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domingo, 21 de agosto de 2016

Los Valientes

Gonzalo atravesaba un bosque a caballo mientras luchaba contra el miedo a morir. Vivía en una época donde casi todos los hombres portaban espadas, y donde todos esos, unos más y otros menos, sabían usarla. Él, aunque joven aún, ya era considerado un maestro en la esgrima; pero su temor venía porque iba a enfrentar a otro tan bueno o tal vez mejor que él.
Su rival se llamaba Miguel. Se conocían de vista hacía mucho tiempo y ambos estaban enterados de la fama del otro. Los dos tenían mucha experiencia en duelos y habían ido, aunque en tiempos diferentes, a las mismas escuelas de esgrima. Entre los instructores y alumnos avanzados solía discutirse sobre cuál era mejor, y las opiniones estaban divididas. Los dos sentían que con esas discusiones los estaban empujando a enfrentarse. Pero las veces que se cruzaron en la calle lo único que veían en los ojos del otro era respeto, por eso el enfrentamiento nunca llegaba. 

Mas la gente no se rindió y crearon rumores sobre que uno le temía al otro. Estaban conscientes de la manipulación pero igual terminaron cediendo a ella. Un día se retaron por una mujer, solo una excusa para algo que ya parecía inevitable. Pero para no darle el gusto a los que fomentaron aquello pactaron que sería sin padrinos ni público alguno, no le dirían a nadie la hora ni el lugar del mortal encuentro. Ahora Gonzalo trotaba hacia el lugar sintiendo un nudo en la garganta. ¿Realmente era miedo? ¿Por qué antes no lo había sentido? El bosque por el cual pasaba estaba llenos de deliciosas sombras sobre un césped blando y claros brillantes de sol. ¿Sería ese su último día en la tierra? ¿Era la vanidad lo que lo llevaba hasta allí? Ahora empezaba a ver la diferencia entre defender la vida o el honor y lo que estaba por hacer. Realmente no sentía ningún rencor hacia Miguel. Y la tarde a su alrededor parecía estar cada vez más hermosa. Pájaros menudos volando entre los árboles, codornices cantando ocultas entre matorrales, saltamontes brincando en los pastos. Pensó que a pesar de toda esa belleza muchos dramas de vida o muerte debían estar ocurriendo allí. Pequeñas criaturas luchando para sobrevivir, y él iba a arriesgar aquello tan preciado por frágil, la vida, por una superficial cuestión de orgullo, si es que llegaba a ser eso. Detuvo a su caballo y el animal quedó resoplando mientras aplastaba unas flores hermosas. Lo detuvo una duda: ¿Y si además de la vida también estaba arriesgando su alma? Ya había matado pero en defensa propia y no se creía merecedor del infierno, pero esta ocasión era diferente. Pensaba en el infierno cuando escuchó que alguien de pronto gritó: “¡Diablos!”. Un tipo vestido grotescamente con ropas humildes y varias liebres colgando de una soga que pasaba por su cintura se irguió de entre un matorral.

—¡Diablos! Maldita liebre, ¿cómo pudo escaparse de esta trampa? Voy a poner una mejor y...
  
El tipo calló al ver a Gonzalo. Saludó con la mano y se fue acercando a la vez que explicaba la razón de su enojo. Gonzalo había quedado muy sorprendido y todavía no reaccionaba.

—Una liebre se las ingenió para soltarse y romperme la trampa. Pero estas otras no tuvieron esa suerte ¡Jeje! ¿Anda usted cazando? —le preguntó finalmente el cazador.
—No, voy hacia un encuentro con alguien. Iba, más bien, porque creo que es mejor no ir — le dijo Gonzalo ya tirando de las riendas para que el caballo se volviera.
—Ah. Oiga, que linda espada lleva ahí. Ya me gustaría tener una de esas. Sería como adorno, claro, porque no tendría el valor suficiente como para usarla. ¿Usted la ha usado, digo, en algún duelo?
—Sí, varias veces.
—¡Vaya! Si que ha de ser valiente. Supongo que es mejor morir como un valiente que vivir como un cobarde, ¿no?
—A veces puede ser mejor vivir.
—¿Será? Puede ser, pero entonces para qué cargar un filo tan lindo. Me voy a lo mío. Que la pase bien.
—Adiós —se despidió Gonzalo de aquel singular sujeto.

