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miércoles, 14 de septiembre de 2016

El Bautismo

No podía evitar pensar que el miedo, más bien el terror al agua de Jeff, el esposo de mi hermana, no era una simple fobia infundada. En mi familia era común que en verano se fuera varias veces a pasar un día o dos en la orilla apartada de algún río a arroyo con monte. Cuando mi hermana lo conoció dejó de ir a esas salidas.
Después de casarse con él se le hizo más difícil no ir porque era una buena tradición familiar. Pasar un fin de semana en un lugar algo apartado sin las montoneras de la playa y sintiendo el aire primitivo del monte, comida hecha en el fuego, qué mejor que eso. Sabía que a mi hermana le encantaba, por esa razón enseguida me di cuenta de que era él el que no quería ir. Al preguntarle ella me dijo que sí, que era él, y así me enteré que le tenía terror a las ríos y arroyos. Me sorprendió bastante porque Jeff era un tipo hecho al rigor, nacido en una familia modesta de latinos (le pusieron ese nombre para que encajara mejor en esa sociedad), él había trabajado toda su vida y viajado mucho. Pensando justamente en eso, por cosas que él mismo había contado se me ocurrió que desde hacía unos cuantos años lo que él estaba haciendo era huir, ¿pero huir de qué?

Lógicamente, después de enterarme de eso, aunque le dije a mi hermana que no lo iba a hacer igual se lo conté a toda la familia. Cuando Jeff supo que sabíamos parece que le dio algo de vergüenza y por eso nos acompañaron en la siguiente salida. Sin dudas fue una decisión valiente porque, ¡le tenía un miedo terrible al agua! No quería ni acercarse a la orilla y vi que miraba hacia el monte con cierto recelo. Estábamos en un puerto natural bastante pequeño. Frente a nosotros corría el río y a los costados, siguiendo la rivera se elevaba el monte. Me pareció que no era por no estar acostumbrado a un lugar así sino porque este le recordaba a otro parecido. Fui a sentarme a su lado con la intención de interrogarlo. Él descubrió mis intenciones enseguida y estuvo dispuesto a hablar, seguramente ya quería contarle eso a alguien. El resto de la familia estaba en el agua bastante más abajo de nosotros porque el puerto era en bajada. Jeff le echó un nuevo vistazo desconfiado al monte y al río y empezó a contarme:

"Cuando viajaba por Norteamérica trabajando por aquí y por allá estuve un tiempo en Luisiana. En ese lugar hay muchos ríos y canales y por todos lados en los árboles se ve el musgo español, lo mismo que cuelga de esos árboles, esas cosas que aquí le llaman “barba de viejo”, por eso este monte me recuerda tanto a esa otra zona. Ahí conseguí trabajo en una procesadora de pescado. Los de la familia dueña del lugar me ofrecieron alojamiento gratuito en un galpón que estaba mucho mejor que varias casas en las que me había alojado. Acepté quedarme allí porque quería ahorrar dinero para comprarme una propiedad, que en algunas partes de ese estado son muy baratas; pero algo no me gustaba de aquella gente. Cada vez que trataban conmigo eran muy amables pero, aunque no tuve ninguna pista sobre eso todo aquel trato me parecía, falso. Por eso anduve desconfiado unas semanas hasta que creí encontrar la razón. Ellos formaban parte de una comunidad de gente supuestamente muy religiosa. Creí que sus intenciones eran engatusarme para que me uniera a ellos. Por necesidad, en ese tiempo ahorrar dinero para mí era más importante que otras cosas, por eso les seguí la corriente.

“Cada vez me hablaban más de su comunidad pero nunca me invitaban a una misa o como le llamaran ellos. Un día el hombre, poniéndome la mano en el hombro me dijo que querían que participara activamente en su comunidad pero que para hacerlo primero tenía que bautizarme. Cuando le dije que ya era bautizado él dijo que no importaba, que podía hacerlo de nuevo en esa nueva fe. Como me dijo que no tenía que tomar la decisión inmediatamente la fui dejando pasar todo lo que pude. A medida que pasaban los días empezaron a presionarme con algunas indirectas, aunque siempre sonriendo, y me dejaron entrever que si no me bautizaba me iban a echar de allí. Pensé, que más da, mal no me va a hacer. Acepté. Fue un domingo. Fuimos en camioneta hasta el borde de un bosque ribereño parecido a este pero mucho más ancho. Allí nos esperaba un grupo de personas vestidas con túnicas blancas. En total eran cerca de treinta tal vez. El dueño de la pescadería no era un integrante más, ahí supe que era su líder o como le llamaran. Era un viejo muy alto y flaco que tenía una energía que hacía difícil calcular su edad porque era muy fuerte. Cuando me dió una túnica roja le pregunté: 

