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lunes, 11 de abril de 2016

Realidades

Toby, el perro de Ramón, apareció en la cocina meneando la cola; esto no hubiera sido nada raro si Toby no estuviera muerto desde hacía cuatro años. Esa mañana Ramón se levantó algo confundido porque no recordaba si se levantaba de una siesta, si era de mañana o si todavía era de madrugada. Su cuarto estaba oscuro porque la persiana cerrada cubría completamente la ventana. Al abrirla de golpe tuvo que ladear la cara porque la luz le dio de lleno. Era de mañana. Supuso que se levantó así por haber dormido muy profundamente. Se dio un baño y después salió a los bostezos rumbo a la cocina, sin camisa y con la toalla en los hombros como era su costumbre. Acababa de freír unos huevos cuando vio algo por el rabillo del ojo. El perro se acercaba mansamente hacia él con aquel andar pesado que era su marcha habitual...
Ramón sintió varias cosas en ese momento: susto, sorpresa, se sintió profundamente confundido, extrañado y alegre a la vez. Sin dudas aquel era su perro pero eso no podía estar pasando. 

Por la misma confusión miró en derredor y después creyó comprender. “Estoy soñando”, pensó. No se había dado cuenta hasta ese momento pero la mesa no era la que usaba actualmente, ni la heladera, eran cosas que ya había cambiado desde hacía unos años. Ahora solo sintió alegría. Aunque solo fuera un sueño tenía nuevamente la oportunidad de saludar a su viejo perro. Volvió a estar un poco extrañado al sentirlo tan real. Sentía la fuerza, lo macizo de aquel cuerpo peludo que le pechaba las piernas y le daba latigazos con la cola al girar contento. Nunca había experimentado un sueño así. Volvió a mirar en derredor. ¡Qué importaba! Estaba allí e iba a disfrutarlo lo más que pudiera. Salió al fondo para observar todo. Sin dudas era una “imagen” vieja porque el tangerino que se había secado ahora estaba bien verde. Se puso a jugar con Toby como lo hacía antes. Cada tanto vigilaba su entorno porque pensaba que en cualquier momento algo podía cambiar o el sueño podía volverse algo feo. 

Temiendo que aquello terminara repentinamente se despidió afectuosamente de su viejo amigo y se le escaparon varias lágrimas. Después sintió curiosidad y se puso a explorar su terreno. Su amigo iba a su lado. No podía creer que todo fuera tan real. Tomó una piedra e hizo un pequeño experimento: pensó en arrojarla muy lejos usando su voluntad, su mente, pero al arrojarla sintió su peso y la piedra llegó a una distancia normal. Intentó levitar pero solo pudo dar saltos comunes. Fue hasta la pared de la casa y dio unos golpes suaves con el puño. No se atrevió a pegarle más fuerte, le dolían los nudillos. “¿Pero qué clase de sueño es este?”, pensó extrañado. Para su mayor confusión, sintió hambre. Luego recordó que en los sueños se puede sentir hambre si se la tienen al estar durmiendo. Ya tenía unos huevos listos, podía ser un buen experimento también. Los huevos estaban sin sal, cuando se las puso mejoraron. Mientras los comía su mascota no dejó de mirarlo ansiosamente. 

—Disculpa, Toby —le dijo Ramón—, creí que no necesitaba alimentarte aquí. Vamos a ver si tu alimento está en  la despensa. Mira, aquí está, tu favorito.

Y los dos desayunaron. Creyó que aquel alimento irreal no lo iba a satisfacer pero sí lo hizo. Ya estaba considerando que aquel iba a ser el mejor sueño de su vida. Recorrió el interior de su vivienda. Al pasar por el reloj digital descubrió que era un día laborar. “Supongo que aquí no tengo obligación de ir al trabajo”, pensó sonriendo. Mas enseguida le dio curiosidad por ver cómo serían las cosas allí. ¿Podría ver gente en aquel mundo solo estaban él y su mascota? Sintió algo de pena por si no podía ver de nuevo a Toby pero ya se había despedido bastante. Ramón vivía en las afueras de la ciudad. En el garaje encontró al auto que tenía en esa época. Tuvo que encenderlo varias veces, como antes. “Tengo que comprarme otro”, pensó “¡Pero qué digo, si ya me lo compré! ¡Jajaja!”. Y salió al camino. Por la ruta se le ocurrió otro pequeño experimento. Cerró los ojos un instante y se imaginó en una parte que estaba más adelante. Lo único que consiguió fue casi salirse del camino. Y no era el único en aquel “mundo”, se cruzó con varios vehículos y al alcanzar la ciudad había gente como normalmente lo hay. Al ingresar al la oficina, no había nada raro y lo saludaron como siempre. Como hacía años que no la remodelaban en un primer momento no notó ninguna diferencia, solo al sentarse en su escritorio se dio cuenta de que la computadora era vieja. “Bien, ¿y ahora qué hago?”. Se sintió en la obligación de revisar lo que estaba haciendo y continuar con esas tareas.

