¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

martes, 13 de septiembre de 2016

La Grieta

Tenía que cumplir con una penosa y desagradable tarea: identificar a un conocido muerto. El fallecido tenía un solo pariente vivo, su hermano, pero cuando este se enteró de la muerte se descompuso y terminó en el hospital. Allí me recomendó, por llamarlo de una forma, a mí.
Salí rumbo a la morgue inmediatamente para así cumplir con aquello de una vez. Ver al cuerpo no era el problema porque ya he vivido mucho y con el tiempo todos pasamos y vemos desgracias, lo que me incomodaba un poco era revivir viejas sensaciones de esas que uno intenta enterrar. Llegué al hospital con el espíritu apesadumbrado. Fui hacia dónde creí que estaba la morgue. Iba por un pasillo cuando escuché algunos llantos de niños y voces de bastante gente. Me resultó muy raro porque me parecía que por allí, en cuanto doblara me iba a topar con la infame puerta de la morgue. Resultó que habían remodelado completamente todo el hospital y no estaba ni cerca de la ubicación actual de la morgue. Tuve que preguntar. Una mujer que sostenía a un bebé en sus brazos hasta salió al pasillo para indicarme dónde era. Así y todo caminé un poco inseguro por aquellos corredores porque todo era nuevo para mí. Antes de alcanzar la puerta me topé con un guardia que debe haber adivinado en mi mirada que buscaba un lugar. 

—¿Puedo ayudarlo, señor? —me preguntó.
—Vengo a identificar a alguien en la morgue y esto está tan cambiado... —le respondí.
—Está ahí nomás. Lo acompaño y le aviso al doctor.
—Gracias joven, muy amable.

El entró primero y un momento después salió diciéndome que pasara y volvió al lugar donde estaba. El doctor, un tipo joven, ya había sacado el cuerpo de esa especie de refrigerador en donde los ponen. Aunque he vivido mucho traté de mirar lo menos posible las cosas que había allí. El asunto fue rápido. Efectivamente, era quien suponían, mi presencia solo fue parte de un trámite. Al voltear para irme levanté un poco la vista para ver lo menos posible una mesa metálica que estaba a mi derecha. Así noté una tremenda grita que tenía la pared desde su base. La grieta, ancha oscura y profunda, subía hasta el techo donde terminaba al dividirse en varias grietas pequeñas. Se veía peligrosa, parecía que todo aquello podía venirse abajo en cualquier momento.

