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viernes, 26 de agosto de 2016

Muerte En La Noche

Ricardo estaba devastado y su pena no tenía consuelo. Y no era solo por la pérdida de Cecilia, su amada, sino también por la extraña circunstancia de su muerte.
El cielo estaba gris sobre el cementerio y cada tanto caía una llovizna fría que mecía unos álamos que se elevaban desde aquel suelo siniestramente fértil. El entierro fue particularmente triste para todos porque Cecilia era muy joven y su muerte fue horrible. En realidad ninguno sabía todos los detalles, ni la policía lo sabía, y eso era lo que hacía más horrible aquella muerte porque cada uno completaba la historia con horribles escenas de terror que, aunque intentaban no imaginarse igualmente llegaban. Ricardo quería agradecer cuando se despedían de él pero solo podía asentir sin levantar mucho la vista del suelo. De todas formas todos comprendían lo que él quería decir. Por último se fue el cura, que poniéndole la mano en el hombro le dijo varias frases consoladoras que Ricardo ni escuchó porque su mente volvió a inundarlo de recuerdos.

Al quedar solo miró en derredor. Que lugar más espantoso para dejarla allí, sola, ¡o peor! Dejarla allí junto a todos aquellos cuerpos corrompidos por la putrefacción. ¡Pero ella también iba a ser uno de esos cuerpos! Pensamientos así lo hicieron caer de rodillas frente a la tumba. Ahí perdió la noción del tiempo, lo único que sentía era dolor. Mas incluso en situaciones así hay momentos de calma, tal vez por la intervención del instinto de supervivencia tratando de que el corazón no se rompa con tanta pena. Ricardo levantó la cabeza y después se puso en pie un poco tambaleante. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Se había desmayado? No lo sabía. Ya estaba de noche y la luz de una luna creciente había vuelto más lúgubre todavía el inquietante escenario del cementerio. Unos murciélagos que volaban muy bajo y a los chillidos entre algunos panteones se elevaron en bandada para pasar delante de la luna. Ya no quería quedar allí. Lo que quedaba bajo tierra era solo una parte de su amada, la parte más vulnerable y condenada, incluso en vida, a la decrepitud. La otra parte, la más sutil pero a la vez duradera, quedaba en la mente de todos los que la habían conocido, y allá afuera también estaban las cosas que hizo. Se iba a marchar pero de pronto... ¿¡Acaso estaba enloqueciendo!? ¿Por qué en aquel momento de resignación tranquila la escuchaba pedir ayuda? Y su voz venía, ¡de abajo! ¡Estaba viva!

Ricardo quiso gritar por ayuda pero al girar la cabeza en su desesperación vio una pala que uno de los enterradores había dejado descuidadamente recostada contra una lápida. No había tiempo, la iba a rescatar él mismo. Poseído por esa fuerza que surge en algunas emergencias cavó frenéticamente. Cuando ya había hecho un pozo hasta su cintura se detuvo un instante a recuperar el aliento y porque ya no la escuchaba. Dudó de nuevo de su cordura. ¿Realmente la había escuchado? Prestó atención pero su corazón golpeaba tan fuerte que el ruido le repercutía en los oídos. De nuevo escuchaba algo pero qué era aquello. Su mujer era muy bella pero por ser de baja estatura apenas pesaba cuarenta y cinco kilos, ¿cómo podía estar rompiendo a golpes un ataúd de madera gruesa? Los golpes eran tan fuertes que podía sentir el temblor en los pies. ¿Sería esa terrible fuerza que surge a veces en casos de vida o muerte, aquella energía que él acababa de experimentar? Quiso creer que tenía que ser eso. ¡Pero por dios, ya estaba saliendo por la tierra! Primero asomó una mano, después la otra, la tierra se hinchó y empezó a asomar la cabeza con sacudidas hacia los lados. 

Ricardo había quedado paralizado, al borde mismo de la locura por las enormes fuerzas encontradas que sentía. Quería ayudarla, elevarla de aquel suelo horrible con sus manos, pero algo se lo impedía. A pesar de lo emocional del momento la razón salió a su rescate. Ella no podía estar viva, tenía heridas mortales en el cuello y prácticamente no le habían dejado sangre en el cuerpo. Había luchado contra una idea porfiada que se negaba a aceptar; mas ahora se presentaba con todo el peso de las pruebas: La había matado un vampiro y ahora ella era un vampiro. 

