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sábado, 13 de agosto de 2016

Del Pasado

Los dos hombres caminaban por el campo al atardecer. Mauricio solo asentía fingiendo interés en lo que el otro decía mientras iba atento a la distancia, y como esperando encontrarse con un enemigo llevaba un rifle entre sus manos; el otro hablaba sin parar y su vista cada tanto se clavaba en una piedra suelta.
Emiliano, el hablador, de pronto detuvo a Mauricio poniéndole la mano en el pecho para que no avanzara ni un paso más. Estaban por alcanzar el borde de una barranca que Mauricio había visto perfectamente, por eso aquella acción le pareció una exageración y se lo dijo:

—¿Por qué me detienes así? Ni que fuera ciego. Vi la barranca desde lejos, y ya la conozco.
—Si, ¿pero sabes qué es? ¡Guau, que descubrimiento! Mira como sigue en forma casi circular.
—Es solo una barranca. ¿Qué tiene de particular? —le preguntó Mauricio volviendo a mirar su extensión sin ver nada nuevo. 
—¿La forma circular no te dice nada, no te recuerda a algo? Ese suelo de los bordes es una arenisca sedimentaria, el terreno empieza a bajar hacia allá, como una enorme depresión... ¡Vamos! A algo te tiene que recordar —le dijo con mucho entusiasmo Emiliano.
—Primo, imagínate por un momento que no sé nada de geología, de suelos ni nada de eso, ¿si? —comentó entonces Mauricio con no poco sarcasmo.
—Está bien, te entiendo. Como es tan obvio creí que te ibas a dar cuenta. Este es el antiguo borde, la orilla de un recodo de río o laguna. Mirando mejor el terreno me inclino a que era una laguna, una que existió hace mucho tiempo.
—¡Vaya, que fantástico! ¡En mi propio campo tener esto, que genial! Mentira, es aburrido. Sigamos hacia aquella arboleda. Baja con cuidado.
—Si es genial. Que a ti no te interese no hace que deje de serlo —se defendió Emiliano mientras bajaba la barranca con cuidado. 
—Lo que a mí me interesa ahora es saber qué bicho es el que se ha comido a algunas de mis ovejas en estos días, porque gente no es, los peones han vigilado bien, la gente de la zona anda atenta a los caminos, la policía rural pasa seguido... para mí que es un animal, tal vez algunos perros asilvestrados, o jabalíes, algún puma tal vez... ¿No serás tú el que las comiste? Porque empezó a pasar cuando llegaste ¡Jajaja!

Cuando su primo dijo puma Emiliano miró hacia todos lados, mas enseguida una roca de cuarzo que sobresalía de la tierra le llamó la atención. Cuando se agachó a recogerla Mauricio sonrió y se encogió un poco de hombros. Él no compartía la pasión que tenía su primo por el pasado remoto de la Tierra pero en el fondo lo respetaba mucho porque este era un geólogo y paleontólogo  muy reconocido. Para sus colegas él era un verdadero detector humano de fósiles. Tan bueno era que algunos llegaron a decir bromeando que donde él andaba surgían dinosaurios. Él solía imaginarse con mucha claridad al mundo prehistórico y a veces su ensoñación era tan profunda que a hasta llegó a sentirse tele-transportado al pasado. A esas experiencias se las guardaba para si porque era algo muy raro incluso entre su gente. Había bastante luz pero el sol ya estaba muy bajo y desde el grupo de árboles se extendía hacia ellos una sombra puntiaguda. En las zonas más altas se movía todo un rebaño de ovejas que pastaban algo vigilantes hacia su entorno. Siguieron un buen trecho y se detuvieron frente a otra barranca, más pequeña esta pero la emoción de Emiliano no fue poca.

—¡Esto es otra orilla, una más nueva! Se ve que era una laguna que estuvo aquí por mucho tiempo. ¡Y esa arboleda hacia donde vamos debe ser el centro! Tienes que dejarme examinar bien esta zona. Es asombroso este campo que compraste.
—Por supuesto, trae a tu equipo si quieres. Eso sí, no dejes pozos muy hondos si escarban, por las ovejas lo digo, pero sí pueden escarbar.
—Claro, claro, además no me gusta alterar mucho el medio ambiente. En caso de que escarbemos mucho después lo tapamos. 
—Y si sin querer encuentran oro o algo valioso es para mí ¡Jeje! —bromeó Mauricio.
—Obvio, y aunque no lo creas, ahora estoy bastante seguro de que en esta parte hay grandes cantidades de oro —comentó el geólogo desparramando otra mirada.
—¿En serio? —preguntó emocionado Mauricio.
—No, solo bromeo ¡Jajaja!
—Caí como un tonto ¡Jaja! 

