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martes, 7 de junio de 2016

Otro Mundo (cuento de sueños)

“Iba al almacén a comprar no sé qué. Tantas veces había caminado rumbo a aquel local que igual seguí a pesar de no recordar qué me habían pedido. Entré al almacén y su dueño me saludó como siempre y me preguntó qué quería. Hice un esfuerzo enorme pero no lo pude recordar. Cuando sonrió condescendiente y me dijo que volviera a mi casa a preguntar lo que era, sentí tanta vergüenza que algo me hizo dudar de esa realidad y al dudar enseguida comprendí que soñaba.

El viejo almacenero seguía con aquella sonrisa pero no me importó, era solo un sueño. Lo observé un momento y luego me despedí. Él murió hace años. Salí de allí, observé todo en derredor y al hacerlo me di cuenta de que el barrio estaba como en mi niñez. No vi el sol pero estaba de día y había mucha luz. Me sentí nostálgico y contento a la vez. Enderecé rumbo a mi casa. Las calles eran de tierra. Me detuve frente a una canaleta profunda y ancha que había cavado el agua. En la realidad siempre buscaba el lado más angosto para saltar, pero por qué hacerlo allí si aquello no era real. Busqué la parte más ancha y salté. Quedé en el borde, a punto de caer hacia atrás y moviendo los brazos para recuperar el equilibrio. 

Lo que evitó que cayera hacia atrás fue mi fuerza de voluntad porque ya me había inclinado mucho, pero en aquel mundo dominé lo que allí imitaba a la gravedad. Después me volví hacia la barranca y tanteé el borde con el pié, logré desmoronar una parte. Entonces volví a mirar todo. Pensé que si mi mente había creado todo aquello lo había hecho de una forma muy realista. Seguí hacia mi hogar. Ya casi lo alcanzaba cuando del otro lado de la calle vi a un vecino que también está muerto, y al alcanzar mi destino vi a mi difunto abuelo sentado en el frente. Le gustaba hablar sobre el clima, por eso hice un comentario sobre lo lindo que estaba el día y él empezó a hablar. Me desbordaba la nostalgia cuando mi abuela salió de la casa y le preguntó qué quería comer. Ella me trató como si recién me hubiera visto y enseguida se fue a hacer sus cosas. Sentí más nostalgia todavía pero no tristeza. Los dos habían tenido una vida muy larga y a todos nos llega el final. Pero a pesar de mi filosofía casi me derrumbo a llorar cuando mi viejo perro apareció moviendo frenéticamente su cola. Mi hogar está en el mismo terreno pero más en el fondo, aparte del de mis abuelos. Rocky, mi viejo perro, saltaba y giraba entre mis piernas, contento. Se me ocurrió que tal vez mi mascota actual también estaba en el sueño y me entusiasmé al pensar en presentarlos. Silbé varias veces pero no vino. Entré a mi casa con cierta cautela porque no sabía con qué me iba a encontrar. 

No había nadie. Tenía la sensación de que hacía un buen rato que estaba allí y sin embargo seguía bien consciente. Curioso, entré en todas las habitaciones observando detenidamente los objetos. Era asombroso. Los muebles y las demás cosas eran los de hacía muchos años atrás pero en mi viejo cuarto, al lado de una cama que ahora me quedaría muy pequeña, había algo que no correspondía a esa época: mi bolso de ir al monte, y sobresalía de él el mango del cuchillo más grande que tengo y que es mi favorito. Lo saqué de su vaina y despreocupado porque aquello no era real probé su filo en mi dedo índice izquierdo, y para mi sorpresa me cortó. No sentí dolor y no sangró pero me quedó un tajo oblicuo en el dedo. Después lo moví hacia arriba y hacia abajo para comprobar su peso y mirando de cerca su mango vi las rayas diminutas que le había dejado el tiempo y el uso. Pensé que se sentía muy real y supuse que era así porque lo había usado muchas veces y en mi mente tendría bien grabados su peso y hasta sus más mínimos detalles. Era demasiado grande como para ocultarlo en la ropa pero igual me lo puse en la cintura porque qué importaba, solo era un sueño. Lo tomé porque al ver que era funcional se me ocurrió ir a dar un paseo por los campos cercanos (nunca voy a la naturaleza sin un filo), eso si no me despertaba antes o si aquel mundo no cambiaba de pronto, también podía dejar de estar consciente. Por el camino me crucé con varios conocidos, todos muertos. Me saludaron como lo habían hecho en vida. A esa altura ya me resultaba obvio que los únicos que aparecían era gente muerta. Pensé que si lo recordaba al despertar iba a ser el sueño más raro de mi vida.

