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martes, 19 de abril de 2016

Los Carroñeros

¡Hola! Esta historia es la continuación de "Un Amor En El Apocalipsis". Para ti, Ongie, porque parece que solo a ti te gustó ¡Jaja! Hasta aquí llega lo que voy a subir. Gracias.




La devastación de la ciudad era tal que había captado toda la atención de Patricia, por eso al mirar hacia arriba se horrorizó de nuevo:
—¡Son tornados! —gritó Patricia señalando hacia el descontrol de nubes que luchaban allá arriba, e involuntariamente se abrazó a él.
—No, están muy alto, serían otra cosa, están muy arriba. A menos que esas nubes bajen no van a tocar tierra. Mejor no los mires. Si bajan, será nuestro fin. No quiero mentirte, es mejor estar preparado, todo esto me parece muy extraño, esas formaciones son imposibles. Pero a pesar de todo lo que pase, si quieres cuenta conmigo, y te aseguro que voy a hacer todo lo que pueda para ayudarte...

—Gracias. Me gustaría que te quedaras conmigo sí. Supongo que los dos podemos ayudarnos. Marcelo, aunque ahora no te parezca porque estuve muy confiada con vos, por lo general tiendo a ser desconfiada de la gente, supongo que por vivir en una ciudad grande; pero confío en vos. ¿Qué hacemos ahora?
—No me extraña que confíes. Generalizando, los gente del interior, tanto los de aquí como los de mi tierra, somos más confiados que la gente de la ciudad y supongo que eso se siente y hace que confíen en uno. Además, en nuestro caso, despertamos bajo el mismo techo ¡Jaja! Vaya, que linda sonrisa.

Por un instante los dos se contemplaron los rostros de cerca, abrazados en una escena que no encajaba con aquella devastación. Patricia contaba veintidós años. Tenía el pelo negro al igual que los ojos aunque su piel era clara. Sus labios podría decirse que eran perfectos, carnosos y algo colorados. Su cuerpo era la encarnación de la voluptuosidad, curvas naturales acentuadas con el ejercicio; él era apenas mas alto que ella y era mas moreno, piel marcada por el sol, ojos marrones, mirada calma. Era delgado pero con los músculos bastante desarrollados en los brazos y los hombros. No era un físico hecho en un gimnasio, era un cuerpo forjado en el rigor del trabajo rural desde la niñez.

Cuando alguien pasó al lado de ellos volvieron a la fea realidad en que se encontraban. Marcelo volvió a mirar en derredor. Aquella extraña tormenta o lo que fuera representaba otra dificultad. Sin aquello amenazando desde arriba no hubiera dudado en buscar un lugar mas abierto, por si había alguna réplica. Alzó la vista. ¿Estaría viviendo una pesadilla? No, era la realidad. Escudriñó todo el cielo que podía divisar. Si aquella cosa bajaba la ciudad iba a ser reducida a polvo, lo mismo daba estar en cualquier lugar, pero si se mantenía arriba era mejor estar en un lugar más abierto, a salvo de las réplicas.

—Patricia, dijiste que vivías a una cuadra de aquí, ¿cuál edificio es?
—Aquel, aquello —le respondió Patricia, señalando el lugar sin mirarlo directamente.
Lo había llamado aquello porque ya no era un edificio, solo un montón de escombros.
—¿Quieres ir a algún lugar? ¿Tienes parientes por aquí?
—Vivía ahí con una amiga, pero cuando esto pasó ella debía estar adentro, así que seguramente está... y mis parientes no están aquí, viven en Córdoba. Lo mismo me da, son solo tíos y primos, y nunca tratamos mucho. Mamá me crió sin que ellos ayudaran, y ella falleció hace varios años ya. Ella era profesora de gimnasia, y por suerte trabajaba bien, aunque claro, cuando se enfermó... pero yo ya era grande y pude ayudarla  —todo esto Patricia lo dijo con lágrimas en los ojos.

Marcelo comprendió que ella estaba sola. También se dio cuenta que Patricia tendía a hablar de mas cuando estaba nerviosa. Ya sentía que la conocía muy bien aunque le resultaba algo curioso que aquel espíritu habitara dentro de un cuerpo tan exuberante de belleza. Pensó después que en cuanto a gente de ciudad se trataba, lo que él creía de ellos en parte estaba influenciado por impresiones erradas.

