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sábado, 27 de agosto de 2016

Un Mundo De Historietas

¡Hola! No le busquen terror a este cuento, pero sí léanlo que es bueno ¡Jeje! No tiene continuación, más bien, todavía no hice ninguna. Surgió de una idea que aporté en un grupo que va a hacer un ebook de cómics donde pretenden unir a todos los personajes de las historietas argentinas. Mi idea para unir a todas las historias cayó en saco roto ¡Jaja! Pero de ahí surgió esto: 

  
Sandro levantó la vista al escuchar un trueno. Unos nubarrones oscuros se revolvían inquietos y amenazantes apenas por encima de las azoteas de la ciudad. Él era un hombre invisible.
Esto no era literal pero muchas veces se sentía así, porque salvo algún conductor que se asomaba a la ventanilla del auto para insultarlo cuando él cruzaba la calle tirando de su carrito, los demás transeúntes ni lo miraban. Recolectaba cartones y botellas de plástico en los contenedores de basura. En su oficio no todo era ingrato porque a veces encontraba tesoros; así le llamaba a las ocasionales revistas y libros que hallaba. Libros víctimas de la humedad en su mayoría, mientras otros en perfecto estado eran un enigma para Sandro: “¿Por qué alguien tira un libro así, si no se vencen?”, pensaba en esas ocasiones.

Ese día tenía el carrito repleto cuando encontró, en el fondo de un tacho, una vieja revista de historietas. Con eso su jornada ya estaba completa y era más que buena. Los truenos empezaron a apurarlo. Sonaban en el cielo plomizo como voces distorsionadas de gigantes lejanos que se comunicaban entre ellos. Cuando el ruido de la creciente tormenta callaba a los de la ciudad algunos peatones miraban hacia arriba, se encogían de hombros como sintiendo ya la lluvia sobre sus espaldas y apuraban el paso. Algunas goteras inmensas caían sonoras sobre los cartones que cargaba cuando alcanzó la miseria de su barrio. Poco después estuvo frente al hogar que él mismo levantara con maderas, chapas, botellas de plástico abiertas y cartones. Resguardó primero el material en un pequeño galpón que hizo para ese fin. Dentro de la casa no tenía electricidad porque no quería “colgarse” del tendido eléctrico como sus vecinos. Para qué quería electricidad si no tenía tele ni le interesaba tener una. El entretenimiento para él era leer. Dentro de su hogar ya era todo tinieblas pero podía desenvolverse en aquella oscuridad casi sin tantear. Así encontró una vela y la encendió para iluminar su pobreza.

Colgadas en un bolso y dentro de varias bolsas de nailon tenía varias galletas duras. Después sacó una lata de paté de una despensa que había hecho con un cajón. Un té con agua calentada en una estufa obra suya y nada más; para qué más si con aquello ya se sentía afortunado. Fuera de la casucha ahora estaba muy oscuro y la lluvia intentaba aplastar todo. Durante un rato largo el hombre y su sombra distorsionada por la llama danzante de la vela contemplaron de reojo a la revista de historietas que dejó sobre un cajón. Al terminar de comer se entregó a la lectura. Viñeta tras viñeta fue quedando inmerso en las historias hasta que ya no escuchó el golpeteo de la lluvia. Después de vivir varias aventuras junto a los personajes de las historietas cerró la revista satisfecho.  Llevó la vela hasta la mesita que tenía al lado de su catre, se acostó y la apagó. La lluvia ahora era menos intensa y más monótona. 

Enseguida se durmió y luego empezó a viajar en sueños.
Estaba en su barrio, frente a su terreno. De pronto supo que soñaba aunque nada le pareció extraño. Al girar para ver en derredor quedó frente a una abertura de dimensiones similares al marco de una puerta corriente pero esta tenía los bordes irregulares y lo que la limitaba estaba hecho de una energía luminosa que recordaba a los relámpagos. Del otro lado de esa abertura de energía se veía la misma miseria que había en derredor. ¿Para qué una puerta tan rara si no daba a otro lugar? Sintiendo curiosidad y con la confianza de que aquello era solo un sueño, la atravesó para averiguarlo. Al dar un paso ahora frente a él había un campo. Era la pampa en toda su vastedad. El pampero, el viento, acariciaba las pasturas a su antojo y allá lejos se elevaba por la falda de unos cerros bajos y de cima aplanada. En el cielo limpio y muy celeste volaban en círculo algunos cuervos, esos descubridores de muerte; y en un bañado que se asomaba apenas sobre el campo lanzaba su grito imponente un chajá (un ave grande). Sandro quedó asombrado con aquella belleza agreste, pero más asombrado quedó al ver la ropa que llevaba. Estaba vestido como un militar, pero no como uno de los de ahora sino como uno de la vieja milicia. En la cintura tenía una sable y una pistola. Recordaba haber metido cosas en los bolsillos, o llevar gorro, pero no recordaba que en algún sueño se hubiera visto toda la ropa.

—Avivate sino te van a madrugar —dijo de repente una voz que sonó detrás de él. 

Sandro se volvió con un salto para descubrir que estaba en el límite de un monte. A pasos de él se encontraba un militar barbudo que se había arrodillado detrás del tronco de un sauce, y pistola en mano escudriñaba la espesura que tenía delante.

