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martes, 17 de mayo de 2016

El Precio De La Fruta

Javier y Verónica paseaban por el magnífico huerto que era de la familia de ella. Al pasar por un ciruelo cargado de frutas Javier arrancó una, la restregó en su ropa para limpiarla, y cuando la fue a morder Verónica se lo impidió dándole un manotazo que hizo volar la ciruela y lo dejó sorprendido:

—¿Y eso qué fue? —le preguntó Javier—. Me alcanzaste a pegar...
—¡Ay!, disculpa, pero es que ibas a comer esa cosa estando sucia. 
—Que exagerada. Ustedes acá no deben usar pesticidas ni nada, ¿no?
—No, no se usa nada.
—Entonces, ¿puedo juntar algunas para después lavarlas? Me encantan las ciruelas, me encantan todas estas frutas.
—¡No arranques ninguna! ¡Ay! Disculpa de nuevo. Vamos para adentro y ahí te sirves lo que quieras.

Verónica prácticamente lo arrastró hasta la casa. Él la notó algo nerviosa y la vio mirar sobre su hombro hacia el huerto. ¿Qué significaba eso? Él estaba visitando a la familia de ella por primera vez. Pasar unos días allí ya era difícil para Javier porque ellos eran ricos y él solo un obrero. Al comer se sentía incómodo frente a todos aquellos cubiertos de plata, y aunque ella le había enseñado para qué era cada uno le costaba recordarlo. Sus suegros se mostraban simpáticos y muy amigables, aunque él alcanzó a notar algunas miradas que se cruzaban cuando él miraba algo desconcertado un plato desconocido para él. Eso no lo molestaba, bastante agradecido estaba con que lo recibieran bien. Pero ahora estaba esa actitud de Verónica. ¿Por qué no quería que arrancara frutas del huerto? Era una tontería pero lo dejó curioso. En la casa había mucha fruta pero evidentemente ninguna era del fondo, eran del mercado. Eso fue de mañana. Después del medio día dieron otro paseo y él notó que ella ahora lo vigilaba. Para probarla Javier de pronto tomó una manzana con su mano como si la fuera a arrancar y ella abrió la boca a punto de gritar. Él apartó la mano de la fruta y le preguntó:

—¿Qué cosa tienes con estas frutas? Dime la verdad, ¿qué pasa aquí? Vamos, soy yo.
—Está bien. Vamos a otro lugar y te lo digo.

Solo cuando estuvieron en el frente de la propiedad, lejos de los árboles, ella fue y le dijo:

—El huerto está custodiado por duendes, es de ellos. No me mires así, tú querías la verdad. Empezó desde la época de mis abuelos. Cuando compraron esta propiedad los árboles ya estaban ahí. Naturalmente mis abuelos empezaron a utilizar las frutas, y ahí comenzaron los robos. Primero creyeron que se trataba de algún intruso, después se sospechó de la servidumbre, y ahí temo que se cometieron algunas injusticias. Cuando solo quedaron los más leales mi abuelo buscó otras explicaciones. De casualidad encontró una relación entre las frutas tomadas del huerto y los robos. Esos duendes cobraban muy caro sus frutos. Cada ciruela era una moneda de oro, un racimo de uvas podía ser equivalente a un collar de perlas, y un experimento que hizo mi abuelo al arrancar una manzana enorme le costó un enorme rubí con forma de corazón que mi abuela atesoraba. Cuando ya no hubo dudas sobre el asunto y hasta se llegó a ver a los duendes pensaron en abandonar todo esto mas al final se quedaron. La desaparición de objetos se detuvo completamente al ya no tomar nada del huerto. ¿No me crees?
—Sí te creo, pero me quedé impresionado. Vaya historia, duendes... 
—¿En serio me crees? Yo nunca te mentiría.
—En serio, de veras.