Antes solía cortar camino por un pequeño bosque, pero en aquel mundo me detuve al alcanzar esa zona y lo pensé bien. El área del lugar era pequeña pero era frondoso. El sueño ya era algo raro, ¿sería bueno meterme en un bosque sombrío que tenía muy mala reputación? Había pasado por allí cientos de veces sin nunca notar nada extraño, aunque sobre aquel lugar se contaban muchas historias inquietantes, principalmente sobre la casa que estaba en medio de ese lugar. Esa construcción sí me resultaba tétrica, y aunque estaba abandonada y más de una vez vi una de sus puertas medio abierta, creo que nunca nadie se atrevió a entrar en ella. Se hablaba, entre otras cosas aterradoras, que en pasado allí le habían hecho ofrendas al Diablo. Como personalmente nunca vi nada y el resto del lugar no me asustaba no creí que se tornara desagradable. Y aunque hasta el momento solo había visto a gente muerta y eso era algo inquietante, era comprensible por la época en que se desarrollaba el sueño. Para decidir si entraba o no observé el comportamiento de Rocky; él se adelantaba un poco hacia las sombras de los árboles, después giraba para mirarme y volvía a mi lado al ver que yo no avanzaba. Muchas noches en el monte había confiado en él y sus sentidos. Si no tenía problemas con meterse allí yo tampoco. Entramos y seguimos avanzando entre las sombras de aquellos colosos que ya no están. Ya en medio de la fronda algo me hizo dudar y avancé cauteloso y mirando hacia todos lados. Al escuchar un ruido mecánicamente mi mano buscó la empuñadura. Una mujer muy vieja y pequeña, encorvada y de andar lento, salió de un matorral llevando una taza en una de sus manos temblorosas.

 Me impresionó mucho pero cuando me saludó por mi nombre la recordé; era la abuela de un compañero de escuela. La anciana estaba buscando unas frutas pequeñas que crecían allí. Varias veces la había visto haciendo eso en vida. La dejé atrás y enseguida se perdió entre montones de ramas. Me sorprendió bastante que no me hubiera despertado con aquella fuerte impresión. Había observado mi entorno con mucha atención, por eso me di cuenta del cambio. Ahora los árboles de pitanga (una fruta pequeña) estaban cargados. Desde la aparición de la anciana la época había cambiado, especulé. Probé una pitanga para ver si tenía gusto, estaba deliciosa. Adoro esas frutas. Mi perro se mostró un poco impaciente por seguir, mas al no convencerme con sus amagues de irse se plantó a mi lado y adoptó una postura vigilante. Llevándome un puñado de pitangas a la boca se me ocurrió que algo intentaba retenerme allí, y girando la cabeza noté que ya estaba más oscuro. Decidí que lo mejor era desandar el camino. Los pitangueros ahora mostraban frutas cada vez más grandes que se apiñaban pesadamente en las ramas como tentándome. Mi perro dejó de menear la cola y ya no se adelantó, iba a mi lado, atento, con las orejas levantadas.