—Señor, ¿por qué solo mi túnica es roja? Creí que otros también se iban a bautizar.
—Así es, pero ellos ya son parte de nuestra comunidad porque son hijos de miembros, por esa razón visten túnicas iguales a los otros ¡Jeje! —me explicó muy sonriente. 
—Pero no veo a ningún niño. ¿Por qué sus padres no los bautizaron antes?
—Porque es una costumbre no hacerlo hasta que ya son grandes. Ahora ponte eso que ya vamos a empezar. Te voy a pedir que desde ahora no hables. Es un momento de contemplación, ¿sí?

“Después de que me puse aquella túnica roja ridícula y larga, me palmeó el hombro sonriendo todavía más y emitiendo una risita que me resultó desagradable. “¿En qué porquería me estoy metiendo?”, pensé algo asustado. No tuve tiempo para rechazar aquello. Se formaron dos filas detrás de mí y empezaron a marchar mientras cantaban en un idioma desconocido para mí. Marchaban a paso solemne, muy serios y cantando con el tono más bajo que tenían. Se parecía un poco a los cantos gregorianos pero eran en una lengua extraña. Aquella marcha me empujó por un sendero que se internaba entre árboles de raíces expuestas y cubiertos de musgo español. A mi lado iba el tipo alto. Caminaba más solemne que el resto y también iba cantando. Aquel coro intimidante empezó a cantar más fuerte pero en el mismo tono. De un momento a otro sus cantos empezaron a repetirse en el bosque. ¿Que era aquello, un eco? Después me pareció que era otro coro que estaba más adelante, luego me pareció que era una sola voz cavernosa y muy potente imitando a aquella gente. Ya era todo demasiado raro pero por alguna razón seguí avanzando a la cabeza de la procesión. Al divisar el agua oscura y quieta donde iban a sumergirme decidí que no valía la pena seguir con aquello pero no me atreví a decirlo, o no pude.

“El otro canto parecía reverberar por todo el cauce como si lo emitiera algo que estaba bajo el agua. Al alcanzar la orilla dejaron de cantar y el tipo alto empezó a recitar algo en la misma misteriosa lengua. Elevó los brazos mientras emitía aquellas palabras extrañas y empezó a meterse en el agua. Caminó hasta que aquel agua quieta le dio hasta la cintura, allí giró y con un brazo me indicó que me acercara. Sentía que todas las miradas estaban sobre mí, presionándome para me me metiera allí. De no haber visto algo lo hubiera hecho. Noté que algo se agitó en el agua, no alcanzó a romper la superficie pero se notó que algo se movía bajo ella, y era algo enorme. Temí a lo que se ocultaba allí y eso me hizo reaccionar. Al retroceder un paso sentí que alguien me aferraba la muñeca derecha por detrás. Giré hacia mi derecha al tiempo que ponía firme el brazo y como el otro no me soltó quedó con el suyo en una posición mala que me permitió agarrarlo. Otros ya se abalanzaban sobre mí cuando a fuerza bruta proyecté a ese hacia el agua. Tuve que darle un puñetazo a uno para después poder correr terreno arriba pero hacia un costado del sendero para evadir a los que ya se abalanzaban para atraparme. Como eran muchos igual otro logró hacer presa sobre mí y cuando me libré de él de un codazo miré brevemente hacia el río. Todo pasó muy rápido. El tipo que proyecté al río acababa de levantarse chorreando agua cuando detrás de él hubo como una explosión, saltó agua hacia todos lados y de ahí surgió una especie de cocodrilo negro y enorme, gigantesco, tan grande que lo engulló de un bocado. El hombre alto que estaba en el agua gritó furioso y todos parecieron quedar sorprendidos un instante, tiempo suficiente para que yo me alejara más. Después hasta las mujeres se lanzaron a mi captura. Corrí como nunca antes lo hice. Apenas los dejé atrás me deshice de aquella túnica y literalmente me perdí en aquel bosque lúgubre. Unas horas después me topé con unos cazadores que por suerte eran gente buena. Cuando les relaté lo que me pasó me ayudaron a salir de allí. Le debo mucho a esa gente. Ellos habían escuchado sobre un culto secreto que operaba en la región pero hasta el momento creían que solo eran cuentos de la gente. Sí, aquello fue horrible pero lo hubiera superado si no supiera que aquel no era un cocodrilo común. Mientras huía y todavía me perseguían, desde el río empezó a sonar muy fuerte y claro una voz cavernosa que ningún humano podría emitir, era horrible y claramente era la voz de aquella bestia, la cual no podía ser solo un animal gigante. No comprendía sus palabras pero entendí que me llamaba y maldecía a la vez. Me alejé de aquel estado pero seguí sintiendo aquella amenazada sobre mí. Yo era una ofrenda para él y esa cosa no lo olvida. Pues ya ves, de ahí mi miedo. Cree lo que quieras —me dijo finalmente Jeff. 

