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jueves, 12 de mayo de 2016

Refugio De Amor

Fabricio se detuvo en el límite del bosque para observarla. Amanda se encontraba parada al lado de su auto hablando por celular y mirando hacia arriba como si buscara algo en el cielo. Ella tenía puesto un traje formal que le daba aspecto de bancaria o secretaria ejecutiva del más alto nivel, y tenía el pelo negro, lacio y algo corto pero con mucho volumen. Fabricio se miró los pantalones y la camisa. Le hubiera gustado estar más presentable pero acababa de cortar leña...
Tenía el hacha en el hombro y así salió al camino. Ella demoró bastante en notarlo y cuando lo hizo pareció muy sorprendida. Él dejó el hacha en el suelo antes de saludar: 

—Buenas tardes. ¿Necesitas ayuda?
—Hola. Corté por este camino y mi auto se detuvo y no quiso arrancar más —le respondió ella, y después de echar un vistazo a la herramienta en el suelo miró hacia el camino y agregó—. Pero ya avisé y está por venir la ayuda, ya deben estar muy cerca, creo que hasta los oigo. 
—Qué oído más fino tienes, porque yo no escucho nada, y eso que mis conocidos dicen que tengo oído de perro ¡Jaja! Solo iba a ofrecerme para revisar el vehículo. Que pases bien.

Fabricio se alejó tranquilamente. Pensó que ella había mentido pero era más que comprensible. Estaban en una zona muy aislada y él tenía un aspecto que parecía inspirado en un oso. Como confiar a primera vista en un hombre que podría someterla con una sola mano. Por su parte ella quedó un poco mal por juzgarlo tan apresuradamente y porque él se dio cuenta. Además necesitaba urgentemente que repararan el vehículo. Entonces lo llamó gritándole: ¡Señor! ¡Señor...!Fabricio volteó y después volvió a donde estaba ella. Amanda sonrió algo nerviosa y se sinceró:

—No viene ninguna ayuda. Tal vez usted vea qué tiene...
—Con gusto. Debe ser alguna conexión eléctrica que se aflojó. 
—Creo que hay una caja de herramientas en el portaequipaje.
—¿No estás segura? 
—Es que este coche no es mío, es del Estado.
—Ah. Vamos a ver entonces. 

Sí había herramientas y él se puso a revisarlo. Amanda caminaba de un lado a otro y por momentos parecía que no iba a poder reprimir más un llanto que quería ahogarla. Para no desesperarse más decidió hablar con el que la estaba ayudando:

—¿Usted es de por aquí? —le preguntó.
—Sí, pero no me llame de usted, soy Fabricio.
—Amanda, encantada —se presentó ella estrechándole una mano inmensa y dura. En ese momento reparó en los ojos de él. Se notaba que era un hombre bueno y amable.
—Pues sí, vivo por aquí, hacia allá, que es por donde nací, aunque casi toda mi vida anduve de un lado para el otro junto a una compañía maderera que era de mi difunto padrastro. 
—¿Y ahora la compañía es tuya?
—¡Jaja! No, señorita, es de mis hermanastros. Nunca fueron mi familia. Mi madre murió hace muchos años, ya no tengo a nadie —le comentó él mientras seguía inclinado sobre el vehículo—. Pero no me quejo de nada. Esos trabajos me hicieron fuerte, y ya sabes lo que dicen, si no eres inteligente tienes que ser fuerte ¡Jaja! 
—Pero tengo la impresión de que también eres inteligente, ¿no? —le dijo Amanda.

Él la miró para ver si era sincera y al comprobar que era así volvió su mirada al motor.

—Nunca me habían descubierto tan rápido —confesó él—. Sabes, me gusta pasar por no muy listo porque la gente se muestra tal como es cuando creen que son más inteligentes ¡Jaja!
—Sé de lo que hablas, pero ante mí la gente intenta mostrarse más interesantes de lo que en realidad son, principalmente los hombres. Pero son casos opuestos al tuyo.
—Fingen porque eres muy hermosa y quieren impresionarte. No se los puede culpar.
—¿Eso es un piropo? —le preguntó ella sonriendo coquetamente. 
—No, solo dije lo que pienso. Sé que estás lejos de mi alcance.
—No, no lo estoy, y a mí eso me sonó a otro piropo, por eso voy a decir, gracias. 
—Lo voy a aceptar pero por reparar el auto. Tenía una ficha floja. Prueba ahora. 

Amanda lo encendió y andaba perfecto. Se mostró muy contenta pero enseguida una sombra cruzó por su rostro y se puso seria. Pensó un momento y se bajó del vehículo a decirle:

—¿Te parecería raro si te pido que me acompañes ahora? Aunque tengas algo que hacer déjalo y ven conmigo. Todavía no puedo decirte a dónde vamos. Confía en mí.
—No tengo nada importante que hacer y... Está bien, vamos. ¿Puedo llevar mi hacha?
—Claro, ponla atrás.

