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lunes, 19 de septiembre de 2016

Pobre

Una luna creciente casi redonda estaba tan quieta en el agua como la boya que contemplaba el pescador. Aurelio estaba algo impaciente porque en esa ocasión no intentaba pescar algo para divertirse, era para comer.
Aquel pequeño arroyo que allí se ensanchaba para formar una laguna pequeña le había dado buenos resultados antes pero esa vez no había pique. Se encontraba sentado bajo el amparo de un sauce. A su derecha, no mucho más allá el arroyo volvía a hacerse un hilo y pasaba por el puente de un camino asfaltado pero que estaba en muy malas condiciones. A la izquierda el arroyo se perdía campo adentro entre algunos sauces, pastizales, sombras nocturnas y silencio. Aurelio trataba de no mirar hacia ese lado porque apenas levantaba la mirada divisaba un muro que no quería ver: era el muro de un cementerio. La ubicación de aquella laguna era el secreto de sus anteriores éxitos pescando en ella. Ya fuera por respeto, por temor o porque subestimaban el lugar nadie más pescaba allí, tan cerca de un solitario cementerio. A él no le importaba pescar en esa laguna pero lo había hecho solo de día. Como necesitaba una comida gratis al llegar la noche siguió intentando sacar algo. 

Estaba con los sentidos muy alertas. Escuchó que del otro lado de la laguna andaba una cosa que se movía entre los pastos. No era algo grade, era más bien rastrero, algo bajo. Al pensar que podía ser un armadillo enderezó la espalda al ponerse un poco tenso y escuchó con más atención todavía. Un armadillo podía ser comida para más de un día si lo acompañaba con algo de arroz, que es lo último que había comprado con el dinero que le quedaba. Ya se acercaba una cosecha donde seguramente iba a conseguir trabajo pero mientras tanto tenía que sobrevivir como pudiera. Desde el otro lado del camino que tenía a la derecha, cada tanto llegaba desde lejos algún balido de cordero. Pero aquellos recordatorios de que por allí había ovejas ni tentaban a Aurelio porque el era un hombre recto, con principios, y esa era su riqueza. Para él, pobres eran los que incluso teniendo mucho dinero venden su dignidad para después, siempre tarde, arrepentirse de ello; y también consideraba pobres a los que conscientemente hacen el mal, porque la satisfacción que deja la maldad a los espíritus perversos ni se acerca a la felicidad que trae hacer el bien. Por eso no lo tentaban las ovejas, mas sí se concentró en la cosa que se movía del otro lado. Avanzaba unos pasos moviendo los pastos, se detenía, avanzaba de nuevo otro trecho corto. Ya le estaba pareciendo que no era un armadillo cuando alcanzó a ver la espléndida cola de un zorrillo. 

Decepcionado, bajó la vista hacia la boya. ¡Se estaba moviendo! Se emocionó demasiado rápido porque la boya cabeceaba pero no se hundía. Supuso que debía ser un pez muy chico, un descarnador nomás. Estaba pescando con una caña natural de bambú. Cuando la boya quedó quieta la levantó para ver si en el anzuelo todavía quedaba carnada. Traía algo pero no era un pez ni la carnada, era algo que soltó varios destellos bajo la luz de la luna. Aurelio se levantó inmediatamente. No era una cosa sola, eran varias. Cuando las acercó a la mano vio nuevos destellos. Era una pulsera adornada con piedras preciosas y cuatro anillos con piedras generosas. Apartó la mano como si se tratara de una víbora y miró en derredor. Si hubiera enganchado solo una de las joyas igual estaría más que asombrado, pero que hubiera varias lo dejó conmocionado. ¿Acaso había alguien abajo del agua? La superficie se veía bien pero encendió la linterna para intentar ver lo que estaba más abajo. Nada, solo agua quieta. Volvió a mirar en derredor, esta vez alumbrando las cosas. Después enfocó las joyas. Eran de oro y estaban bien limpias. Las habían colocado en el anzuelo como si las colgaran de un gancho. Tratando de hallarle algo de sentido a aquello las miró bien de cerca para comprobar si estaban unidas entre si. Estaban separadas. No tenía ningún sentido. No quería ni tocarlas. Las pasó del anzuelo a una rama que le cortó al sauce. ¿Qué hacer con aquello? 