—Ya ve en las condiciones que tengo que trabajar —dijo a mis espaldas el médico—. La burocracia hace que las reformas demoren porque ya se invirtió mucho en este hospital ¡Ja! Lamentable.
—Y hasta parece peligrosa —le comenté volteando hacia él.
—Ya me estoy acostumbrando a ver eso. Y creo que como esta parte es nueva igual la estructura debe estar fuerte. En el peor de los casos, si esto se derrumba, aunque hubieran varias personas aquí lo más probable es que la única víctima mortal sea yo ¡Jajaja! Supongo que escuchar una broma en este lugar le debe resultar raro. Es una forma de sobrellevar este oficio.
—Lo entiendo, el humor es remedio para todo —le dije, y aunque quería largarme a mi curiosidad se le ocurrió preguntar—. ¿Y cómo le pasó esto a un lugar nuevo? ¿Será que los cimientos se hundieron un poco?
—La verdadera causa es un misterio, y no me va a creer en qué circunstancias se abrió de golpe esa grieta —me dijo el tipo mirando toda la extensión de la misma, y quedó mirándola como esperando que yo preguntara, y le pregunté.
—¿En qué circunstancias, si se puede saber?
—Creo que influyó un poco el ambiente, el día que hacía, aunque no de la forma que se pensaría. Me explico, de ninguna manera el clima pudo afectar a esa pared porque es muy gruesa y estamos en un lugar resguardado; pero creo que de alguna forma el mal tiempo favoreció lo que pasó. Fue en este invierno pasado y hacía una semana que los días se presentaban horribles, con mucha lluvia, tormentas eléctricas, cosa que no es muy común en invierno, y sobre todo mucho pero mucho viento.
—Sé de cuál semana está hablando. Por los barrios hubo un montón de voladuras de techos. Una semana espantosa. La pasé frente a la estufa y no sufrí sus inclemencias gracias a que mis hijas me traían todo —recordé.
—Horrible sí pero yo tenía que venir igual. Un día en particular, mientras conducía hacia aquí cruzaron por mí un montón de ramas de árboles que iban volando, también vi un paraguas que el viento había arrancado de las manos de alguien. Y cada tanto sonaba tan fuerte algún rayo que me hacía agachar la cabeza como si algo me fuera a caer arriba. Día espantoso para manejar pero tenía que venir igual. Cuando entré esto estaba vacío, había llegado primero que el cuerpo. Ya pensaba tomarme un café en la sala que tenemos los doctores para descansar pero cuando iba saliendo llegó el cuerpo.
—Aquí te traigo a uno que a esta hora ya debe estar en el infierno —me dijo el enfermero que empujaba la camilla. 
—¿Y quién es? —le pregunté.
—Véalo usted mismo.
Lo reconocí enseguida. No voy a nombrarlo pero le diré que era un tipo muy conocido en la ciudad, un empresario muy rico, con sobradada fama de tacaño, explotador...
—Ya sé a quién se refiere —le dije al escuchar esas pistas. Al saber sobre qué semana hablábamos fue muy fácil.
—Pues sí, ese llegó aquí. ¡Vaya suerte la mía! Lo depositamos sobre esa mesa y el enfermero me dejó solo. Le eché una mirada al rostro. Tenía los ojos cerrados y solo parecía dormido, algo que no me sorprendió porque lo habían encontrado en la cama. Fui hasta ahí para tomar ese carrito con instrumentos. Le estaba dando la espalda al cuerpo cuando escuché un grito detrás de mí. El susto me hizo saltar hacia adelante, o empujé el carrito, no sé bien, y este cayó y los instrumentos se desparramaron con mucho ruido a metal por el piso. Por eso, entre tanto ruido no estoy seguro de si grité, creo que sí porque abrí la boca. Al volverme el viejo estaba bien sentado y con la boca y los ojos abiertos. Movía los ojos hacia todos lados como espantándose de las cosas que veía, aunque creo que no estaba mirando esta sala porque nada aquí podría causarle tanto terror. Los ojos casi se le desorbitaban y abrió más la boca al gritar de nuevo. En ese instante la pared detrás de él se agrietó y la rasgadura subió hasta ahí. Como es obvio, no llevo mucho tiempo aquí y eso fue demasiado para mí. Salí de aquí corriendo. Volví con otro doctor y un guardia. Mi colega me reprochó porque creyó que el viejo no estaba muerto. Supongo que alguna vez escuchó que se toma por fallecida a gente que en realidad no lo está, aunque eso hoy en día es muy raro. Cuando entramos el viejo estaba acostado de nuevo y con los ojos cerrados, y bien muerto desde hacía varias horas, constató mi colega. Solo esta grieta quedaba de lo que le conté. Me tomé unas vacaciones un poco anticipadas después de eso. Me animé a volver porque durante mi ausencia al que quedó acá no le pasó nada raro —terminó de contarme el doctor con una sonrisa ahora algo forzada, se veía que aquel suceso todavía lo afectaba. 

9 comentarios:

  1. Muy intrigoso. Lo tomaré como que fue un demonio que entro y quiso darle un poco de susto al forense.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Entonces fue eso, para ti ¡Jeje! Gracias Sharoll. Un abrazo.

      Eliminar
  2. ¡Wow! Saludos, Jorge. Excelente este cuento...
    Stephanie

    ResponderEliminar
  3. Probablemente, si haya sido un demonio como dijo la amiga sharoll. Lo que tiene que ver un forense en su vida. Un muerto que no sabe cantar y que rompió una pared al intentar hacerlo. Pero todavia queda la incognita de que era realmente esa cosa que vio el doctor. Ya que los muertos cuando son fantasmas pueden gritar, pero llegar a romper una pared y que nadie mas lo oiga.... Pero por suerte, no abandonó el oficio el buen doctor. Yo no hubiese regresado ni loco, aunque hay muchas necesidades en el mundo y el trabajo es necesario. Tu que opinas master?. Al menos no le paso nada al medico. Una magnifica y misteriosa historia amigo!. Te quedo de lo mejor...!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como no lo expliqué cada uno puede imaginarse lo que quiera. Pero, hay que tener en cuenta que era un tipo malo que seguramente se iba a ir al infierno, y que cuando se levantó movía los ojos horrorizado como si estuviera viendo cosas muy feas, como las que puede haber en el infierno. La grieta pudo causarla la energía que se escapó de él. También podría entenderse como que el infierno lo reclamó con tanta fuerza que hasta rajó la pared ¡Jeje! En definitiva, lo que a uno se le ocurra ¡Jaja! Y en el cuento no hay un narrador omnisciente que pueda explicar todo, la historia es contada por los personajes ¡Jeje!
      Y claro que se necesita gente que haga eso, pero yo ni loco lo haría, ni a los vivos atendería ¡Jaja! Muchas gracias, Ongie. ¡Saludos!

      Eliminar
  4. Lo que indicó Sharoll, agrego uno o varios de ellos. Genial relato corto y completo. Otro abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Wow chicos que miedo 😨.

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?