Caminábamos por un sendero que antes tenía dos curvas que eran bastante parecidas pero una estaba en el fondo que daba a un campo y la otra se encontraba cerca de la calle. Cuando terminé de doblar en esa parte descubrí que en vez de avanzar ahora estaba más lejos de la salida. Pensé un momento. Ya había avanzado lo suficiente como para estar cerca del camino. Sentí que tenía que creer en eso para salir de allí. Hice de nuevo la curva del sendero y esta vez vi la calle. Pero ya estaba muy oscuro y entre los contornos difusos de los árboles empezaron a salir unas siluetas que avanzaban rengueando, arrastrando una pierna o sobre sus cuatro extremidades. “¡Son zombis!”, pensé horrorizado. En el mundo onírico siempre le temí a los zombis. Ya tenía el cuchillo en la mano, y cuando uno de ellos apareció delante de mí reaccioné agresivamente y de un tajo le saqué una tapa a su cabeza y este cayó inerte. Salté por encima de ese y unas zancadas más estaba en la calle, con Rocky a mi lado. Fuera de la arboleda no estaba de noche pero la luz ya era como de atardecer. Creí que aquella horda iba a salir en tropel detrás de mí pero no lo hicieron. Entre los árboles todo era confuso porque las cosas apenas se distinguían, pero por lo poco que alcancé a ver antes de salir corriendo me di cuenta de que no era una horda avanzando hacia mí, era un grupo huyendo como podían hacia todos lados, y aparentemente no podían atravesar la linde. También vi, muy fugazmente, a unos seres flacos y altos que parecían estar cazando a los otros. 

De alguna forma que no logro entender completamente, a todo lo que aprendí estando despierto se sumaban ahora unos conocimientos intuitivos de ese otro mundo. De esa forma supe que estaba por ocurrir un cambio, que con la oscuridad llegaba otra realidad y que esta era un mundo de terror que se extendía desde aquel bosque. Corrí rápido mas la oscuridad se extendía con mayor velocidad. No había más nadie en la calle y las casas empezaron a desaparecer en la negrura. Por un momento temí quedarme solo porque Rocky era parte del mundo de la claridad mas siguió corriendo a mi lado. Cuando alcancé el terreno no veía ni donde pisaba pero haciendo un esfuerzo proyecté el recuerdo del patio sobre aquella negrura y así pude alcanzar la puerta. Mi perro entró atropelladamente. Enseguida me sentí a salvo. Dentro de mi hogar la oscuridad no era tanta pero para sentirme más seguro deseé tener alguna fuente de luz, y en ese momento recordé que en el bolso tenía dos linternas. Y allí estaban, y funcionaron. Al acercarme a la puerta Rocky gruñó hacia afuera. Fui hasta la ventana con la linterna apagada y después de apuntar hacia afuera la encendí. Retrocedí horrorizado por lo que me mostró. Varias de las criaturas flacas ya habían alcanzado el patio y al verse iluminados lanzaron chillidos y gritos al tiempo que se tapaban la cara con los antebrazos y salían huyendo hacia la oscuridad. Todos tenían cuernos, colas como de ratas y manos enormes que terminaban en garras muy largas. La luz los afectaba tanto que logré detener a uno de los que estaba cerca de la casa. Intentó escapar pero la luz lo derretía como una lupa derretiría a un helado un día de mucho sol y calor. Terminó convertido en un charco inmundo que la tierra absorbió.

Ya no quería seguir ni un instante más allí. Me despedí de mi amigo y traté de despertar pero no pude. Di algunas vueltas en la oscuridad. Sabía que los sueños pueden parecer largos aunque no lo sean, mas tanto me resultaba absurdo, ¿por qué no despertaba? Fuera había una oscuridad opresiva. De alguna forma sabía que aquellos monstruos no podían entrar pero por las dudas iluminé todo lo que podía abarcar la linterna desde las ventanas. Algunos de esos demonios o lo que fueran cruzaban velozmente por las partes donde los haces apenas llegaban a iluminar. No sabía qué era aquello y crecía en mí la idea de que no era un sueño. Por un instante consideré salir con la linterna apagada para que me atacaran y así despertarme. No lo hice porque alguna fuente desconocida me indicaba que sería un error. Y por ese conocimiento obtenido no sé cómo supe que si me mataban iba a quedar como las pobres almas que tomé por zombis. ¿Entonces qué hacer? Al preguntarme eso obtuve una respuesta no sé si en forma de pensamiento y si fue una voz: “Tienes que entrar a la casa del bosque y destruir lo que hay ahí”. Quién o qué quería eso, lo ignoro, pero sé que es algo bueno. 