—Lamento lo de tu madre. Yo todavía tengo a mis viejos... supongo. Ellos viven en el campo, no puedo creer que esto los afectara también, no puede ser. Bueno, lo que tenemos que hacer, me parece, es salir de aquí, de la zona con mas edificios, e ir hacia un lugar abierto. Ahí es donde puede llegar la ayuda. ¿Hacia dónde hay un parque de esos grandes? Y mejor, que esté rumbo al Río De La Plata. Sé que pasé por uno pero no recuerdo  hacía dónde era. En la ciudad no me oriento bien, y ahora menos.
—Hacia allá estaría el Parque Avellaneda. Estamos a un montón de cuadras, pero un lugar de ese tamaño mas cerca no hay, a no ser que fuéramos por... no, ese es el lugar más cercano.
—Iremos hacia ahí entonces, aunque no creo que podamos llegar antes de la noche porque con estas nubes va a anochecer temprano. Y que frío se está poniendo, y nosotros de manga corta. Andando, a ver si entramos en calor.

Los tramos de las calles que no estaban obstruidos por los escombros se encontraban despedazados, con trozos asomando como los husos de una fractura expuesta o con hundimientos de una parte, y abundaban las grietas de todos los tamaños. Los dos jóvenes era ágiles, y a pesar de que las bolsas que llevaban los estorbaban un poco, lograban equilibrarse, saltar y caminar por terreno escabroso mejor que la mayoría de los polvorientos pobladores que avanzaban hacia algún lugar a duras penas. Entre toda aquella destrucción no faltaban los muertos. Patricia torcía la cara hacia un lado cuando divisaba a uno; Marcelo solo iba serio, concentrado en el terreno.

Cuando alcanzaron una zona de montañas de escombros más pequeñas, que habían sido casas o comercios de un par de pisos, se encontraron con que mucha gente estaba saqueando los lugares. Patricia no se sorprendió, y Marcelo ya estaba calculando algo así. Algunos parecían no entender la situación en la que se encontraban y huían cargando electrodomésticos en los brazos, aparatos que seguramente estaban rotos. Otros se llevaban todas las botellas que podían, aunque un buen número estaba robando comida. Marcelo pensó que sin saberlo, probablemente esa gente estaba haciendo lo correcto. Ahora estaban saqueando por oportunistas, mas con una ciudad tan grande completamente destrozada, después de un par de días inevitablemente iban a tener que recurrir a esa práctica. Todo el escenario se prestaba para eso. Pronto todos los sobrevivientes serían “carroñeros” escarbando en los despojos de los comercios. El cuánto iba a durar aquello iba a depender de la rapidez de la ayuda y de que otras ciudades no estuvieran igual. Solo tenía que mirar hacia arriba para creer que era muy probable que todas las ciudades estuvieran así.
Con la cercanía de la noche la temperatura se fue desplomando. Al pasar frente a un comercio derruido que había sido una tienda que también estaba siendo saqueada Marcelo le dijo a Patricia:

—Tenemos que sacar algo para nosotros. Estoy seguro de que esto va a helar. Nos mataría la hipotermia. Tenemos que hacerlo.
—Bueno. Yo ya estoy helada, apenas siento las manos.

Él se puso a rebuscar entre los escombros moviendo con gran facilidad incluso unos pedazos grandes. Ella lo ayudó y demostró que su fuerza tampoco era poca. Lo primero que encontraron era ropa que no les entraba pero él dijo que igual podían darle uso. Hallaron finalmente unos abrigos que tuvieron que sacudir bastante antes de poder ponérselos. Mientras buscaba Marcelo observó a las demás personas que rebuscaban por allí. Era como una manada haciendo algo en común pero se notaban algunas miradas poco amigables. Dos señoras tomaron una misma prenda casi a la vez y empezaron a discutir cada una tirando para su lado. La disputa se terminó cuando un joven pasó a la carrera y les arrebató la prenda. Si situaciones así sucedían solo unas horas después de aquel horror, mucho peor sería después de unos días. Y cada vez que él evaluaba todo volvía a pensar que había demasiados vivos para el nivel de destrucción de aquel fenómeno. 

La temperatura seguía bajando en picada. La gente empezaba a reunirse en torno a los restos todavía llameantes de los incendios buscando calor mientras especulaban qué estaba pasando. Patricia quiso quedarse en uno de esos lugares pero él le dijo al oído que era mejor no quedarse porque pronto iban a empezar a pelear por esos lugares. Ella confió en él y un poco más adelante vio que una situación así ya estaba pasando en otro incendio. Se detuvieron frente a los restos de lo que parecía ser una tienda deportiva. 

—Tenemos que hacernos de unos buenos calzados —le dijo Marcelo—. En cualquier situación de supervivencia la salud de los pies es muy importante, y más aquí entre todos los escombros.
—¿Buscamos botas entonces?
—Sí, de las que vienen para cazadores, no las de lluvia.

