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domingo, 4 de septiembre de 2016

En El Aire

A Óscar le resultó raro que hubiera tanto silencio. Abrió los ojos y se quitó la almohada de cuello que usaba para dormir. Estaba viajando en un vuelo comercial, en un avión enorme que se había llenado de pasajeros. Miró hacia un costado, no había nadie en los asientos de al lado. Se levantó para ver sobre los asientos. Adelante, atrás, nadie, estaba solo.
Se encontraba al lado de una ventanilla. Todavía escuchaba el ruido de los motores pero igual miró hacia afuera para ver si ya habían aterrizado. Seguían en el aire. Pensó que se le ocurrió aquello solo por estar medio dormido todavía. No iban a bajarse todos dejándolo allí. ¿Pero y entonces dónde estaban todos? Se abrió camino entre los asientos para ir a la parte delantera del avión. Nadie, ni una azafata. Revisó hasta en el baño sin hallar a persona alguna. Se paró frente a la puerta que daba a la cabina de los pilotos y golpeó antes de tantearla, estaba cerrada y no le respondieron desde adentro.

La cosa ya daba para asustarse. Él viajaba en la sección más económica. Atravesó por primera vez la cortina que daba a una parte con más comodidades para encontrar que esta también estaba vacía. Y más atrás había una sección con unos pocos asientos de primera donde tampoco había gente. Óscar sabía que la parte donde va el cargamento es grande. ¿Por algún motivo estarían todos allí? En uno de sus viajes había visto brevemente dónde había una puerta trampilla para bajar a la parte de carga. La buscó. Mientras levantaba la trampilla empezó a sudar frío. Eran tantas las interrogantes que tenía. Se decía que no tenía sentido que todos hubieran bajado hasta allí, que no debía dar el lugar, que era absurdo; pero más absurdo era pensar que todos se habían bajado en pleno vuelo. La sección de carga estaba algo oscura. Se tocó el pecho pidiéndole calma a su corazón. Avanzó lentamente entre dos filas de cajas y paquetes embalados y perfectamente ajustados a la estructura. 

Llegó a preguntarse si aquello no sería una broma de mal gusto. Llegó frente a una cosa cuadrada que estaba cubierta por un nailon algo traslúcido. Allí había algo, un bulto que parecía un niño pequeño. No quería pero tenía que ver qué era. Le tembló la mano al tomar el nailon para levantarlo. La respuesta de aquel bulto fue inmediata. Se abalanzó abriendo la boca para enseñar unos colmillos enormes al tiempo que emitía un grito que retumbó en todo el lugar. Óscar quedó mirando unos ojos casi rojos que se clavaron con fiereza en los de él. Después aquello se retiró contra el fondo de la jaula que lo encerraba. El susto lo hizo caer hacia atrás y por poco no se golpeó la cabeza contra una caja. Fue tremendo susto pero enseguida se dio cuenta de que era un mono. Recordó entonces que a veces también transportaban animales. Al bajar el nailon para que el mono se tranquilizara el animal metió una mano entre las rejas intentando agarrarlo pero solo arañó el aire. Después de ese susto fue con más cuidado todavía. En otra jaula había un perro que dormía profundamente. Ya sabía que la gente no estaba allí pero igual revisó todo lo que pudo.

Ya no sabía qué pensar, todo lo que se le ocurría resultaba descabellado. Volvió a la sección de los pasajeros y se sentó en el lugar que le correspondía. “¿Por qué voy a quedarme aquí si no hay nadie más?”, pensó. Se estaba por levantar cuando algo lo aturdió y perdió el sentido como si alguien lo hubiera apagado con un interruptor. Al volver en si estaba rodeado de gente, todos habían vuelto. Por un momento notó cierto desconcierto en las caras de los otros. Después empezaron a desperezarse y algunos comentaron que habían dormido profundamente, aunque en la mirada se les  notaba que no estaban muy convencidos de eso. Al rato parecieron dejar esos pensamientos atrás y fue un vuelo como cualquier otro, menos para Óscar, claro, que siguió confundido y  desconfiado hasta que se bajó. Durante el vuelo se le ocurrió algo pero muy brevemente porque enseguida quiso descartarlo por aterrador. Pero una vez a salvo volvió a pensar en el asunto. Todo cobró sentido con esa teoría: los pasajeros fueron secuestrados por extraterrestres. ¿Pero si eso era cierto por qué no lo habían llevado a él? De pronto, como si esa pregunta hubiera roto una barrera psicológica, recordó. Se vio acostado en una habitación extraña donde había un ser humanoide pero repugnante que tenía en la cara una especie de máscara de oxigeno. Ese extraterrestre no hacía nada, solo lo observaba, pero unos brazos robóticos que salían de donde él estaba acostado le hacían cortes con unos rayos e iban manipulando con rapidez los órganos que iban dejando expuestos. Óscar medio se desmayó al recordar eso y después vomitó asqueado y lleno de terror. En esa ocasión no lo raptaron porque ya lo habían hecho antes.

4 comentarios:

  1. Hola, Jorge. Omg! Muy bueno, que miedo...

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    1. Gracias, ¿Stephanie? Creí que no le había gustado a nadie ¡Jaja! Saludos!!

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  2. Wow excelente cuento y seguro no habian marcas de ningun tipo en sus cuerpos

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  3. Hacían que cicatrizaran poniéndoles células madre ¡Jaja! Bueno, o cualquier otra cosa extraterrestre. Gracias. Saludos!!

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