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martes, 17 de mayo de 2016

Entre Colmillos

Alex, Ben y Christian habían desafiado una montaña. Eran esquiadores muy experimentados pero tentaron mucho su suerte y en un lugar muy malo. Al atardecer bajaron lo suficiente como para encontrar un camino que la nieve todavía no ocultaba del todo. Alex y Ben iban sosteniendo el peso de Christian en sus hombros porque él tenía una pierna quebrada. Al hacer una pausa observaron el paisaje que los rodeaba. Las puntas blancas de las montañas que los rodeaban se habían puesto anaranjadas con los últimos rayos del sol, mientras más abajo los bosques estaban quedando negros y los unía una bruma helada que se extendía por todo como un gran fantasma.
Algunas bandadas de cuervos se alejaban de allí a los graznidos. Tenían que encontrar un lugar donde pasar la noche, y por la condición de Christian preferían que fuera una vivienda, aunque tenían equipo como para aguantar la noche en el bosque. Esa opción dejó de ser aceptable cuando unos aullidos llegaron con las sombras. 

¿Lobos allí? En las partes más profundas del bosque ya era noche cerrada y desde ahí llegaban los aullidos. Sonaba largamente uno en una ladera, después lo imitaba uno de más adelante, y así los aullidos se iban propagando como si fueran una voz que se pregonaba. Christian sentía que la presa era él. Su pierna rota iba dejando algunas manchas en el camino porque era una fractura expuesta. Algunos ojos los observaban desde las alturas y los tres lo sentían. Alex notó que Ben miraba hacia todos lados y parecía muy preocupado. Nunca lo había visto así y lo consideraba el más valiente de los tres. Supuso que no lo conocía tanto como creía, o que todos los aventureros tienen un límite, y ciertamente aquellos aullidos hacían helar la sangre. Continuaron iluminando su camino con linternas. Ya planeaban acampar cuando una construcción oscura y muy alta empezó a resaltar sobre los contornos de los árboles. Por unas formas puntiagudas que se distinguían en lo alto pudieron distinguir que se trataba de un castillo. Un esfuerzo más y se encontraron frente a una puerta enorme. Los aullidos iban aumentando detrás de ellos. Golpearon más bien para comprobar que no había nadie porque no se veía ni una luz. Si era como pensaban después iban a intentar entrar por sus medios, pero después de golpear unas veces escucharon que adentro había movimiento. Una luz creció bajo la puerta, esta rechinó largamente y apareció una anciana que vestía un hábito y llevaba un porta-velas en sus manos. Detrás de ella curioseaban otras monjas que se amontonaban para ver.

—Buenas noches, hermana —saludó Alex—. Lamentamos molestarlas pero nuestro amigo necesita ayuda, y si ustedes fueran tan amables...
—Pasen —dijo secamente la anciana. 
—Gracias, hermana. Como puede usted notarlo, los lobos nos seguían el rastro.
—¿Lobos? No hay lobos por esta región —negó la vieja. 

Alex le iba a decir que escuchara pero al prestar atención todo estaba en silencio. Los tres amigos se miraron extrañados. Pasaron a un salón muy amplio que estaba casi todo oculto en la oscuridad porque la vela de la monja era lo único que ardía allí; las otras, que eran seis, se mantenían juntas en la penumbra. A esas las más anciana les indicó con un gesto que se marcharan y enseguida sus oscuras siluetas se alejaron por un corredor completamente negro. Eso era raro, ¿cómo podían moverse por aquella oscuridad? Alex tenía su linterna pero le pareció que sería descortés iluminar el lugar, por eso la apuntó hacia abajo; pero Ben no fue tan considerado y recorrió el lugar con su haz de luz. Siguieron a la monja por un pasadizo angosto que estaba inundado de oscuridad. Al alcanzar una puerta la monja les dijo que dejaran a su amigo allí y que después la siguieran. Alex le iba a inventar una excusa porque no quería dejar solo a su amigo, pero no necesitó hacerlo porque Ben se le adelantó:

—Nos quedamos con él —le dijo sin ningún miramiento—. Usted vaya a atender sus cosas nomás.

