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viernes, 9 de septiembre de 2016

Suerte De Pescador

¡Hola! Este es un cuento corto nomás, sin terror. 


Ernesto abrió la puerta violentamente haciendo que todos los que estaban en la sala, su familia, voltearan a la vez hacia él sorprendidos por aquella irrupción.
El hombre jadeó un momento en el umbral y después entró a grandes pasos y se dejó caer en una silla, miró uno por uno a todos y les dijo:

—No me van a creer lo que nos pasó al Rodrigo y a mí. 
—¿Qué les pasó? —le preguntó su mujer soltando un tejido que estaba haciendo.
—Estábamos pescando con aquel en nuestro puertito, en el del arroyo —empezó a contarles Ernesto haciendo grandes ademanes—. Como ustedes saben, hace varias semanas que no llueve, y según estos del clima no ha llovido por ninguna parte estos días. Por eso me extrañó que el Rodrigo dijera de pronto: “El arroyo está creciendo”. Creí que estaba bobeando aunque él señaló una piedra que estaba en la orilla y dijo que recién estaba más lejos del agua. Le iba a decir que se dejara de bobear cuando vi que corriente arriba venía como una ola chica.

“Me quedé mirando aquello sin decir nada por lo sorprendido que estaba. De golpe empezamos a escuchar ruido a agua y el arroyo empezó a golpear y a salpicar la parte seca de las barrancas. En cuestión de... no sé, unos segundos aparecieron más olas y aumentó el ruido. Nos miramos con aquel y empezamos a juntar nuestras cosas. Manoteamos todo de apuro pero al enderezarnos ya nos estaba por alcanzar una ola más grande. Como el arroyo estaba bajo nos encontrábamos pescando en lo que normalmente sería el cauce, o sea que para salir de allí teníamos que subir la barranca, que en esa parte está llena de arena y es bastante alta y empinada. El Rodrigo me ganó la carrera y con un envión llegó hasta casi la mitad de la barranca, desde allí voleó las cosas que llevaba hacia arriba y siguió subiendo apoyándose con las manos también. Yo intenté hacer lo mismo pero de tres pasos que di resbalé como dos hacia abajo en el arena. Al resbalar mis pies tocaron el agua que crecía a cada segundo. Caer allí era morir y eso me dio como una energía, pero cuando iba llegando al último tramo de la barranca empecé a resbalar pero en ese momento aquel me tomó de un brazo y así me salvé. El arroyo debe haber crecido más de dos metros en cuestión de un minuto, dos tal vez pero no pasó el borde de la barranca, aunque estuvo cerca.

“¿De dónde salió aquel agua? No sé, pero de la lluvia no puede ser. Ustedes saben que nadie anda en los campos que hay arroyo arriba porque no dejan entrar, y poco más allá de donde uno puede ir hay unas lomas que no dejan ver qué hay más allá. ¿Será un lago artificial que se desbordó? Puede ser. Pero eso no es lo más increíble, eso vino después. Cuando nos pasó el susto y la sorpresa, como todavía no habíamos pescado nada decidimos probar suerte en lo que ahora era una correntada. A pesar del apuro pudimos salvar todas nuestras cosas, por eso unos momentos después teníamos nuestras líneas en el agua. De a poco empezó a bajar y la corriente se fue amansando. Cuando ya había bajado una altura considerable, ¡pum! Un pique, y no cualquier pique, fue uno que casi me tiró al agua. Lo aguanté por poco y empecé a luchar. Creí que el equipo no iba a soportar aquellos tirones de lo fuertes que eran. Me imaginaba que la línea se iba a cortar en cualquier momento o que la caña se iba a partir en dos y que nunca iba a saber qué era aquello. La línea sí reventó pero no antes de que viéramos bien a aquel pez. ¿Saben qué era? ¡Un tiburón como de dos metros de largo! Sí, un tiburón. ¿Qué, en serio no me creen?

Toda su familia lo miró sonriendo y esperando que él dijera que era broma. Hasta la creciente estaban dispuestos a creerle, pero un tiburón ya era demasiado. La credibilidad de los pescadores no tiene mucho crédito en ninguna parte del mundo.

Kilómetros arroyo arriba ese mismo día, un peón se había tomado la cabeza con las manos al ver que la represa del lago había colapsado y casi todo su caudal se vertía entre mucha espuma y ruido en el arroyo que había más abajo. Fue galopando hasta la casa del dueño del lugar y muy alarmado le explicó lo que pasó. El dueño de aquello se preocupó por un momento pero al pensarlo mejor se le ocurrió que no iba a pasar nada malo y que no se iba a meter en ningún problema, porque incluso aunque alguno de los tiburones toro que criaba en el lago (una extravagancia que se le ocurrió porque podía) se hubiera escapado, seguramente se iba a ir cuanto antes de aquel arroyo porque era muy chico para él, y después de salir a un río grande su instinto lo llevaría hasta el mar. Consideró que existía la posibilidad de que algún pescador lo viera pero no creía que pudieran pescarlo, y sin pruebas quién le iba a creer a un pescador. 


4 comentarios:

  1. Jaja!, pobre Ernesto, por andar de pescador cuentero!. Pero si que fue peligroso ese accidente, mira que Ernesto y Rodrigo se vieron en un gran apuro. Vsya, criar tiburoned tigre en un lugar asi, bueno, habia escuchado que los tiburones tigre son una de las razas menos peligrosas de tiburones. Incluso hay hente que nada junto a ellos sin proteccion en playas de poca profundidad. Esta historia me hizo recordar a una de tus historias pasadas, Un Cuento de Pescador. Los pescadores suelen tener mucha imaginacion en tus historias master, por eso nunca les creen y les piden que cuenten historias!. Una estupenda historia amigo!. De lo mejor y entretenida!. ¡Espero la proxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Gracias Ongie. Me gusta escribir sobre pescadores porque adoro la pesca, además hay otro motivo. Los pescadores sí suelen ser exagerados o directamente mentirosos ¡Jaja!, pero yo no, cosa que puede ser difícil de creer porque soy cuentista (que no es lo mismo que escritor, según mi criterio) pero es así, y como te contaba la otra vez, no sé si lo leíste, una vez vi a un pez, a una tararira (si es que no era algún tipo de celacanto de agua dulce supuestamente extinto) ABSURDAMENTE GRANDE, y lógicamente, nadie me cree, piensan que exagero ¡Jaja! Y por cierto, en el cuento puse que era un tiburón toro, no un tiburón tigre. Los primeros viven bien en agua dulce; los tigre son de mar nomás. ¡Saludos!

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  2. Por lo menos se salvaron, una negligencia que les pudo costar la vida. Estaba bueno... Hello, Jorge.
    Stephanie

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    1. Por eso me pareció que este título le venía más que bien; porque por un lado la suerte de los pescadores es que no les crean, pero estos también tuvieron suerte de la buena por salvarse. Gracias Stephanie. Un abrazo.

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