Pero en el fondo Javier no le creía. Pasó el resto del día preguntándose cuál sería la verdad detrás de aquel cuento. No dudaba del amor de Verónica pero creía que esa historia no podía ser cierta, tenía que tratarse de algo más. 
Sin preguntarles nada, los padres de ella los habían puesto en habitaciones separadas. Cuando se levantó a desayunar se encontró con que Verónica había salido junto a su madre e iba a volver recién al mediodía. Javier aprovechó esa oportunidad para hacer un pequeño experimento. Vagó un rato por el huerto hasta que finalmente se detuvo delante de un manzano. Enseguida llamó su atención una manzana enorme y muy roja que colgaba de una rama baja. La fruta se veía deliciosa y estaba tan a mano. Miró hacia todos lados, la arrancó y le sacó brillo en su camiseta para a continuación comerla. Mientras la achicaba a mordiscos miró varias veces en derredor. Ni rastro de los duendes ni de nada que se les pareciera. “Puro cuento todo lo que me contó”, pensó. 

Cerca del mediodía ella regresó y almorzaron todos juntos. El día transcurrió normalmente. Nadie pareció hallar falta de algo. Javier pensó que si por la mañana no había novedades eso iba a confirmar que ella le mintió. Pero al pensar en eso no se explicaba por qué. Por la noche él temió haber hecho algo imprudente. ¿Y si desaparecía algo y ella se daba cuenta de que fue culpa de él? Muy temprano por la mañana lo despertó un grito de terror. Salió corriendo hacia los gritos y vio que salían del cuarto de Verónica. En el corredor se cruzó con el padre de ella. Los dos irrumpieron en la habitación. La que estaba gritando era la madre. Verónica se encontraba tendida boca arriba, estaba con los ojos muy abiertos y en el pecho tenía un gran hueco. Javier en su horror recordó la forma de la manzana. 

7 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Todo lo que puede ocurrir por la incredulidad de la gente. Pobre Verónica, y eso que Javier se veia que era un tipo bastante justo y mira lo que le pasó, todo por dudar de su novia. Pero es que era terco el tipo este, a mi me dicen eso y yo me hubiese mantenido bien alejado de esos arboles. Y
Lo mas curioso es que fue por una manzana, jaja, la fruta prohibida. Pero creo que hubiese sido igual con cualquier otra fruta, aunque la manzana tenia forma de corazon y los duendes se guiaron por eso para quitarle su tesoro mas preciado a Javier. Vaya, es curioso, los duendes hasta ahora cobraban con bienes materiales sus frutos, y ahora realizan esta accion... Y si Javier hubiese dejado un objeto por la manzana?...Que habria sucedido?. Recuerdo que en una de tus historias pasó algo similar, pero el personaje fue a un bosque donde habian frutos de duendes y comió algunos, pero los duendes empezaron a molestarlo y dejó parte de sus pertenencias para pagar los frutos que consumió. Por que esa familia o Javier no hicieron lo mismo. Un excelente cuento de duendes master!. Con un final muy triste, pero por culpa del excepticismo que siempre trae problemas a los personajes de algunos de tus cuentos, jaja!. Muy buena!. ¡Espero la próxima hiatoria!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Los duendes suelen aparecer como personajes muy ambiciosos y vengativos, y me gusta usar eso ¡Jeje! Y en los cuentos son muy maleables, buenos personajes en general. Gracias por comentar, Ongie. Un brazo.

Anónimo dijo...

Desde ahora.... a matar duendes y destruir el huerto que no quede nada!!!,solo cenizas como equiparan el valor de un fruto con el valor de un ser vivo?

Jorge Leal dijo...

¡Jajaja! Estos duendes eran malvados. Cuando atesoran algo son de cuidado, en los cuentos ¡Jaja! Un día de estos voy a subir uno donde van a liquidar a un lote de duendes. Ya hay demasiados en el blog y tengo que hacer un control de plagas ¡Jaja! Muchas gracias por comentar. Saludos!!

Anónimo dijo...

Saludos, Jorge. Vaya que estos duendes si cobraron caro, una manzana por un corazón. Javier perdió a Verónica por incrédulo, ahora tiene que vivir sabiendo que fue su culpa. Es posible que quiera vengarse pero lo que perdió es inreemplazable. Ya leí todos los cuentos que tenia pendiente y te comente solo que olvide poner mi nombre como siempre.

Stephanie

Anónimo dijo...

Que duendes locos! pero es su naturaleza..tal vez son menos hostiles que los humanos..buen final amigo..Willy

Raúl dijo...

Por no hacer caso....dicen que la curiosidad mató al gato!!! Muy bueno...saludos

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