—Ganate atrás de ese tronco que seguro el fulano que buscamos está ahí adelante —le dijo ahora el militar. 

La orden fue tan tajante que Sandro la siguió. Mientras el otro seguía observando el monte él lo observó a él. Enseguida supo que era el personaje de una de las historietas que acababa de leer.  Eso no le pareció extraño, mas si halló raro lo real que se veía todo. ¿Cómo su mente había elaborado aquello a partir de un dibujo? Al militar hasta se le veían las manchas de sudor en el uniforme azul. El uniformado era ancho de espalda, tenía una barba espesa y unos ojos que parecían escrutarlo todo. Movía la cabeza lentamente pasando la mirada por el monte hasta que de pronto quedó inmóvil como un perro que ha marcado una presa. Tras un instante de expectativa se echó al suelo y se deslizó rápidamente por él ayudándose con los codos. Era un reptar rápido pero silencioso. Sandro se emocionó. ¡Que sueño más asombroso! Cuando el uniformado se perdió en el monte él quiso imitarlo pero descubrió que no era tan fácil. El miliciano quedó quieto de nuevo, sus sentidos puestos allá adelante, en la espesura. Sandro se seguía arrastrando cuando escuchó tres disparos. Fueron como un alarma para él. Aunque invisible para casi todas las personas él era un hombre valiente y solidario. Sueño o lo que fuera aquello no iba a dejar a su compañero solo. Se levantó y arremetió contra las ramas que querían cerrarle el paso. Llegó tarde, su compañero ya había liquidado al maleante, un tipo melenudo de aspecto terrible que ahora estaba quieto boca arriba. El militar se hizo la señal de la cruz y dijo:

—Pobre infeliz, pero él tiró primero. Y bueno... todos estamos en la misma. Mañana puedo ser yo el que esté panza arriba. Voy hasta los caballos a traer la pala. Este es un buen lugar. Ya vuelvo. No te preocupes que este está bien muerto. Anduviste bien —le dijo por último y se marchó

Sandro no supo qué decir. Sí que era un sueño extraño, si es que era eso, porque algo le decía que no, que era algo más. Miró al muerto de reojo porque le preocupó que aquello se volviera pesadilla; mas súbitamente surgió una luz y apareció otro portal. Al atravesarlo ahora frente a él había una calle muy transitada por donde pasaban autos lustrosos pero que eran de un montón de décadas atrás. Lo reconoció como el escenario de otra historieta.  

9 comentarios:

sharoll dijo...

Me gustaría que tuviera alguna continuación. .saludos .

Jorge Leal dijo...

Ahora no tengo ninguna, ni en mi cabeza. Puede que haga una. Es un cuento derivado de otra cosa. Me dan ganas, escribo, después veo ¡Jaja! Gracias. Saludos Sharoll!!

Ongie Saudino dijo...

Es increible master!. Esta historia te quedo buenisima, me senti bastante comodo leyendo esta obra. Vaya,Sandro tiene mucha imaaginacion, lo que le faalta de dinero le sobra de imaginacion. Se veia muy divertida esa aventura, seria bueno que hubiera continuacion amigo. Si llegaras a escribir una continuacion de esta historia, o llega a algo mas grande, no nos prives de aunque sea un pequeña parte, asi no publiques el resto por seguridad. Se ve que Sandro tendrá muchas otras aventuras en ese mundo!. Espero que siga adelante y pueda tener mas protagonismo en esas historietas!. Una estupenda historia master!. De nuevo, te quedó buenísima y genial!. ¡Espero lo próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Gracias Ongie. Todavía no sé qué hacer con esta historia. Esto, si lo hubiera guionizado para cómic, sería el comienzo para que después otros lo continúen, historias con los personajes de las historietas argentinas. Los guionistas ni me contestaron ¡Jaja! Aunque a varias personas le gustó, y eso que mi comentario donde proponía esto estaba enterrado entre decenas de otros. Voy a ser sincero aunque quede mal; la idea que intentan sacar es una reverenda y descomunal porquería ¡Jaja! Y dudo que salga porque tiene huecos por todos lados aunque la han adaptado un poco con... ¡PARTE DE LAS COSAS QUE PROPUSE! ¡Jajaja! Y bueno, tenía que haber anticipado eso. Saludos!!

Raúl Sesos dijo...

Sonaban en el cielo plomizo como voces distorsionadas de gigantes lejanos que se comunicaban entre ellos. Una maravilla

Jorge Leal dijo...

Creo que esa parte no es gran cosa, en serio, aunque en general el cuento me quedó bien porque estaba muy entusiasmado. Hubiera salido un lindo guión, imagínate esta parte en historieta; pero que se le va a hacer, solo soy bloguero... Gracias Raúl. Saludos!!

Raúl Sesos dijo...

Blogero y escritor excelente!

Belen Duran Vidal dijo...

Historietas embrujadas o q llevan a otros portales y mundos... maravilloso.. por eso amo la lectura

Jorge Leal dijo...

La idea era que esos mundos fueron creados por la imaginación colectiva al leer esas historietas. Gracias. Salu2!!

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