La monja los miró severamente hasta que finalmente se alejó. Entonces Ben iluminó de arriba a abajo la habitación antes de dejarlos entrar, y cuando sus amigos pasaron hizo algo que no comprendieron. Tomó uno de sus bastones de esquí y con la punta se puso a forzar la cerradura de la puerta. Sus amigos no entendían. En la habitación había un par de sillas y una cama. Ben trancó la puerta con una de las sillas y se volvió hacia sus amigos para explicarles:

—Escúchenme con atención, hablo en serio. Los vampiros existen y ahora estamos rodeados por un buen número de ellos. No creí que los hubiera en esta parte pero sí los hay. No tengo tiempo de explicarles todo. Hay que actuar, ¿confían en mí? Alex, refuerza su entablillado y ponle mucha cinta. Yo voy a fabricar unas estacas. Mi arma va a ser para ti, Christian, no olvides lo que te enseñé  la otra vez. Tenemos que apurarnos. Esa monja vampiro va a tratar de encerrarnos pero no podrá, después nos van a atacar pero para eso va a pasar un rato. Su mejor jugada era separarnos.
—¿Y si te diste cuenta de que eran vampiros por qué nos dejaste entrar?, nos hubieras avisado antes —le reprochó Alex.  
—Porque los primeros vampiros que noté son los que están afuera, y esos son los más peligrosos. Estas monjas deben ser nuevas como vampiros, y solo estuve seguro cuando vi la sala. Supongo que notaste que no había ninguna cruz. Hazle un entablillado hasta el botín para que pueda mover la pierna. 
—Amigos, no quiero que corran más peligros por mí —les dijo Christian—. Si tienen que dejarme, déjenme. No tenemos por qué morir los tres.
—No digas tonterías. Nos salvamos los tres o ninguno. Acábate mi café especial, te va a ayudar. Mañana te vas a sentir como una porquería pero ya vamos a estar a salvo.

Ben hizo trizas una silla y tomó varias maderas para hacerles punta, después las unió a los bastones de esquí formando como unas lanzas. De pronto Ben puso su dedo índice frente a la boca y señaló hacia la puerta. Estaban intentando encerrarlos pero el cerrojo estaba arruinado. Un momento después de que dejaron de intentarlo Ben tomó el colchón de la cama, un colchón sumamente viejo que era de lana, lo puso frente a la puerta y lo roció con un poco del líquido que llevaba para encender las fogatas. Después quitó la silla y le dijo a sus amigos:

—Van a aparecer todas juntas de un momento a otro. Cuando lo hagan le voy a prender fuego a eso y esa será nuestra ventaja táctica. Alex, golpea primero en la cara y cuando veas un espacio dales en el corazón, no te afanes por darles primero en el corazón. Christian, tú nos vas a respaldar desde ahí atrás. Apunta bien. Esto va a ser muy rápido y confuso. Ahorra lo más que puedas las balas, afuera hay más de esas cosas. ¿Listos?

Un rato más tarde giraron lentamente el picaporte y después la puerta se abrió de golpe y siete vampiras horrendas de bocas enormes irrumpieron en la pieza como una explosión de terror. Entraron lanzando gritos agudos y estos sonaron más fuerte todavía cuando se vieron en medio de las llamas. Ben y Alex arremetieron con todo y Christian liquidó a un par con el arma (las balas eran de plata). Fue rápido y realmente confuso como calculó Ben, pero con el factor sorpresa de su parte pudieron liquidar a todas. Salieron de aquella habitación y se pusieron a recorrer el castillo. Ben suponía que las monjas debían mantener a raya a su competencia, y que por lo tanto debían tener todo bien cerrado, pero no podían confiar solo en eso, por eso tenían que buscar la habitación más segura y hacerse fuertes allí. Recorriendo aquel tétrico castillo maldito hallaron una habitación con puertas muy gruesas que podían trancarse desde adentro con pesadas trabas. Allí encendieron las antorchas del lugar y descubrieron que era la sala de armas. Aquel no era ningún convento. Ben se sintió como en navidad por todas las cosas que había. La pierna de una armadura le sirvió muy bien a Christian. Ben descubrió que en el lugar habían tenido problemas con vampiros anteriormente, porque halló saetas de ballesta con puntas de plata y varias espadas y dagas que también estaban bañadas en ese metal. 