Sabía que no era un sueño aunque por las dudas se pellizcó, no le quedaron dudas de que estaba despierto. Pensó en tirar aquellas cosas y estuvo a punto de hacerlo mas se frenó a último momento. Su estómago también quiso opinar y gruñó como enojado. Si eran tan valiosas como parecían podrían solucionarle la vida, por lo menos en lo económico, e incluso siendo baratas podrían darle el dinero suficiente para que aguantara hasta la cosecha. Las estaba equilibrando en la rama. De nuevo hizo el amague de tirarlas y nuevamente el estómago protestó. Había sido un hombre bueno toda la vida, ¿y si aquello era una ayuda? ¿Pero ayuda de quién? Sintió un escalofrío espantoso subiéndole por la columna vertebral. Al alcanzarle la cabeza el escalofrío le erizó los cabellos. ¿Y si era un regalo del Diablo? Entonces se le ocurrió que si arrojaba las joyas al agua el Diablo se iba a enojar y se le iba a aparecer para matarlo del susto. Nadie quiere morir de terror pero él tampoco quería vender su alma. Lanzó un grito y las arrojó al agua. En ese momento se escuchó un ¡Nooo! Que vino del cementerio. Al voltear hacia el grito vio que alguien estaba asomado en el muro. No pudo más y se echó a correr. Cruzó raudo por un pastizal y sin voltear en ningún momento alcanzó el camino y siguió así hasta que no pudo correr más. Tuvo que detenerse a recuperar el aliento. Dentro del terror que sentía se alegró un poco al notar que había tomado su bolso. Lo único que recordaba bien de aquel momento era a un torso que parecía de mujer asomando sobre el muro y levitando suavemente hacia arriba y hacia abajo. Después los mismos nervios lo hicieron reírse. Camino a su casa hasta se sintió triunfal. “El diablo me tentó pero resistí”, pensó. Muy atrás, en el cementerio, la aparición de una mujer flotó como una niebla por encima de las tumbas para después desaparecer dentro de una cripta. Desde la cripta salieron algunos lamentos. Las joyas eran de una pariente muerta que Aurelio desconocía.    

10 comentarios:

sharoll dijo...

Se quedo sin pescado sin joyas sin cena si nada !...que pena me da Aurelio

Jorge Leal dijo...

Por eso le puse ese título, porque sé que casi todos van a pensar "pobre tipo". La moraleja del cuento es que hay que aceptar cualquier regalo aunque se piense que vienen del diablo ¡Jajaja! Bromeo. Solo es un cuento que se me ocurrió. Puede ser que haya sido muy sádico con el personaje pero hay que escribir de todo. Gracias Sharoll. Saludos!

NEWSODOM dijo...

No me imaginé ese final pobre hombre una pariente desde el más allá lo quería ayudar yo a veces soy medio Aurelio pero no tanto.

Raúl Sesos dijo...

Pobre tipo! Que genial leer este cuento una y otra vez! Abrazo desde el sur de América!Montevídeo! Aprovecho dicho sea de paso, hermosa tierra impactante aeropuerto! Saludos, mejores cuentos cada día Jorge. Mis respetos de siempre

Ongie Saudino dijo...

Si que la pasó mal el pobre Aurelio, mira que recibir la oportunidad de tener comida, dinero y todo lo necesario para vivir bien, pero perderla por miedo... Y para colmo, tal como dijo la amiga Sharoll, se quedó sin cenar y asustado el pobre Aurelio. A veces la vida nos ofrece las oportunidades y no sabemos aprovecharlas, jaja!. Pero lo del pobre Aurelio fue un caso aparte. Que cruel puedes llegar a ser a veces master! Como hubieras actuado en esa situacion amigo?. Una gran historia amigo! Muy buena!. ¡Saludos desde Venezuela!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Es raro que sea sádico en mis cuentos, creo que es algo que no es necesario como afirman algunos, aunque si quiero puedo ser mucho más cruel todavía ¡Jajaja! (risa malvada). En la situación del personaje (que no es muy diferente a mi actual situación ¡Jaja!) tomaría las joyas. Sabría que del diablo no podrían ser porque mi alma no vale mucho ¡Jajaja! Gracias Ongie. Saludos!!

Jorge Leal dijo...

Todo extremo es malo. Yo tomaría hasta el zorrillo, lo haría asado ¡Jaja! Gracias. Saludos!!

Jorge Leal dijo...

Montevideo apesta, lo lindo está en el interior: campos vastos, serranías, grutas, montes, ríos... Aunque claro, están todos embrujados ¡Jajaja! Hay todo lo que leíste en el blog y más ¡Jaja! Hablando en serio, no me gusta Montevideo ni ninguna ciudad grande, cuanto más grande menos me gustan. En este mismo momento estoy escuchando el canto de los pájaros, pero si por mí fuera me iría a un lugar más apartado todavía. Un terreno cerca de un río o arroyo pero que no sea zona inundable ¡Jeje! Algo como las cabañas de los lagos de las películas pero con los fantasmas y monstruos solo en mi imaginación ¡Jaja! Gracias. Un abrazo.

Kelly Johanna Gaspar Ramos dijo...

Definitivamente Jorge Tus Escritos son una Locura. Cada Vez que tengo tiempo de leerlos se que encontrare buen entretenimiento en este blog. Saludos desde Colombia!

Jorge Leal dijo...

Hola. Muchas gracias, Kelly. Y habrá más, así que no dejes de visitarme ¡Jeje! Pasa nomás que aquí siempre está abierto ¡Jaja! Saludos desde Uruguay!!

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