Y partieron raudamente por el camino. A él le pareció raro pero confiaba en ella y su instinto le decía que estaba haciendo lo correcto. Cada tanto ella miraba hacia arriba y seguido consultaba la hora en su celular. Él conocía muy bien toda la región. Cuando doblaron en un camino que conducía a una base militar ató varios cabos y le comentó a ella:

—No creo que estés preocupada porque llueva, tiene que ser algo mucho más grave. ¿Se nos viene la guerra o alguna catástrofe?
—¿Cómo lo dedujiste? —le preguntó Amanda bastante asombrada.
—Por tu desesperación, por todas las veces que miras hacia el cielo, andas en un auto del Gobierno, vamos a una base militar... Y no debe quedar mucho tiempo porque te dejaron por tu cuenta. Ahora que lo pienso mejor, guerra no debe ser porque igual te enviarían algunos soldados, así que es una catástrofe. ¿Un meteorito?
—¡Oh!, que inteligente eres, en serio, estoy asombrada. Y tienes razón, pero no es solo un meteorito, son muchos, una lluvia de ellos y deben estar por caer en cualquier momento. 
—¿Y que tanto daño calculan que harán? 
—De los humanos van a sobrevivir solo los que estén bajo tierra, en búnkers. Esperemos que el de esta base todavía no esté cerrado. No he podido comunicarme con nadie de ahí. 

Cuando llegaron a un portón lo encontraron cerrado y no había nadie. Amanda recostó la cabeza en el volante y se lamentó:

—Ya lo cerraron. Estamos muertos —después levantó la cabeza para mirarlo—. Pero por lo menos me voy a ir con alguien agradable a mi lado. Estaba desesperada porque temía morir sola.
—Te agradezco que mi compañía te sirva en la muerte pero puede que para ese momento todavía falte mucho. Tengo un búnker.
—¿Qué?
—Te lo explico mientras conduces. El lugar no está tan lejos, volvamos. Era del viejo Wilson. Parecía un campesino cualquiera pero tenía mucho dinero, y un miedo terrible a una invasión zombi. Por eso mandó construir ese lugar. Era secreto, más nadie en la región lo sabe, solo yo porque hice buenas migas con él. Cuando se enfermó no sé por qué se peleó con todos sus parientes, era un tipo complicado. El asunto es que me dejó su terreno a mí. A veces creo que era mi padre. El lugar es inmenso y está repleto de comida, hay energía, mucha agua. Solo tenemos que llegar y estaremos salvados.
—Y yo creí que te estaba salvando cuando solo te he puesto en peligro. Si no fuera por mí ya estarías en tu casa y con el refugio cerca.
—Vamos a llegar. Y no me interesa sobrevivir solo, prefiero terminar así. 
—Y creo que así vamos a terminar. Ya comenzó.
—No importa. Acelera, no es tan lejos.

Las nubes empezaron a quedar anaranjadas y de pronto las atravesaban unas bolas de fuego que bajaban velozmente dejando una línea de humo. Aparecía una aquí, otra más allá, y pronto el cielo estuvo cubierto de bolas envueltas en llamas verdosas que después impactaban contra la tierra con el estruendo de varios truenos. Los dos se creían perdidos pero como todavía no caía nada sobre ellos siguieron. Alcanzaron milagrosamente la propiedad de Fabricio. Él entró a la casa y no mucho después salió de ella con un gato enorme en sus brazos. La primer puerta del refugio estaba en una colina cercana. Después de esa puerta bajaron por una escalera y ahí estaba la del búnker. Fabricio encendió los generadores del lugar y cuando quedó claro ella vio que realmente era grande y estaba bien equipado. Desde allí igual sentían el temblor de la tierra. Amanda se arrimó a él para que la abrazara, los dos lo necesitaban. Fuera ya casi todo estaba envuelto en llamas o destruido. 

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Fabricio salvo a Amanda mas de una vez y esto solo termina de una manera romance y después de todo en un apocalipsis no habrán muchas opciones...

Jorge Leal dijo...

Eso es lo bueno de los apocalipsis si se encuentra a una mujer así ¡Jajaja! Muchas gracias. Saludos!!

Belén Duran dijo...

Me fascino... increible y muy romantica

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Belén. A veces me gusta mezclar alguno así. Saludos!!

Francisco Ramos dijo...

Amor apocaliptico

Jorge Leal dijo...

Así es, Francisco, se conocieron justo a tiempo ¡Jaja! Muchas gracias por comentar. Saludos!!

Xiu Amigon dijo...

Romantico, aun que hubiera sido mas lindo que se conocieran en otras circunstancias ni hablar ahora les tocara poblar de nuevo el planeta jajaja

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! Tiempo les va a sobrar. Realmente estás leyendo todos. Muchas gracias. Saludos!!

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