¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

martes, 16 de agosto de 2016

Lejos De La Gente

¡Hola! Aviso que no es de terror. Gracias.


Era un simple arroyo pero su playa estaba llena de gente, demasiado público para lo que yo quería hacer.
No era algo malo pero me daba un poco de vergüenza. El gentío se agolpaba bajo el puente y los sauces del monte que acompañaba al arroyo. Por lo que vi hasta turistas había allí, y hasta un par de tipos vendiendo helados y rebanadas de sandía, casi todo lo que hay en las playas grandes concentrado en la orilla de un arroyo pequeño que se deslizaba sobre un cauce cubierto de cantos rodados de cuarzo multicolores. Y no faltaban los pescadores, estos con muy poca experiencia se notaba, porque un par de ellos estaban desenredando la línea y otro se encontraba tironeando de un anzuelo que se había enganchado en una rama ubicada como a tres metros sobre su cabeza. Me alejé corriente abajo caminando por el arroyo, que en esa parte es muy bajo. Cerca del fondo lleno de brillos y destellos cruzaban rápidamente cientos de pececillos de lomos oscuros que tanto huían de mis pasos como se acercaban para después alejarse de nuevo todos a la vez. Al alcanzar una parte más profunda espanté a un bagre acorazado grande que se alejó raudamente levantando arena. En las orillas ahora no había playa, solo monte, y en vez de las voces de la gente se escuchaban cigarras y algún que otro pájaro. Algunas libélulas pasaban rozando peligrosamente el agua como si quisieran tentar a los peces. 

El día era pura luz y encanto bajo un cielo completamente azul por donde ninguna nube se atrevía a cruzar. Cuando el agua se hizo más profunda tuve que seguir por el monte. No conocía aquel lugar, lo estaba explorando por primera vez. Seguí avanzando procurando algún recodo parecido a la playa concurrida que había dejado atrás y que ahora parecía muy lejana porque hasta allí no llegaba ni uno de sus ruidos. El monte no era nada agradable. Tuve que andar a gatas un buen tramo hasta que encontré una especie de sendero que corría más o menos paralelo a la corriente, o eso parecía. Durante unos pocos metros pude ver el agua y sus reflejos entre las ramas, pero fue solo avanzar un poco más y todo lo que se veía eran árboles. Cuando se me empezaron a sumar en la piel los arañazos de las espinas ya no me gustó nada, mas cuando estaba por volverme la fronda se abrió hacia un pajonal. Era un pajonal muy alto de un color mezcla de verde claro y gris. Me miré los brazos con algunas rayones rojos, de ninguna forma iba a cruzar por allí. Entre las pajas y los árboles había un lugar estrecho que iba hacia el lado del arroyo, seguí por ahí. Ese estrecho pasaje entre cosas que querían cortarme desembocó en uno más ancho y amigable, era una picada (sendero natural) hacia el arroyo. La picada me llevó a una pequeña playa espléndida. Era la parte externa de una curva y estaba repleta de cantos de cuarzo, ¡justo lo que buscaba!


El cuarzo para mí era el material para algunas artesanías que hacía. Hobie convertido en trabajo. Venderlas daba más satisfacción que dinero pero era un buen complemento. Tomé un poco de agua y me puse manos a la obra, empecé a recorrer la orilla medio inclinado hacia adelante, la vista fija en los cantos de color. Cada pocos pasos bajaba para tomar una piedra y después las observaba a tras luz. Había tanto material y de tan buena calidad que me puse exigente, iba a llevar solo lo mejor. Del otro lado del arroyo había una garza que me observó largamente, tal vez suponiendo que mi cacería en aquella orilla era mejor que donde se encontraba ella. En la playa concurrida también había buen material pero la gente se iba a reír de mí se me ponía a juntar piedritas como un niño. Fui eligiendo a las que me iban a dar menos trabajo para tallarlas o que tenían menos fisuras, también a las de colores más vivos. Así fui llenando el bolsillo grande de mi mochila, la cual tenía muchas salidas como esa. Cuando le calculé el peso temí que la hubiera llenado de más, ya estaba muy vieja, pero como el trecho a andar no era tanto creí que iba a aguantar. Que lugar más bueno había hallado. Me ajusté la mochila y después de contemplar complacido mi nuevo lugar volví a internarme en la fronda. El regreso fue mucho más duro por el peso que cargaba y le añadí otros arañazos a mi piel pero finalmente alcancé la parte baja del arroyo y de allí salí en la playa atestada de bañistas. Al avanzar la tarde había llegado más gente todavía. Corté por el medio de la multitud para después alcanzar la ruta y el lugar donde dejé mi vehículo. Cuando iba entre la multitud sentí que el peso que cargaba se reducía de pronto, y escuché a mis futuras joyas caer unas sobre otras en mis talones. El bolsillo se había abierto completamente. Me detuve y todos se volvieron hacia mí. Enseguida un niño recalcó lo obvio: “Miren, cayeron piedras de su mochila, estaba llena de piedras. Mira mamá, él también junta piedritas”. Sonreí forzosamente. Me puse a juntarlas porque después de aquel esfuerzo no iba a dejarlas allí. Las repartí en otros bolsillos mientras sentía que las mejillas se me prendían fuego.   

5 comentarios:

Raúl Sesos dijo...

Bravo! No ha de ser joda contar mucho historia con tan medida cantidad de palabras! Esta súper bueno. Otro saludo y abrazo

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias Raúl. Por una cuestión bastante entendible y lógica la gente no cree que los cuentos cortos son más difíciles de escribir, pero es así. Claro, algunos que escriben entienden por cuento corto o microcuento cualquier historia aunque sea floja, o es más, creen que de una muy corta nunca puede salir algo bueno. Yo creo que sí puede haber muy buenos microcuentos. Que a mí me salgan es otra cosa ¡Jaja! Las historias largas no son más difíciles pero obviamente dan más trabajo, y el autor se encariña más con ellas, sobre todo con los personajes (por eso no quiero subir algunas completas). Saludos!!

Raúl Sesos dijo...

Te salen súper bien! La verdad cada vez mejor! Esa fue la mejor respuesta a algo que leo en mucho tiempo!

NEWSODOM dijo...

El relato está muy bueno y surge de algo cotidiano como un pasatiempo que tiene el protagonista pero que tal vez lo toma como algo infantil. Me gustan mucho los detalles sobre la naturaleza cuando puedo también escapo del concreto

Jorge Leal dijo...

El pasatiempo del personaje es en parte uno de mis pasatiempos ¡Jeje! aunque no estoy rodeado de concreto. Ahora tengo varias piezas de cuarzo sobre la mesa. Como donde vivo son algo muy común casi nadie los colecciona, tal vez solo yo y algunos niños ¡Jaja! Sí hay gente que trabaja con cuarzo. Gracias por comentar. Saludos!!

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?