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martes, 3 de mayo de 2016

Muertos Vivientes

Felipe y Diego salieron de una enramada y atrás se quedó Javier maldiciendo a las ramas que le golpeaban la cara. Después de mucho ruido y movimiento en el follaje Javier salió donde estaban ellos. Felipe y Diego eran hermanos y Javier un amigo. Estaban cazando en un bosque que se elevaba entre montañas y desfiladeros. Los hermanos eran hábiles cazadores pero Javier era un iniciado y había estorbado durante toda la jornada. Iban a seguir caminando pero se detuvieron de pronto porque algo salió disparado desde unos arbustos cercanos...
Todo pasó en un instante. Era un jabalí enorme y arremetió hacia ellos con una velocidad explosiva. Los hermanos se abrieron y rodaron hábilmente en el suelo pero Javier quedó parado y la bestia lo embistió. Un instante después sonaron muy fuerte varias detonaciones y el jabalí cayó y rodó. Los hermanos tenían una rodilla en tierra y habían disparado sus rifles a la misma vez. Enseguida fueron a socorrer a su amigo. Javier tenía un tajo enorme en el muslo izquierdo unos diez centímetros por encima de la rodilla.

—El desgraciado me pechó y me hizo volar —les dijo Javier—. Apenas lo vi, fue muy rápido. ¿Está muerto?
—Está en eso, ya no es peligroso —le contestó Felipe—. Javi, no solo te pechó, te cortó al pasar, mira.
—¡Oh diablos! ¡Es enorme! 
—Tranquilo, no es tan grave —intervino Diego—. Si te pones muy nervioso solo vas a sangrar más. Te la vamos a desinfectar. No es nada.

Como les gustaba salir bien preparados tenían de todo en sus mochilas. Cuando le estaban desinfectando la herida los hermanos se cruzaron una mirada. Los dos estaban pensando que era un corte grave. Felipe estaba agachado vendándole la pierna y su hermano lo asistía. De repente los dos se miraron, Felipe ladeó un poco el cuerpo hacia la derecha y gracias a eso Diego vio que el jabalí se había levantado y estaba vuelto hacia ellos. No verificaron que estuviera muerto porque habían sido certeros y cada uno hizo varios disparos, además lo de su amigo era más urgente. Nuevamente se movieron rápido y las armas volvieron a rugir. Bien sabían lo resistentes que son los jabalíes pero este era asombroso. Se detuvo solo cuando le destrozaron el cerebro. Se acercaron a él con cuidado y vieron que la sangre era negra y muy espesa. Los dos eran tan parecido que se entendían solo con una mirada. Aquel animal tenía algo, alguna enfermedad como la rabia. Más se complicaba la situación de Javier. El herido, que sin levantarse se había arrastrado hacia atrás desesperadamente, señaló al animal diciendo:

—¿Por qué diablos es tan resistente? ¿Y qué es esa cosa negra que le sale de la boca?
—Probablemente estaba enfermo —le contestó sinceramente Diego. 
—¡Ah, maldita suerte la mía, es lo que me faltaba! —se lamentó Javier.
—Tenemos que llevarte a que te atiendan mejor cuanto antes, aunque primero hay que terminar ese vendaje. 

Al rato los tres avanzaban por el bosque. Javier iba entre los dos hermanos, sosteniéndose en los anchos hombros de ellos y apoyándose solo con la pierna sana, que en muchos tramos iba en el aire. Estaban muy lejos del camino donde dejaran el vehículo. Pensaron que su mejor opción era ir a un caserío que estaba no muy lejos de allí. Javier empezó a sudar mucho aunque estaba frío y por momentos parecía que se iba a desmayar. En una zona bastante espesa sus amigos escucharon algo y se detuvieron. Era algo pequeño. Por su experiencia se imaginaron un pájaro golpeando el suelo con sus alas. No era nada raro pero igual Diego fue a ver de qué se trataba exactamente. Era media paloma, le faltaba toda la mitad inferior, por eso solo aleteaba en el suelo brincando un poco con el impulso de las alas. Es algo bastante común que un animal sobreviva varios minutos incluso en condiciones peores, pero esa paloma ya olía muy mal y sus ojos eran grises. Había muchas plumas en el lugar y aquello parecía obra de un depredador pequeño. Lo que Diego no se explicaba era por qué no moría. Tomó una rama para detenerla e inclinándose con la mano sobre la boca para soportar el olor la examinó mejor. No tenía órganos internos, le habían arrancado hasta los pulmones. 