Cuando se había asomado hasta los hombros se percató de que había alguien delante de ella, y cuando levantó la cara para verlo a los ojos dejó ver que ahora era un monstruo con marcados rasgos de murciélago. Él se aterró pero enseguida sintió un odio enorme hacia aquella cosa. No era su mujer. Lo que había asomado en la tierra era parte del monstruo que la mató. ¡Él no iba a dejar que aquella abominación usara el cuerpo de Cecilia! Su rabia se descargó en un golpe con la pala, y después lo siguieron otros. Sacó todo aquel dolor con cada subida y bajada de la pala. Tras un último golpe la cabeza rodó hacia un costado. La luz lunar ahora mostró que lucía normal, incluso se notaba serenidad en su rostro. No había podido salvarle la vida pero sí la salvaba de algo peor; una existencia repugnante como un monstruo chupasangre. Ahora lo llenaba un sentimiento casi agradable que era un recurso que su mente liberaba para no sucumbir a la locura. Volvió a enterrarla en las mejores condiciones que pudo y tuvo la precaución de dejar el lugar como estaba. La luna, que ya había cumplido su papel se estaba ocultando para que las sombras escondieran todo aquel horror. Ricardo saltó un muro para salir a la calle porque ya habían cerrado el portón. Caminó varias cuadras sin pensamiento, marchando como un autómata. De pronto sintió cierto desasosiego y después creyó ver una sombra cruzando entre dos casas. Usó su celular para llamar a un taxi mientras miraba hacia todos lados. Ahora sabía que había vampiros. El taxista que lo levantó lo miraba constantemente por el retrovisor y parecía un poco asustado. Al darse cuenta de que había sido muy evidente el taxista se excusó:

—Disculpe si parezco un poco desconfiado, es que lo estoy. Últimamente el turno de la noche me tiene nervioso, he visto cosas muy raras. Tal vez son cosas mías, puede ser. Este turno siempre fue algo peligroso incluso en una ciudad tan chica como esta; pero ahora me parece que lo es más. Andan muchos personajes raros caminando por las veredas —y echando otro vistazo al retrovisor el tipo le dijo—. Y disculpe si resulto entrometido pero... ¿cómo se ensució de tierra el traje? 
—Le aseguro que no tiene que preocuparse por mí. La noche sí es más peligrosa. Si yo fuera usted no saldría más en este turno —le dijo Ricardo con toda franqueza.
—Me gustaría seguir su consejo, mas tengo un problema... soy alérgico al sol —y empezó a reírse a carcajadas—. ¡Jajajaja! ¡Aaah! ¡Jeje! Y además tengo que alimentarme.

Y tras decir eso trabó las puertas y cambió de rumbo acelerando hacia una parte oscura.    

8 comentarios:

  1. Pobre Ricardo, me gustaría pensar que sobrevivió al ataque del vampiro taxista, pero es dificil saberlo en tus historias master. Se veia que Ricardo tenia madera para convertirse en un buen cazador de vampiros. Pero bueno, por lo menos acabó con el sufrimiento de Cecilia. Un final bastante inesperado amigo, no es bueno confiar en mucha gente por la noche; aunque es irónico considerando que Ricardo lo que quería era seguridad y llegar rápido a su hogar. Hay que ver lo que puede llegar a hacer una persona enamorada y dolida, llegando incluso a querer desenterrar a su amor aun cuando no habia la mas remota posibilidad de que pudiera seguir con vida despues de una muerte tan brutal y terrible, sin mencionar la falta de sangre en el cuerpo de la victima. Imposible pensar en algo asi, a menos que esté ten enamorado como Ricardo. En fin... Un muy buen cuento amigo! Con un final asombroso y buen desenvolvimiento!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. No todos pueden convertirse en cazadores de monstruos ¡Jaja! Ricardo murió, aunque como no lo escribí, si quieres pensar que vivió, bien ¡Jaja! Ya fuera de bromas. Pudo con esa vampiresa porque estaba en una posición ventajosa, justo con la pala en la mano y ella todavía no salía del todo. Nada indica que el personaje pudiera convertirse en cazador. Y en el blog ya hay muchos y después los monstruos pueden escasear ¡Jajaja! Gracias Ongie. Saludos!!

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  2. Que mala onda que muere el personaje :(. Ni modo, espero que salga vivo de esta ..

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    1. La expectativa de vida de mis personajes en promedio es muy baja ¡Jeje! Gracias, Sharoll. Saludos!!

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  3. 'suelo siniestramente fértil' una obra maestra. Recordé directo a el escritor Jorge Leal, a Mujica lo recordé después ja! Otro abrazo, escribes con pasión pura

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    1. Pero adiviné que habías pensado en él ¡Jaja! Pues muchas gracias, Raúl. Un abrazo.

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  4. ¡Pobrecito Ricardo! Pensar que salvó al cuerpo de su amada de un horrible destino y creo que ahora él será el monstruo chupasangre. ¡Saludos! Me gustó el cuento a pesar de que se muere Ricardo jeje

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    1. Bueno, muchas gracias. En otra historia después le perdono la vida a algún Ricardo ¡Jaja! Saludos!!

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