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sábado, 17 de septiembre de 2016

Los Tres...

Mariano intuyó que algo raro estaba pasando en la casa de su hermano. Simón, su hermano, hacía un mes había sufrido una pérdida terrible, la de una hija pequeña, Katy. Él y su esposa naturalmente quedaron destrozados, y como la familia de ambos estaban muy lejos tuvieron que soportar eso sin mucho apoyo. Por eso Mariano fue a pasar unos días en la casa de ellos lo antes que pudo para ver si los ayudaba a mitigar aunque fuera un poco aquel dolor terrible. Los encontró emocionalmente mejor de lo que calculaba, aunque a la vez los halló un poco débiles, y más sutilmente sintió que no lo querían allí.
Supuso que se trataba de alguna etapa, de un estado de negación que en cualquier momento se podría derrumbar. Como él había ayudado a Simón toda la vida porque era el mayor y no contaban con un padre, se quedó igual porque algo le decía que sí lo necesitaba. Los hermanos saben cuando el otro oculta algo, por eso un día, aprovechando que estaban solos, mientras merendaban en la mesa de la sala Mariano le preguntó:

—¿Qué pasa realmente?
—No entiendo a qué viene tu pregunta —le dijo Simón intentando mostrarse confundido.
—Bien sabes de qué hablo. Obviamente quiero que, después del tiempo necesario de duelo superes esto, pero me extraña que parezca que ya lo superaste, además noto que no estás bien. ¿Puedes dormir todas las noches? Tienes tremendas ojeras.
—Estoy bien, duermo lo que hay que dormir, normal, y, ¿te parece que ya no sufrimos bastante? —casi pasó al ataque Simón. 
—No, no, sabes que no me refiero a eso —se apuró a aclarar Mariano, y tomó un trago de jugo mientras pensaba bien cómo iba a seguir—. Lo que quiero decir es que hasta parecen un poco alegres por algo, aunque a la vez los noto con poca energía, y sobre todo, muy misteriosos.
—Los tres... los dos estamos bien. A veces Dios cierra una puerta pero después abre otra.
—¿Susana está embarazada? —preguntó con sorpresa Mariano y casi se ahogó con el jugo.
—¡No, no es eso! 
—¿Y qué es entonces?
—Que te importa.
—¿Y eso?
—Disculpa, quise decir que es asunto de Susana y mío nomás. Gracias por preocuparte pero estamos bien.
—Igual me voy a quedar unos días más aunque no quieras. Y donde lo vea necesario le digo a mamá que venga —le dijo por último Mariano señalándolo con el dedo. Simón terminó una galleta sin responder y sin mirarlo. 

Mariano sintió ganas de someterlo y hacerlo confesar la verdad como cuando eran unos muchachos pero ahora su hermano ya era un adulto y eso no quedaba bien, además aquella era su casa. No pudo sacarle lo que quería pero quedó convencido de que algo malo estaba pasando. Desde ahí pasó a estar atento a todo. La noche de ese mismo día, después de escuchar algo se levantó, abrió la puerta con mucho cuidado y descalzo se movió furtivamente por el corredor. Hablaban en voz baja pero él tenía buen oído. Eran Simón y Susana y sus voces venían del cuarto que fuera de la niña. Si no supiera que su sobrina había muerto hubiera creído que le hablaban a ella. Como dándose cuenta de que podían despertarlo empezaron a susurrar apenas. Mariano estiró la mano hacia la perilla pero se quedó así sin abrirla, después volvió a su cuarto. Sería demasiada intromisión. Ya acostado meditó en el asunto. Que fueran al cuarto a recordar a su hija rodeados de sus cosas no era bueno para ellos pero se entendía; mas que hablaran como si ella estuviera allí ya era algo anormal, y era más raro que lo hicieran los dos mientras estaban juntos. Dándole vueltas a eso se le ocurrió algo horrible. Inmediatamente pensó que no estaban locos como para hacer algo así; pero después tuvo en cuenta que habían sufrido demasiado...

Por la mañana al pasar frente a aquel cuarto tanteó la manilla, se encontraba cerrado con llave. Ahí fue cuando sintió el olor. Lo habían enmascarado con perfume para el ambiente pero se sentía igual. ¿A qué era aquel olor, si es que era eso? Se sentía como una atmósfera pesada. Con esas nuevas pistas no pudo ignorar su teoría. Fue, muy a su pesar porque temía confirmarla, al cementerio. Al hallar la tumba de la niña buscó con la vista alguna prueba de que hubieran profanado el lugar. Suspiró aliviado al no encontrar ninguna pista. De vuelta a la casa se sintió muy mal por haber pensado algo así, pero realmente había creído que Simón y Susana habían desenterrado el cuerpo de su hija y que lo estaban manteniendo de alguna forma. El resto de ese día lo pasó especulando. No era lo que había pensado pero de todas formas algo ocultaban. Esa noche le costó dormirse. Despertó de madrugada.  ¿Qué lo había despertado? Era... ¡Aquel olor y estaba cerca de él! No se animó a abrir los ojos. Estaba durmiendo de lado. El cuarto estaba completamente oscuro. El oído se le aguzó increíblemente. Esperó. Lo que estaba allí se había detenido y debía estar inmóvil, y no respiraba. Después de un rato de terror, un paso corto, después otro, pasos apagados, furtivos, y parecían ser de algo pequeño. Se imaginó a su sobrina muerta caminando hacia él.