Felipe y Javier llegaron al lugar. El herido estaba medio desmayado. Sin decir ni una palabra Diego le señaló con la rama los ojos de la paloma y le mostró el resto. Ninguno se explicaba por qué sucedía aquello pero sí entendieron que era contagioso. No mucho más adelante Javier se desmayó completamente y los hermanos se turnaron para cargarlo en sus brazos. A ninguno le hubiera costado llevarlo solo, se turnaron porque los dos querían ayudarlo. De a poco el caserío fue apareciendo entre los árboles. Sabían que había poca gente, pero al alcanzar la calle principal no vieron a nadie. Les chistaron desde una casa y al girar hacia ella vieron a un hombre que apenas se asomaba en la puerta y miraba hacia los lados mientras los llamaba con la mano. En la cara de aquel hombre se notaba su urgencia, y como habían visto cosas muy extrañas se apresuraron a entrar. Después que pasaron el hombre trancó la puerta con varias maderas, luego se volvió hacia ellos, su vista se clavó en las vendas ensangrentadas de Javier y señalándolas les preguntó:

—¿Cómo se lastimó él? —y antes de que le contestaran tomó un hacha que había dejado recostada en la pared.
—Rodó y se cortó la pierna con una roca —le mintió Felipe—. ¿Qué pasa aquí, dónde están todos?
—Creo que la mayoría ahora se dispersó por el bosque —le contestó el tipo sin dejar de mirar a Javier —. Ya no son gente, son muertos vivientes. ¿Están seguros de que no lo atacó un animal?
—Ya se lo dijo mi hermano —intervino Diego—. Vamos a sentarlo aquí, así. ¿¡Y qué es eso de que hay muertos vivientes!? ¿Quiere decir zombis?
—Eso mismo. Primero empezó con los animales, pero las personas atacadas por estos se transforman también. 

En realidad los dos no estaban tan sorprendidos porque se habían topado con aquella realidad inconcebible pero que sin embargo allí estaba. Y habían mentido porque se notaba que el tipo tenía intenciones de darle un hachazo en la cabeza a su amigo si se enteraba que lo había lastimado un animal, y como la casa era de él no querían llegar a eso porque sino tendrían que someterlo. En la sala en donde se hallaban resaltaban en las paredes varias cabezas de venados, jabalíes, lobos, y sobre unas mesas pequeñas estaban inmóviles unos gatos salvajes, un par de zorros y muchas aves. Era el hogar de un taxidermista y este era aquel tipo. El hombre del hacha espió por una rendija y para convencer a sus invitados les hizo una seña para que miraran hacia afuera. Unos lugareños que estaban todos desfigurados arrastraban los pies por la calle. Era justo lo que estaban temiendo. Se apartaron de la puerta y le preguntaron al taxidermista cómo había pasado aquello. 

—No importa cómo, solo pasó. Veo que les sobra un arma porque él no puede usarla...
—Usted dijo que empezó con los animales, así que algo sabe —lo presionó Felipe.
—Lo dije porque lo vi, pero no sé cómo empezó. Si van a insistir con eso mejor se van, pero déjenme ese rifle o ya van a ver.
—Tranquilo, solo preguntamos —intervino Diego mirando a su hermano de reojo y entendiendo lo que pensaba.

Estaban en una habitación llena de animales muertos y aquel que decía no saber nada se dedicaba a eso, no podía ser casualidad. Felipe lo tentó mostrándole unas municiones.

—Además del rifle te dejaríamos todo esto si nos dices la verdad. De otra forma olvídate. No vas a tener tiempo ni de levantar ese hacha, pero si quieres arriesgarte...
—No, un momento, estamos en el mismo equipo, en el de los vivos ¡Jeje! Disculpen, elegí las palabras incorrectas. Les cuento, lo que pasó aquí fue un accidente.
—¿Qué hiciste? --lo presionó Diego.
—¿Yo? Nada, bueno, casi nada, no fue mi culpa. Compré un viejo equipo de un taxidermista que trabajaba para una feria ambulante de fenómenos, ya saben, esos espectáculos grotescos. En el equipo había una botella con un líquido que no pude identificar pero que supuse era su fórmula para embalsamar, para experimentar se lo inyecté a un gato recién muerto. Imagínense mi sorpresa cuando el gato desapareció. Aparentemente después ese gato reanimado atacó a otros animales de aquí y así empezó. Como ven, fue un accidente. Esperen un momento, miren cómo está su amigo, ¡a él lo mordieron, hay que darle en el cerebro!