Se alegró mucho al ver a Silvia, una rubia voluptuosa que no trabajaba más allí. En esa época Ramón había creído percibir cierto interés hacia él por parte de ella, pero como era una “presa grande” había sido cauteloso para no quedar “pegado” por nada, y por su prudencia perdió la oportunidad porque ella se marchó antes de que él se animara. Ahora de nuevo sintió aquella mirada  celeste sobre él. “Esta vez le hablo”, pensó decidido “Pero qué digo, esto no puede durar mucho más, esto no es real, ¿o lo es?”, empezó a dudar. Para ser un sueño ya se estaba extendiendo mucho.  Almorzó en el restaurante que se encontraba frente a la oficina. Los precios le resultaron muy baratos porque no recordaba bien cuánto salían las cosas unos años atrás. Como todo allí era tan real tuvo que ponerle combustible al coche. Regresó a su hogar al atardecer. Su fiel amigo lo esperaba dando brincos cortos en el portón. Ya todo era demasiado raro, pero demasiado raro. Se le ocurrió que de alguna forma tal vez había viajado en el tiempo. Al recordar todo lo que sabía sobre los viajes en el tiempo se sintió tonto porque todo era ficción: cuentos, películas, series, novelas de ciencia ficción, fantasía. Nada de lo que sabía podía ayudarlo. Mientras hacía la cena, otro experimento, puso un dedo sobre el fuego. Lo retiró inmediatamente y tuvo que ponerlo bajo el chorro de agua fría del grifo del fregadero. No soñaba pero aquello tampoco podía ser la realidad que había conocido hasta ese día. Tenía una idea bastante clara de qué año era pero para estar seguro consultó el almanaque. Aquella realidad era de seis años atrás. 

Estaba tan confundido que no se durmió hasta muy avanzada la madrugada. Aquella realidad le agradaba pero al despertar deseó que todo fuera normal de nuevo pero seguía en el pasado. Como era fin de semana se quedó sentado en el patio pensando mientras acariciaba la cabeza de su perro. Empezó a intuir que aquello era lo mejor para él. Su “otra realidad” le parecía más distante ahora. Si tenía que vivir esa época de nuevo lo iba a hacer al máximo, sin desaprovechar ni un día, ni una hora, porque no sabía cuándo podía terminar. Salió a dar un paseo a pie con Toby a su lado y mientras lo hacía llamó a Silvia con su primer celular y la invitó a salir esa noche; ella aceptó. Ramón y su amigo siguieron por el camino inundado de luz. Era una realidad buena. 

En otro lado, en otro mundo, los padres de Ramón lo contemplaban con los ojos inundados de lágrimas. Él estaba acostado y de su boca salían tubos que lo conectaban a un respirador. En el cuarto había un doctor. La madre de Ramón le preguntó:

—Doctor, ¿usted cree que él sueña?
—No lo sé con certeza, pero a un nivel muy personal puedo decirle que creo que sí, e incluso creo que tal vez está en un lugar agradable. Después de todo, esto es solo su cuerpo.
—Gracias, doctor, eso me consuela mucho. 

5 comentarios:

  1. Esta super bueno...realmente uno no sabe que es lo que pasa o lo que siente la persona cuando está en ese estado de salud!

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  2. Esto es ficción pero, si es que pueden soñar, pienso que algo así no sería imposible. Después de todo, gran parte de lo que llamamos realidad son construcciones del cerebro. Y la mente es capaz de crear sueños increíblemente realistas en los sueños lúcidos (tengo bastante experiencia en ese tema). Muchas gracias, Raúl. Saludos.

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  3. Fantástico ya lo veo transformado en una película, Jorge sigue así eres fabuloso.

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  4. Muy interesante, jamás me imaginé el desenlace, gracias Jorge

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  5. Gracias a ti por los comentarios y +1, María. Un abrazo.

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