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sábado, 24 de septiembre de 2016

El Invasor

No sé si me despertó algún ruido o fue casualidad. Era de madrugada y afuera lloviznaba tristemente. Desde el techo caía un constante goteo que resonaba no sé en qué pero se parecía al tic-tac de un reloj de esos grandes.
Estuve un rato pensando en qué podía hacer tanto ruido aquellas goteras. Allá cada varios minutos un auto doblaba en la esquina y sus luces daban en la ventana de mi cuarto, y unas figuras muy delgadas que se cruzaban entre ellas pasaban raudamente por las paredes hasta que todo volvía a quedar oscuro. Eran las ramas de los árboles del terreno vecino. Pensé que tenía que comprar una cortina más gruesa. Al pasar otra luz cruzó por la pared, muy fugazmente, un torso humano que iba inclinado hacia adelante. Me levanté alarmado y espié hacia afuera descorriendo apenas la cortina. No vi a nadie. Enseguida dudé. ¿Sería alguien pasando por mi terreno, sería en el del vecino o era en la calle?
Entonces recordé a los perros del vecino. Ladradores hasta el cansancio y mal entrenados, de noche le ladraban hasta a su propia sombra, y como no los había escuchado supuse que fue alguien que pasó por la calle sin que los bribones lo notaran. Por el terreno era imposible que los evadieran. Me volví a acostar pero ya no pude recuperar el sueño. No me afligió porque al otro día no trabajaba. Pensaba en a dónde ir ese fin de semana cuando escuché un ruido. ¡Era en la puerta del fondo! Sentí como una inyección de energía.

 Me levanté como un rayo y sin pensarlo busqué el revólver que tenía en el cajón de la veladora. Mientras abría con mucho cuidado la puerta del cuarto los ruidos en el fondo aumentaban. Intuí que el invasor debía creer que no había nadie en la casa. Avancé agazapado por la oscuridad y lo sorprendí cuando daba sus primeros dos pasos en mi hogar. Tenía la cabeza cubierta con un pasa-montaña. ¡Fuera de aquí! Le grité al tiempo que le apuntaba. No saltó del susto ni retrocedió, giró sobre sus talones y salió disparado hacia afuera. Escuché el ruido de las pisadas rodeando la casa. 

Ojalá hubiera dejado aquello allí, pero sin pensarlo regresé a toda prisa al cuarto. Sabía que por fuera él iba a demorar más. No había resuelto qué hacer, todo pasó muy rápido, solo reaccionaba. Descorrí la cortina de un tirón justo cuando iba pasando frente a la ventana. Vi que volteó hacia mí, noté un brillo en su mano y de ahí salió un fogonazo y el ruido de la detonación sonó casi al mismo tiempo que el estallido del vidrio de la ventana. Recuerdo que sentí el retroceso del revólver en mi mano pero no recuerdo haber querido disparar ni haberle apuntado. El malhechor se perdió de vista pero enseguida escuché que caía. Cometí otra imprudencia al asomarme. Estaba tirado boca abajo, quieto. Le di, sin querer, en la cabeza. Aparentemente siguió corriendo solo por el impulso que llevaba. Al caer en la cuenta de que a su vez él me había disparado me palpé el cuerpo. Estaba ileso. Al encender la luz vi un agujero en una pared. Tuve suerte. Cuando la policía llegó se nos sumó mi vecino. Salió al escuchar los disparos (una imprudencia de su parte) y en el patio casi pisó a uno de sus perros. El ladrón los había envenenado. Resultó que el tipo era un delincuente muy conocido y con antecedentes, y a eso se le sumó que las pruebas demostraban que disparó primero; por eso veinticuatro horas después salí limpio del asunto.

Yo estaba bien pero mis padres igual insistieron para que me quedara en el hogar donde nací. Tuve que aceptar. Unos días después regresé a mi casa. Al llegar la madrugada de esa primer noche todavía estaba bien despierto. No me extrañaba. Casi me habían matado y yo había quitado una vida, eso siempre tiene un precio. Claro que no esperaba que fuera tan alto. Estaba despierto pero con los ojos cerrados. Al escuchar que un auto iba doblando la esquina abrí los ojos y vi a un torso humano pasando por toda la pared. Lo primero que me vino a la mente fue que era algún amigo a socio del muerto que venía a vengarse. Creí que estaba afuera pero cuando me iba a levantar lo vi asomando la cabeza por la puerta entreabierta. Se ocultó y la puerta se cerró. Esta vez la invasión me enojó. Seguí aquellos pasos que iban hacia la sala con toda la intención de liquidarlo. Por el ruido creí que me lo iba a topar en el medio de la sala pero al desembocar allí no había nadie. Giré apuntando hacia todos lados. No estaba. Todavía no entendía qué pasaba cuando los pasos sonaron detrás de mí ahora corriendo hacia la cocina. Tenía que haberlo alcanzado pero de nuevo no había nadie. Busqué por todos lados, tanteé todas las perillas, revisé las ventanas, todo estaba cerrado y me hallaba solo. ¿Realmente me hallaba solo? No, era la única persona en la casa pero no estaba solo. Me repugnaba la idea de dejarle mi hogar a aquello pero tuve que irme esa misma noche. Gracias a mis padres un cura viejo y muy respetado entre los suyos y por la gente fue a bendecir mi hogar. Por lo que demoró creo que enseguida se dio cuenta de que allí había algo, y no sé cómo pero lo expulsó ese mismo día.  

6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. cuando es a una casa creo que se le dice limpieza, por lo menos yo lo llamo así en mis cuentos ¡Jaja! Pero estoy bastante seguro de que lo escuché por ahí. Gracias por comentar, Sharoll. Un abrazo.

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  2. Le agradesco por sus cuentos son mas que buenos me han proporcionado ratos de intenso entretenimiento lo felicito y se que muy pronto encontrare algo publicado en papel en alguna librería siga adelante va por el camino correcto.

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    1. Hola. Muchas gracias. Ojalá se diera, aunque es MUY poco probable. El sector editorial hoy en día ha perdido tanto el rumbo que publicar a no ya no tiene que ver con la calidad de lo que se haga. Cada vez cierran más editoriales pero igual siguen aferradas o un montón de prejuicios y teorías absurdas, falacias que fueron inventadas por bandadas de "expertos" que en realidad son escritores frustrados, más bien, gente que quiso escribir pero no nació con la imaginación suficiente. Y bueno, así son las cosas. Pero hay algunas industrias como la de cómic que todavía son racionales y puede ser que se de por ahí, quién sabe. Muchas gracias de nuevo. Saludos desde Uruguay!!

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  3. Leyendo tu comentario anterior, lo de los cómics nunca mueren, no es mala idea. Aprovecho la ocasión para también agradecerte por publicar tus cuentos que se mezquinas con mucho cariño y precaución. te saludo y va otro visual abrazo. Raúl

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    1. Tengo que intentar con cómics o lo que venga ¡Jaja! Ahora estoy por hacer unos guiones para radioteatro. Voy a ver en qué queda. Gracias a ti Raúl, aunque me llames de mezquino ¡Jaja! Un abrazo.

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