Ya había oscurecido tanto que algunas cosas tuvieron que distinguirlas con la llama del encendedor. Buscando entre una pila de cosas Marcelo encontró lo que debía ser un exhibidor con cuchillos y machetes. Tomó varios y los envolvió en una prenda. Patricia halló un par de mochilas. Al encontrar botas de su medida se las calzaron allí mismo, también guardaron un par de botines para cada uno. Y hallaron algo que los iba a ayudar mucho, una lona grande y fuerte. También se hicieron de un bote inflable que estaba roto, aunque en un primer momento ella no entendió para qué era y se lo dijo:

—Es un bulto bastante grande, ¿para qué lo queremos?
—Para dormir sobre él. Las capas de goma y plástico que tiene son un aislante excelente. Hoy seguramente nadie piensa en dormir, están asustados, quieren saber qué pasó, se juntan esperando que venga algún rescate. Pero créeme, es mejor tratar de descansar esta noche porque mañana va a ser complicado. ¿Viste que algunos se preocupaban más por tomar electrodomésticos que comida o ropa? Te aseguro que mañana lo van a lamentar. Eso si sobreviven a esta noche. Esta lona nos va servir más que una carpa porque no quiero armar algo que quede a la vista, solo nos envolveremos en ella en algún lugar resguardado. Patricia, siempre me gustó ser sincero y ahora quiero serlo más que nunca. Creo que la situación con los sobrevivientes solo va a empeorar. No sé si notaste algo: entre toda esta gente que sobrevivió no nos cruzamos con ningún policía, con ninguno vivo, porque sí vi varios muertos. No creo que sea casualidad y ese cielo de ninguna forma es algo natural. Me siento como una rata dentro de un experimento cruel y sádico. Cuando empiecen a faltar las cosas esto va a ser un infierno. 
—¿Crees que esto sea el fin del Mundo?
—Sí, me parece que debe ser algo como “El Gran Diluvio” pero esta vez es organizado por el Otro.
—¿Y qué vamos a hacer? 
—Sobrevivir.


Y los dos, ya vueltos unas figuras en la oscuridad creciente se movieron entre las ruinas buscando un lugar resguardado. En el cielo empezaron a encenderse relámpagos que con su luz no dejaban olvidar el horror que se retorcía sobre todos.  

9 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Guao master!. No me esperaba algo así!. Vaya, gracias. ¡Esta continuación te quedó de lo mejor y asombrosa! Pero ahora Marcelo y Patricia tendrán que hacer muchas cosas para sobrevivir, por lo que veo, tendrán hasta que pelear para poder subsistir. Es cierto lo que dice Marcelo, parece que las autoridades están neutralizadas por algo desconocido, ya que, por muy pocos muertos y heridos que hayan, no se mostró en ningún momento que aunque sea hayan habido paramédicos. No me extraña que el hospital haya quedado en ruinas, pero que no haya nadie ayudando me parece bastante raro. Parece que este si será un verdadero apocalipsis. En cuanto a Marcelo y Patricia, parece que se acercan cada vez mas entre ellos, espero que se aclaren sus sentimientos y se den cuenta de lo que sienten antes que la situacion empeore. Hay que ver que fi, los humanos somos animales, a tan solo un breve espacio de tiempo de lo ocurrido y mira como se ponen, a pelearse y a saquear en vez de pensar con cabeza fría. Aunque, sinceramente, no se como habría actuado yo en una situación asi, jaja!. Este será el fin del mundo, pero en este caso, las personas se destruirán entre ellas y se convertirán en depredadores para poder seguir viviendo. Esta parte te quedó genial amigo!. Espero que Marcelo y Patricia consigan sobrevivir a todo eso. Gracias de nuevo master!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Gracias a ti por los comentarios. A mí me encanta esta historia, pero hasta aquí parece que no le ha gustado a casi nadie, porque el blog no tiene muchas visitas pero algunas tiene. Paso a otra y ya. ¡Saludos!

Raúl dijo...

Esta super interesante!! Que lastima que no subas otra parte ya tendré que imaginarmela....muy muy buen trama.

Saludos

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Raúl. A esta historia la voy a seguir puliendo y también la voy a adaptar a guión de cómic. Por eso quién sabe, tal vez algún día veas cómo continúa. Saludos!!

Belén Duran dijo...

Me encantaria ver que sucede... si sobreviven... si se enamoran profundamnte.... pero sobre todo... que terrores enfrentaran
....

Jorge Leal dijo...

Tal vez lo veas. Como le decía a otro lector, voy a hacer un guión con esta historia. Muchas gracias. ¡Saludos Belén!

Anónimo dijo...

No, Jorge no me gusto mas bien me encanto... Los humanos se supone que somos una especie superior, intelectual pero en realidad somos lo contrario nosotros nos llevaremos a la extinción...

Maria Cruz Montiel dijo...

Excelente Jorge,claro que esta muy bien la historia y te deja pensando pero donde encuentro la primera parte?

Jorge Leal dijo...

¿Leiste esta parte antes que la otra? Maria, tenías que pinchar donde dice "Un Amor En El Apocalipsis", está en azul porque es un enlace. Gracias. Saludos!!

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