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lunes, 18 de julio de 2016

El Puente

La noche estaba muy clara y se veía perfectamente al camión bamboleándose por el solitario camino. Body, el conductor, fue aminorando la marcha hasta que frenó. Con él iba Chad, y la frenada lo despertó, entonces se pasó la mano por la cara y le preguntó a su socio:

—¿Ya llegamos? —antes de terminar de decir eso se dio cuenta de que no era así al mirar lo que los rodeaba, que era principalmente bosque, delante de ellos había un claro por donde pasaba un arroyuelo.
—No, vamos cuando mucho por la mitad del camino. Me detuve porque no me gusta ese puente —le explicó Body. 
Chad volvió a plancharse la cara con la mano y emitió un suspiro de fastidio antes de preguntar:
—¿Quieres que vaya a revisar?
—No, tu sigue durmiendo mientras solo yo trabajo —le contestó Body lleno de sarcasmo.
—Bueno, ya voy, ya voy.

Y se bajó bostezando. En el remolque del camión, que no era muy grande, empezaron a moverse inquietas las ovejas que cargaban. Acababan de comprarlas directamente a un criador y guiándose por un mapa habían tomado un camino alternativo que parecía ahorrarles algunos kilómetros. Estaban en una zona remota de Irlanda. A ambos lados del angosto camino la luna llena enseñaba un bosque de árboles retorcidos y sin hojas. Chad llegó hasta el borde del pequeño puente que pretendían cruzar y lo examinó con la vista. Estaba hecho de madera, era angosto, sin barandas,  y tendría unos escasos tres o cuatro metros de altura. Abajo corría un arroyuelo que pasaba rumoroso entre montones de rocas que querían cortarle el paso. Al igual que al camino que tenían del otro lado del puente, el bosque parecía tragarse al arroyo por ambos lados no mucho más allá del cruce. El hombre dio unos pasos con mucha precaución sobre los tablones pero estos ni sonaron. Avanzó con más confianza mirando toda la superficie hasta que se detuvo en el medio al hallar una irregularidad. Una buena parte del costado, un pedazo arredondeado como de un metro y medio no parecía ser de madera. Se inclinó sobre aquella superficie y la observó un instante antes de tantearla con el pie. Era muy sólida.

 Era, juzgó, piedras aplanadas sobre una superficie un poco más blanda pero firme que no logró identificar. Mientras tanto Body se había impacientado en el camión y se bajó para examinarlo él mismo. Al alcanzar a su socio éste dio unos saltitos sobre la irregularidad y le comentó:
—Esta parte no es de madera pero mira lo resistente que es. Debajo debe tener madera y rellenaron con piedras y algún tipo de tierra que compactaron o algo así, mira.
—A ver. Pues sí es firme, parece un remiendo bien hecho. Sin embargo me sigue dando mala espina este lugar —le dijo Body rascándose la nuca a lo último de la frase, después continuó—. Como sea, vayámonos de este maldito lugar de una vez. 
—Lo mismo opino yo. Este bosque no me gusta nada —confesó Chad mirando en derredor y dando una sacudida a sus hombros como si le hubiera dado un escalofrío.

Las ovejas tampoco estaban contentas y ahora bajaban desesperadas. Volvieron rápidamente al vehículo y avanzaron para cruzar el puente. Cuando la parte de atrás del camión pasó por el remiendo éste cedió de golpe y el vehículo quedó ladeado y a punto de volcar. Las puertas se abrieron enseguida y los dos hombres saltaron y atravesaron el puente a las zancadas. Ya sobre tierra firme se volvieron y observaron a su trasporte ladeado y lleno de ovejas que balaban desesperadamente de miedo. Una de las ruedas traseras había desaparecido en el hueco pero el vehículo parecía estable en aquella posición. Los dos estaban por decir algo cuando una cosa que vieron los dejó mudos de terror. Una cosa enorme, tan alta que debía estar agachada bajo el puente, salió de la sombra de este y giró su ancho cuerpo hacia el remolque. Era un troll enorme. Por la claridad de la noche los aterrados tipos pudieron ver que lo que rellenaba el hueco era parte del lomo del troll. Les había tendido una trampa. Ambos habían escuchado historias y todo tipo de cuentos sobre esos seres pero creían que solo eran ficción, algo que no podía existir en la realidad. Sin embargo allí estaba, y empezó a tomar ovejas como quien se sirve algo de un cajón que está sobre una mesa. Cuando masticó a la primer oveja los aterrados sujetos salieron de su parálisis y se alejaron corriendo por su vida. Siguieron en desesperada huida hasta que no pudieron más por la fatiga. Por un buen rato estuvieron recuperando el aliento inclinados hacia adelante y con las manos en las rodillas. Ya más calmados dedujeron que el troll no los iba a perseguir, que seguramente se iba a hartar con las ovejas. Siguieron a pie, callados y volteando a cada rato hacia los ruidos que sonaban aquí y allá en aquel bosque milenario.  

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta cuando usas parajes desolados y lejanos de paises con tradiciones y leyendas como Irlanda (recuerdo Edmond el cazador de hombres lobo).Buen cuento maestro..Willy

Jorge Leal dijo...

Es porque me encantan esos paisajes, y son buenos para los cuentos ¡Jeje! Saludos Willy!!

Ongie Saudino dijo...

Vaya, vaya, parece que en esta historia los trolls no son tan buenos. Jaja!, pobre Body y Chad, se les fue un dinero en vano. Todo por estar buscando atajos, por que al final, las cosas que se intentan hacer usando el caamino fácil siempre será un arma de doble filo. Pero lo que me sorprendió fue el troll. En esta ocasión no era un tranquilo y tímido personaje que sólo se alimentaba de rocas y no le gustaba que lo vieran como en historias anteriores. Este era astuto y comía ovejas, que mal. Por lo menos se salvaron esos dos. Ahora no creo que quieran volver a tomar atajos, jaja!. Es bueno tenerte de vuelta por aquí master!. Muy buena historia!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

En la mitología hay diferentes tipos de trolls, este era uno carnívoro. También están los que rondan los blogs, y de esos tenemos manadas por aquí ¡Jaja! Gracias por comentar de nuevo, Ongie. Estás en tu casa. Saludos!!

Anónimo dijo...

Eso si que no lo vi venir. Por cortar camino perdieron las ovejas y seguro en camión, al menos no les costo la vida. Saludos, Jorge.

Stephanie

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