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lunes, 2 de mayo de 2016

Un Zorro Entre Los Lobos

Estaba más que intimidado por aquellas bromas de mal gusto y los manotazos en el hombro o en la espalda que me daban entre carcajada y carcajada...
Yo no encajaba con aquella gente, y sobre todo me tenía muy extrañado la actitud de Marcela. Había sufrido una transformación total en su carácter y se comportaba igual a los brutos imbéciles de sus hermanos. Como ya hacía un tiempo que salíamos fui a conocer a su familia. La ocasión era el cumpleaños de uno de sus hermanos y organizaron una barbacoa en el fondo de la casa familiar, de noche. La vivienda era tan grande que los seis hermanos vivían allí con sus familias. Incluyendo al viejo todos eran policías. Mientras hablaban a los gritos, comían y bebían en abundancia, me pregunté cómo habían podido comprar una propiedad tan grande solo con sus sueldos. La respuesta era obvia: eran policías corruptos. 

Al recibirme en el fondo de la propiedad todos me saludaron apretándome la mano lo más que podían. Sentí que mi mano crujió un poco pero creo que disimulé bien el dolor. Habían iluminado el patio y en él colocaron varias mesas donde había bocadillos, ensaladas, bebidas, y en una barbacoa grande estaban asando hamburguesas, chorizos y chuletas. Dos de sus hermanos más grandes me apartaron de Marcela sentándose uno a cada lado. Tenían un humor chabacano, reían a carcajadas y me daban palmadas en la espalda. Marcela reía inclinándose hacia atrás y hacia adelante y dando algunas palmadas en la mesa como si fueran lo más gracioso del mundo. Comprendí que ella actuaba así porque aquella familia era como una jauría de lobos, donde demostrar debilidad solo sirve para que se ensañen con uno. Lo de ellos estaba claro, me estaban ahuyentando. Busqué en la mirada de ella algún atisbo de que mi situación la incomodaba pero no lo encontré. Cuando me sirvieron una hamburguesa y les dije que era vegetariano la risa fue general y nuevamente cargaron con sus tonterías. Era un grupo grande, todos sus hermanos eran casados y tenían varios hijos, algunos ya adolescentes. Marcela en ese momento demostró una pizca de consideración y me arrimó un pote con ensalada. Las bromas sobre mi condición de vegetariano siguieron, y uno de ellos dijo:

—Hermanita, ¿qué haces con este tipo si no come carne? ¡Jajaja!
—No la consumo en alimentos —me defendí, y pasé a atacar—, y gracias a eso mi sistema circulatorio y todo para lo que me es útil funciona muy bien, ella es mi testigo.

Los más chicos allí no lo entendieron, pero los otros sí y a los hermanos y a sus padres no les hizo ninguna gracia; las mujeres del grupo si se echaron a reír y eso disgustó más a los tipos. Y la mujer del mayor comentó:

—Ves querido, tú tendrías que seguir el ejemplo, porque toda esa grasa no te está haciendo muy bien que se diga ¡Jajaja! 

Uno de los hermanos salió con otro tema porque en ese estaban perdiendo. Consumí mi ensalada bastante divertido. Cada tanto los tipos me fulminaban con la mirada. Estaba tomando jugo de naranja cuando uno de ellos me preguntó:

—Supongo que nunca saliste a cazar, ¿no?
—Sí he salido y muchas veces. Obviamente no consumo lo que cazo pero sí se lo preparo a los otros. Mi padre y mis hermanos son fanáticos de la caza.
—Vaya, que sorpresa. ¿Te gustaría ir un día con nosotros?
—Sí, solo díganme cuándo. Tengo varios días libres que no he usado, hasta podría ser un día de semana si se da.
—Entonces vamos a salir a cazar, vamos todos, ¿qué dicen muchachos?

Todos le dijeron que sí. Alcancé a notar algunas miradas cómplices entre ellos. Desde ese momento su trato cambió y se mostraron muy amigables. Querían que confiara en ellos. Como tomé mucho jugo tuve que entrar a la casa varias veces. Al final del cumpleaños resolvieron que saldrían a cazar ese domingo (era viernes). Les dije que contaran conmigo. Se despidieron de mí amigablemente. Marcela me acompañó hasta la calle y allí me dijo:

—No vayas con ellos, te van a hacer alguna broma pesada o algo.
—No, no lo creo. Sé que estuvieron un poco pesados pero fue como para romper el hielo, yo no lo tomé a mal. Es mejor una familia con sentido del humor que una amargada. Me divertí un montón. Mira, sé que mañana íbamos a salir pero, como tengo que ir bien descansado el domingo...
—Sí, lo dejamos para otro día, igual nos vamos a ver el domingo entonces.
—Claro. Estoy emocionado por ir a esa caza, ya deseo que sea el día. Nos vemos.
—Ve con cuidado. Te quiero.
—Yo también.

La despedida duró un poco y me marché para no verla a ella ni a aquellos corruptos nunca más. Se creyeron mi mentira y quién sabe cuánto rato me estuvieron esperando ese domingo. Un tiempo después casi toda la familia marchó presa, incluyendo a Marcela. Un ciudadano anónimo había aportado pruebas a una investigación que ya se hacía sobre ellos. 

5 comentarios:

  1. Pienso que fue él que dio dicha información. un bueno se salvó de esos salvajes.

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  2. Claro que fue él, robó algo en sus idas al baño. Gracias. Saludos!!

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  3. Fue verdaderamente astuto pues nada bueno hubiera sucedido en ese viaje de caza.

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  4. De ahí el nombre del cuento ¡Jeje! Este personaje me gustó, puede que lo use en algo más. Saludos.

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  5. Jajaja como dicen en México "mas vale que digan aqui corrio, que aqui quedo" yo hubiera hecho lo mismo sin durar.

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