El tipo no alcanzó a levantar del todo el hacha, el culatazo de Diego llegó antes. Pero tenía razón sobre Javier; ya estaba a punto de convertirse. Los hermanos, que eran hombres más de acción que de palabras, sin decirse nada ataron al taxidermista a una silla, se despidieron de su amigo, que ya no los escuchaba, y salieron de allí para trancar la puerta por afuera. Aquel tipo empezó todo y tenía que asumir las consecuencia. Los zombis que andaban en la calle no fueron gran cosa para ellos y después de varias detonaciones los hermanos entraron corriendo al bosque. Tenían que sobrevivir en aquel lugar y llegar a la ciudad para tratar de alertar a la gente, si ya no era demasiado tarde.    

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Jorge. Ha estado muy bueno y lo mejor zombies. Ese tiempo que estuviste en pausa parece que te vino muy bien porque haz regresado con todo. Te confieso que me quede con ganas de mas, esos hermanos deben de ser geniales en medio del apocalipsis pero se que los finales abiertos son tu fuerte.Sigue asi eres genial, gracias por compartir estos pedacitos de ti con nosotros.

Stephanie

Raul dijo...

Hoja Jorge, pobre tipo se va a convertir en un zombie...muy muy bueno como siempre Jorge...saludos desde México

Jorge Leal dijo...

Se iba a convertir pero ya tenía comida a la mano por lo menos ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

Jorge Leal dijo...

¿Tiempo en pausa? ¿No viste todo lo que publiqué en el otro blog? ¡Jajaja! Abril fue de mucho trabajo, me dio una paliza terrible, todavía tengo cosas inconclusas. Me vas a matar del corazón, Stephanie ¡Jaja! Tiempo en pausa...
Gracias por comentar. Saludos!!

Visitante dijo...

Pero qué mal que abandonaran al taxidermista sin darle una oportunidad, no? Al fin y al cabo está claro que no quiso empezar eso.

Buena historia, creo que las de zombies las escribes especialmente buenas.

Saludos.

Jorge Leal dijo...

Estuvieron bien, el taxidermista era mala gente. En una epidemia zombi también mueren los buenos (siempre hablando de la ficción), por eso es justo "limpiar" a algunos malos de pasada ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

Anónimo dijo...

Jorge no he visto nada porque no me sale el otro blog hasta lo busque en Google y nada pensé que lo habías eliminado. Yo cada vez que te leo comento, de los mas recientes todo lo que no haya comentado es que no lo he visto. Si pudieras pegar el link para leerte... 😞

Ongie Saudino dijo...

Jaja, dejaron al pobre taxidermista a merced del zombificado Javier, pero que crueles fueron. Aunque mas cruel fue ese tipo al crear a los zombies, aunque no haya sido con mala intencion. Parece que Felipe y Diego se desenvolverian muy bien en un apocalipsis de esta categoria. Son habiles para las armas y se coordinan muy bien entre ellos, el duo perfecto. Siempre se tiene que tener un poco de cuidado en algo, pero Javier era muy inexperto y acabó convertido en zombie por esa mala enfermedad...Y otra vez un apocalipsis zombie por culpa de la manovdel hombre. Es bueno experimentar, pero es malo hacerlo con cosas que no conocemos, y eso fue lo que ocurrio con ese taxidermista. Es que acaso ni siquiera se le ocurrió preguntar para que servia ese líquido?. Pero bueno, jeje, si tuvieran cuidado y fueran prudentes; no habrían tan buenos cuentos de terror. Una excelente historia de zombies master, te felicito, parece que los hermanos tendrán mucho trabajp!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludosdesde Venezuela

Jorge Leal dijo...

Estos personajes son antihéroes, eso los haría más aptos para sobrevivir en una plaga zombie. Gracias, Ongie. Saludos!!

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