 Entonces no aguantó más, se sentó de golpe y tanteó la mesa de luz buscando el interruptor de la lámpara. La encendió cuando aquello ya huía e iba abriendo la puerta. No era su sobrina, era una muñeca horrenda. La muñeca volteó hacia él al atravesar la puerta. Ahora el terror lo hizo reaccionar agresivamente. Se precipitó hacia la muñeca pero cuando salió al corredor esta ya se iba metiendo en el cuarto que fuera de la niña. La puerta se trabó tras ella. Mariano la golpeó y empujó con los antebrazos. Ante el barullo se encendió la luz del corredor y Simón y Susana aparecieron corriendo rumbo él:

—¡No entres ahí, no golpees esa puerta! —le gritó Simón.
—¡Hay una muñeca embrujada! ¡Estaba en mi cuarto y corrió hasta aquí! —le gritó Mariano sin dejar de forcejear con la puerta.
—¡Detente, no sigas! ¡No es una muñeca embrujada, es tu sobrina!
—¿Qué? —preguntó ahora Mariano, más horrorizado que sorprendido por aquello.
—Es Katy —le dijo Susana poniéndose entre él y la puerta.
—¡Vamos a hablar! ¡Ahora me vas a contar todo! —exclamó Mariano tomando de un brazo a su hermano.

Así lo llevó hasta la cocina y lo sentó; Susana se quedó cuidando la puerta. Ahora lo iba a hacer hablar aunque tuviera que golpearlo. 

—¡Ahora dime! ¿Cómo es eso de que esa muñeca es mi sobrina?
—No sé bien. Cuando pasábamos por el peor momento y estábamos tirados en el sofá nos pareció escuchar la voz de Katy. En un primer momento cada uno creyó que estaba enloqueciendo, ¿pero cómo podía ser eso si los dos la escuchábamos? Al ir al cuarto vimos que era la muñeca. Era la preferida de Katy y creemos que por eso la eligió para habitar en ella. Como sabíamos que iba a ser difícil de comprender decidimos no contárselo a nadie, además Katy así lo quiere.
—Simón, hermano, esa cosa no puede ser tu hija —trató de convencerlo Mariano tomándolo de la cabeza para que no evadiera su mirada—. ¿No sientes el olor que emana? Eso no es algo bueno, es un fantasma malo o... tal vez hasta algo peor, pero no puede ser Katy, ella está en el cielo. Eso se aprovechó del momento vulnerable de ustedes y poseyó a esa muñeca. ¿No lo ves?
—¡No! ¡Vete de aquí! ¡Esa es Katy, lo sabemos! —gritó furioso Simón apartando las manos de su hermano y levantándose, y acto seguido tomó un cuchillo—. ¡Te vas ahora mismo de mi casa o te mato! ¡No estoy dispuesto a perderla de nuevo!
—Esa cosa te está trastornando. Déjame ayudarte. 
—¡No! ¡Vete! ¡Vete! —lo amenazó con cara de demente.

Mariano no se amedrentó pero no quiso enfrentarlo en ese momento. Fue hasta el cuarto donde había dormido para buscar sus cosas. Simón lo vigiló respirando agitado y enseñándole el cuchillo. Susana se había quedado pegada a la puerta del cuarto donde se escondía la muñeca. Estaba claro que la iban a defender todo lo que pudieran. Mariano tomó uno de sus bolsos y moviéndolo con rapidez golpeó de pronto la mano armada de Simón, y cuando este quiso reaccionar a ese movimiento le siguió un puñetazo que lo derribó. Mariano pateó el cuchillo hacia abajo de la cama y después se inclinó para decirle a su hermano que estaba en el suelo:

—Te voy a ayudar quieras o no. Voy a volver con mamá y algún cura o alguien que pueda librarte de esa cosa. Adiós.

Al pasar frente a Susana esta se pegó más a la puerta poniéndose como barrera. Siguió de largo sin mirarla. Los dos estaban dominados por aquello.

Creyó que iba a poder ayudarlos pero no le dio el tiempo. Antes de que él pudiera regresar la muñeca les quitó toda la energía y murieron. La muñeca desapareció.   

2 comentarios:

  1. Mariano es un buen hermano y una gran persona. Probablemente otro habria huido y se habria olvidado del asunto. Pero era su hermano, comprendo que haya querido ayudarlo, también me habria preocupado y actuado para defender a mi hermano. Tienes hermanos amigo?. La explicacion para esta situacion seria que un espiritu malo se aprovecho de el estado en el que se encontraban Simon y Susana y se hizo pasar por Katy. Estando ellos convencidos de que ese ser era Katy, se le hizo muy facil alimentarse de su energia y, posteriormente, la muerte de ambos. Pobre Mariano, ahora se quedo sin hermano. Quedara este cuento asi? ¿ Hara algo al respecto?. Tal vez, cazar al espiritu?. Una nueva aventura de terror?. Pregunto mucho?. Jaja!, Una estupenda historia master! Pobre Mariano, pero los finales asi son necesarios! Muy buena!. ¡Espero la proxina historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Algunas veces tienen que ganar los malos sino los monstruos del blog se me revelan ¡Jaja! Y el final es bastante conclusivo. Esa cosa los mató y desapareció, y Mariano no era ningún experto en esos asuntos, solo concluyó cosas obvias; o sea que no hay continuación. Sobre tu pregunta de si tengo hermanos, sí, tengo una hermana mayor. Y no haces muchas preguntas. Te agradezco los comentarios y por mí encantado de responderte todo lo que pueda. ¡Saludos Ongie!

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