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sábado, 6 de agosto de 2016

Pasos En La Noche (cuento de terror para niños)

       Miguel se bajó de la cama y caminando lentamente por la oscuridad del cuarto fue hasta la de José, su hermano. José estaba durmiendo de lado y Miguel le sacudió el hombro intentando despertarlo.
 —¿Qué quieres? —le preguntó entonces José, medio dormido aún.
—Afuera hay ruidos como de pasos grandes —le contestó susurrando Miguel.
—¿Grandes? Si hablas de ruidos serán fuertes en todo caso.
—Sí, fuertes.

A José esto no lo extrañó porque más temprano los dos habían estado contando cuentos de terror. Como José tenía solo doce años y Miguel tenía diez, sus cuentos no eran los más aterradores ni estaban muy bien narrados que se dijera, pero como esa noche estaban solos en la casa se habían asustado y divertido igual. Estaban acostumbrados a que su padre por motivos de trabajo no estuviera allí todos los días mas no estaban acostumbrados a quedar solos. Su madre estaba cuidando a una tía que se había enfermado. Los hermanos vivían en una zona rural y alrededor de la casa solo había campos, plantaciones, arboledas, algunas viviendas muy alejadas entre si que de noche eran solo un puntito de luz, y más lejos, en el horizonte oscuro había bosques antiguos de árboles muy altos. Dentro de la casa la habitación se encontraba oscura y Miguel era solo una figura parada al lado de la cama de su hermano. José se enderezó hasta quedar sentado y escuchó. Estaba por decirle a Miguel que no era nada, que probablemente lo había soñado, cuando también escuchó unos pasos.

Era un ruido apagado pero que a la vez podía sentirse como un leve temblor. Parecía que era algo muy pesado que intentaba no hacer tanto ruido al andar. El corazón les empezó a palpitar fuerte a los dos y se quedaron escuchando con mucha expectación. Al darse cuenta de que los pasos se acercaban a la casa a los dos les dio como una electricidad en el cuerpo y se les erizó la piel. Si aquel andar tan pesado hubiera seguido rumbo a ellos seguramente se pondrían a gritar de terror; pero los pasos empezaron a ir hacia un costado. Sus mentes infantiles se figuraron todo tipo de monstruos, y Miguel tembló al imaginarse a un caballo monstruos que andaba en dos patas, mientras José visualizó a una bruja enorme y muy fea que caminaba lentamente y hamacando unos brazos que terminaban en unas manos muy grandes. Los dos estaban muy asustados pero en ese momento José recordó que ante la ausencia de sus padres él era el encargado de cuidar a su hermano. Entonces se armó de valor y trató de pensar en algo. Los potentes pasos seguían allá afuera pero ahora se alejaban un poco. A José se le ocurrió que era mejor mirar para averiguar qué era aquello, y no quedarse para siempre con la duda y con las horribles imágenes que suponía que su hermano también estaba imaginando. Se levantó con cautela y le susurró a Miguel:

—Vamos a asomarnos a la ventana para ver qué es. Hay que ir despacito, sin hacer ruido.
—Tengo miedo —le dijo Miguel tomándole el brazo.
—Yo también pero es mejor ver qué es eso. Puede ser que solo sea... no sé. Pero es mejor ver. Vamos, despacio, así.

Miguel no estaba muy convencido pero lo siguió porque no quería separarse. Caminaron juntos, con pasitos muy cortos y tratando de no hacer ruido ni con la respiración. José arrimó la cara a una esquina de la ventana y con mucho cuidado y lentamente abrió apenas la cortina. La impresión fue fea pero pudo controlarse y quedó quieto hasta que se dio cuenta de qué era lo que veía. Cuando iban a la casa de sus abuelo a veces este les contaba cuentos, y les había narrado varias historias de trolls. Esa noche supo que sí existían. El troll, que debía medir unos tres metros y era sumamente ancho de espaldas, se había alejado rumbo a una parte donde había un montón de rocas mayormente pequeñas. El troll se inclinó y empezó a buscar entre las rocas. Su abuelo le había contado que algunos solo comían rocas, y estos trolls no eran malos con la gente. José se volvió hacia su hermano y le susurró al oído:

—Es un troll comepiedras, es grande pero no hace nada. Está eligiendo piedras, míralo, abre apenas la cortina.

Miguel creyó que su hermano le estaba mintiendo, por eso se animó a mirar hacia afuera. ¡Cuán grande fue su sorpresa! Vio que sí era uno de aquellos seres sobre los que su abuelo les contara. José fue hacia la otra esquina de la ventana para seguir mirando también. El gigantón juntó varias piedras en una de sus manos y después se las llevó a la boca para empezar a masticarlas. Los niños hasta sintieron algo en los dientes al imaginarse masticando aquellas piedras. Que alimento tan feo era el de aquel ser. Luego aquel gigante giró el cuerpo hacia una arboleda cercana e hizo un gesto con la mano como invitando a alguien a que se acercara. Entonces de esa arboleda surgió otro troll pero este era pequeño. El pequeño fue hasta allí y aceptó una roca que el más grande le dio y enseguida la empezó a comer. Mientras miraban eso los hermanos dejaron de estar asustados, ahora solo estaban fascinados por aquellos vecinos come piedra. Después de seguir buscando entre las rocas y comerse algunas el dúo, tal vez padre e hijo, se alejó para perderse en una arboleda. Los niños quedaron fascinados y muy contentos. Esa noche resolvieron que no le iban a contar lo que vieron a sus padres porque seguramente no les iban a creer, pero sí se lo iban a decir a su abuelo porque él sabía muchas cosas y solía decir que las historias que les contaba  no eran solamente cuentos infantiles, que algo de verdad tenían. Y desde esa noche ya no protestaron por ninguna comida y aceptaban todo lo que le daban, porque bien agradecidos estaban de que sus alimentos no fueran piedras. 

6 comentarios:

  1. Muy entretenido el cuento... y hasta da algo de miedo jeje
    Saludos. Gerardo

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    1. Espero que no mucho porque es para niños, esa fue mi intención ¡Jeje! Gracias Gerardo. Salu2!!

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  2. Es un súper cuento de terror fantasía y muy discreto para niños! No ha de ser joda escribir todo eso en formato corto. Te felicito.

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    1. ¡Muchas gracias por tan generoso comentario! Saludos!!

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  3. Respuestas
    1. Muchas gracias, Mariana. Espero que le guste. Saludos!!

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