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lunes, 15 de agosto de 2016

Peligro Entre Los Árboles

El sendero que hallaron los ayudó a avanzar por la selva pero los condujo a un lugar horrible. Niver, Ismael y Fabio avanzaban trabajosamente a golpe de machete. La selva que los rodeaba estaba silenciosa y sombría, sombra de hojas descompuestas entre un barro rojizo y pegajoso, y silencio de peligros escondidos entre la constante humedad de la fronda. Allí la selva les tendía lianas a su paso y se apretujaba tanto en algunas zonas que parecía querer envolverlos como si todo fuera una inmensa trampa hecha de telarañas.
La quietud del lugar era solo aparente, porque al detenerse y prestar atención se podía ver que innumerables hormigas e insectos de todo tipo se movían por el suelo, las ramas y las hojas podridas del suelo. Los tres jóvenes marchaban tan mudos como el mundo verde oscuro que los rodeaba. Iban fatigados, con la ropa pegada al cuerpo por el sudor y con el corazón inquieto por algo que no podían razonar. En aquel silencio inquietante podían sentir sus propios latidos, además de eso solo escuchaban el sonido metálico de los golpes de los machetes, a su alrededor solo había expectación y misterios callados.

Eran tres biólogos muy ambiciosos y decididos y experiencia en terrenos así no les faltaba, pero en ese viaje comenzaban a sentir que habían sobrepasado sus capacidades. Sus intenciones eran descubrir alguna especie nueva de reptil. Cuando planearon la expedición eso parecía más fácil, pero al internarse en una zona más espesa se les fueron agotando las fuerzas. El esfuerzo físico era tremendo en aquella humedad y calor, pero con lo que más estaban luchando era con un desgano que se iba apoderando de ellos al avanzar tan lento y con tanto trabajo, y también estaba aquella sensación de un peligro incierto que los hacía buscar algo con la mirada, no sabían qué. Confiaban que no estaban perdidos porque verificaban su rumbo seguido, tenía que ser algo más, era, un presentimiento de muerte. Niver iba adelante haciendo x con su machete, cortando ramas y lianas. Habían alcanzado un sendero que no era mucho menos tupido que el infierno vegetal por el cual habían cruzado pero por lo menos era una parte más transitable. De pronto Niver quedó con el brazo levantado y se detuvo; eso hizo que los otros se detuvieran también.

-¿Qué viste? -le preguntó Fabio, adelantándose y mirando hacia todos lados.
-Ahí, en ese tronco, está tallado -le señaló Niver. 
-¿Es algo indígena? -preguntó Ismael al alinearse con sus compañeros-. Creí que por aquí no había ninguna tribu.
-Se supone que no la hay, se supone. Pero quién puede asegurar algo así en un lugar tan espeso como este -le respondió Niver haciendo un gesto con la mano hacia la muralla viviente que se elevaba en derredor.

Los otros estuvieron de acuerdo. Observaron con mucha atención el tallado. Habían tallado directamente sobre un inmenso tronco. Más que un lenguaje escrito parecían simplemente dibujos. A los tres les pareció que era una representación artística, poco realista de la selva, porque la cantidad de lianas entre los árboles era exagerada. Y en esa maraña de lianas se distinguía la figura de un hombre que era prácticamente tragado por estas. Era interesante, muy interesante, pero tenían que seguir para hallar un lugar donde acampar. Un poco más adelante el sendero se hizo más despejado como también la jungla que lo rodeaba. Ahí encontraron otro árbol tallado. No se detuvieron mucho rato en él porque el motivo era el mismo. Esperaban hallar un lugar bueno para acampar pero Ismael encontró otra cosa antes:

-Miren esa víbora -les dijo al tiempo que se movía hacia ella-. Vean el largo que tiene para lo delgada que es.
-Es cierto, y a primera vista no la reconozco -dijo Fabio, ya muy interesado. 
-Está rodeando todo el tronco -observó Niver siguiendo con la vista al cuerpo escamoso que se movía en espiral-. ¿Pero dónde está la cabeza? No, no puede ser.

Los tres levantaron la vista y se encontraron con una imagen que hubiera paralizado de terror al instante a más de uno. Cuerpos delgados y brillantes se deslizaban, colgaban retorciéndose o se enroscaban allá arriba en cada rama. El árbol entero era una madeja movediza y asquerosa de víboras larguísimas que se enredaban entre ellas y con las ramas en un constante movimiento repulsivo.

