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jueves, 14 de abril de 2016

Jabalíes

La piara de jabalíes se movía por una colina, y entre ellos había uno bastante raro. Jeremías estaba en una colina opuesta a esa y, escondido entre unos arbustos los veía a través de una mira telescópica. El macho principal, que iba adelante, tenía el lomo casi gris y era enorme...
Atrás marchan jabalíes de todos los tamaños. Los pequeños se apuraban por seguirle el paso a las madres mientras otros más grandes y prudentes caminaban olfateando el aire y se comunicaban emitiendo sonido por la nariz. En ese grupo iba uno de tamaño mediano que era completamente negro, pero no fue su color lo que llamó la atención de Jeremías. El cazador ajustó la mira porque no lo podía creer. Parecía que tenía una especie de coraza por todo el cuerpo. En las articulaciones tenía como unos pliegues que le permitían moverse con soltura, pero el resto parecía duro como una caparazón, y sus colmillos eran formidables. Al observar a otros del grupo vio que algunos tenían características parecidas. Volvió a apuntarle al más raro porque si simplemente contaba aquello nadie le iba a creer. El animal parecía acorazado pero el hombre tenía un rifle de alto poder con balas blindadas y por su experiencia creyó que lo iba a atravesar.

El disparo espantó a la manada y todos corrieron velozmente, incluso el que había sido el blanco. Enseguida todos desaparecieron dispersándose por los matorrales. Jeremías bajó la colina en donde se hallaba y subió a la otra. Sabía que le había dado y esperó ver alguna mancha de sangre pero no encontró ninguna, mas lo que sí halló fueron unos restos pequeños de la bala. Se quedó rascándose la cabeza un momento. Por la distancia y el poder de su arma ni un chaleco blindado resistiría aquel impacto. Intentó seguir a la manada pero ya se habían alejado mucho. Como sospechaba, cuando contó su historia nadie se la creyó al pie de la letra, sobre todo la parte del jabalí completamente blindado. Él sonreía un poco enfadado y decía que algún día iban a ver que era cierto. Confiaba en eso porque vio a varios de los del grupo con esas características y pensó que pronto habría otros iguales a aquel, porque si en algo son buenos esos animales es en hacer otros como ellos.

No tuvo que esperar mucho tiempo para escuchar un relato parecido al de él. Otro cazador del pueblo se topó con uno negro y de cuero muy raro que tampoco pudo matar. Y un tiempo después llegó a sus oídos otra historia muy similar. En otra ocasión un lugareño juraba por sus padres que le había descargado toda una ronda a uno negro que tenia caparazón. Tan solo un año después de su encuentro el avistamiento de esos ejemplares era un tema común en el pueblo. Algunos le avisaron a las autoridades pero estos lo desestimaron por creer que solo era una especie de leyenda que se estaba gestando, un historia como la de Pie Grande u otros monstruos, ficción popular sobredimensionada. Pero Jeremías sabía que no era eso y se empezó a preocupar.

En la zona vivía una mujer mayor que era bióloga, una profesora jubilada. Se había mudado a aquel lugar tranquilo junto a su marido hacía muchos años y Jeremías los conocía bien. Un día les hizo una visita al atardecer y mientras tomaban café en la sala él le preguntó a ella:

—Te voy a hacer una pregunta. ¿Qué tan adaptable son los cerdos y los jabalíes?
—Mucho, sorprendentemente adaptables —afirmó ella—. Cuando un cerdo de estos de corral se escapa a la vida salvaje, además de sobrevivir muy bien se adapta, les sale más pelo e increíblemente su hocico cambia, se acomoda para escarbar en zonas más duras. Y como tú bien debes saber, si uno de esos se cruza con otro cerdo asilvestrado sus crías apenas se van a diferenciar de un jabalí. 
—Sí, eso lo sé. Pero digo, si en alguna zona como acá, que son plaga, la gente les disparara mucho pero muchas veces con municiones inadecuadas o con las correctas pero que igual un buen número de ellos sobreviviera y después tuviera crías, ¿crees que podrían evolucionar reforzando su cuerpo?
—Sí, sin ninguna duda.
—¿Se endurecerían tanto como para resistir un disparo muy potente?
—Bueno, a ese nivel no sé —reconoció la mujer.
—Tú estás hablando de los jabalíes negros —intervino el esposo de la bióloga, con la taza de café ya casi sobre sus labios. 
—Sí, y sé que son muy resistentes no por cuentos de otros, yo le disparé a uno y lo vi muy bien. Sé que se adaptaron, mi duda era si se trataría de una mutación rara o simple es una adaptación aunque extrema.

Los tres quedaron pensativos mientras sorbían su café. La ex profesora fue a decir algo y se contuvo, como pensándolo mejor, y finalmente dijo:

—Si el caso fuera tan extremo como tú dices, se me ocurre que no solo se harían más resistentes, también serían más astutos porque su depredador, nosotros, somos muy inteligentes. Y puede que, aunque tal vez ya esté conjeturando mucho, que evolucionen no solo para huir del hombre, sino también para atacarlo.

Los tres volvieron a sumirse en sus pensamientos. Afuera ya había oscurecido y en los bosques cercanos se movían entre las sombras unos bultos enormes que se pechaban entre si de tantos que eran, y entre gruñidos cortos olfateaban rumbo a las luces de la ciudad.  

3 comentarios:

  1. Tomala.... la venganza de los jabalies...

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  2. Es el comienzo del planeta de los jabalíes ¡Jaja! Gracias. Salu2!!

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  3. Wow que se preparen porque salvarse de esos jabalíes no será fácil.

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