Por la madrugada empezaron a arañar las puertas y algunos rostros monstruosos se asomaron por los ventanales. Pero gruesas barras de hierro protegían las ventanas y las puertas eran descomunales y muy sólidas. Eso sumado a las saetas y los disparos hizo que llegara el día sin que los vampiros pudieran entrar a aquella sala. Para salir del castillo tuvieron que luchar a brazo partido en un corredor pero como los vampiros tenían menos fuerza por el día los tres salieron sin un rasguño. Ben se llevó cuánta plata con acero pudo. Le pareció que los auténticos dueños del lugar así lo querrían. Todavía tenían que escapar de aquellas montañas, pero con toda una jornada de luz por delante alcanzaron una ciudad antes de que el sol bajara. Cuando ya estaban en un hotel Alex le dijo:

—Y bien, ¿vas a incluirnos en esa especie de club en el que estás o no?
—Sí, yo también quiero participar —le dijo Christian. 
—Que no es un club, es un grupo de especialistas en cosas sobrenaturales —les aclaró Ben.
—Pero cazan monstruos, ¿no?
—No podemos ser indiferentes a algunas cosas. Y ustedes, par de locos, ¿después de lo que vieron igual quieren unirse a esto? 
—Sí, parece, divertido ¡Jajaja! —le dijo Alex.
—A mí quisieron comerme primero. Quiero liquidar a todos esos malditos.
—Pues bien, están adentro, malditos locos...
—¡Siiii...! —gritaron al unísono sus amigos. 

13 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Guao!, una estupenda historia y gran comienzo para Alex y Christian como cazadores de seres sobrenaturales. Ben sabde mucho del tema y es el mas valiente e inteligente. De no haber sido por el, Alex y Christian no la estarían contando. Una pregunta master, este club tambien incluye a los personajes de "La luna y el cazador" y "El Circo"?. Digo, ya que es una organizacion, debe haber bastante gente. Aunque ya nos habias dicho que esos personajes estaban muertos. O tal vez, estos son personajes para comics?. Parecen defenderse bien y bajo la tutela de de Ben, seran increiblemente poderosos. Alex y Christian parecen tambien saber defenderse. Esas monjas vampiras si que lo tenian todo planeado, pero no tuvieron nada que hacer contra ellos. Una intensa y emocionante historia amigo. Te quedó genial. Ahora hay nuevos cazadores para el club!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Esta historia no está relacionada a esas otras. Tampoco pienso hacer un guión con esto, es solo un cuento suelto nomás ¡Jaja! Gracias por comentar, Ongie. Un abrazo.

Visitante dijo...

Al principio, pensé que trataría de hombres-lobo, pero me equivoqué jeje.

Buena historia igualmente.

Tocará pronto alguna de lobos?

Gracias y un saludo.

Anónimo dijo...

Que puretazo esta este cuento! bien a tu manera y sin piedad..me gusta..cuando hay alguien calculador y con experiencia en batallas casi siempre terminan bien los personajes de tus cuentos, maestro..buenisimo..Willy

Anónimo dijo...

Estuvo muy bueno, te confieso que me dejó muy intrigada ese grupo de Ben... Saludos, Jorge.

Stephanie

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! Stephanie y los finales abiertos... Gracias por comentar. Un abrazo.

Jorge Leal dijo...

Sé que es tu tipo de historias favoritas. Estos personajes se salvan porque como dijo un compatriota, ningún cordero se salvó balando ¡Jaja! Gracias, Willy. Saludos!!

Jorge Leal dijo...

La relación entre lobos y vampiros es vieja. Hasta Drácula podía convertirse en un lobo. Lee "El Huésped de Drácula", excelente, pero excelente cuento de Bram Stoker.
Alguno de hombres lobo va a salir en estos días, de hecho, ya tengo uno pero quiero entreverar otros antes. Muchas gracias. Saludos!!

Visitante dijo...

Tomo nota! Saludos!

Anónimo dijo...

Muy bueno el cuento, me gusto mucho. Personalmente me atraen mas los cuentos donde los vampiros no mueren con objetos de plata o la luz del Sol, no me parece muy lógico que esas cosas les afecten a tal punto. Digo yo.
Saludos y sigue asi.
Gerardo

Jorge Leal dijo...

Pues a mí me gustan que la plata los afecte. No es cualquier metal, hasta tiene propiedades antibacteriológicas. Y la luz del sol hoy en día es peligrosa hasta para la gente ¡Jaja! Mucho más lo sería para los vampiros si son de origen sobrenatural. Y por lógica, lo que está asociado a la noche, al miedo a la oscuridad, tiene que perder fuerza durante el día. Incluso las estacas tienen lógica: la madera sale de un ser vivo, un ser con una energía natural, y los vampiros son algo antinatural. Tiene lógica por donde se lo mire. Gracias por comentar. Saludos!

Raúl dijo...

Que buen cuento!! Imagine que se trataba de lobos...muy bueno Jorge un saludo

Anónimo dijo...

Todo lo que dijiste tiene mucho sentido, lo que yo pienso, en cambio, es que al ser entidades sobrenaturales no deberían afectarles los objetos o leyes naturales, pero es entendible dentro de todo, supongo...
Saludos

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