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miércoles, 6 de julio de 2016

Atmósfera De Terror

La noche ya se cerraba sobre el campo pero se distinguían dos siluetas que estaban de pie frente a una solitaria casa.
Era la única vivienda en varios kilómetros a la redonda y se hallaba después de un patio muy amplio donde había dos naranjos inmensos que a esa hora eran solo contornos negros. Era la casa de Márquez, y él era uno de los que estaban en un costado del camino frente a su terreno; el otro era Ramos, los reconocí por la voz porque tenían la costumbre de hablar casi a los gritos. Los conocía hacía ya varios años, desde que me mudé a esa zona, y los dos, muy entregados a la amistad, me habían invitado a varias cacerías que fui con gusto a pesar de no tener experiencia en esa actividad. Ese día regresaba de mi rutinaria caminata y como había salido tarde se hizo noche cuando todavía estaba en el camino y lejos de mi hogar. 

Los hombres que conversaban no estaban solos, andaban entre ellos varios perros, los de Márquez. Sin dudas ya me habían notado y hasta reconocido, pero como estaba oscuro me ladraron un poco como para cumplir con sus papeles de guardianes. Las siluetas voltearon hacia mí alertadas por los perros, su dueño los hizo callar y después de un instante de estudio los dos me reconocieron.  Ramos fue el primero en gritarme:

—¡Arturo!, ¿te volviste alérgico al sol? ¡Jajaja!
—No debe ser eso —dijo Márquez—. Quién sabe en qué anda este, en alguna visita nocturna seguramente ¡Jeje!
—¡Jajaja! No es por nada tan interesante —les dije—. Solo salí muy tarde pero quise caminar lo mismo igual, y ya de paso me refresco un poco, porque hoy sí que hizo calor. Apuesto que están hablando de cacería, ¿no?
—Sí, porque estamos organizando una salida. Este recién pasó por aquí y se nos ocurrió. ¿Te sumas? Solo nosotros dos no tiene gracia —me invitó Márquez. 
—Me sumo sí, como no. ¿Dónde están pensando ir?

Y empezamos a planear la cacería. Ahora éramos tres siluetas en el costado del camino. Márquez nos invitó a pasar pero preferimos quedarnos allí porque la noche estaba muy agradable. Mientras hablábamos, los perros, que eran siete, andaban entre nosotros visiblemente emocionados porque intuían una salida; pero finalmente parecieron comprender que no era inmediata y cada uno buscó un lugar donde echarse pero sin perdernos de vista, quedaron a pocos pasos nuestros. La seguimos largo rato porque no acordábamos a cuál de los lugares que conocíamos ir. Finalmente elegimos uno y ahí pasamos a otra cosa. Naturalmente la conversación después se desvió hacia algunas anécdotas de cacerías, primero graciosas, después se siguió con las de terror. Yo no tenía ninguna que me hubiera ocurrido en la naturaleza, pero para no quedarme atrás les conté algunas cosas raras que me habían pasado en la ciudad. Pronto ninguno tuvo más historias y recurrimos a las que nos habían contado. 

En la primer cacería, junto a otras cosas prácticas Ramos me dijo que cuando se está acampando o se anda en el campo de noche, nunca hay que ponerse a contar cuentos ni historias de terror; Márquez opinaba igual y según ellos era porque el miedo atrae a las cosas que asustan. Me lo explicaron brevemente con otras palabras, pero básicamente se referían a que la atmósfera de tensión que se forma al escuchar y narrar cuentos así (aunque uno se esté divirtiendo), de alguna forma puede influenciar el entorno cambiando su energía y así terminar atrayendo alguna cosa. Yo no creía eso mas como era el invitado de ellos ni tocaba el tema. Si ahora ellos seguían hablando sobre ruidos raros, apariciones, fantasmas, duendes y avistamiento de hombres lobo, evidentemente era porque no creían que allí pudiera pasar algo. Se equivocaron.

 De un momento a otro empecé a sentir algo raro. Me estaba divirtiendo con las historias pero a la vez me estaba inquietando. Varias veces giré la cabeza como si hubiera escuchado algo aunque no había sentido nada. Vi que los otros también hicieron lo mismo, los dos estaban frente a mí. De poder vernos las caras seguramente notaríamos una sucesión de sonrisas, caras serias y gestos nerviosos. No sé por qué seguimos narrando aquellos espantos, tal vez era para demostrar nuestro valor, tal vez lo tomamos como una competencia, o pudo ser por la simple emoción. Ahora sentía que cualquiera de aquellas cosas podía suceder. Cuando la tensión ya fue mucha decidimos parar y volvimos a nuestros planes. Teníamos todo decidido cuando de repente, algo que apareció detrás de mí siseó fuerte sobre mi hombro:

—¿Y si yo también voy? 

¡Fue espantoso! Mis compañeros brincaron hacia atrás con un grito, los perros lanzaron a la vez sus más amenazantes ladridos, y yo solo quedé paralizado sin atreverme a voltear. Pero el mismo terror me hizo girar después y vi como una cabeza de pelo largo se alejaba flotando erráticamente para enseguida desaparecer en la oscuridad. Debía ser algún tipo de aparición porque una especie de luz la iluminaba. Salimos todos disparados hacia la casa y Márquez se apuró en encender las luces. Los perros siguieron ladrando y aullando no sé cuánto rato. ¡Que momento más horrible! Hombres y perros nos largamos de allí en la camioneta de Márquez. Se quedaron en mi casa; Ramos vivía más lejos y en esa época también estaba solo. Por suerte la atmósfera de terror que creamos se quedó atrás, solo fue algo del momento, lo comprobamos al otro día al regresar al lugar.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen cuento amigo,como me gustan,de montes y cacerias,aunque ya no contare cuentos de terror cuando vaya a cazar jeje pero por ahora voy solo..saludos maestro,Willy soy..

Anónimo dijo...

Por fiiin, amigo ya me estaba preocupando por ti jajaja llevabas mucho tiempo sin escribir, gracias por otro gran cuento, saludos.
Bs

Jorge Leal dijo...

Hacés bien en no contar cuentos así en el monte, Willy, pero no porque cambie el entorno, lo que cambia es tu mente ¡Jaja! cuando está concentrado en el ahora no se asusta, estás atento a lo que hay afuera; pero cuando empiezas a imaginarte cosas al narrar o escuchar historias pasas a estar "más adentro" de tu mente y ahí es donde puedes asustarte ¡Jaja! Por eso es menos probable asustarse andando solo que en grupo, porque en grupo uno no anda tan concentrado por andar hablando o escuchando a los otros. Gracias. Saludos, Willy.

Raul dijo...

Muy bueno Jorge!! Saludos

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Raul. Te mando un saludo.

Anónimo dijo...

Saludos, Jorge. Muy bueno. Estos tres tienen tremenda anécdota jaja aunque no creo que tengan ganas de contarla...

Stephanie

Raúl Sesos dijo...

Buenísimo! Se te extrañaba! Aplausos!

Anónimo dijo...

Atrapante y entretenida esta historia, muy buena en verdad, me metí de lleno en el cuento, casi sentí como si estuviera allí jeje
Saludos y sigue asi :D
Gerardo

Jorge Leal dijo...

Gracias Gerardo. Cumplí entonces ¡Jeje! ¡Saludos!

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