Lo que dijo el cazador lo dejó pensando. Avanzó un poco y de nuevo detuvo el caballo, lo giró y continuó hacia su destino original. Finalmente salió del bosque y alcanzó una antigua tierra de labranza que ahora era dominada por las malezas. Más adelante resaltaban las ruinas de un castillo. Rodeó las ruinas hasta que vio un caballo atado a una enramada, era el de Miguel. Ató a su bestia en el mismo lugar y buscó a su adversario. Lo encontró en un patio amplio que estaba rodeado de paredes sin techo. Miguel calentaba tirando estocadas y retrocediendo. No se cruzaron palabra alguna. No era como habían imaginado pero ninguno iba a ceder. Cuando estuvieron listos se hicieron un saludo de esgrima y empezaron su mortal baile. Sus movimientos eran rápidos, casi felinos. Ataques, paradas, entraban y salían del círculo mortal que podían dibujar sus espadas, sus sentidos concentrados en el rival e ignorando todo lo otro. De pronto se toparon, acortaron mucho la distancia y la hoja de la espada de Gonzalo desapareció en el cuerpo de Miguel; pero a su vez la de él se escondió en el de Gonzalo. Se habían matado. En ese instante, estando los dos enfrentados y atravesándose uno al otro, en el patio sonó fuerte y llena de ecos una carcajada. El cazador estaba acostado de lado en lo alto del filo de una pared. A Miguel también se le había aparecido en un momento de duda. El cazador tenía la boca ensangrentada. Calló su carcajada repugnante y aterradora y arrancó un trozo de carne cruda de una media liebre que sostenía con su mano libre, la otra estaba bajo su cuerpo. Los duelistas comprendieron que estaban frente al Diablo. Cuando sus cuerpos mortales empezaron a caer, debajo de sus pies se abrió un abismo de fuego y sufrimiento y por él cayeron sus almas. 

6 comentarios:

sharoll dijo...

El diablo aparecido en piel de oveja.muy buena

Ongie Saudino dijo...

Pobres Gonzalo y Miguel, se veian inteligentes y por un momento pensé que se retractarían, o por lo menos Gonzalo lo pensaría y lo dejaría. La gente suele crear muchos conflictos y problemas entre la gente, los chismosos y los mentirosos siempre traen problemas a la sociedad. Pero las personas inteligentes no caen tan facilmente en estos chismes y dimes y diretes que inventa la gente. Muchas guerras se han.iniciado con mentiras, precissmente por que tambien el demonio ests detras de ellos. Siempre busca la manera de causar el caos... Ahora Gonzalo y Miguel sufrirán eternamente por algo que bien se pudo haber evitado. Si no querían darle gusto a la gente, en vez de batirse en secreto, simplemente no lo hubiesen hecho. Pero claro, como era común en ese tiempo, el orgullo por delante y cualquiera se ofendia por la mencion de la palabra cobarde... Jaja!, parece que me pasé un poco, pero me da mucha rabia el mal proceder de esos dos... Una magnifica historis amigo!. Ahora esos dos están en un buen apuro eterno... ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Es bueno que pienses así. En estos tiempos solo con pensar ya estás haciendo más que la mayoría. Los personajes estuvieron a punto de no batirse, el diablo los hizo caer, es un aliado que tengo en el blog ¡Jajaja! Saludos!!

Jorge Leal dijo...

Hola Sharroll. Siempre es el que menos se espera ¡Jaja! Saludos!!

N.A.M. dijo...

¡qué terrible destino el de ambos! y pensar que tuvieron la oportunidad de retractarse pero el diablito les picó en su orgullo y ni modos jeje a afrontar las consecuencias. Me gustó esta historia. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Ahora van a pelear juntos contra el diablo ¡Jaja! De hecho, esa sería una buena historia... ¡Jeje! Gracias por comentar. Saludos!!

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