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domingo, 7 de agosto de 2016

Una Luz En El Cielo

¡Hola! Este cuento no es de terror. Desde ahora también voy a publicar de otras categorías, de hecho, importé entradas de otro blog mío a este y ya hay todo tipo de cuentos de ficción, hasta románticos ¡Jaja! (buscar en la nube de categorías) Por eso ahora el blog se llama "Cuentos Cortos". Sigo con la cabecera de antes porque bueno, no conviene cambiarla, además la inmensa mayoría son de terror, y voy a seguir subiendo historias de terror. Cuando sean de otra cosa voy a aclarar en el título, si me acuerdo ¡Jeje! Igual nadie ha muerto por leer una historia que no sea de miedo, ¿no? ¡Jajaja! Saludos!!


Rodolfo estuvo ansioso todo el día y al caer la noche empezó a mirar hacia arriba. Se fue hasta un campo donde ni una luz artificial, ni las pocas que había en su barrio interfirieran con el espectáculo que se iba a presentar esa noche: una lluvia de meteoros. Las condiciones eran ideales, cielo despejado y sin luna.
Eran buenas condiciones para ver la lluvia pero no para caminar entre los pastos. Había llevado una linterna pero no la encendió porque en esa zona los peones solían correr a la gente; órdenes de un patrón que por su condición creía que todos pretendían robarle ganado. Por eso Rodolfo avanzaba mirando hacia todos lados, eso sin descuidar mucho el cielo aunque le costara más de un tropiezo. Así alcanzó un lugar donde las luces del barrio eran un resplandor apenas visible detrás de una loma, y mucho más allá el de la ciudad (que era chica) parecía el tímido comienzo de un amanecer. Se ubicó en una zona alta calculando el frío que se iba a acentuar con la quietud y el silencio.

Se sentó sobre unos pastos que primero iluminó brevemente y después revolvió con el pie para ahuyentar a alguna posible araña u otro bicho. Se cubrió con un poncho y comenzó su espera. No muy lejos de él, en una parte más baja empezaron a desfilar unas vacas. De no ser por las manchas blancas de algunas lecheras solo eran unos leves contornos que aparecían y desaparecían en la oscuridad porque el suelo blando hacía silencioso su andar, aunque cada tanto alguna mugía apurando a un ternero que iba quedando rezagado por distraído. Ese desfile de formas inciertas lo distrajo por un momento pero enseguida volvió a vigilar el cielo. De pronto se inquietó. El tronar de un galope lo hizo pensar en que tal vez el breve instante en el que encendió la linterna fue suficiente para alertar a los peones, que brutos por naturaleza y muy serviles, se decía que hasta solían hacer disparos muy imprudentes para asustar a la gente. No logró ver al caballo ni al jinete pero los escuchó ir hacia el bajo, seguir al trote, y después vio fugazmente una silueta con sombrero cruzando frente a él. 

No estaba haciendo nada malo pero no quería que lo descubrieran porque se podía perder la lluvia en todo su esplendor, además de pasar un mal rato explicándole a un bruto alcahuete lo que estaba haciendo allí. Es desagradable explicarle razones a un tipo desconfiado que se cree astuto sin serlo. El jinete pasó y pronto el silencio lo hizo desaparecer del todo. Entre toda esa expectativa el firmamento brillaba intensamente y la vía láctea se fue desplazando con lentitud. Planetas, estrellas, la inmensidad insondable y oscura, y algunos satélites de los hombres uniéndose al espectáculo de puntos de luces. Rodolfo pensó que con solo un movimiento de su cabeza podía abarcar con la vista  zonas inmensurables de espacio. Después recordó que todo aquello era solamente una imagen del pasado, que muchas de aquellas estrellas ya no existían. Esos pensamientos lo hicieron suspirar y pensar en lo insignificante de su existencia, que para el universo iba a ser más efímera que las rayas luminosas que esperaba. Volvió al lugar en donde estaba sentado al escuchar unos ruidos. Era gente a pie. Juzgó que eran dos personas, y no eran nada furtivos porque iban hablando casi en voz alta. Iban rezongando por lo malo del terreno. Calculó que no era gente de la zona, que tal vez eran de la ciudad e iban hasta allí con las mismas intenciones que él pero sin ser tan precavidos. Pensó que por lo menos no habían encendido una linterna, pero si no se callaban los iban a descubrir igual. 


Y para su desgracia caminaban casi derecho a él. Le pareció que en cualquier momento iba a escuchar el galope. Y en ese momento empezó la lluvia de meteoros. Primero algunas rayas luminosas pasando brevemente aquí y allá. Cuando una le llamaba la atención desaparecía apenas la miraba y veía otra con su visión periférica. De a poco empezaron a ser más, y cuando todo el cielo quedó rayado de luces, sonó una detonación. Los del dúo de charlatanes dieron un grito y se echaron a correr. Rodolfo no reaccionó pero sintió algo. No fue un dolor muy fuerte, fue como una punzada en el costado. Supo enseguida que era un balazo. No supo si le habían tirado a él o si fue uno hecho para asustar a aquellos dos y lo alcanzó por pura mala suerte. En un instante dejó de importarle. Se recostó hacia atrás y quedó en una posición muy cómoda. Se le cortó el aliento porque su corazón se detuvo. Se asombró al sentir una lucidez increíble, y muchas cosas pasaron por su mente. Ya percibía el tiempo de forma diferente. De pronto las imágenes dejaron de pasar por su mente y solo se concentró en la espléndida lluvia de meteoros. Líneas de luz tan efímeras como para el universo debía ser su vida. Y el hombre quedó contemplando la inmensidad, y de pronto solo hubo inmensidad.     



4 comentarios:

Raúl Sesos dijo...

Esto es magistral!

Jorge Leal dijo...

Bueno, a mí me encantó escribirlo y creo que le puse bastante oficio, me concentré mucho al imaginarlo, y lo pondría en mi lista de favoritos; pero de ahí a que sea magistral... ¡Jeje! Bueno, si a ti te parece. Muchas gracias entonces. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Felicidades muy bueno, me recordó a Ray Bradbury, no como una copia sino por la habilidad para mesclar realismo y poesía de forma tan sutil.

Gracias por subirlo:)

Jorge Leal dijo...

Será porque me encanta la poesía, de hecho, mis primeras obras (mucho antes de los blogs) era poesías, y sigo escribiendo. Muchas gracias por tan generoso comentario. Saludos!!

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