Era algo muy elaborado como para ser un invento pero de todas formas no quedé del todo convencido. Evidentemente le había pasado aquello pero creí que su imaginación había completado después algunas partes. Me equivoqué. Pasaron varios años desde ese relato y cuanto más él iba al monte más se iba acostumbrando. Un día, supongo que con la esperanza de por fin dejar todo aquello atrás y así comenzar realmente una nueva vida, se metió al agua junto a nosotros. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Estábamos todos cerca y solo lo perdimos de vista un instante. Desapareció de la superficie y toda búsqueda posterior fue inútil, jamás se encontró su cuerpo.    

12 comentarios:

  1. Hola Sr. Jorge sus cuentos me gustan mucho pero este me fascinó y Le agradezco que comparta su talento con todos los amantes de los cuentos de terror.

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    1. Muchas gracias a ti por leerme y comentar, Brayan. Saludos!!

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  2. Este un poco de tristeza ,después que se cuido tanto y trato de sobrevivir. Al final el lagarto infernal se lo comió. Me lo imagine guapetón y bien listo, que lastima que mataste el personaje ,Jorge no se vale amiguito..

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    1. Las lagartos demoníacos también tienen que comer ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

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  3. Vaya, pobre Jeff... Parecia un tipo de mundo, bueno, era un tipo de mundo. Peroa hay muchos que no se acostumbran a los lugares donde no tuvieron buenas experiencias. Pero el amigo Jeff se acostumbró a ir al monte, y camarón que se duerme, se lo come el cocodrilo demonio, jaja!. Pero hay que ver como hay religiones peligrosas en el mundo. Bueno master, de nuevo has conseguido con tus historias que yo le agarre recelo a un lugar tan hermoso y natural como lo es la selva y los montes, con sus hermosos arroyos, esos y los hospitales; sin contar los cementerios y las casas abandonadas, jaja!. Pero tus historias lo consiguen y sin embargo no dejo de leerlas!. Una estupenda historia amigo!. El pobre jeff solo queria nadar un poco y hacia tiempo que no podia, o mejor dicho, nunca pudo...¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Yo en el monte me siento en paz, no pienso en nada, y de noche duermo como un bebé. A los hospitales sí hay que temerles ¡Jaja! con las casas abandonadas que he conocido estoy profundamente agradecido porque son los escenarios de muchos de mis cuentos. Gracias Ongie. Saludos!!

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  4. Estuvo muy bueno este relato y su final, también me gustó la locación siempre he tenido curiosidad de ir a Luisiana me parece muy misterioso ese estado y me intrigan las religiones que hay en USA algunas muy extrañas.

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    1. A mí me gusta ese estado porque hay buena pesca, pero no está tan bueno el tema de los cocodrilos ¡Jaja! Tampoco me gustaría estar ahí cuando hay algunas tormentas. Muchas gracias. Saludos!!

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  5. Tarde o temprano Quintana será tu sastre, fascinante cuento Jorge, increíble como avanzas a cada post. Abrazo desde tu tierra. Raúl S

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    1. Lo que sí te puedo asegurar es que más pobre de lo que estoy no voy a quedar ¡Jaja! Y bueno...
      ¿Ya andas en Uruguay entonces? Bienvenido al paisito. Un abrazo.

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  6. Buenísimo. Sabes crear historias que atrapan, Jorge.

    Saludos salados.

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