 A ninguno lo asustaban los reptiles y ya habían visto grandes grupos de víboras hibernando en algunas cuevas; pero aquel espectáculo grotesco era diferente porque varias cosas estaban mal en él. Los animales eran demasiado largos, además no era normal que las ramas aguantaran tanto peso sin doblarse, y aquel movimiento continuo y tan frenético parecía más propio de una visión de terror que de algo natural. Por eso se miraron aterrados, y más asustados quedaron cuando de pronto se dieron cuenta de que todos los árboles estaban repletos. Y todo empeoró cuando repentinamente cientos de aquellas cosas empezaron a caer sobre ellos y a enroscarse con increíble velocidad. Era una verdadera lluvia de reptiles que caían blandamente y se enroscaban en sus piernas para ascender en espiral hacia la cabeza. Pronto ya no pudieron dar ni un paso de tan envueltos que estaban. Fabio sintió que la mano que cargaba el machete todavía estaba libre, entonces empezó a subir y bajar la afilada herramienta hacia sus piernas. Sus compañeros también empezaron a hacer lo mismo. Pero por más que cortaran otras ocupaban su lugar inmediatamente, y si no se liberaban pronto iban a quedar sepultados bajo aquellos espirales y nudos movedizos y fríos. 

Ismael intentó librarse el otro brazo a machetazos; Niver, a pesar de su desesperación igual pensó en sus compañeros e intentó ayudarlos cortando aquellas inmundicias que les trepaban por todos lados, y a su vez los otros intentaron ayudarlo a él. En medio de la lucha desesperada de pronto Niver pensó: “Esto no puede estar pasando, esto no puede ser real”. A los tres les había dado esa impresión pero ante la caída de aquella lluvia su instinto los dominó. Niver dejó de luchar y cerró los ojos. Eso no podía estar pasando. De un momento a otro ya no sintió que lo envolvían. Abrió los ojos y después su boca se abrió en un grito de terror y dolor. Ya no había víboras, nunca las hubo, y los tres estaban llenos de tajos y horribles cortes, algunos mortales; se habían matado ellos mismos. Los grabados en los troncos eran una advertencia y también una maldición.  

6 comentarios:

Raúl Sesos dijo...

Muy bueno! Cada vez escribes mejor

Ongie Saudino dijo...

Primero que nada: Hola de nuevo amigo!. Vaya, por un momento me preocupé ya que encontré que el otro blog Cuentos Cortos de Ficcion ya no estaba. Pero es bueno que este siga abierto y que ahora sea mas amplio y rico en variedades de contenido, al ser tu blog inicial es muy bueno. Lo segundo, pobres biologos, si Niver hubiese actuado con mas tranquilidad desde el principio, probablemente se salvan. Pero, quien no hubiese actuado con desesperacion en medio de tal situacion?. En el que se siente que la vida esta peligrando y que hay que eliminar la amenaza?. Pero bueno, lo siento por ellos, fueron victimas del bosque de las serpientes. Que bien qque sigas publicando master!. Esta historia te quedo de lo mejor.!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

¡Hola! El contenido del otro ahora está en este, las entradas están entreveradas según su fecha de publicación, también los comentarios del otro están aquí, todo. Me pareció más práctico unir todo en uno, me estaba costando demasiado posicionar el otro. Los tiempos han cambiado (para mal de los pequeños blogueros) y hay que hacer lo que se puede. Igual la mayoría aquí va a seguir siendo de terror. Gracias por volver a comentar, Ongie. Te espero por aquí, saludos!!

Jorge Leal dijo...

Es porque no puedo empeorar, supongo ¡Jaja! Y últimamente he estado escribiendo novelas para mí y eso me ayuda mucho. Muchas gracias Raúl. Saludos!

Anónimo dijo...

Saludos, Jorge. He tenido problemas con mi conexión de internet hace unas semanas logré que la página cargara y lei tus cuentos pero los comentarios aparentemente no se publicaron. Gracias por tus cuentos están geniales...

Stephanie

Jorge Leal dijo...

Gracias a vos por estar ahí, Stephanie. Pues yo estuve días sin conección a internet. Volví el viernes. Nos vemos por aquí. Saludos!!

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