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jueves, 8 de septiembre de 2016

El Viento

Mis padres y yo empezamos a caminar más lento al mirar aquello porque ninguno veía bien qué era.
Estaba de noche e íbamos a pie rumbo a una aburrida reunión política. Yo no quería ir pero como tenía solo once años no podía quedarme solo en casa. Antes de partir mis padres habían salido varias veces para ver si el clima se iba a descomponer o no porque estaban anunciando tormenta. No muy lejos de mi hogar había un campo que tenía zonas bajas y unas lagunas y desde allí cantaban cientos de sapos anunciando una tormenta próxima. Pero como aquel canto monótono y triste podía durar toda la noche sin que cayera una gota salimos igual. Yo iba entrompado y con las cejas bajas porque no me habían dejado llevar mi resortera, además no me permitieron juntar nada de lo que veía por el camino, ni piedras, ramas y tampoco tapas metálicas de botellas (que en esa época eran algo corriente). 

En la calle no había alumbrado público pero en casi todos los hogares había una lámpara encendida afuera, pero como también en la mayoría de esos terrenos había árboles en los patios la noche en el barrio estaba llena de sombras, y todas las cuadras tenían algún terreno vacío. En esa ocasión venían ráfagas repentinas que sacudían todo y les arrancaban ladridos a los perros, que esa noche parecía que estaban particularmente nerviosos; eso podía ser tal vez porque cada tanto el cielo nublado y oscuro se abría un poco y aparecía una luna llena y amarilla. En un tramo del camino vimos una cosa redondeada y bastante más grande que una pelota de basquet viniendo hacia nosotros. La primer impresión que tuve fue de que aquello era una bolsa de nailon que el viento impulsaba, pero se movía de forma tan extraña que dudé. Por la cabeza de mis padres debía estar pasando algo parecido porque casi se detuvieron mientras observaban aquello. Avanzaba en zigzag como alguien que escapa de una balacera, yendo hacia un lado y hacia el otro, pero lo que me hizo dudar más fue que por un momento se escondió detrás de un árbol que había en la vereda; entonces me pareció que aquella actitud era la de alguien que quiere emboscar. Salió de atrás del árbol y siguió un poco, se detuvo, avanzó zigzagueando de nuevo para detenerse más adelante y allí se aplanó como si se hubiera desinflado. Mis padres se miraron, se rieron un poco y yo los acompañé, solo era una bolsa. A pocos pasos de la bolsa yo iba con toda la intención de pisarla cuando nos pechó una nueva ráfaga de viento, la bolsa se infló y voló, se elevó pasando entre nosotros, siguió subiendo con gran rapidez para a continuación hacer un giro y desaparecer detrás del muro de una propiedad. 

—Es solo una bolsa volando, Matías —me dijo mi madre al ver que ahora no me causaba gracia aunque estaba claro qué era aquello.
—Es una bolsa pero algo se le mete adentro y la mueve —le dije mirando hacia lo alto del muro donde desapareciera la cosa. 
—Lo que se le mete es el viento —dijo mi padre—. Acuérdate de las cometas que remontamos. 
—Me acuerdo sí, pero ahora no parece el viento papi, ¿será que fue eso? —desconfié.
—Claro, como las cometas, es solo eso. Vamos a apurarnos un poco así hacemos acto de presencia cuanto antes y volvemos temprano antes de que llueva —dijo por último mi padre levantando un poco la vista hacia el cielo que ahora estaba completamente negro.

No quedé muy convencido. Miré hacia atrás varias veces hasta que llegamos. En la reunión, más que de política todos conversaron sobre lo feo que estaba el tiempo. Era evidente que todos querían largarse cuanto antes porque la noche estaba horrible. Después de media hora de aburrimiento volvimos por el mismo lugar. A medida que nos acercábamos a la cuadra del incidente empecé a asustarme. Mis padres, que iban conversando, tuvieron que separarse un poco porque yo quería ir entre los dos. Vi que se cruzaron una mirada sonriendo, pensaban que tenía miedo y tenían razón, y no me importaba. Al alcanzar esa parte, ni rastros de la bolsa. Cruzamos frente al muro donde desapareció. Me la imaginé apareciendo de pronto con un rostro marcado en ella pero nada sucedió en ese momento; mas cuando estábamos por abandonar la cuadra miré hacia atrás y allí estaba. Bien inflada y con un bulto del tamaño de una cabeza resaltando en el medio aquella bolsa avanzaba volando como a la altura de una persona. Yo ya era bastante grande pero igual mi padre me levantó como a un niño pequeño (el miedo y su instinto paternal lo hicieron reaccionar así) y salió corriendo junto a mi madre que hasta alcanzó a gritar. Aquello no nos persiguió mucho. Se detuvo enseguida y, contra toda explicación lógica, porque en ese momento no soplaba viento desde ningún lado, retrocedió, se elevó y desapareció tras el muro aquel.   

8 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Vaya, vaya... Habrá sido un fantasma o algo peor amigo?. Pero por lo menos escaparon de esa cosa. Jaja!, las cosas que se pueden llegar a presentar en una fria noche de próxima tormenta. Esta historia me hace rememorar una que escribiste donde aparecia una cabeza que flotaba sobre un monte, no recuerdo el nombre. El mundo está lleno de cosas asi amigo, aunque generalmente los fantasmas tienen un lugar fijo para aparecer. Este se movia mucho jaja. Una excelente historia amigo!. Muy intrigante y de lo mejor!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Por lo menos mi blog está lleno de cosas así, el mundo no sé ¡Jeje! Sí, era un fantasma movedizo pero iba solo hasta cierto punto. Las noches de tormenta son algo clásico en los cuentos de terror, es la atmósfera ideal; pero yo más bien uso ese recurso por otro motivo. Es porque en las tormentas se desatan cantidades increíbles de energía, y me parece lógico que (dentro de los cuentos) esa energía fortalezca a otras. Es algo que no explico en las historias pero que siempre tengo en cuenta. En el mundo de Marco, el personaje que en el blog aparece cuando niño en el cuento "Hacia un mundo de terror", que publiqué en agosto, las noches de tormenta son las peores y todos lo saben, es como una ley; todos los monstruos se fortalecen. Gracias Ongie. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Hola, Jorge; no se que me asusta mas si salir con mal clima o que la salida sea por política ¡¡¡jajaja!!!
Stephanie

Jorge Leal dijo...

Sí, ahora que lo mencionas pienso que hasta puede sonar un poco raro que fueran a una reunión política. Hice esto porque, aunque siempre tengo en cuenta que al blog lo lee gente de todos lados, soy oriental y a veces escribo sobre cosas de mi país, Uruguay, donde por suerte (después de la vuelta de la democracia) no es raro ir a reuniones así. Lamentablemente ya prácticamente no sirve de nada porque los de arriba no escuchan pero bueno, ese es otro tema ¡Jaja! Gracias stephanie. Saludos!!

Raúl Sesos dijo...

Top de cuento. Cada vez más increíble como escribes.Otro abrazo grande

Jorge Leal dijo...

Te pasas de generoso, Raúl ¡Jaja! Muchas gracias. Un abrazo!!

Maria Cruz Montiel dijo...

Imaginate, tu hasta con una simple bolsa armas una historia de terror, bravo!!Jorge por eso me caes bien

Jorge Leal dijo...

¡Muchas gracias, María! Saludos amiga!!

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