda para enloquecerlo al gritarle espantosamente al oído. Con esos pensamientos terribles llegó a una cima donde la niebla se disipaba. Hizo otro tramo corto y alcanzó el otro camino. Después de alejarse se detuvo a reír por el mismo susto que tenía. Cuando llegó finalmente a su hogar ya había olvidado todas sus promesas. Desde esa noche se sintió más valiente y en el pueblo contó un relato distorsionado de su aventura por el sendero embrujado. Decía que había insultado y desafiado a cualquier espíritu, aparición, bruja o lo que anduviera por allí y que nada se animó ni a asomarse.

Unos días después, andando a pie por el camino de tierra pero de día, al llegar a la arboleda recordó a la vaca. Como era un bribón, juntó un par de piedras y cruzó el alambrado para vengarse del animal que lo asustó, a él, que no le tenía miedo a nada y hasta atravesó el sendero embrujado. La arboleda era pequeña y estaba rodeada de un alambre bastante nuevo y con púas, y en el fondo tenía un portón que estaba atado con cadenas. No encontró ni una vaca allí. Se imaginó que la habían cambiado de lugar. Cuando regresaba al camino pasó por el lugar exacto donde la vaca salió de las sombras. Al mirar el suelo y buscar en derredor sintió como un vértigo de terror. A pesar de que el suelo era blando y no había llovido desde hacía muchos días no había ni una huella de vaca ni de otro animal grande en toda la arboleda.  

3 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Jaja!, parece que Joaquín si tuvo su encuentro sobrenatural esa noche. Vaya, no por ser valiente cada uno se salva. Pobre Joaquín, su cara debio haber sido un poema, al darse cuenta de que la supuesta vaca debio ser otra cosa. Al final, ser valiente sin saberlo fue bueno, ya que de haber sabido esa misma noche que la vaca no era lo que parecia, no hubiese pensado meterse en ningún sendero ni lanzarle piedras, incluso, es probable que no la hubiese contado. Hay que ser valientes, pero tampoco hay que abusar. Master, alguna vez te habías visto en una situacion como la de Joaquín?. Y que hubieses hecho si al querer vengarte de un animal que te asustó, te dieras cuenta de que habia algo anormal?. Yo no se que havria hecho, pero de lo que si estoy seguro es que terminaria bien asustado, jaja!. Una magnífica historia, Joaquín si que tuvo un buen susto por quedar como valiente. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

No me vengaría de un animal por haberme asustado, de hecho, una vez un caballo lo hizo (muy fugazmente), y en parte el cuento sale de ahí. Lo cambié por una vaca porque ya hice bastante de caballos.
En una arboleda, estando casi de noche, vi al caballo de frente y por un momento me pareció que era un hombre pero raro ¡Jaja! y en ese instante me acordé que un tipo se había ahorcado muy cerca de allí, a metros. Nunca voy a olvidar ese día porque estaba esperando que se hiciera noche porque se me había roto el pantalón ¡Jajaja! Por suerte en mi barrio todavía no había luz en en la calle ¡Jaja! Gracias. Saludos Ongie!!

Anónimo dijo...

Después de todo si había vivido una experiencia paranormal.

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?