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martes, 10 de mayo de 2016

En El Túnel

Lucas estaba leyendo acostado en su cama. Le encantaba la ficción y aquel libro lo tenía atrapado pero igual empezó a bostezar porque era muy tarde. El que lucha contra el sueño pierde sin darse cuenta. Después de varios cabeceos decidió abandonar la lectura. Al inclinarse hacia la mesa de luz para dejar el libro quedó un momento en esa posición porque creyó escuchar algo...
Eran ruidos apagados, sutiles, algunos parecían voces. ¿Dé dónde venían? No era desde la calle. Estuvo en suspenso unos minutos. Después se arrimó al borde de la cama y bajó la cabeza para ver qué había bajo ella. No había nada pero desde allí los ruidos se escuchaban mejor. Se bajó para acercar el oído al piso.

Los ruidos venían de abajo. Al recordar un viejo truco tomó el vaso que tenía sobre la mesita y lo puso boca abajo en el piso. No eran voces humanas, sonaban más chillonas. Lucas apartó el oído del fondo del vaso y puso cara de asqueado. Pensó que seguramente estaba escuchando a una colonia de repugnantes ratas. Las cañerías de la casa no pasaban por allí, ¿habrían hecho un túnel? Pensó que tenía que tomar alguna medida. Ese mismo día iba a hablar con un exterminador para que examinara su hogar. Volvió a acostarse pero ahora ya no tenía sueño. En la oscuridad de su cuarto se envolvió bien en las frazadas pero ya no había caso. Los ruidos repugnantes de abajo aparecían y desaparecían. Al imaginarse lo que había abajo sintió cierta familiaridad hacia aquello. Se le presentó un túnel angosto y muy oscuro. Aquel lugar apretujado era un refugio seguro. ¿Acaso había estado en un lugar así en su niñez? 

Lo que llegaba de abajo lo arrancó de esa ensoñación absurda. Ahora se escuchaba más cerca, eran muchos arañazos que iban ascendiendo. Alarmado, prendió la veladora de un manotazo y miró hacia abajo. El suelo seguía intacto pero los arañazos sonaban mucho más fuertes. Lucas, que no se atrevía a pisar el suelo porque temía que este se derrumbara, tenía los ojos fijos en aquel lugar cuando las baldosas empezaron a elevarse por algo que se hinchaba bajo ellas. Después se abrieron y empezó a brotar tierra que fue resbalando por los costados de aquella hinchazón. Cuando en el centro quedó un hueco de él brotaron por montones unas criaturas peludas y rechonchas. Eran como ratas enormes pero andaban en dos patas. También tenían pelaje de rata pero sus hocicos eran cortos y anchos, con dientes desparejos que parecían muy afilados, y sus cuerpos de unos treinta y cinco centímetros de alto se parecían más a los de un hombre obeso que a los de un animal. 

Surgían tantos que los del medio alcanzaban a salir disparados por los empujones de los que subían por los bordes del reciente hueco.
Lucas no lo podía creer. En un instante se desparramaron por toda la habitación. Cuando un lote de ellos trepó por la cama él se puso de pie sobre ella y vio aterrado cómo lo rodeaban. Quedó parado sobre un círculo diminuto. Aquellos peludos invasores lo olfateaban mirando hacia arriba mientras se contenían con sus brazos cortos unos a otros como si quisieran arrimarse lo más posible pero sin tocarlo. En ese momento sonaron una serie de chillidos y todos los pequeños hombres-rata voltearon hacia el hueco. De él iba saliendo uno de pelaje gris que enseguida reclamó el respeto de todos. Caminó hacia la cama pisando a sus iguales y al alcanzar el borde lo elevaron. Con un gesto de su pata-mano hizo que todos se bajaran. Después habló en una lengua extraña que sin embargo Lucas comprendió. Le dijo que él era uno de ellos y que tenía que acompañarlos. El pobre hombre miró a los que ocupaban todo el piso del cuarto. Parecían estar impacientándose y empezaron a sobresalir algunos dientes retorcidos. Era una locura pero no quería contradecir los deseos de sus invasores. Las criaturas se fueron apartando para darle paso. El hueco era lo suficientemente ancho como para que él pudiera meterse. Y bajó por allí.

El pozo no descendía verticalmente, era inclinado, por eso no le costó mucho bajar arrastrándose con las manos por delante de la cabeza. Al alcanzar un túnel algunos hombres-rata empezaron a pasarlo y de pronto él era del tamaño de ellos. Cuando eso le resultó demasiado absurdo despertó. Lucas sonrió y ahora sí dejó el libro sobre la veladora. Su mente acababa de darle una buena dosis de ficción y la había sentido mucho más real que la lectura. 

6 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

De la que se salvo Lucas, no creo que le fueran a hacer daño, pero se iba a convertir en uno de esos peludos y rechonchos seres. Pero solo fue su imaginacion, a veces la ficcion puede parecer mas real que la realidad misma. La imaginacion no tiene limites, y mas si se lee mucho y se entrena a la mente. Hay quienes pueden hasta soñar despiertos, talvez eso fue lo que le ocurrio a Lucas, aunque tambien puede ser que se haya dormido. Generalmente, no sabemos cuando nos dormimos, solo estamos un momento conscientes, y al otro estamos despertando. Jaja!, siempre pasa. Una buena e interesante historia amigo!. Lucas deberia estar acostumbrado a estos recurrentes sueños. La ficcion debe ser parte de su mente. ¡Espero la proxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Vaya, enserio crees que se puede entrenar la imaginación y que esta no tiene límites. Voy a intentarlo a ver qué sale, aunque soy de imaginación un poco obtusa ¡Jaja! Gracias, Ongie. Saludos!!

Anónimo dijo...

Pense que serian duendes pero estos tenian una apariencia peor..pero menos mal fue un sueño..y eso que tres ratas gigantes se metieron a mi casa jaja..Willy

Jorge Leal dijo...

Puede que no sean ratas, talvez son duendes ¡Jaja! Gracias, Willy. Saludos!!

Anónimo dijo...

Seguro que Lucas también leía tu blog... ¡Jajaja! Se supone que los sueños son manifestaciones inconscientes de nuestro consciente o sea algo que ya vimos o escuchamos, no le damos importancia pero ahí esta, nuestro cerebro y su complicado funcionamiento se encarga de esculpir una nueva forma. Probablemente el libro de ficción de Lucas tenia criaturas similares a las de su sueño...

Jorge Leal dijo...

Sí, la mente incluso arma paisajes mezclando zonas que conocemos, pero después que esos paisajes pasan a ser recuerdos vuelven a ser usados, y así algunos "lugares" pasan a ser parte del mundo de los sueños, es algo que he comprobado muchas veces. Sueños donde se recuerdan sueños. Gracias por comentar. Saludos!!

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