Aquella noche horrible pasó. De pronto la habitación se iluminó y cuando miré hacia afuera estaba de día. De nuevo era aquel mundo amigable. Salí al frente y desparramé una larga y reflexiva mirada por todo aquel lugar tan conocido. Tenía que ir hasta la casona del bosque y enfrentar lo que fuera. Sentía bastante confianza porque ya había probado que con un esfuerzo de mi voluntad podía modificar en parte las “leyes” de aquel mundo si lo necesitaba, lo que venía a ser como un poder, y contaba con las cosas del bolso, y con mi amigo. Pensaba en eso cuando escuché que algo pesado y de cuatro patas corría hacia mí. Me volví y con alegría descubrí que era Sultán, mi otro perro. En un primer momento Rocky se interpuso entre nosotros y le gruñó; Sultán solo se detuvo y mirando hacia abajo (le triplicaba el tamaño por ser muy grande) quedó moviendo la cola. Enseguida se amigaron y pude saludar al recién llegado. Después experimenté sentimientos encontrados. Me alegraba contar con aquel grandulón pero eso significaba que él había muerto. Y aunque no quería entrar solo a la casa del bosque tampoco me agradaba llevarlos a ese lugar. Pero por otro lado si estaban allí era para ayudarme, y en vida los dos habían demostrado que eran muy leales, y no les exigía nada que no hubiera hecho yo por ellos. Tomé el bolso y partimos a nuestra misión. Todavía ni veía los árboles cuando noté un cambio importante, las cosas empezaban a perder claridad, cada vez lucían menos reales, ¡estaba por despertar! Sentí que me alejaba de aquel mundo y les ordené a mis amigos que regresaran al terreno. Como si entendieran la situación se alejaron cabizbajos y volteando hacia mí. Seguidamente sentí que me alejaba más y de un momento a otro me encontré mirando algo blanco que resultó ser un techo. Estaba acostado boca arriba.

Sentí que tenía algo en un dedo y al levantar la mano para ver qué era empezó a sonar una alarma chillona. Antes de que apareciera una enfermera me di cuenta de que me encontraba en un hospital, más precisamente en el lugar donde tienen a los comatosos. Mi familia se presentó a los pocos minutos y pude preguntarles qué había pasado. Los médicos estaban bastante desconcertados y todavía no se ponían de acuerdo. Había amanecido así. Mi sorpresa no fue poca cuando me dijeron que estuve en coma toda una semana. Recordaba perfectamente todo lo del otro mundo pero estando despierto empecé a cuestionarme su naturaleza y a inclinarme a creer que solo fue un sueño por demás raro. Ojalá fuera solo eso pero no fue así. Enseguida noté que me estaban ocultando algo, y aunque en un primer momento lo negaron terminaron admitiendo que sí, que no querían decírmelo para no darme una mala noticia. Ante mi ausencia, enseguida Sultán se había metido en mi cuarto para después negarse a salir de él, y que allí murió repentinamente estando dormido. Y había un misterio: mi bolso de ir al monte había desaparecido con todo lo que tenía en él. No fue un sueño. Creí que esa misma noche iba a volver a aquel lugar pero no fue así, y desde esa vez ya han pasado muchas más. Supongo que es porque el tiempo de ahí y el de acá son diferentes. Algún día, tarde o temprano sé que voy a regresar a ese mundo, es una misión importante que tengo que cumplir. Por eso dejo esta pequeña memoria para que no me tengan lástima si de nuevo vuelvo a una cama de hospital. Mi cuerpo estará ahí, tendido e inmóvil, pero mi espíritu y el de mis amigos va a estar luchando en el otro mundo”.