Y siguieron bromeando hasta la arboleda. Allí Mauricio quedó mudo y empezó a mirar los árboles con cara de extrañeza. Emiliano quedó con la boca abierta en un primer momento, después pareció confundido, y como si sospechara que aquello fuera un espejismo estiró la mano lentamente hacia una rama. Entonces, con la boca abierta, levantó la vista hacia las copas para permanecer un momento así. Controlando un poco su asombro, giró hacia su primo y señalando aquella fronda con un dedo comentó medio tartamudeando:

—Primo... no... no estoy bromeando. Estos árboles ya no existen, los he visto solo en fósiles. Esto es muy raro.
—Más de lo que crees —comentó con los ojos muy grandes Mauricio—. Ya estuve aquí y los árboles no eran así, no eran estos, eran eucaliptos comunes.
—No juegues conmigo —le dijo muy serio, casi amenazante Emiliano. 
—Te lo juro.

Entonces los dos quedaron inmóviles y estupefactos. El hombre de ciencias empezó a formularse varias teorías pero las fue descartando rápidamente. Un ecosistema tan pequeño no podía sobrevivir tanto tiempo. ¿Pequeño? Al ladear un poco la cabeza para ver más allá de un tronco, vio algo que simplemente no podía ser real. No mucho más allá de ellos el terreno se despejaba y, ¡había una pradera completamente diferente a la que tenían a sus espaldas! Era un paisaje prehistórico. Anonadado, con una seña le indicó a su primo que mirara aquello. Después se miraron entre ellos. Aún no se movían ni hablaban cuando escucharon una especie de rugido tan potente que lo sintieron vibrar con fuerza dentro de sus cuerpos. Seguidamente hubo un estruendo de árboles que se rompían ante el paso de algo colosal que hizo temblar el suelo. Los dos giraron y salieron corriendo al mismo tiempo. Ni la inclinación del terreno ni las barrancas pudieron aminorar su huida. Mauricio se atrevió a voltear recién cuando habían avanzado varios cientos de metros, y aunque la luz del día había disminuido mucho alcanzó a distinguir que la arboleda ahora solo era un grupo de eucaliptos. Se lo dijo a su primo y se detuvieron a recuperar el aliento y a tratar de no enloquecer. No le contaron aquello a nadie pero si lo conversaron largo y tendido entre ellos. El científico le contó a su pariente sobre sus ensoñaciones demasiado realistas, y le comentó como más allá de sus conocimientos sentía la presencia de los fósiles pero no quería admitirlo. El porqué le pasaba aquello era un misterio, y un tiempo después más grande fue el misterio de su repentina desaparición.  

4 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Entonces, ¿Emiliano atraia al pasado?. Porque desaparecio debido a sus ensoñaciones de la prehistoria no?. Pero no se supo que era lo que le comia las ovejas a Mauricio. Probablemente Emiliano atrajo a algún dinosaurio o solo fue pura casualidad. Muchas passn y no se saben porque. Talvez las alucinaciones de Emiliano no fueran solo eso y por lo tanto, habra sido capturado o se quedo en el uno de esos paisajes prehistóricos... Una estupenda historia amigo, con un final que deja pensabdo. Muy buena!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Las ovejas empezaron a desaparecer cuando él llegó al lugar; por eso yo apostaría que fue un dinosaurio ¡Jeje! Muchas gracias Ongie. Saludos!!

N.A.M. dijo...

wow, pobre Emiliano quién sabe en que paraje prehistórico se quedó atrapado, se me hace que tenía alguna especie de poder que se activaba solo si había cerca algún fósil y por eso lo atrapó, porque no sabía controlarlo :( jeje buena historia, me deja pensando en qué sucedió

Jorge Leal dijo...

Debe ser muy difícil sobrevivir en un mundo con dinosaurios, solo Goku vivía bien en un mundo así ¡Jaja! Pero el destino de Emiliano fue, bueno, el que cada lector quiera. Muchas gracias. Saludos!

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