Al terminar de leer eso el doctor dobló los papeles y miró al joven paciente que estaba quieto frente a él en una cama. La familia había descubierto esa nota y no sabían si creer en ella o no, y desesperados porque alguien les aclarara algo se la dieron al médico encargado de la sala de comatosos. El doctor por un momento no supo qué creer, después notó algo y se acercó al paciente para verificarlo. En el dedo índice izquierdo tenía la cicatriz de un corte transversal que parecía hecho con algo muy filoso.     

10 comentarios:

  1. Otro gran cuento,que magnifico mi amigo te aplaudo de pie! me gusto tanto que al estar los mas fieles del mundo involucrados tambien (los perros)con su lealtad casi eche algunas lagrimas jeje. .no se porque pero me toco hondo el cuento..gracias maestro por alegrarnos con tus cuentos,fuerza y segui siempre..Willy

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  2. Muchas gracias, Willy. A este cuento lo hice en gran parte de pedazos de sueños, un poco de uno, un poco de otro, y esto lo hace bastante particular porque contrariamente a lo que se cree, los sueños no son fuentes de ideas; sí se puede usar algo de ellos pero de otra forma. Gracias de nuevo. ¡Saludos!

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    1. Creo que difiero de ti Jorge , un gran libro salido de una pesadilla nocturna es Dr. Frankenstein

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  3. Saludos, Jorge. Muy bueno, el cerebro es maravilloso capaz de crear tanto... Ahora me haz sembrado la duda de si una persona comatosa es capaz de soñar, voy a investigarlo. Gracias por compartir con nosotros tus cuentos... :)

    Stephanie

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  4. Gracias, Stephanie. Mejor no investigues mucho, porque estos son cuentos de ficción realista pero hasta por ahí nomás ¡Jaja! Es ficción. Saludos!!

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    1. No conseguí información concreta suficiente en mi búsqueda aunque en la mayoría dejaban a entender que si son capaz de soñar. En fuentes poco confiables habían personas manifestando que habían estado en coma y habían tenido "el sueño de la luz", entre otros. En resumen la capacidad de soñar depende de la razón que haya llevado a esa persona al estado comatoso...

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  5. En el cuento la razón era sobrenatural, así que podía soñar. Todo lo que leas por aquí que no se aplique a la realidad es porque es de origen sobrenatural ¡Jeje! Saludos, Stephanie!!

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  6. Hol master!. Vaya, este cuento te quedó magnífico, fue muy triste lo que le pasó y a sus perros. Me dio tristeza y te quedo genial. Por alguna razon siento que esta historia esta conectada a la historia de " Realidades". Al principio creí que era la continuacion, pero veo que eran totalmente independientes una de otra, aunque no se sabe, ya que siempre nos das sorpresas amigo... Fue bastante tragico su final, pero opino que esta historia deberia tener continuacion, ya que no se aclaró que era lo que habia oculto en la casa del bosque. Me sentí bastante tocado por esta historia, es muy buena y esta buena!. Espero que haya podido eliminar el mal allá donde esté. Me pregunto si el doctor habrá creido algo al final. Por que fue que quedó en coma?. Esta historia es excelente y asombrosa master!. Te felicito, de lo mejor!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  7. Gracias Ongie. Desde hace tiempo vengo creando pequeños mundos, universos ficticios, y efectivamente, esta historia es parte de uno de ellos. Las historias pueden no relacionarse pero ocurren en la misma realidad. Otras veces no tienen nada que ver aunque sean parecidas y supongo que eso confunde ¡Jeje! Esto un poco pasa porque, aunque suelo tener en cuenta a los lectores, mayormente ese público soy yo mismo ¡Jajaja! O sea, gran parte de lo que escribo es para mí. Este universo en particular es bastante complejo, y viene tanto de experiencias personales en el mundo onírico como de algunas ideas y personajes que no he publicado, pero sí escrito. Lo que pasa es que a veces tengo ganas solo de hacer cosas así, de escribir tranquilamente porque no voy a subir eso; pero como tengo que alimentar al blog para que después él me pueda alimentar a mí ¡Jaja! a veces subo pedazos de esas obras. Si publicara todo en internet al final terminaría perdiendo las ganas de escribir ficción. Saludos.

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